lunes, 27 de mayo de 2013

LIBROS QUE HE LEIDO: POR QUÉ NO SOY CRISTIANO (Bertrand Russell)



EL AUTOR

Bertrand Arthur William Russell, 3.º conde de Russell, OM, MRS (Trellech, 18 de mayo de 1872 - Penrhyndeudraeth, 2 de febrero de 1970) fue un filósofo, matemático, lógico y escritor británico ganador del Premio Nobel de Literatura y conocido por su influencia en la filosofía analítica, sus trabajos matemáticos y su activismo social. Contrajo matrimonio cuatro veces y tuvo tres hijos.

Bertrand Russell fue hijo de John Russell, vizconde de Amberley y de Katrine Louisa Stanley. Su abuelo paterno fue lord John Russell, primer conde de Russell, quien fue dos veces primer ministro con la reina Victoria. Su abuelo materno fue Edward Stanley, 2.º barón Stanley de Alderley. Además, era ahijado de John Stuart Mill, quien ―aunque jamás conoció a Russell― ejerció una profunda influencia en su pensamiento político a través de sus escritos.

Russell quedó huérfano a la edad de 6 años, tras la muerte de su hermana y su madre (de difteria), y seguidamente su padre, quien no pudo recuperarse de la pérdida de su esposa e hija y finalmente se dejó morir en 1878. Russell y su hermano Frank se mudaron a Pembroke Lodge, una residencia oficial de la Corona donde por favor real vivían su abuelo lord John y su abuela lady Russell, quien sería la responsable de educarlo. Pese a que sus padres habían sido liberales radicales, su abuela, aunque liberal en política, era de ideas morales muy estrictas, convirtiéndose Russell en un niño tímido, retraído y solitario. Solía pasar mucho tiempo en la biblioteca de su abuelo, en donde precozmente demostró un gran amor por la Literatura y la Historia. Los jardines de la casa eran el lugar predilecto del pequeño Russell y muchos de los momentos más felices de su infancia los pasó allí, meditando en soledad.

El ambiente represivo y conservador de Pembroke Lodge le produjo numerosos conflictos a Russell durante su adolescencia. Al no poder expresar libremente su opinión con respecto a la religión (la existencia de Dios, el libre albedrío, la inmortalidad del alma...) o el sexo, pues sus ideas al respecto habrían sido consideradas escandalosas, escondía sus pensamientos de todos y llevaba una existencia solitaria, escribiendo sus reflexiones en un cuaderno usando el alfabeto griego para hacerlas pasar por ejercicios escolares. No fue al colegio, sino que fue educado por diversos tutores y preceptores, de los que aprendió, entre otras cosas, a dominar perfectamente el francés y el alemán.

A la edad de once años Russell comenzó el estudio de la geometría euclidiana teniendo como profesor a su hermano, pareciéndole tan maravilloso todo el asunto como el primer amor. El poder demostrar una proposición le produjo a Russell una inmensa satisfacción, que sin embargo se vio frustrada cuando su hermano le dijo que tendría que aceptar ciertos axiomas sin cuestionarlos o de otra manera no podrían seguir, cosa que le decepcionó profundamente. Acabó admitiéndolos a regañadientes pero sus dudas sobre dichos axiomas marcarían su obra.

En 1890, Russell ingresó al Trinity College de Cambridge para estudiar matemáticas. Su examinador fue Alfred North Whitehead, con quien después colaboraría en Principia Mathematica. Whitehead quedó tan impresionado por el joven Russell que lo recomendó a la sociedad de discusión intelectual Los Apóstoles, un grupo de jóvenes brillantes de Cambridge que se reunían para discutir cualquier tema sin tabúes, en un ambiente intelectualmente estimulante y honesto. Finalmente, después de muchos años de soledad, Russell pudo expresar sus opiniones e ideas a una serie de jóvenes inteligentes que no lo miraban con sospecha. Poco a poco Bertrand perdió su rigidez y timidez y se empezó a integrar entre los alumnos.



Russell concluyó sus estudios en matemáticas obteniendo un examen meritorio que lo colocó como séptimo wrangler, una marca distintiva que era reconocida en el marco académico donde se movía. Durante su cuarto año en Cambridge, en 1894, Russell estudió Ciencias Morales (el nombre por el cual se conocía a la Filosofía). Para entonces Russell ya se había hecho amigo de George Edward Moore, un joven estudiante de clásicos a quien Russell había persuadido de cambiarse a filosofía.

Por esa misma época, Russell había conocido y se había enamorado de Alys Pearsall Smith, una joven culta perteneciente a una familia de cuáqueros estadounidenses. Ella, a pesar de ser varios años mayor que él, lo había cautivado tanto por su belleza como por sus convicciones, ideas y formas de ver el mundo. Se casaron el mismo año de la graduación de Russell.

En 1900 elabora Los principios de la matemática y poco después comenzaría su colaboración con A. N. Whitehead para escribir los tres volúmenes de los Principia Mathematica, la que sería su obra cumbre y en la que pretendía reducir la matemática a la lógica.

Las labores extraacadémicas de Russell le hicieron emprender numerosos viajes en los cuales el filósofo observaba de primera mano la situación en diversos países y se entrevistaba con las personalidades relevantes del momento. Así, viajó dos veces a Alemania con Alys en 1895, el año siguiente viajaría a Estados Unidos. Más adelante, en 1920, junto con una delegación del Partido Laborista Británico, viajaría a Rusia y se entrevistaría con Lenin, viaje que acabaría con las esperanzas que inicialmente tenía con respecto a los cambios que el comunismo produciría. Poco después, junto con Dora Black, que en 1921 acabaría siendo su segunda esposa, viajó a China y permaneció allí durante un año, para volver a Inglaterra a través de Japón y Estados Unidos nuevamente. La estancia en China resultó muy provechosa, y Russell apreció en su cultura valores tales como la tolerancia, la imperturbabilidad, la dignidad y, en general, una actitud que valoraba la vida, la belleza y el placer de una manera distinta a la occidental que consideró valiosa. Todos estos viajes se tradujeron en libros, artículos o conferencias.

Russell fue un conocido pacifista durante la Primera Guerra Mundial, lo que acabó llevándolo a la cárcel durante seis meses por la publicación de artículos y panfletos.

Con su segunda esposa, Dora Black, estableció en Beacon Hill, Londres, de 1927 a 1932, una escuela infantil inspirada en una pedagogía progresiva y despreocupada que pretendía estar libre de prejuicios. El colegio reflejaba la idea de Russell de que los niños no debían ser forzados a seguir un currículo académico estricto.

En 1936 celebró terceras nupcias con Patricia Spence, y en 1938 fue llamado a la Universidad de Chicago para dar conferencias de Filosofía. Fue estando allí cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, pasando en esta ocasión del pacifismo mostrado en la primera a un apoyo claro a las fuerzas aliadas contra el ejército nazi alegando que un mundo en donde el fascismo fuera la ideología reinante sería un mundo en donde lo mejor de la civilización habría muerto y no valdría la pena vivir.

