martes, 29 de julio de 2014

LA MARCA DEL MERIDIANO (Lorenzo Silva)



EL AUTOR

Lorenzo Manuel Silva Amador nació el 7 de junio de 1966 en un edificio hoy demolido del antiguo hospital militar Gómez Ulla, en el barrio de Carabanchel de Madrid.
Estudió Derecho en la Universidad Complutense y ejerció  como abogado, tras pasar un año como auditor de cuentas y otros dos como asesor fiscal en una firma multinacional, pero a finales de los noventa decidió  colgar la toga y dedicarse de lleno a la literatura.

 Lorenzo Silva es hijo y nieto de militares. Ambas circunstancias permiten suponer que su conocimiento interno del funcionamiento de la Benemérita será bastante más amplio que el de la mayoría de los lectores.




Desde que iniciara su dedicación a la literatura,  ha cultivado diferentes géneros:
Novela:

La flaqueza del bolchevique (finalista del Premio Nadal 1997).
Noviembre sin violetas.
La sustancia interior.
El urinario.
El ángel oculto.
El nombre de los nuestros.
Carta blanca (Premio Primavera 2004)
Niños feroces.
Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia.
El cazador del desierto.
La lluvia de París.
 

Y, por supuesto, la serie de novela policíaca protagonizada por los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro:

El lejano país de los estanques, 1998 (Premio Ojo Crítico 1998).
El alquimista impaciente, 2000 (Premio Nadal 2000).
La niebla y la doncella,2002
Nadie vale más que otro, 2004
La reina sin espejo 2005.
La estrategia del agua, 2010
La marca del meridiano, 2012. (Premio Planeta 2012)

Relatos:
El déspota adolescente.

Libro de viajes:
Del Rif al Yebala. Viaje al sueño y la pesadilla de Marruecos.

Libro-reportaje:
Al final, la guerra, junto a Luis Miguel Francisco

Ensayo:
El Derecho en la obra de Kafka.
Sereno en el peligro. La aventura histórica de la Guardia Civil (Premio Algaba de Ensayo).

Su obra ha sido traducida al ruso, francés, alemán, italiano, griego, catalán y portugués.

Como guionista de cine, ha escrito junto a Manuel Martín Cuenca la adaptación a la gran pantalla de la novela La flaqueza del bolchevique.


EL LIBRO

  
  • Nº de páginas: 400 págs.
  • Encuadernación: Tapa blanda bolsillo
  • Editoral: PLANETA
  • Lengua: CASTELLANO
  • ISBN: 9788408119128

  • El cadáver de un subteniente en reserva de la Guardia Civil es encontrado colgado de un puente en la provincia española de La Rioja, con evidentes signos de tortura. El caso es asignado a un equipo de la Unidad Central, con sede en Madrid, a cargo del brigada Rubén Bevilacqua y que cuenta con la ayuda de la sargento Virgina Chamorro y del guardia Juan Arnau.

    Bevilacqua -o Vila, para los interlocutores que encuentran difícil pronunciar su apellido- había trabajado a las órdenes de Robles varios años atrás, en Barcelona, donde este último residió hasta su muerte. Por ello la investigación lo involucra en forma personal, de lo que sus superiores y subalternos son conscientes.

    El nudo de La marca del Meridiano se enreda cuando, luego de revisar el escenario del crimen y coordinar acciones con los funcionarios de la guardia civil locales, la investigación lleva al grupo de Bevilacqua a la capital catalana. La conversación con la viuda, Consuelo, y el seguimiento de las cuentas de Robles, les llevan a la conclusión de que este prestaba ciertos servicios de vigilancia y custodia de dinero para el crimen organizado.

    Paralelamente, Bevilacqua es contactado por el agente López, de la Unidad de Asuntos Internos, quien lo involucra en una investigación sobre un grupo de guardias civiles corruptos, encabezado por el sargento Julio Salazar, uno de las últimas personas en hablar por teléfono con Robles, y quien se convierte en sospechoso del asesinato.

    Las pistas los llevan un escalón más arriba, hacia una organización de trata de blancas, cuya cabeza visible es Antonio Serret, quien funge como testaferro de una mafia internacional de mayor envergadura. Una joven prostituta, Lucimarra, que trabaja bajos sus órdenes, resulta ser la amante de Robles. Su pista da lugar a la posibilidad de descubrir a los autores directos del crimen.

    Sin embargo, la captura in fraganti de Salazar y de Serret, en sendos operativos llevados a cabo casi paralelamente, y sus posteriores interrogatorios, arrojan un resultado inesperado, respecto a quién realmente asesinó a Robles. En este caso, el pasado ha regresado para cobrar viejas deudas. Aclarar más sería arruinar la lectura de La marca del meridiano a quienes deseen disfrutar de sus páginas.

    IMPRESION PERSONAL

    La marca del meridiano es una novela policíaca de la serie protagonizada por los guardias civiles Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro que, como el resto de títulos, se puede leer de forma independiente. Estamos ante una historia que trata temas de la mayor actualidad y en la que el protagonista se verá implicado a nivel personal en una trama que le llevará a enfrentarse a fantasmas de un oscuro pasado.La serie de Bevilacqua, Vila, ha ido creciendo en complejidad de tramas y personajes con cada título hasta llegar a tocar techo con esta novela en la que el autor nos ofrece un crimen brutal, una investigación complicada con varias ramificaciones y una trama que se desarrolla a finales del año 2011 y nos llevará por escenarios actuales como el cese de la violencia anunciado por ETA, la muerte de Gadafi, la crisis, la corrupción, el conflicto nacionalista en Cataluña y, por encima de todo, la constatación de que el verdadero cimiento de una sociedad es el crédito, no económico, sino moral. Vila se comprometerá con la misión de restablecer este crédito a los ojos de la sociedad y de sí mismo.

    Representación del meridiano de Greenwich a su paso por España, circunstancia con la que juega el autor para representar la división entre Cataluña y el resto de España


    Vila tiene 48 años y se ha convertido ya en un viejo zorro que lleva más de 20 años investigando homicidios y ha superado una complicada temporada en la que se había planteado pedir la baja en el cuerpo. Después de un tiempo a la deriva había conseguido el equilibrio emocional, con el tsunami de un divorcio superado y su hijo en la universidad, ahora se mantenía con dignidad con su sueldo de funcionario, consciente de que no podía quejarse viendo la situación precaria del país. En ese momento de su vida no tenía grandes ambiciones, procuraba hacer su tarea lo mejor que sabía sin grandes sobresaltos, había aprendido a ser agradecido con lo que tenía y a no llorar por lo que pudo haber sido y no fue.