En 1940 se le impidió impartir la asignatura de Matemáticas que tenía asignada en la universidad de Nueva York y tuvo lugar a una polémica extremadamente áspera que provocó apasionadas protestas en algunos ambientes: se le reprochaba la exposición en forma singularmente cruda de sus opiniones acerca de la vida sexual, lo que supuestamente tendría una nefasta influencia en sus alumnos.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Russell se dedica plenamente a la tarea de evitar la guerra nuclear y asegurar la paz mediante una adecuada organización internacional, iniciando una etapa de activismo político que provocaría su segunda encarcelación a los 90 años.

En 1950 recibió el Premio Nobel de Literatura «en reconocimiento de sus variados y significativos escritos en los que defiende ideales humanitarios y la libertad de pensamiento».

En 1952, a los ochenta años, se unió en cuartas nupcias a Edith Finch, en brazos de quien murió pacíficamente en 1970, con 97 años de edad.

EL LIBRO

En esta obra lord Bertrand Russell, uno de los pensadores más lúcidos e influyentes que produjo el siglo XX, reúne catorce ensayos escritos entre 1899 y 1954. En ellos expone y desarrolla los motivos de su agnosticismo, rebate los argumentos tradicionales del cristianismo, identifica el miedo como uno de los fundamentos principales de la religión, cuestiona las contribuciones de la religión a la felicidad del ser humano y critica muy duramente los planteamientos del cristianismo sobre cuestiones sexuales.

Por qué no soy cristiano es una de las más conmovedoras y convincentes defensas del no creyente que se han escrito desde los días de Hume y Voltaire.

IMPRESION PERSONAL

Me apetecía ya leer un buen ensayo. Y puestos a ello, elegí hacerlo a lo grande. Nada menos que Bertrand Russell, quizá la mente más lúcida del siglo XX. No es fácil leer a Russell, pero tampoco es excesivamente prolijo. Tiene la virtud, propia únicamente de los grandes genios, de traducir complicadísimos pensamientos y razonamientos filosóficos y científicos en algo digerible para la gran mayoría de los mortales con un mínimo de base cultural.

Reseñar a Bertrand Russell (1872-1970) no parece tarea fácil porque sería capaz de reproducir gran parte del libro debido a la clarividencia de sus reflexiones. Por qué no soy cristiano recoge una serie de conferencias y ensayos del filósofo británico publicados entre 1928 y 1951. Sin duda alguna, la que lleva por título "Por qué no soy cristiano", pronunciada en 1927, tuvo una repercusión enorme en la época puesto que Russell negaba la existencia de Dios con argumentos racionalistas, además de criticar el papel del cristianismo a lo largo de la historia.

Russell fue un humanista en el sentido amplio de la palabra: escribió sobre literatura, política, ética, matemáticas, filosofía y teología. Además fue un firme partidario del desarme y de la paz mundial, un defensor a ultranza de la libertad y por tanto un enemigo de los totalitarismos (tanto fascista como comunista). Fue un librepensador del siglo XX, un intelectual racionalista admirado cuyas opiniones nunca dejaron indiferente a nadie. Todo un humanista.



Su posición frente a las religiones es tan tajante que no deja duda desde el prefacio: "Creo que todas las grandes religiones del mundo -el budismo, el hinduismo, el cristianismo, el islam y el comunismo- son a la vez falsas y dañinas".

Ser cristiano supone creer en un dogma: hay que creer en Dios y en la inmortalidad. Pero, ¿existe Dios? hay diferentes argumentos que lo niegan:
- la Causa Primera: "Si todo tiene que tener alguna causa, entonces Dios debe tener una causa".
- el argumento del Plan: que todo fue creado siguiendo un plan, pero desde Darwin, sabemos que las criaturas vivas se adaptan al medio, y que por tanto evolucionamos.
- el argumento del remedio de la injusticia: que Dios existe porque es necesario para traer justicia al mundo. Según esto, tiene que haber un Dios y tiene que haber un cielo y un infierno con el fin de que a la larga haya justicia, si no la hay en la tierra. ¿Pero por qué Dios nos castiga con injusticia en la tierra?
- el carácter de Cristo: Cristo no era el mejor y más sabio de los hombres, creía en el infierno y amenazaba con el castigo eterno. Dice Russell, "yo no creo que ninguna persona profundamente humana pueda creer en un castigo eterno". Cristo es un predicador que manifiesta su furia vengativa contra los que no escuchaban sus sermones. "No se halla esa actitud en Sócrates".

Russell acaba diciendo que la doctrina cristiana es una doctrina que trajo la crueldad al mundo y dio al mundo generaciones de cruel tortura.
A continuación Russell afirma que la religión cristiana ha sido y es la principal enemiga del progreso moral del mundo. Y llega a una afirmación que comparto: "La religión se basa principalmente en el miedo. Es en parte el miedo a lo desconocido... el miedo a lo misterioso, el miedo a la derrota, el miedo a la muerte."

Es la ciencia la que nos librará del miedo cobarde con el que la humanidad ha vivido, "tenemos que ver el mundo tal cual es y no tener miedo de él", "debemos mantenernos en pie y mirar al mundo a la cara".
En el ensayo de 1930, "¿Ha hecho la religión contribuciones útiles a la civilización?", Russell afirma que no. La religión es una enfermedad nacida del miedo, es perniciosa intelectual y moralmente. Como ejemplo, su actitud ante el sexo (considerado tabú), y su oposición al control de la natalidad, idea que Russell considera que es fundamental para luchar contra la pobreza. Para que exista libertad sexual, Russell proponía que las Iglesias no dominasen la política educacional. Buena parte de esto se ha conseguido en muchos países.

Para el cristiano, el sufrimiento es parte de su vida. Para Russell, "ningún hombre que crea que los sufrimientos de este mundo son por nuestro bien puede mantener intactos sus valores éticos, ya que siempre está tratando de hallar excusas para el dolor y la miseria".

Sus afirmaciones son categóricas a lo largo del libro, y no pretendo citar todas aquellas que me han llamado la atención, sería una larguísima reseña, solo destacaré algunas más: "los tres impulsos humanos que representa la religión son el miedo, la vanidad y el odio"; "No pretendo poder probar que Dios no existe...El dios cristiano puede existir; igualmente pueden existir los dioses del Olimpo, del antiguo Egipto o de Babilonia."; "si no tuviéramos miedo a la muerte, no creo que hubiera nacido la idea de la inmortalidad", "el miedo es la base del dogma religioso".
Sin embargo, el miedo a la muerte es consustancial al hombre, es algo que ya muestran los neandertales cuando entierran a sus seres queridos. Las religiones prometen la inmortalidad, ¿por qué no creer en ella? Da consuelo.
Finalmente la eterna discusión entre libre albedrío y determinismo: "El mundo en que vivimos puede ser entendido como resultado de la confusión y el accidente; pero, si es el resultado de un propósito deliberado, el propósito tiene que haber sido el de un demonio. Por mi parte, encuentro el accidente una hipótesis menos penosa y más verosímil".
Acabo con esta reflexión que suscribo: "El cristianismo se ha distinguido de las otras religiones por una mayor disposición a la persecución... El antisemitismo fue fomentado por el cristianismo desde el momento en que el Imperio romano se hizo cristiano".

Un libro para abrir las mentes. Imprescindible.

ACTUALMENTE LEYENDO:  SOMBRAS Y LUCES  (Jonathan Rabb)

miércoles, 22 de mayo de 2013

LIBROS QUE HE LEIDO: LOS HEREJES DE OXFORD (S. J. Parris)



EL AUTOR

S.J. Parris es el pseudónimo de la escritora inglesa Stephanie Merritt. Nacida en 1974, ha desarrollado labores de crítica y ha colaborado en periódicos y revistas, así como en radio y televisión. Los herejes de Oxford (Grijalbo, 2011), su anterior novela también protagonizada por Giordano Bruno, el filósofo y científico, convertido en investigador, obtuvo una excelente acogida entre los lectores.



EL LIBRO

“Los herejes de Oxford”, de S. J. Parris (ed. Grijalbo, 2011) es un thriller histórico con un peculiar protagonista, Giordano Bruno, doctor en teología, revolucionario en sus ideas sobre la concepción del universo y perseguido por la Inquisición. En esta novela se verá involucrado en la investigación de una serie de asesinatos cometidos en el seno de la universidad de Oxford.
La novela comienza en el año 1576, en el Monasterio de San Domenico Maggione, en Nápoles, donde Giordano Bruno debe enfrentarse a la Inquisición por sus heréticas ideas. Decide huir, no por cobardía, sino por una interesante motivación: “no me daba miedo morir por mis creencias, pero no quería dejar esta vida sin averiguar cuáles lo merecían”.

Comienza así un periplo por media Europa que durará 6 años, en los que pasará de ser “un maestro itinerante y un hereje furtivo a alcanzar las mayores cotas a las que puede aspirar un filósofo y convertirse en uno de los favoritos de la corte de Enrique III, en París”. Finalmente, también tendrá que huir de Francia para refugiarse “bajo los más tolerantes cielos del Londres de Isabel, donde el Santo Oficio carecía de jurisdicción”.



Giordano Bruno


Bruno se ha ganado un gran prestigio, a la vez que muchos enemigos, por sus teorías revolucionarias sobre la concepción del universo, que van más allá de las defendidas por Copérnico. Bruno defiende que “el universo no tiene un centro fijo, sino que es infinito y que cada una de las estrellas que yo veía brillas en esos momentos era su propio Sol y estaba rodeada de sus propios mundos, en esos momentos, quizá seres como yo puede que estuvieran observando también los cielos, preguntándose si existía algo más allá de los límites de su conocimiento”.

Su idea es escribir un libro que estremezca los cimientos de la iglesia para lo que necesita encontrar un libro perdido, rodeado de rumores y leyendas sobre su paradero, que permitirá introducirse en la Mente Divina. Afortunadamente, la novela no se centra en estos terrenos heréticos ya tan trillados, sino que se adentra en el terreno de la intriga policial.

Bruno viaja a Oxford, acompañando a su amigo Philip Sidney, perteneciente a una de las familias más importantes de la corte inglesa. Bruno recibe un encargo de Francis Salsngham, secretario de estado de la reina Isabel y futuro yerno de Sidney, que le pide que en la universidad de Oxford esté atento a cualquier movimiento o conversación que pudiera dar pistas sobre un complot contra la reina.

La llegada de Bruno a la universidad coincide con la aparición de dos cadáveres, cuyas muertes el protagonista comienza a investigar convencido de que hay un asesino suelto con una clara motivación. La investigación le llevará a descubrir que en Oxford, “nadie es lo que parece”.

En el seno de la universidad Bruno descubrirá celos, traiciones, ambiciones, intrigas, complots, etc, todo ello presidido por la intolerancia religiosa. Esto era algo que ya había comprobado desde muy joven, cuando con 12 años asistió a la ejecución de un hereje en Roma que había desafiado la autoridad del Papa negando la existencia del purgatorio, “así fue como aprendí que en Italia las palabras y las ideas son consideradas tan peligrosas como las espadas y la flechas, y que un filósofo o un científico necesita tanto o más coraje que un soldado para atreverse a expresar en voz alta sus pensamientos”.

IMPRESION PERSONAL

Los herejes de Oxford es la primera novela de ficción traducida al castellano de S.J. Parris, pseudónimo de Stephanie Merritt, un excelente inicio de la que va a convertirse en una serie dedicada a las aventuras detectivescas de Giordano Bruno.

Ya tenía yo ganas de ver  una novela con trasfondo histórico interesante y en la que no aparezcan conspiraciones ocultas, masones, rosacruces, templarios ni sectas esotéricas. Aquí encontramos un relato detectivesco y de espionaje, pero con un fondo histórico muy real y para la mayoría de nosotros, casi desconocido. Todos sabemos las profundas luchas intestinas que sufrio Europa en el Siglo XVI a causa de la cuestión religiosa, principalmente por el cisma entre luteranismo y catolicismo, pero desconocemos casi absolutamente lo que pasó en aquella Inglaterra que, después de más de mil años siendo catolica, decide, por intereses políticos y un poco caprichosos de su monarca, abandonar la Iglesia Católica, renegar de la autoridad del Papa y crear su propia Iglesia, que no es ni más ni menos que el rito católico, con algunas pinceladas de las nuevas corrientes reformistas luteranas y, sobre todo y esto es lo más importante, hecha a su medida, es decir, se convierte en el único Estado en el que el Rey es a su vez la máxima autoridad eclesiastica. Todo ello muy británico, si señor.

Aquí sin embargo podemos ver el trauma enorme que ésta decisión polítca (pués fue politica más que religiosa), provocó en la población, sobre todo en la gente culta e instruida. Y es que no se puede cambiar de religión como de zapatos, y en España sin ir más lejos tenemos en ésta misma época el ejemplo de las conversiones en masa de judíos y después de moriscos, y ya sabemos sus consecuencias.



Lincoln College, Oxford, donde transcurre buena parte del relato

En éste contexto, la autora inserta muy hábilmente personajes historicos, como el protagonista, Giordano Bruno, monje dominico excomulgado por sus ideas copernicanas, perseguido por la Inquisición y finalmente ejecutado en la hoguera, así como numerosos personajes historicos de la Inglaterra de la época.

Bruno, nuestro personaje está muy bien elegido. Desde las primeras páginas de la novela nos identificamos plenamente con él. En la novela están perfectamente combinados, suspense, erudición y un retrato acertado y correcto de la época. Los personajes secundarios son riquísimos (leer con atención las páginas que recrean la cena de bienvenida y la presentación de nuestro héroe a su llegada a Oxford). 