    Pero su vida se verá sacudida y puesta patas arriba con la muerte de Robles, un subteniente guardia civil retirado, que fue su amigo y maestro cuando ingresó en el cuerpo. Robles ha sido brutalmente asesinado en lo que parece una venganza del crimen organizado. Su implicación personal con la víctima le tendría que haber llevado a no dirigir la investigación, pero aceptará el caso llevado por un extraño sentimiento, “a veces, uno necesita afrontar justo ese desafío que no le conviene ni le corresponde, porque lo que le pide el cuerpo es enfrascarse en algo que ayude a descolocar la vida, sacudirla y ponerla un poco al revés”. Los deseos de Vila se verán cumplidos, aunque no del modo que preveía.

    Vila se asomará al abismo de la vida secreta de Robles, acompañado de su inseparable compañera, la sargento Chamorro, y el joven agente Arnau, que se unió al equipo en la anterior investigación. Vila y Chamorro llevan trabajando junto más de 15 años y han conseguido un alto grado de intimidad, han aprendido a conocerse y respetarse, se conocen tan bien que parece que ya nada podría sorprenderlos al uno del otro, pero esta investigación dará un vuelco a esta situación.

    El asesinato de Robles destapa una trama de corrupción policial que les lleva hasta Barcelona, lugar donde el protagonista estuvo destinado al comienzo de su carrera y que provocará en él sentimientos encontrados, allí fue feliz y también desgraciado, pero se niega a recordar hechos dolorosos, aunque la realidad le obligará a enfrentarse a ellos.

    La trama policial se sigue con interés y el autor demuestra sus sólidos conocimientos del sistema policial y judicial. Pero en esta novela destaca por encima de todo la relación entre Bevilacqua y Chamorro, en una tensión constante entre dos compañeros que se aprecian y respetan, pero en la que uno esconde secretos y la otra intuye que le está ocultando algo.

    Arco representativo del cruce del meridiano de Greenwich, en la autovía entre Zarargoza y Barcelona

    La marca del meridiano es también una intensa historia de amor y redención, además del retrato de la miseria moral y la corrupción social y policial y de una invitación a entenderse entre las diferentes Comunidades Autónomas, especialmente entre Madrid y Cataluña, separadas por la línea virtual del meridiano de Greenwich, que simboliza una época de malentendidos y desencuentros.

    En esta novela Lorenzo Silva trata de mostrarnos más en detalle el interior de la guardia civil: su funcionamiento, sus interrelaciones y, sobre todo, los métodos modernos de investigación criminal, con la intercepción de mensajes de móviles e incluso de las redes sociales.

    También destaca el asunto de la rivalidad o las diferencias entre la España central (la madrileña y castellana, especialmente) con Cataluña, y las tribulaciones que implica coordinar la labor entre una policía nacional y otra autonómica. De hecho, el título de la novela se refiere a la señal que distingue el paso imaginario del meridiano de Greenwich y que, de alguna forma, divide a Cataluña del resto occidental de la península ibérica.

    Sin embargo, estos dos aspectos son sólo la puesta en escena para algo más importante, que se ha convertido en parte esencial de la novela policiaca moderna: la lucha personal de su protagonista por mantener bien delimitada esa “marca del meridiano” entre el bien y el mal, sobre todo en su actitud y comportamiento propios.

    En La marca del meridiano resalta, en consecuencia, el remordimiento por sus acciones pasadas, que de alguna forma terminan pasando factura. Bevilacqua, como la mayoría de los personajes de este tipo de narrativa, no es un supermán ni un santo, sino un hombre común luchando contra sus propios fantasmas.

    Lorenzo Silva utiliza en esta novela la narración en primera persona, de manera exclusiva; aunque de forma directa, no como un diario o a través de reportes. Así, el brigada Bevilacqua nos va contando los acontecimientos a medida que van sucediendo. No hay “flashbacks” ni saltos del pasado al presente.

    Además de reflexiones personales del protagonista -concisas y claras- contiene, además, bastantes diálogos entre los personajes. La novela está escrita en una prosa sencilla, muy fácil de leer, sin por ello convertirse en sosa o de baja calidad literaria, aunque no encontremos tampoco párrafos memorables.

    Por otro lado, en La marca del meridiano Lorenzo Silva teje el hilo de los acontecimientos en forma plácida, sin un vuelco impresionante en sus desenlaces que nos pudiese producir un infarto o un ataque de nervios. Esto hace de la historia algo mucho más creíble y verosímil que las de otras novelas policiacas.

    En definitiva, estamos ante una novela policíaca que va más allá del simple entretenimiento y nos invita a reflexionar sobre la naturaleza del ser humano o, lo que es lo mismo, de nosotros mismos. Una historia en la que el autor afirma haber puesto mucho de sí mismo, de sus propios amores y odios, y eso es algo que se transmite a través de la intensidad de sentimientos y emociones que experimentan sus protagonistas.

    ACTUALMENTE LEYENDO:  REQUIEM ALEMAN  (Philip Kerr)


    LA TRAICION VENECIANA (Steve Berry)



    EL AUTOR

    Steve Berry es un escritor estadounidense nacido en el año 1955. Tras estudiar sus estudios secundarios en un colegio católico, cursó la carrera de Derecho en la Escuela Walter F. George de la Universidad de Mercer, ubicada en Macon, estado de Georgia.
     
     
     
    Debutó como novelista con “La Habitación De Ámbar” (2003), intriga histórica sobre la búsqueda de unos valiosos paneles de ámbar pertenecientes a la época de los zares de Rusia que fueron robados por los nazis cuando invadieron la Unión Soviética.

    En “La Profecía Romanov” (2004) fabulaba con una vuelta del zarismo a Rusia tras la caída del comunismo, la inhumación de los restos del zar Nicolás II y su familia, y el descubrimiento de la falta de dos de los cadáveres de los hijos del mandatario ruso.
       
    En “El Tercer Secreto” (2005) indagaba en los mensajes de la Virgen de Fátima.
    Después de estas novelas Berry centró su obra en la figura de Cotton Malone, un ex agente secreto que se introduce en diversas intrigas de carácter histórico. La primera fue “Los Caballeros De Salomón” (2006), con los templarios en primer plano.

    Más tarde publicó “La Traición Veneciana” (2007), con Malone enfrentado a una amenaza biológica, “La Conexión Alejandría” (2007), sobre la famosa biblioteca de Alejandría, “The Charlemagne Pursuit” (2008), la búsqueda de un submarino que le lleva a la Antártida, y "El Club de Paris", “The Paris Vendetta” (2009).