Catte Street, Oxford, donde se situa la tienda del librero Jenkes

Se trata de una novela muy bien escrita, con una prosa sólida, contundente y precisa, de gran calidad y con un claro acento británico inconfundible. Y es que Parris, pese a ambientar su novela de crímenes en Oxford, se graduó en Cambridge. Con una trama bien urdida y sin trampas, unos personajes bien perfilados y una época histórica que le da mucho juego a su protagonista, Los herejes de Oxford es una entretenida historia de asesinatos pero también una reflexión sobre las barbaridades de las que el hombre es capaz en el nombre de un dios o de una religión. Si bien es cierto que el carisma y las ideas de Giordano Bruno son un potente punto de partida para intrigar al lector, Parris sabe mantener el misterio a lo largo de toda la historia jugando hábilmente con las confesiones interrumpidas de los personajes y la atmosfera gótica de los colleges de Oxford entre las brumas de su clima lluvioso. En definitiva un thriller muy sólido, ambientado en el siglo XVI, en un Oxford más fanático que intelectual, de excelente factura y siempre honesto con el lector. El protagonismo de personajes históricos como Bruno, Philip Sidney o Francis Walsingham (con su red de espionaje incluida), entre otros, aporta a esta novela unas pinceladas adicionales de encanto y originalidad muy apreciadas.

lunes, 13 de mayo de 2013

LIBROS QUE HE LEIDO: VIENTOS DE CUARESMA (Leonardo Padura)



EL AUTOR

Leonardo Padura Fuentes (La Habana, 1955) es un novelista y periodista cubano, conocido especialmente por sus novelas policiacas del detective Mario Conde. El Gobierno de España concedió en 2011 la ciudadanía de ese país a Padura, quien sigue viviendo en Cuba.

Nacido en el barrio de Mantilla, hizo sus estudios preuniversitarios en el de La Víbora, de donde es su esposa Lucía; naturalmente, estas zonas de La Habana, muy ligadas espiritualmente a Padura, se verán reflejadas más tarde en sus novelas. Padura estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad de la Habana y comenzó su carrera como periodista en 1980 en la revista literaria El Caimán Barbudo; también escribía para el periódico Juventud Rebelde. Más tarde se dio a conocer como ensayista y escritor de guiones audiovisuales y novelista.



Su primera novela —Fiebre de caballos—, básicamente una historia de amor, la escribió entre 1983 y 1984. Pasó los 6 años siguientes escribiendo largos reportajes sobre hechos culturales e históricos, que, como él mismo relata, le permitían tratar esos temas literariamente.  En aquel tiempo empezó a escribir su primera novela con el detective Mario Conde y, mientras lo hacía, se dio cuenta "que esos años que había trabajado como periodista, habían sido fundamentales" en su "desarrollo como escritor". "Primero, porque me habían dado una experiencia y una vivencia que no tenía, y segundo, porque estilísticamente yo había cambiado absolutamente con respecto a mi primera novela", explica Padura en una entrevista a Havana-Cultura.

Las policiacas de Padura tienen también elementos de crítica a la sociedad cubana. Al respecto, el escritor ha dicho: "Aprendí de Hammett, Chandler, Vázquez Montalbán y Sciascia que es posible una novela policial que tenga una relación real con el ambiente del país, que denuncie o toque realidades concretas y no sólo imaginarias".

Su personaje Conde —desordenado, frecuentemente borracho, descontento y desencantado, "que arrastra una melancolía", según el mismo Padura— es un policía que hubiera querido ser escritor y que siente solidaridad por los escritores, locos y borrachos. Las novelas con este teniente han tenido gran éxito internacional, han sido traducidas a varios idiomas y han obtenido prestigiosos premios. Conde, señala el escritor en la citada entrevista, refleja las "vicisitudes materiales y espirituales" que ha tenido que vivir su generación. "No es que sea mi alter ego, pero sí ha sido la manera que yo he tenido de interpretar y reflejar la realidad cubana", confiesa.

Conde, en realidad, "no podía ni quería ser policía" y en Paisaje de otoño (1998) deja la institución y cuando reaparece en Adiós Hemingway (2001) está ya dedicado a la compraventa de libros viejos.

Tiene también novelas en las que no figura Conde, como El hombre que amaba a los perros (2009), donde las críticas a la sociedad cubana alcanza sus cotas más altas.

Padura ha escrito también guiones cinematográficos, tanto para documentales como para películas de argumento.

Vive en el barrio de Mantilla, el mismo en el que nació. Al preguntarle por qué no puede dejar La Habana, el ambiente de su historia, ha dicho: “Soy una persona conversadora. La Habana es un lugar donde se puede siempre tener una conversación con un extranjero en una parada de guaguas”.

EL LIBRO

En los infernales días de la primavera cubana en que llegan los vientos calientes del sur, coincidiendo con la Cuaresma, al teniente Mario Conde, que acaba de conocer a Karina, una mujer bella y deslumbrante, aficionada al jazz y al saxo, le encargan una delicada investigación. Una joven profesora de química del mismo preuniversitario donde años atrás estudió el Conde ha aparecido asesinada en su apartamento, en el que aparecen además restos de marihuana. Así, al investigar la vida de la profesora, de impoluto expediente académico y político, el Conde entra en un mundo en descomposición, donde el arribismo, el tráfico de influencias, el consumo de drogas y el fraude revelan el lado oscuro de la sociedad cubana contemporánea. Paralelamente, el policía, enamorado de la bella e inesperada mujer, vive días de gloria sin imaginar el demoledor desenlace de esa historia de amor.



IMPRESION PERSONAL

Un gran amigo mío, conocedor a fondo de la literatura cubana y cuyo blog, LA BIBLIOTECA CUBANA DE BARBARITO,  no sólo recomiendo sino que considero de imprescindible lectura para todos aquellos interesados en la literatura cubana contemporánea, me dijo algo que se me quedó grabado. "Este Leonardo Padura escribe muy buenas historias, pero es que además escribe bien". La expresión tiene mucha más profundidad de lo que a simple vista pudiera parecer. Y es que leer cualquier libro de Leonardo Padura, aparte del interés intrínseco de la misma historia que nos relata, es un placer para los sentidos. Las descripciones son magistrales y los personajes tienen alma, vida propia, son cubanos de aquellos años, son sus virtudes y sus defectos. Representan casi todos los tipos sociales que se podían encontrar en La Habana a finales de los años 80 y principios de los 90. Y es que Padura siempre ha vivido en Cuba, le encanta su ciudad, La Habana, y la vive día a día. Esto, lógicamente, hace que su percepción de la propia ciudad y de los personajes que la habitan sea auténtica, creíble, lejos de estereotipadas y maniqueas versiones de otros escritores que escriben desde la distancia y nos hablan de la Cuba que recuerdan pero que dejó de existir hace muchisimos años.

Centrándonos ya en ésta nueva entrega de la serie del detective Mario Conde, decir que pese a los episodios eróticos y culinarios, a la lúdica ironía y a la procacidad coloquial, a la íntima disección idiosincrásica y a la proverbial desfachatez de Mario Conde (que comparte con sus compinches de siempre, en particular con el Flaco Carlos), Vientos de Cuaresma es una novela melancólica, repleta de un existencial pesimismo, que linda, boga o hace agua en los hediondos y anquilosados miasmas del fracaso. 

Una vertiente narrativa oscila en torno al esclarecimiento del crimen, cuya investigación policial encabezan el teniente Mario Conde y su adjunto el sargento Manuel Palacios. Se trata de descubrir quién mató a Lissette Núñez Delgado y por qué. Lissette, quien aún no cumplía 25 años, era una profesora de química en el Pre de La Víbora (el mismo Pre donde el Conde y sus compinches de siempre estudiaron “entre 1972 y 1975”). Según le informa a Mario Conde el mayor Rangel, el jefe de la Central, Lissette era soltera y militante de la Juventud (con un notable e impoluto currículum); “la asfixiaron con una toalla, pero antes le dieron golpes de todos los colores, le fracturaron una costilla y dos falanges de un dedo y la violaron al menos dos hombres. No se llevaron nada de valor, aparentemente: ni ropa, ni equipos eléctricos... Y en el agua del inodoro de la casa aparecieron fibras de un cigarro de marihuana.” Y según se lee en la p. 36, “En la casa [un cómodo departamento en el cuarto piso de un edificio de Santos Suárez] habían aparecido huellas frescas de cinco personas, sin contar a la muchacha, pero ninguna estaba registrada. Sólo el vecino del tercer piso había dicho algo ligeramente útil: escuchó música y sintió las pisadas rítmicas de un baile la noche de la muerte, el 19 de marzo de 1989.” 

Calzada 10 de Octubre, cerca de donde se ubican las casas de El Flaco, de Conde y de Karina 

A tales latitudes de la novela —que aún son las iniciales—, tal fecha incide en que el lector conjeture las fechas de los consecutivos días, no precisadas por el autor, pues el crimen se resuelve en una semana. En la p. 102 el Conde le afirma a Pupy (Pedro Ordónez Martell), uno de los investigados: “A Lissette la mataron el martes”. Y por ende, considerando la citada fecha, se da por entendido que fue el martes 19 de marzo de 1989. De nuevo, sin precisar, el Conde le comenta al sargento que el crimen fue “el martes por la noche”. Pero hasta la p. 145 se dice que fue el “martes 18”. Y a partir de la p. 202, a punto de desvelar al asesino, se reitera y repite tal cambio de fecha: “Lissette fue asesinada el martes 18, alrededor de las doce de la noche”. 

Siendo tal la flagrante contradicción y la reiteración del cambio de fecha, al lector no le queda más que optar porque el crimen ocurrió el martes 18 y no el martes 19. En este sentido, el tiempo presente de la novela (dividida en siete capítulos sin rótulos) transcurre entre el Miércoles de Ceniza, es decir, el 19 de marzo de 1989, día del inicio de la Cuaresma, cuando el Conde conoce a Karina, una ingeniera de 28 años, y el siguiente martes 25, día del entierro del capitán Jorrín y de los últimos puntos sobre las íes en torno al trasfondo del asesinato. Más dos o tres días después, cuando, luego de haber ido a presenciar un catártico juego de béisbol con sus compinches de siempre (el Flaco Carlos, Andrés y el Conejo), el Conde, ya en su casa y en la cama, se sumerge en un sueño que reitera y varía el meollo de su recurrente y frustrado sueño guajiro: “soñó que vivía frente al mar, en una casa de madera y tejas [donde siempre se ve escribiendo, él, que es un escritor frustrado] y que amaba a una mujer de pelo rojo y senos pequeños [que corporificó la fugaz Karina], con la piel tostada por el sol. En el sueño siempre veía el mar como a contraluz, dorado y agradecido. En la casa asaban un pez rojo y brillante, que olía como el mar, y hacían el amor bajo la ducha, que de pronto desaparecía para dejarlos sobre la arena, amándose más, hasta quedar dormidos y soñar entonces que la felicidad era posible. Fue un sueño largo, asordinado y nítido, del que despertó sin sobresaltos, cuando la luz del sol volvía a entrar por su ventana.”

Vale decir que el caso del asesinato de la profesora Lissette nos destapa, al interior del Pre de La Víbora, una amplia urdimbre de descomposición sistémica (más allá de las aulas) semejante a la que rememora el Conde de su época de estudiante y que él y otros alumnos apodaron “Waterpre” (lúdico parafraseo al sonoro escándalo que suscitó, el 8 de agosto de 1974, la caída del presidente Richard Nixon), pero sí hay visos de una cómplice y promiscua permisividad, coronada por la corrupción de ciertos alumnos. Es decir, Lissette, pese a su imagen e inmaculado currículum de militante de la Juventud, es una libertina: lo mismo se acuesta con uno de sus amantes para obtener unos tenis o con el director para conseguir impunidad ante ciertas corruptelas a ojos vistas; le gusta toquetear a los estudiantes y hacer fiestas con ellos y llevarse a alguno a la cama; se embriaga y baila en su departamento y no le importa el ruido y el respeto a sus inmediatos vecinos. La cereza del pastel, no obstante, no la protagoniza el director o alguno de los maestros, sino el alumno que “vendía a cinco pesos la respuesta de los exámenes”, empeñado en que Lissette le consiguiera “los exámenes de física y matemáticas”.

Preuniversitario de La Vibora


El Miércoles de Ceniza —un día antes de que el Conde se entere por el mayor Rangel y empiece a investigar el caso del asesinato de Lissette—, se sucede el citado encuentro con Karina, a quien conoce porque a ella se le pincha una llanta de su Fiat polaco y, con torpeza, la auxilia. Karina, quien además de ingeniera toca el saxo, se va a Matanzas para cumplir una tarea en una fábrica de fertilizantes y acuerdan verse el viernes a su regreso. El Conde queda flechado: desde el inicio de los “tres días de espera” se imagina “todo: matrimonio y niños incluidos, pasando, como etapa previa, por actos amatorios en camas, playas, hierbazales tropicales y prados británicos, hoteles de diversos estrellatos, noches con y sin luna, amaneceres y Fiats polacos, y después, todavía desnuda, la veía colocarse el saxo entre las piernas y chupar la boquilla, para atacar una melodía pastosa, dorada y tibia. No podía hacer otra cosa que imaginar y esperar, y masturbarse cuando la imagen de Karina, saxofón en ristre, resultaba insoportablemente erógena”.

En este sentido, la otra vertiente narrativa de Vientos de Cuaresma discurre en torno a la espera de Karina (y los dos encuentros sexuales que tiene con ella: el sábado 23 y el domingo 24), imbricada a la interacción del Conde con su orbe doméstico y cotidiano —sobre todo con el Flaco Carlos en silla de ruedas desde la Guerra de Angola y las comilonas que para ambos prepara su madre Josefina—. Pero también figuran Andrés (médico), el Conejo (historiador), y Candito el Rojo (zapatero, quien ha sido y es su secreto informante), más las íntimas evocaciones de su genealogía y biografía. Y es allí donde descuella su recurrente sueño guajiro: “Se conformaba, entonces, con soñar —sabiendo que sólo soñaba— que alguna vez viviría frente al mar, en una casa de madera y tejas siempre expuesta al olor de la sal. En aquella casa escribiría un libro —una historia simple y conmovedora sobre la amistad y el amor— y dedicaría las tardes, después de la siesta —que tampoco había escapado a sus cálculos— en el largo portal abierto a las brisas y terrales, a lanzar cordeles al agua y a pensar, como ahora, con las olas batiéndole los tobillos, en los misterios de la mar.”