    EL LIBRO


  • Nº de páginas: 440 págs.
  • Encuadernación: Tapa dura
  • Editoral: PLANETA
  • Lengua: CASTELLANO
  • ISBN: 9788408087793

  • El 13 de junio del 323 a.C., después de conquistar Persia, Alejandro Magno murió a causa de una  extraña fiebre. En su tumba yace escondido un secreto que ha atraído desde entonces tanto a  arqueólogos como a cazadores de fortunas. Hay quien mataría por averiguar el secreto del poder  de Alejandro Magno

    Cotton Malone, un ex-agente del gobierno americano, se verá sumergido en un enrevesado juego de  ajedrez geopolítico. La cuenta atrás ha empezado. La suerte de millones de personas depende de  quién halle primero la tumba de Alejandro Magno, de la que no se tiene rastro desde hace más de  1.500 años.

    Malone, que ha sobrevivido al incendio de un museo en Dinamarca, es avisado por su amiga la  aventurera Cassiopeia Vitt que el incendio es parte de una serie de atentandos que se están  llevando a término por toda Europa. Mientras tanto se acaba de crear una unión de repúblicas  ex-soviéticas, que está liderada por una desalmada mujer con acceso a un gran arsenal de armas  biológicas, cuyo antídoto es un suero milagroso que
    está enterrado junto al cadáver de Alejandro  Magno.

    El ex-agente convertido en librero Cotton Malone junto a su amiga Cassiopeia deberán encontrar  la tumba.
    "La traición veneciana" nos llevará desde Copenhague hasta Amsterdam, Venecia o Samarcanda en un  viaje emocionante de siete días, el plazo para cambiar el curso de la historia.

    IMPRESION PERSONAL

    El libro es el tercero de la saga Cotton Malone, pero eso carece de importancia, ya que cada uno de los títulos es autónomo y se puede leer independientemente, sin que la historia tenga nada que ver con las demás.

    Steve Berry no ganará el Nobel de Literatura, ni pasará a la historia por su calidad literaria. No es su estilo ni su talento lo que le ha aupado como uno de los escritores más leidos en los últimos años. Sin embargo, y esto hay que reconocérselo, es un tipo que sabe contar muy bien las historias. Sus argumentos son atractivos, a veces repetitivos pero no se le nota demasiado, y enganchan en cierto modo al lector. Ahí está la clave de su éxito.

    Asia Central en la actualidad, en la novela de Berry los cinco estados que la componen, se encuentran unidos en una Federacion


    El libro está contado por diferentes personajes ya que hay varias localizaciones: Copenhague, Venecia, Ámsterdam, Samarkanda.... Al principio es un poco lento, pero a la vez te va enganchando poco a poco hasta que llega un momento en que no puedes parar de leer. Primero por saber en dónde se encuentra el cuerpo de Alejandro Magno y otra por saber que es lo que esconde, y ya veréis que es de suma importancia para la humanidad. Aunque se toma varias licencias a la hora de narrar hechos históricos (que creo necesarios para poder llegar a ese final), está muy bien narrado. Es muy interesante ver cómo todo va encajando y los personajes van interaccionando. Además aunque el final era previsible, te deja la sensación de que la lectura ha merecido la pena (y tanto) y que en general es un buen final. Yo al principio pensaba que sería un tostón en el que meterían demasiada historia cuando en realidad venden una novela de aventuras, ya que considero que para eso me leo una novela histórica con mayor rigor histórico, pero me llevé una grata sorpresa. Es verdad que el relato de sucesos históricos está presente pero como lo va conectando con la narración de la novela y no lo suelta todo de golpe se hace muy ameno.Por sacarle algún punto débil, si es que se le puede denominar así, es que pasas de una localización a otra de manera rápida, pero creo que es esencial para el transcurso de la historia.


    Antigua y moderna ciudad de Samarcanda, donde Berry situa la capital de la Federación de Asia Central


    Los personajes son, básicamente, los mismos de los títulos anteriores de la serie. Es de resaltar, sin embargo, la irrupción de uno nuevo, la malvada Irina Zovastina. Se trata de la Primera Ministra de un estado emergente, resultante de la unión de las antiguas republicas ex soviéticas de Kazajstán, Uzbekistán, Turkmenistán, Kirguistán y Tayikistán, ahora unidas en la ficción de la novela, lo que les proporciona un potencial enorme habida cuenta sus recursos naturales y su delicadísima situación geoestratégica. Esto unido a la inteligencia y tremenda ambición de Zovastina, junto a su desmesurado interés por el pasado griego y su pasión por las armas bacteriológicas y gran interés por eliminar a los elementos islamistas tanto de su país como de los limítrofes (Iran, Afganistán y Pakistan), conforman la base nuclear de la trama del presente libro.

    Interesante en definitiva. No desmerece en absoluto a los restantes títulos de la serie y no deja de ser una lectura amena, interesante y sobre todo, entretenida, sin mayores pretensiones.

    ACTUALMENTE LEYENDO:  LA CIMA DEL MERIDIANO  (Lorenzo Silva)

    lunes, 21 de julio de 2014

    FARENHEIT 451 (François Truffaut)





    EL DIRECTOR

    François Truffaut (1932-1984):

     Fue un director que mantuvo una relación amorosa con el cine, e intentó compartir ese amor con los espectadores en su filme La noche americana (1973), por el que obtuvo el Oscar a la mejor película en lengua no inglesa. Vivió una infancia tan infeliz y solitaria como la del héroe de su primer largometraje, Los cuatrocientos golpes (1959). Hijo único de padre desconocido. Pasó su primera infancia al cuidado de su abuela Cuando aún era adolescente, se convirtió en un activo organizador de cineclubes. Su primer desengaño amoroso culminó con un intento de suicidio y su deserción del servicio militar para no ser destinado a Indochina le llevaron a un internamiento temporal en prisión.



    Cahiers du Cinéma:
    Desde la revista se ganó la fama de ser el más cáustico de los jóvenes críticos franceses, el núcleo de la nouvelle vague. Dirigió sus ataques al cine convencional francés y ejerció una gran influencia en el desarrollo de la teoría de auteur, que exaltaba los trabajos de oscuros directores estadounidenses de serie B. Su célebre artículo Une certaine tendence du cinéma français (nº31, 1954), cuya publicación había sido retenida un año temiendo las posibles consecuencias, critica a guionistas y determinados directores consagrados. Incluye una crítica frontal a los guionistas de prestigio Aurenche y Bost, y a los realizadores Jean Delannoy, Christian-Jacque y Claude Autant-Lara.
     
    Los cuatrocientos golpes, como muchas de las obras noveles, es autobiográfico. Su héroe, el niño Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud), es el mismo niño incomprendido y traumatizado que fue Truffaut. A lo largo de su carrera volvió varias veces a su héroe reflejo y continuó la vida de Doinel pasando por la adolescencia y la vida adulta en varias películas. Léaud continuó interpretando el papel a medida que maduraba. Con su segundo largometraje, Tirad sobre el pianista (1960), reveló la otra cara de su personalidad, inspirada por sus directores estadounidenses preferidos. De nuevo volvió a cambiar el paso con Jules y Jim (1962), donde sacrificó la dinámica de la cámara por un estudio de los personajes. Su "esquizofrenia" artística se hizo evidente en sus posteriores películas. A lo largo de su carrera osciló entre las influencias de Renoir y Hitchcock. Humanista romántico como Renoir, fue también admirador de las habilidades de Hitchcock, a quien intentó emular en varios de sus thrillers.
     