El lunes 25, Mario Conde espera ansioso el telefonema de Karina (“Estoy asquerosamente enamorado”); pero ésta no lo hace y él, en el entorno de la cercana casa de la madre de ella, observa la ausencia del Fiat polaco. El martes 26, luego de desvelar la identidad del asesino de Lissette, el Conde la halla en casa de su progenitora y Karina le revela el trasfondo de su ausencia: tiene marido y vuelve a él. Es decir, Karina es otra variante de la “alegre buscona de fines del siglo XX”, quien además de enfatizarle: “Me sentía sola, me caíste bien, me hacía falta acostarme con un hombre”, le reprocha: “Te enamoras”.

El Conde, vil perro apaleado, todavía dice: “Llámame alguna vez”. No obstante, “Piensa que no hay más remedio que acostumbrarse al fracaso”.

El teniente investigador Mario Conde, con 35 años de edad y estudios universitarios truncos, sin mujer y sin hijos (vive solo con un autista y solitario pez recluido en su circular pecera), fumador empedernido, bebedor voraz que ronda el alcoholismo (suicida vicio que comparte con el Flaco Carlos, preso en la silla de ruedas desde hace una década), coincidiendo con la muerte del capitán Jorrín (decano de la Central que era su estimado amigo) y con la bronca callejera que tuvo con el teniente Fabricio (motivo por lo que el mayor Rangel, tras resolver el caso de Lissette, lo suspende en espera de la comisión disciplinaria y del proceso), piensa que su ciclo en la policía ya concluyó: “Quiero irme de aquí —dijo, y abrió las manos para abarcar el espacio que lo agredía”. 

Si tales son los resumidos rasgos de un fracaso individual e íntimo (siente que su destino está ligado al incierto destino del Flaco Carlos y su madre Josefina), está inmerso en el fracaso social, político y económico de su generación y del régimen autoritario que gobierna Cuba. El Conde —que borracho se ve atosigado por la angustia de un triste llanto sin control— no se opone al statu quo (que traza los estertores del “socialismo” dictatorial dependiente de la hegemonía de la URSS) ni busca huir de la isla, pese a la falta de libertades, a su inveterada pobreza y a que en su fuero interno cuestione muchas anomalías. En este sentido, la conciencia autocrítica del grupo la formula Andrés (“el perfecto, el inteligente, el equilibrado, el triunfador”) en una perorata que es un doméstico deshago verbal ante sus compinches de siempre: “Carlos: estás jodido, te jodieron. Y yo que camino también estoy jodido: no fui pelotero, soy un médico del montón en un hospital del montón, me casé con una mujer que también es del montón y trabaja en una oficina de mierda donde se llenan papeles de mierda para que se limpien con ellos otras oficinas de mierda...”
Pues sí, la Cuba real, ni más ni menos.

ACTUALMENTE LEYENDO:  LOS HEREJES DE OXFORD  (S. J. Parris)



sábado, 11 de mayo de 2013

LIBROS QUE HE LEIDO: LA BIBLIA DE BARRO (Julia Navarro)



LA AUTORA

Julia Navarro (Madrid, 1953) lleva más de treinta años dedicada al periodismo trabajando en los principales medios de comunicación de este país, tanto en prensa escrita como en radio y televisión.

Después de publicar varios libros de actualidad política como Nosotros, la transición; Entre Felipe y Aznar; La izquierda que viene, y Señora presidenta, se atrevió con la novela y consiguió un éxito sin precedentes en España. Su primer título, La Hermandad de la Sábana Santa, se situó durante semanas en los primeros puestos de las listas de ventas tanto en España como en el extranjero.


La Biblia de barro y La sangre de los inocentes, sus siguientes novelas, también ambientadas en la Edad Media, afianzaron su prestigio entre la crítica y el público, sumando más de tres millones de copias vendidas en todo el mundo, con traducciones en más de treinta países, entre ellos Italia, Alemania, Portugal, Rusia, Corea, Japón, Reino Unido o Estados Unidos. Han recibido, además, numerosos galardones como el Premio QuéLeer a la mejor novela española de 2004, VIII premio de los lectores de Crisol, premio Ciudad de Cartagena 2004, premio Pluma de Plata de la Feria del libro de Bilbao 2005, premio Protagonistas de Literatura o el premio Más que Música de los Libros 2006.

EL LIBRO

 La trama está ambientada en los meses previos a la invasión de Irak por parte del ejército norteamericano. Una arqueóloga desconocida, Clara Tannenberg, acude a un congreso en Roma para dar a conocer la supuesta existencia de unas tablillas en las que se encuentra el Génesis dictado por el mismísimo Abraham.

La comunidad arqueológica internacional no concede ninguna verosimilitud al anuncio. Sin embargo, la joven, apoyada por su marido, un reputado arqueólogo protegido por el régimen de Sadam, busca apoyos para comenzar la excavación, financiada por su abuelo Alfred.

Sin embargo, la aparición del apellido Tannenberg en los medios de comunicación va a despertar de su letargo las ansias de venganza de cuatro amigos. Durante el desarrollo de la trama sabremos por qué y de quién se quieren vengar (aunque la verdad es que no resulta demasiado sorprendente). Por otro lado, también se destapa otra trama, íntimamente relacionada con la primera, en la que sus protagonistas pretenden expoliar los tesoros arqueológicos iraquíes justo tras el comienzo de la guerra.



El contexto histórico (bien reciente) añade verosimilitud a una historia de conspiraciones secretas, deseos de venganza, corrupción y ansia de poder. La trama está bastante bien construida, y poco a poco iremos descubriendo la relación entre todos los protagonistas de la historia.

IMPRESION PERSONAL

La historia es buena, ambientada en un contexto muy actual, con buenos personajes, pero la autora la ha contado en más de 500 páginas, y lo importante de la historia lo ha dejado en las últimas cien páginas, las  anteriores han sido  un fracaso que no logra que el lector se enganche a la lectura (o al menos a mi no me engancharon), ya que en realidad no aportan nada importante, ningún aliciente que te haga seguir leyendo más. La verdad es que el libro se me hizo eterno.
La novela es una obra de acción, intrigas, misterios centrada en la búsqueda de una reliquia arqueológica que cambiaría la forma de ver la historia, con una historia de venganza que lleva más de 30 años pendiente de su ejecución y la típica lucha entre diversos grupos que quieren hacerse con la reliquia...y a todo esto ocurriendo en Irak bajo el gobierno dictatorial y cruel de Sadam a pocos meses de la Guerra del Golfo.