    Su vida cambió absolutamente cuando, adoptado por Bazin, pasó a estar en función del cine. Sus romances con sus principales actrices le hicieron convertirse en habitual de la prensa del corazón, situación totalmente opuesta a la seria y discreta postura de Rivette o Rohmer. Su temprana muerte a los 52 años, de un tumor cerebral, contribuyó a fijar la imagen mítica que él mismo se esforzaba en construir.
     
    El amor a los veinte años (1962); Besos robados (1968); La sirena del Mississippi (1969); Diario íntimo de Adele H (1975); El amante del amor (1977); El último metro (1980); La mujer de al lado (1981); Vivamente el domingo (1982).

    LA PELICULA

    Fahrenheit 451 es una película de ciencia ficción dirigida por François Truffaut, estrenada en 1966 y protagonizada por Oskar Werner, Julie Christie, y Cyril Cusack. Está basada en la novela homónima de Ray Bradbury.

    Ficha técnica
    Dirección
    ProducciónLewis M. Allen
    GuionFrançois Truffaut
    Jean-Louis Richard
    Basada enFahrenheit 451 de Ray Bradbury
    MúsicaBernard Herrmann
    FotografíaNicolas Roeg
    MontajeThom Noble
    ProtagonistasOskar Werner
    Julie Christie
    Cyril Cusack
    Anton Diffring
    Ver todos los créditos (IMDb)
    Datos y cifras
    País(es)Reino Unido
    Año1966
    GéneroCiencia ficción
    Duración112 minutos
    Idioma(s)inglés
    Compañías
    ProductoraAnglo Enterprises
    Vineyard Film Ltd.
    DistribuciónUniversal Pictures
    Presupuesto$1.500.000.

     


    La película se sitúa en una sociedad posterior al año 1990, en donde la tarea de los bomberos ya no es la de apagar incendios (las casas de ese momento no son inflamables) sino la de quemar libros, ya que, según su gobierno, leer impide ser felices porque llena de angustia; al leer, los hombres comienzan a pensar, analizan y cuestionan su vida y la realidad que los rodea. El objetivo del gobierno es impedir que los ciudadanos tengan acceso a los libros, pues vela para que los ciudadanos sean felices, que no cuestionen sus acciones y rindan en sus labores.

    En este contexto se encuentra Guy Montag, un bombero que en principio no cuestiona estas leyes y está dispuesto a cumplirlas. En el correr de la película Montag conoce a una muchacha de 19 años, Clarisse McClellan, quien le cuenta que a ella y a su familia los tachan de "antisociales” porque piensan por sí mismos. Al principio, Montag la tacha de loca, pero es esa joven la que empieza a generar en él la duda sobre si verdaderamente es feliz, además de despertar su curiosidad sobre los libros que quema.

    Montag comienza a leer, y esto implica no sólo ir contra las leyes que antes no ponía en tela de juicio, sino que comienza a darse cuenta de la realidad que lo rodea, de la infelicidad en la que está inmerso.
    Montag, a partir de aquí, comienza a volverse en contra de lo que antes creía, desafiando a la ley en diversas ocasiones, y admirando la forma de vivir de Clarisse y su familia. La familia de Clarisse es arrestada, pudiendo ella escaparse. Tras un furtivo encuentro con Montag, donde le cuenta que se irá a vivir con los hombres-libro. Se trata de un grupo de personas que han logrado escaparse de la ley o huir antes de ser atrapados y, que para conservar los libros pero a su vez no cometer un delito por ello, se aprenden un libro. Curiosamente, su identidad pasa a ser la del libro: su nombre es sustituido por el título de la obra y su autor.

    Tras esto, Montag tiene varios desacuerdos con su esposa, quien está completamente absorbida por esa sociedad enfermiza. Tras pedirle a ésta que elija entre los libros y ella, ella decide denunciarle.
    Aún trabajando en el cuerpo de bomberos, Montag sale a hacer su trabajo y descubre que se dirige a su propia casa. Tras quemar casi todos los libros, Montag esconde uno, y tras incendiar su propia casa, logra escapar. Finalmente llega a donde están los hombres-libro, reencontrándose con Clarisse.

    "Fahrenheit 451" (equivalente a 233 °C) recibió ese título porque la novela menciona que a esa temperatura se quema el papel.

    IMPRESION PERSONAL

    Si ha habido un nombre influyente en la cinefilia mundial en el último medio siglo, ese ha sido el de François Truffaut. Y esta aportación capital la hizo desde la sencillez, alejada de los galimatías culteranos de otros colegas integrantes de la nouvelle vague. Aunque quizás alguien pediría una matización al respecto: ¿no sería más acertado invocar la figura de André Bazin, mentor, protector y sucedáneo de la figura paterna? Emparejados como Sócrates y Platón, maestro y discípulo encarrilaron una nueva forma de ver y entender el cine, intercambio que se vio truncado por la prematura muerte de André, el 11 de noviembre de 1958.

    El hombre que prefería el reflejo de la vida a la vida misma realizó esta su primera y última película en inglés en respuesta a una de sus pasiones más longevas y sentidas: los libros. «Films-libros, libros-films, tal es el engranaje de mi vida puesto que mi amor gemelo por los libros y por los films me ha llevado a rodar 'Jules et Jim', homenaje a un libro particular, o también 'Farenheit 451' que los engloba a todos.»

    Oskar Werner en su papel de bombero y un esplendido Cyril Cusack, en su papel de jefe del cuerpo de bomberos


    La fantasía original salió de la privilegiada testa de Ray Bradbury (Illinois, 1920), escritor especializado en la anticipación científica pre-ciberpunk, ya saben: mundos infelices progresivamente deshumanizados donde la tecnología se dedica a castrar emocionalmente al individuo. Las ocupaciones de este narrador de pesadillas han sido variopintas, desde que a los doce años decidiese que iba a escribir cada día no menos de cuatro horas: el mundo del teatro, la escritura de guiones cinematográficos, para la radio y televisión... Yo estaría por recomendarles directamente sus poesías, pero los que de esto entienden señalan como señeros (amén de su Farenheit 451 (1953)), Crónicas marcianas (1950), Leviatán 99 (1966) y Mucho después de la medianoche (1977).

    En un futuro no muy lejano, la especie humana ha dado el salto evolutivo "definitivo": prescindir de los libros y volcarse en la evasión desprejuiciada de la pantalla (algo impensable en la actualidad, donde Negro sobre Blanco, Metrópolis o Días de Cine copan los primeros puestos del share, en detrimento de Salsa Rosa, Corazón, Corazón y demás programas marginados por un público responsable y selectivo). Lo más grande que le puede pasar a un habitante de este plató donde el drama está vetado es tener sus quince minutos de gloria catódicos, desarrollando algún papelito en el psico-reality de turno... recuérdese que estoy hablando de una ficción que se ha demostrado a todas luces exagerada, hiperbólica, casi demencial.

    Este auténtico paraíso de Chabelis y Pocholos cuenta con una policía para velar por el analfabetismo colectivo. Nada más y nada menos que el cuerpo de bomberos, reconvertido en una expeditiva unidad que a golpe de llamarada y hoguera de campamento da buena cuenta de revistas, volúmenes y demás ejemplares capaces de deformar la mente de niños y adultos.

    ¡Si es que es verdad! Con lo difícil que ha sido la conquista de la felicidad masiva, como para que la gente vaya por ahí devorando historias poco edificantes, dándole vueltas al tarro y elucubrando sobre la condición humana, por culpa de cuatro plumillas de tres al cuarto. Una aberración, vamos. Menos mal que nuestro sapientísimo Estado ha sabido tomar las medidas adecuadas... (por cierto, si le echan un vistazo al plan de estudios de sus hijos quizás lleguen a la conclusión de que la conspiración hace tiempo que comenzó. Por si acaso, vayan poniendo a buen recaudo lo más selecto de sus bibliotecas en el falso techo).

    Existen, con todo, pequeños núcleos resistentes dispersos por la gran ciudad. La gente se las apaña para esconder el perverso material en los lugares más insospechados, tratando de burlar los exhaustivos registros de los bomberos pirómanos. Pocas veces lo consiguen, porque en sus filas hay gente muy profesional, verdaderos amantes de su oficio...

    La pareja protagonista, Oskar Werner y Julie Christie, en uno de los dos papeles que representa


    Es el caso de Montag, que se complica la vida trabando conocimiento con una lectora dispuesta a contagiarle tamaño vicio. Su horrorizada esposa verá como el muy insensato comienza a devorar libros, sin dejar de preguntarse qué habrá hecho ella para tener que cargar con semejante cruz. ¿No podría haberle salido borracho, como el vecino del tercero?

    Imagínense la esquizofrenia que provoca tener que seguir quemando los libros que ahora uno venera. El doble juego no durará mucho: no tardará en recibir la cordial visita de sus compañeros de trabajo, dispuestos a montar una fiesta de las buenas en su casa, con la garrafa de gasolina y unas cuantas cerillas. Nuestro héroe apenas tiene tiempo de huir despavorido, vagando entre la nieve.

    En el exilio helado, Montag conocerá a hombres dedicados a la perpetuación del recuerdo, a evitar que caiga en el olvido el conocimiento acumulado en siglos de caligrafía e impresión. En un retorno al medioevo -elemento común a tantas y tantas vitriólicas aproximaciones al futuro por parte de la ciencia-ficción-, la transmisión del saber vuelve a hacerse de forma oral, memorizando novelas que a su vez serán aprendidas por aplicados pupilos en la hora en que a uno le toque morir (y junto a uno, la posibilidad de que perezca un libro, un mundo entero).

    Cabe destacar que la intención de su director a la hora de abordar este proyecto era la historia en sí y la de los personajes que la componen, no teniendo que recurrir al uso de un enorme presupuesto, costosos efectos especiales y decorados muy caros (algo muy habitual hoy en día dentro del género de la ciencia-ficción), siendo un buen ejemplo de cómo se puede contar una gran historia con pocos medios, mucha pericia y un buen reparto de excelentes actores que puedan trasmitir al público como es la personalidad individual de cada uno de ellos.

    Historia por tanto de claro manifiesto reivindicativo que denuncia por encima de todo la barbarie y la inconsciencia que supone destruir todo un legado de cultura e imaginación como son el mundo de los libros por personas como el jefe de bomberos (un magistral Cyril Cusack) que antepone sus absurdos ideales por encima de lo que piensen y opinen los demás en la secuencia donde le explica a Montag el por qué le lleva a actuar de esta manera siendo lo que es, una persona autoritaria y sin escrúpulos.
    A destacar la magnífica e hipnótica banda sonora de Bernard Herrmann, y el gran trabajo fotográfico de Nicholas Roeg. Impactan secuencias como la que muestra la inmolación de la dueña de la casa, prendiéndose fuego junto a sus libros, y la del final de la película, en donde nuestro fugitivo protagonista se reencuentra con Clarissa y los hombres-libro, llegando a convertirse en uno de ellos con el fin de preservar el legado de la lectura para las siguientes épocas donde no exista la opresión, la intolerancia ni la persecución por el simple hecho de leer un libro.

    "El cine de papá ha muerto". Así expresaban Truffaut, Godard y Chabrol en Cahiers du cinema su pertenencia a la nouvelle vague. El nuevo movimiento de origen francés arremetía contra el academicismo burgués y contra los directores de la llamada tradición de la calidad, filmes fruto del esfuerzo de un equipo y que eran aclamados por público y crítica al unísono.

    Frente a esto, los jóvenes críticos y directores proponían una "política de autor" que consistía en reconocer en cada uno de los filmes la huella del autor y su estilo personal. Truffaut realiza en 1966 Fahrenheit 451, la temperatura a la que arde el papel. Resulta atractivo analizar esta obra que ha sido la más cuestionada del realizador y la que, sin embrago, sigue reflejando esa idea que promulgaba el maestro: reconocer en el filme al hombre que lo hizo. En Fahrenheit 451 Truffaut pudo aunar sus dos pasiones. A través del cine, el director consiguió homenajear a su segundo amor, la literatura. En 1970, el director francés afirmaba en la revista Télécine, "si he elegido los libros y el cine desde la edad de once o doce años, está claro que es porque prefiero ver la vida a través de los libros y del cine". Truffaut evidencia así su interés por los libros y, siendo así, no es de extrañar que le atrajese la idea de llevar al cine la novela de Ray Bradbury. Truffaut logra transmitir su preocupación, y la nuestra. Un futuro no muy lejano en el que los libros estuviesen prohibidos y se persiguiese a todo aquel que osara leerlos. Pero la idea no es tan sencilla como eso, el director relaciona esa batalla con la incapacidad de las personas para razonar, para pensar por sí mismas.