Hotel Palestina (Bagdad) donde se alojaron la mayoria de corresponsales de prensa durante la Guerra del Golfo


Con un vocabulario fácil de entender, no os encontrareis muchas explicaciones complicadas aunque sí un montón de personajes que por momentos te cuesta recordar de quien son aliados, para quien trabajan o que era lo que en realidad estaban buscando...Aunque he de reconocer también que algunos de estos personajes están muy bien creados, aunque Julia Navarro les haya dado un papel efímero, pudiéndoles sacar mucho más partido.

Volviendo a la historia en sí, mezcla (como en casi todas las novelas que se escriben ahora) varios planos narrativos, donde se intercambian los personajes (lo cual ayuda a crear confusion en el lector) y los tiempos, llevándonos (brevemente) a la epoca de Abraham y al final de la obra, a la Segunda Guerra Mundial. Eso sí, es de agradecer que al menos no aparecen templarios ni masones, ni sectas esotéricas, sino que los hilos de los personajes están movidos por el motor común denominador del ser humano, la ambición, el ansia de poder y de dinero.


Ruinas de la antigua Ur (actual Irak), en cuyas inmediaciones se localizó la Biblia de Barro en ésta novela


Otro de los puntos débiles de ésta obra, en mi opinion, es el decepcionante final, fundamentalmente porque no es acorde con el grado de perfección precedente, en cuanto a dotar de peso la trama con sus protagonistas. Es cómo si la autora estuviese ávida de dar la finalización al libro. La credibilidad de la trama se trunca en el acto final.

viernes, 10 de mayo de 2013

PELICULAS QUE HE VISTO: LA TORRE DE LOS JOROBADOS (Edgard Neville, 1944)



FICHA TECNICA

Título original
La torre de los siete jorobados
Año
1944
Duración
81 min.
País
 España
Director
Edgar Neville
Guión
Edgar Neville, José Santugini (Novela: Emilio Carrere)
Música
José Ruíz de Azagra
Fotografía
Enrique Berreyre (B&W)
Reparto
Antonio Casal, Isabel de Pomés, Julia Lajos, Guillermo Marín, Félix de Pomés, Julia Pachelo, Manolita Morán, Antonio Riquelme
Productora
Producciones Luis Judez / German López España / J. Films
Género
Intriga. Fantástico. Terror | Siglo XIX

EL DIRECTOR

Edgar Neville Romrée, Conde de Berlanga del Duero (Madrid, 28 de Diciembre de 1899 – Madrid, 23 de Abril de 1967), fue humorista, diplomático en EE.UU., amigo íntimo de estrellas de Hollywood como Charles Chaplin y Douglas Fairbanks, director de cine, dramaturgo, amante de los placeres gastronómicos: un hombre culto y cosmopolita, con gusto por la vida y enamorado de Madrid.



Olvidado durante muchos años, como lo fueron Miguel Mihura, Jardiel Poncela o Tono, entre la llamada “otra generación del 27”, Edgar Neville optó por reírse muy seriamente de lo convencional, de los estereotipos y falsedades sobre los que se asienta la sociedad burguesa, ametrallando su falta de imaginación, con las únicas herramientas del humor y la poesía: destellos vanguardistas entre un costumbrismo de raíz castiza, cierta propensión al absurdo y una infinita ternura terrorista.

SINOPSIS

Madrid, finales del siglo XIX: Basilio Beltrán es un joven muy supersticioso, aficionado al juego, que está prendado de los encantos de una cantante de variedades apodada “La Bella Medusa”.

Para poder llevarla a cenar, junto a su inseparable y glotona madre, Basilio se acerca al casino y acepta las indicaciones en la ruleta del difunto arqueólogo don Robinsón de Mantua. A cambio, el fantasma le pide que descubra quién fue quien le asesinó y cuide de su sobrina Inés, amenazada también.

Con la ayuda de un amigo suyo, el agente Martínez, Basilio tendrá que resolver el misterio del lugar donde una banda de corcovados se reúnen para ejecutar sus planes criminales: una secreta sinagoga subterránea denominada “la torre de los siete jorobados".



IMPRESION PERSONAL

Creo, sinceramente, que La torre de los siete jorobados, obra cumbre del inquieto y polifacético Edgar Neville que adapta una novela de Emilio Carrere, es la más interesante aportación de la cinematografía española al género fantástico. Esta rara avis de nuestro cine, impregnada de casticismo por los cuatro costados, mezcla con indudable habilidad misterio, trama detectivesca, terror gótico, humor y romance. El resultado es tan inesperado como atrayente.

La película, de conseguidísima atmósfera expresionista, está influida tanto por las cintas de horror de la Universal como por los thrillers de la etapa alemana de Fritz Lang. Nunca las calles del viejo Madrid resultaron tan inquietantes: plagadas de luces y sombras, de aparecidos, de sospechosos jorobados y de signos cabalísticos que es preciso descifrar. Las investigaciones conducirán al curioso Basilio a descubrir una torre que, paradójicamente, no se erige sobre el suelo, sino que se hunde en las profundidades hasta desembocar en una ciudad subterránea que da cobijo a una banda de jorobados criminales encabezados por el languiano Doctor Sabatino (Guillermo Marín). Según cuenta la leyenda, esta ciudad, que nos recuerda mucho al submundo obrero de Metrópolis, fue creada por los judíos para ocultarse en ella cuando se decretó su expulsión de la Corona de Castilla a finales del siglo XV. Los decorados de la torre descendente y de la ciudad, son realmente magníficos; sorprendentes en su imaginativa y lograda concepción.


La ciudad subterranea que aparece en la pelicula, claramente inspirada en Metropolis, de Fritz Lang


La excelente fotografía en blanco y negro de Enrique Berreyre, la buena labor de todos los intérpretes y la cuidada realización de Neville, contribuyen a convertir a la presente obra en un entretenimiento impagable. La torre de los siete jorobados: una verdadera joya a redescubrir por los cinéfilos amantes del género.

viernes, 3 de mayo de 2013

LIBROS QUE HE LEIDO: EL ULTIMO DICKENS (Matthew Pearl)



EL AUTOR

Matthew Pearl (nacido el 2 de octubre de 1975) es un escritor estadounidense y autor de El Club Dante (2003), un bestseller publicado en más de 40 países.

Estudió en Harvard y en la Escuela Jurídica de Yale y actualmente ejerce de profesor en el Emerson College.



Su segunda novela, un thriller sobre la muerte de Edgar Allan Poe titulado La sombra de Poe, fue publicado por Random House en los Estados Unidos el 23 de mayo de 2006. En España fue editado por Seix-Barral. El 3 de marzo de 2006 Publishers Weekly escribió que "los fans del bestseller debut de Pearl, El Club Dante, recibirán con impaciencia su segunda novela, un thriller basado en la misterioso final de Edgar Allan Poe."

Su tercera novela publicada es la que hoy nos ocupa, otro thriller sobre la ultima novela (inacabada) que escribio Charles Dickens, publicada en 2009.