    Nos presenta máquinas controladas por el estado, esta idea también está presente en la más reciente 1984, de Michael Radford. Personas vigiladas y vigilantes, indiferentes, irracionales y débiles, y entre toda esa masa, la esperanza. Oscar Werner representa al individuo libre, una defensa de los sentimientos propios, del yo contra el nosotros.
    Combinando las características de este personaje con las peligrosas circunstancias en las que se halla se consigue un filme a medio camino entre la poesía y el terror psicológico, entre Renoir y Hitchcock.
    Julie Cristhie interpreta en esta película dos personajes antagónicos, por un lado, la mujer de Montag, fiel seguidora del sistema; por otro, la profesora, baluarte de la mujer fuerte y armoniosa, capaz de afrontar la situación antes, durantes y después.
    En contraposición, Oscar Werner representa al hombre débil y cobarde. Si bien los actores conforman el carácter de la película, los verdaderos protagonistas en la obra son los libros. Truffaut comentaba cuando grababa un set del filme que los planos en los que se veía la caída de los libros hasta el suelo eran imprescindibles, y lo son. El acto de desechar los libros es realista desde el momento en el que se nos muestra a personas consumidas por el miedo a saber y por el odio a lo desconocido.

    Fahrenheit 451 tiene un final ambiguo, pero esto no es de extrañar pues es una constante en los filmes del director.

    Escoge un desenlace abierto, o un principio después del fin. El futuro es incierto, sí, pero contemplar a todos esos hombres-libro es halagador y, cuanto menos, esperanzador. El mérito para dos grandes: Ray Bradbury y Truffaut. Uno nos concede el placer de leerlo, otro nos ofrece la posibilidad de verlo en imágenes.

    Fahrenheit 451 no es solamente la temperatura a la que arde el papel de los libros. Es también una de las películas por las que más palos le llovieron a su director, embarcado en una aventura que le llevo cuatro años, con continuas reescrituras del guión. Cuentan que el protagonista (el Oscar Werner de Dos hombres y una mujer (Jules et Jim, 1961) en substitución de Paul Newman, primera de las opciones barajadas, no se llevaba precisamente bien con su parternaire...

    Algunas de las dificultades con las que se encontró rallaban directamente en lo absurdo. "Los abogados hollywoodenses de la Universal querían que no se quemaran los libros de Faulkner, Sartre, Proust, Genet, Salinger, Audiberti...: "Limítese a los libros que pertenezcan al dominio público", decían por temor a eventuales demandas". Súmese a esto que el tiempo ha hecho mella en algunas soluciones formales adoptadas por su director, quedando ciertamente kitsch determinados efectos especiales.

    Pero quedémonos con lo bueno. Esos títulos de crédito leídos en voz alta (¿para ese espectador del futuro que ya no sabrá leer?), la música de Bernard Hermann, el desdoblamiento de una impecable Julie Christie y, en definitiva, el rotundo homenaje a la literatura de un hombre que amaba a los libros... casi tanto como a las mujeres.

    En todo caso, guste más o guste menos, PELICULA DE VISIONADO IMPRESCINDIBLE.

    EL SECRETO DE WILHELM STORITZ (Julio Verne)



    EL AUTOR

    Jules Verne; Nantes, 1828 - Amiens, 1905) Escritor francés, considerado el fundador de la moderna literatura de ciencia ficción. Predijo con gran precisión en sus relatos fantásticos la aparición de algunos de los productos generados por el avance tecnológico del siglo XX, como la televisión, los helicópteros, los submarinos o las naves espaciales.
     
    En 1836 ingresó con su hermano Paul en el seminario Saint-Donatien. Más tarde estudió filosofía y retórica en el liceo de Nantes y viajó a París, cumpliendo los deseos de su padre, para seguir la carrera de leyes. En 1848 comenzó a escribir algunos sonetos y textos de teatro, y dos años más tarde aprobó su tesis doctoral de derecho y optó por la carrera de letras.

    Julio Verne

    Sus inicios literarios fueron difíciles, sus piezas de teatro no tuvieron una divulgación importante, y recurrió a la docencia para sobrevivir. Desde 1852 hasta 1854 trabajó como secretario de E. Seveste, en el Théâtre Lyrique, y publicó algunos relatos en Le musée des familles, como Martín Paz (1852). En 1857 se convirtió en agente de bolsa y empezó a viajar; visitó Inglaterra, Escocia, Noruega y Escandinavia, y continuó sus escritos.
     
    Posteriormente conoció al editor Hetzel, quien se interesó por sus textos y le publicó Cinco semanas en globo (1862), obra que lo lanzó al éxito y lo estimuló a proseguir con la temática de la novela de aventuras y fantasía. El mismo editor le encargó una colaboración regular para la revista Magazine déducation et de récréation, y en poco tiempo alcanzó una gran celebridad.
     
    Aprovechando sus conocimientos geográficos, adquiridos a través de numerosos viajes por Europa, África y América del Norte, y su entusiasmo por la revolución tecnológica e industrial, se convirtió en un especialista de los relatos de aventura de corte científico. Su dominio de la tensión dramática le permitió combinar extravagantes situaciones y momentos poéticos en una prosa ligera y amena.
    Inmediatamente se enfrascó en la redacción de Viaje al centro de la Tierra, para lo cual se aplicó a la geología, la mineralogía y la paleontología. Las detalladas descripciones de animales antediluvianos maravillaron a los expertos, poniendo de manifiesto su extraordinaria intuición científica. Su tercer gran libro fue De la Tierra a la Luna, cuya publicación despertó tal entusiamo por los viajes espaciales que su despacho se inundó de cartas solicitando reservas para el próximo viaje lunar. Con el mismo interés fue recibida La vuelta al mundo en ochenta días, publicada por entregas, cuyo éxito fue tal que se llegaron a cruzar apuestas sobre si Phileas Fogg, "el hombre menos apresurado del mundo", lograría llegar a la meta en tan breve tiempo.

    Veinte mil leguas de viaje submarino es, entre su extensísima producción, uno de los libros que conserva más íntegro su encanto. La peripecia se inicia cuando una fragata americana parte en busca de un monstruo marino de extraordinarias proporciones al que se atribuyen múltiples naufragios. El monstruo aparece, se precipita sobre el barco expedicionario y lo echa a pique, llevándose en su espinazo al naturalista Aronnax, a su fiel criado Conseil y al arponero Ned Land. Resultará ser un enorme submarino, el Nautilus, en el cual los tres hombres pasarán cerca de diez meses hospedados por el enigmático capitán Nemo, artífice del invento. Visitarán los tesoros sumergidos de la Atlántida, lucharán contra caníbales y pulpos gigantes y asistirán a un entierro en un maravilloso cementerio de coral.

    Nemo, hostil e iracundo, no tardará en revelarse como un proscrito, un sublevado solitario cuyo manto de misterio esconde una identidad principesca y una pesadumbre tenebrosa. Se ha señalado que Nemo es un trasunto del propio Verne. Ambos viven encerrados, solos e incomprendidos, el primero en su coraza de acero, el segundo en la burbuja de su gabinete, ambos refugiados tras el disimulo y el secreto. Del mismo modo que Verne dejó estupefactos a propios y extraños presentándose a unas elecciones municipales en Amiens por una lista de extrema izquierda, el capitán Nemo, que lucha por la liberación de los pueblos oprimidos, detesta a la convencional y adocenada colectividad que lo persigue y enarbola dos veces el estandarte negro del nihilismo.
     
    Escribió otras obras de gran éxito como Las aventuras del capitán Hatteras (1866), Los hijos del capitán Grant (trilogía, 1868-1870), En torno a la luna (1870), La isla misteriosa (1874), Miguel Strogoff (1876), Un capitán de quince años (1878), Las tribulaciones de un chino en China (1879), El faro del fin del mundo (1881) y Los viajes del capitán Cook (1896), entre muchas otras novelas que superan el medio centenar de títulos.
     
    Se radicó en Amiens en 1872, y a partir de 1886 se comprometió con las actividades municipales de dicha ciudad. Tres años después fue nombrado representante del consejo municipal, y en 1892 fue condecorado con la Legión de Honor. Sus textos se popularizaron con rapidez y quedaron entre los grandes clásicos de la literatura infantil y juvenil del siglo XX. De su obra póstuma destacan El eterno Adán (1910) o La extraordinaria aventura de la misión Barsac (1920), en las que un crítico tan poco convencional como Michel Butor ha querido ver un Verne más profundo y escéptico de lo habitual, que tendía a desconfiar de las consecuencias que podía acarrear para los seres humanos el progreso incesante de la tecnología y de la ciencia.

    EL LIBRO

      
  • Nº de páginas: 186 págs.
  • Editoral: LAERTES
  • Lengua: CASTELLANO
  • ISBN: 9788475846668

  • El ingeniero Enrique Vidal recibe una carta de su hermano, el pintor Marcos, para que se apresure a visitarlo en Ragz (localidad de Hungría situada río abajo desde la croata Vukovar), donde ha establecido residencia, persuadido por su acercamiento con la señorita Myra Roderich, hija del distinguido Dr. Roderich.

    Durante su viaje desde París hasta Ragz, Enrique ve algunos sucesos extraños, pero no dignos de mención, y se da cuenta de que la señorita Myra ha sido pretendida por Wilhelm Storitz, hijo de un extraño químico, Otto Storitz, fallecido hace algunos años, y que aún causa revuelo en su tierra natal, Prusia, debido al halo de misterio que encerraba y a los rumores de que era un brujo.

    Los extraños sucesos continúan entre ellos: la caída de un hombre que afirmaba haber sido empujado, advertencias del viento que pronosticaban las desgracias de la feliz pareja si el enlace se realizaba... Estos hechos tienen su punto culminante en la ceremonia de compromiso, misteriosamente estropeada, además de oírse durante ella música prusiana, considerada un insulto por los húngaros.
    Enrique Vidal, junto con el hermano de la señorita, el ilustre capitán Haralan, investiga lo sucedido y finalmente se da con el misterio: Wilhelm Storitz tiene la fórmula de su padre, una extraña mezcla que puede conducir a la invisibilidad a quien la toma, y en ese estado secuestra a Myra. El capitán Haralan obtiene ayuda de la policía y de los soldados; saquean la casa de Storitz, pero, al no encontrarlo, crean dos círculos contenedores en los que quede recluido el desdichado. En medio del círculo, el capitán Haralan se enfrenta en un desigual duelo; sin embargo, el capitán es el vencedor: de un certero golpe, hunde su arma en el ser invisible, que, al brotar la sangre, recupera su estado normal.

    Sin embargo, Myra Roderich es "contagiada", y, al quemar la casa de Storiz, no existe el remedio para volverla visible. Myra, en una demostración de valor y persistencia, continúa su vida lo más normal que puede, hablando en cualquier momento y cantando (era una excelente cantante) para hacer sentir su indomable espíritu, y en ese estado contrae nupcias con Marcos Vidal.

    A Enrique Vidal, ya de regreso en París, es a quien se le ocurre que en la sangre se encuentra el medio que cambia de estado el cuerpo, por lo que una pequeña intervención quirúrgica que permita drenar la sangre podría devolver al estado normal a la joven, empresa que no puede llevarse a cabo, ya que la señorita está embarazada. Enrique cae en la cuenta de que lo que pensaba proponer se hará de manera natural. Entonces, Marcos Vidal vuelve a ver a su encantadora esposa al mismo tiempo que ve nacer a su hijo.

    IMPRESION PERSONAL

    "El secreto de Wilhelm Storitz" (Le Secret de Wilhelm Storitz), subtitulada "Ayer y mañana" (Hier et demain), es una novela escrita por el francés Jules Verne antes de su fallecimiento en 1905. Fue publicada póstumamente por entregas en "Le Journal" desde el 15 de junio (número 6.471) hasta el 13 de julio de 1910 (número 6.499), y en edición íntegra ese mismo año, con ilustraciones de George Roux.

    La obra había sido ampliamente modificada por su hijo Michel Verne, por lo que se considera como una de las novelas apócrifas del autor francés.

    En ella, se narra una interesante historia de un hombre que heredó de su padre el secreto de la invisibilidad.

    A la muerte de Jules Verne, su hijo Michel entregó al editor Hetzel una lista con siete novelas, las cuales se siguieron publicando de manera continua. Sin embargo, llegó un momento en que excedió el número citado, y Michel continuaba publicando novelas "descubiertas" entre los escritos personales de su padre. Inclusive se empezó a dudar de la originalidad de los escritos; lo cierto fue que la obra "La agencia Thompson y Cía." fue escrita enteramente por Michel, y muchos de estos escritos de Verne padre habían sido modificados parcialmente. Durante años, fue imposible saber cuánto se había respetado realmente de la obra original.

    "El secreto de Wilhelm Storitz" fue una de las novelas más modificadas por Michel, por lo que es imposible saber hasta qué punto es de Jules y qué modificó Michel.



    Verne comenzó a escribir esta novela influenciado por El hombre invisible de H.G.Wells, publicada en Francia en 1901. A pesar de que acabó de escribirla en 1904, un año antes de su muerte, no fue publicada hasta 1910, profundamente modificada por su hijo Michel Verne. Modificaciones que también se producen en todas sus otras obras póstumas y que se debieron a las peticiones que hacían los editores. La que comentamos en estas líneas es la obra apócrifa, ya que no hemos podido conseguir el relato original.