EL LIBRO

Con tres escenarios diferentes. Bostón, Londres y Calcuta. Se narra la historia de la novela inacabada de Charles Dickens “El misterio de Edwin Drood”, la cual quedó sin terminar por la muerte prematura del autor, habiéndo finalizado sólo seis de las doce entregas que la comprenderían. La gente quedó sin conocer el final y muy alterada por ello, ya que en aquellos tiempos los libros se publicaban en entregas en los semanarios. Entonces, el editor de Boston, se lanza a la aventura junto a su secretaria, marchando los dos a Londres para buscar alguna señal que les permita conocer si se llegó a escribir un final, dónde podría estar o cómo habría pensado Dickens en terminar la novela. En el trayecto a Londres ya empiezan a correr peligros cuando un hombre parsí ataca al al joven editor. Cuando llegan a la ciudad se dan cuenta de que los peligros no han terminado y tendrán que luchar contra ello. Además, la novela volverá atrás en el tiempo cronológico para presentarnos a Dickens en su última visita a los Estados Unidos.


Hotel Parker House, en Boston, donde se alojo Charles Dickens


El misterio de Edwin Drood, dejará muertos en los tres continentes donde tiene lugar la novela. El tráfico del opio también tendrá un papel muy importante en la novela.

IMPRESION PERSONAL

Hasta ahora se pensaba que la última novela de Charles Dickens era la titulada Calle sin salida, que escribió el autor junto con su amigo Wilkie Collins. Así se pregonaba en las portadas de las distintas ediciones desde el principio. Pero no. O depende. El hecho es que Dickens dejó una novela inacabada, al sorprenderle la muerte en junio de 1870. Se titulaba, El misterio de Edwind Drood. E inacabada se quedó.

Matthwe Pearl, excelente profesor universitario, ha elaborado a partir de este hecho una ficción literaria, en la que se da casi por cierto que Dickens había terminado la novela, pero no le había dado tiempo de entregarla a sus editores, o le fue robada, o quiso gastar una broma después de muerto, para ver quién era el más intuitivo y encontraba su manuscrito. Con estos argumentos, y mezclando personajes y sucesos reales con otros de ficción, Pearl construye una fantasía literaria a la manera de los thrillers actuales y, además se atreve, cosa que es de alabar, a dar a su relato un claro tono dickensiano, tanto en el cuidado con que da vida a sus personajes, como la descripción de los lugares y ambientes donde discurre la acción.

Antes que nada hay que decir en su favor que esta novela tiene un objetivo claro y lo cumple con creces: entretener. Es un thriller absorbente, de los que no dan respiro, con el atractivo añadido del concurso de personajes reales, especialmente Charles Dickens, y de una trama que gira en torno a la búsqueda del manuscrito de la última e inconclusa obra del genial autor, aunque no sólo.

Fotografia de Charles Dickens, en sus ultimos años de vida

La obra es esclava de su género, esto es, sacrifica la profundidad psicológica de los personajes y la complejidad estilística en pro de la fluidez, el ritmo y la trama, y el resultado es un libro muy fácil de leer, de ritmo trepidante y con una sabia administración de los sucesos para mantener la atención sin altibajos desde el principio hasta el final. También es cierto que esa esclavitud conlleva, al depender prácticamente en exclusiva la tensión narrativa de la trama y ser esta compleja, que sea el escritor quien se vea obligado a plantearla toda ella para no dejar cabos sueltos, con lo que no queda mucho espacio para el trabajo del lector, quien no tiene más trabajo que esperar a que se resuelvan los misterios por sí solos, pero, repito, eso es una herramienta encaminada a la consecución de un fin, y ese fin, la evasión, el entretenimiento,  se logra sobradamente.

La obra, sin embargo lo expuesto, no es sólo eso, hay que destacar otras características en su haber, como por ejemplo la valentía del autor al convertir a Dickens, alguien tan querido y admirado, en personaje, pero, sobre todo, el compromiso, tan dickensiano por otra parte, con las minorías que sufren algún tipo de discriminación, en este caso las mujeres divorciadas (delirante la legislación que obligaba a Rebecca Sand, la asistente del editor protagonista, a no mantener ningún tipo de relación amorosa en los dos años posteriores a un divorcio que se concedía a título provisional y que, en caso de no cumplirse esa condición, se vería revocado de inmediato). También es cierto que no son comparables la denuncia de una situación actual y la de una del pasado, pero en cualquier caso la voluntad del autor por poner de manifiesto las dificultades de la mujer por obtener un lugar en la sociedad más allá del papel de ama de casa y madre del que gozaban hasta entonces, es loable.

Otro aspecto positivo destacable es la descripción del ambiente editorial en Estados Unidos a finales del siglo XIX, y lo es no sólo porque es ciertamente curioso, sino porque está de sorprendente actualidad con las leyes antipiratería. Más allá de lo extremadamente llamativo de la situación descrita y del hallazgo narrativo de los personajes denominados bucaneros (bookaners, juego de palabras intraducible entre book y buccaneer) lo cierto es que se pone de manifiesto que la piratería y la discusión sobre los derechos de autor no son temas que hayamos inventado en el siglo XXI. Existe otra trama paralela, también muy interesante, centrada en la producción y exportación de opio por los ingleses desde la India hasta China.


Casa natal de Charles Dickens

El último Dickens se desarrolla en dos planos narrativos que se alternan en relación de uno a uno hasta converger: el primero de ellos se ubica en 1870, poco después de la muerte de Charles Dickens. El gran escritor no habría alcanzado a terminar su última novela, El misterio de Edwin Drood, dejándola a la mitad. Toda la tensión narrativa de este plano descansa en las interrogantes planteadas en torno al manuscrito: ¿en realidad Dickens sí escribió la parte restante? ¿Qué oscuros intereses están en busca del libro, al grado de matar a quien se interponga en su camino? Uno de los editores estadounidenses de Dickens, cuya empresa está en crisis, viajará a Inglaterra para tratar de recuperar el trozo perdido del libro y salvar a su empresa de la ruina, a la vez que resuelve el misterio.

El segundo plano se remonta tres años atrás, cuando Dickens realiza su última gira por Estados Unidos. Esta línea narrativa tiene su propio motivo de suspenso: una extraña mujer aparece en cada una de las presentaciones del autor; Tom Branagan, una suerte de guardaespaldas de Dickens, teme que la mujer atente contra el autor. A su vez, la resolución de este misterio contribuirá al desvelamiento del principal, planteado en el primer plano.

Sin embargo, también se le podría reprochar a Pearl que no ahonda en la condición de sus personajes y hace depender su novela demasiado de la revelación del misterio. Además, cae en algunos lugares comunes del género, como casualidades inauditas, golpes de suerte extraordinarios y  un actuar demasiado heroico o falto de amor por la vida de sus personajes en los momentos críticos

ACTUALMENTE LEYENDO:  LA BIBLIA DE BARRO  (Julia Navarro)