    Es una obra de Julio Verne, y como todas ellas, con una imaginación desbordante, y que deja el sabor de boca que deja un gran libro. La historia nos cuenta el viaje de Enrique Vidal, un joven francés, a Raab (Hungría) para asistir a la boda de su hermano Marcos y, de paso, conocer a su cuñada, Myra Roderich, y a su distinguida familia. Todo parece ir de perlas cuando aparece en escena un antiguo pretendiente de Myra, dispuesto a hacer la puñeta lo máximo posible para que dicha boda no se celebre, algo de lo que Enrique tiene noticia al iniciar su viaje.La narración no escatima en detalles, como es natural en su autor, de los lugares y paisajes por los que el viajero discurre en su periplo hacia Hungría; también nos informa convenientemente de las costumbres y paisajes magiares cuando el viaje toca a su fin, aunque a veces toda esta vorágine de datos haga que nos perdamos un poco en la historia. Sin embargo, hay un punto que es preciso comentar y que empaña un poco todo esto. La edición que yo tengo se llama "El Secreto de W. Storitz", y no como se indica aquí, y este punto hace que el libro pierda un poco, pues lo que te lleva a leerlo es enterarte de cuál diablos es el secreto de Wilhelm Storitz, por lo tanto, el título del que yo he leído (Ediciones Dalmau), me parece muchísimo más adecuado, porque tardas en tener datos acerca de dicho secreto.



    Otra cosa que me llamó la atención negativamente es la traducción, que ignoro si es en todas las ediciones la misma. Aparte de castellanizar los nombres en la medida de lo posible, algo que no me parece correcto ni que respete la obra original, el lenguaje y las expresiones que utiliza están absolutamente desfasadas, y la verdad es que, a veces, cuesta imaginarse a los personajes hablando en un tono tan petulante y que puede llegar a repatear por momentos, por muy ambientado en el siglo XVIII que esté, pero bueno, eso para gustos. Habrá quien me diga que hay que intentar respetar el lenguaje de la época, aunque dudo que en esa época dos hermanos se hablaran de esa forma. Además, se repite mucho en las expresiones, lo cual parece originarse en la traducción. De todas formas, es un libro muy recomendable para el que le guste la ciencia-ficción clásica.

    ACTUALMENTE LEYENDO:  LA TRAICION VENECIANA  (Steve Berry)

    lunes, 14 de julio de 2014

    EL MERCADER Y LA BRUJA (Michael Jecks)



    EL AUTOR

    Michael Jecks nació en Surrey (Inglaterra), en 1960. Trabajó varios años como comercial, dedicándose a la escritura cuando fue despedido. Es miembro de la Sociedad de Autores y de la Real Sociedad Literaria.

    Es autor de novelas de misterio e intriga desarrolladas en la Edad Media. Se caracteriza por su buena documentación y ambientación así como por el ritmo sostenido en todo su desarrollo.

    Abandonó su brillante carrera en el mundo de la informática para dedicarse en exclusiva a sus dos grandes pasiones: la literatura y el estudio de la Edad Media.



    Fruto de esa doble pasión fue su primera novela, La venganza templaria, en la que un sagaz detective medieval, sir Baldwin Furnshill, desentrañaba un complicado caso con la ayuda de su amigo Simon Puttock. El mercader y la bruja es el segundo libro protagonizado por sir Baldwin Furnshill.

    EL LIBRO

  • Nº de páginas: 358 págs.
  • Editorial: MARTINEZ ROCA
  • Lengua: CASTELLANO
  • Encuadernación: Tapa dura
  • ISBN: 9788427029224
  • Año edicón: 2003
  • Plaza de edición: BARCELONA



  • La comadrona y curandera Ágatha Kyteler es considerada una burja por los supersticiosos habitantes de Wefford. Sin embargo, no le faltan los pacientes, desde el aldeano más humilde hasta el noble más elegante de la zona. Cuando el cuerpo de Ágatha aparece congelado y mutilado una gélida mañana, parece no haber ni rastro de quién puede haber sido el culpable, hasta que un joven de la aldea huye inesperadamente. Todas las sospechas caen sobre él. Sir Baldwin Furnshill no está convencido de la culpabilidad del joven y convence a su buen amigo Simon Puttock para que se ayude a proseguir la investigación. Mientras emprenden la misión de encontrar al culpable, poco a poco va asomando la cara más oscura de la aldea, con sus desconfianzas, celos y traiciones latentes. Segunda novela de Michael Jecks, que nos adentra en el fascinante universo de la Edad Media a través de un relato de acción y misterio.

    IMPRESION PERSONAL

    Segundo volumen de la serie Misterios Medievales, del escritor británico Michael Jecks. En el primer libro de la serie "La venganza templaria", asistimos a la presentación de los personajes que conforman ésta saga, el caballero Sir Baldwin Furnshill y su amigo, el alguacil Simon Puttock, así como el resto de personajes secundarios.

    Vista actual de la localidad de Crediton, condado de Devon, Suroeste de Inglaterra


    Esta segunda novela me parece bastante más floja que la primera, en todos los aspectos. En la venganza templaria, además de presentar a los personajes, se ahonda mucho más en su personalidad, siendo más compleja que la presente. También la trama de éste segundo volumen está mucho menos elaborada, llega a ser casi intranscedente, de pura simpleza.

    Pero lo que más me gustó del primer volumen, y en éste segundo también se echa de menos, fue las descripciones que hacía el autor sobre la vida en la Inglaterra medieval, tanto de los nobles como de las clases más humildes.

    Mapa de Crediton y sus alrededores, lugar donde transcurren los hechos


    En definitiva, pienso que el autor se ha dejado llevar por el éxito de la primera novela, y ésta parece más que nada un relleno, escrita de prisa y poco elaborada, tanto en su forma como en su fondo.

    Esperemos, no obstante, que el resto de la saga mejore, acercándose mas al primer volumen de la misma, puesto que, repito una vez más, éste segundo volumen me ha parecido totalmente decepcionante y absolutamente prescindible.

    ACTUALMENTE LEYENDO:  EL TESORO DE KEPLER (Jean-Pierre Luminet)

    viernes, 4 de julio de 2014

    EL JUGADOR (Claude Cueni)



    EL AUTOR

    Claude Cueni (Basilea, 1956) es un escritor suizo. Escribió su primera novela en 1980, y desde entonces ha publicado más de cuarenta, de géneros que van desde el policíaco al de ficción histórica, pasando por el fantástico, que se han traducido a multitud de idiomas.

    Ha escrito novelas radiofónicas y obras para teatro. Con sus guiones, se han rodado más de 50 películas, incluidas algunas de sus novelas. Ha sido intendente para telefilms en la Suiza Alemana. Es también conocido por haber fundado una empresa de software (Black Péncil). 



    El druida del César (Caesars Druide, 1998), El jugador (Das große Spiel, 2006), y Más rápido que la vista (Schneller als das Auge, 1987) han alcanzado un notable éxito internacional. La cuarta corona (Der vierte Kranz, 1989) ha sido la última en publicarse en español en 2010.

    EL LIBRO

  • Tapa dura: 384 páginas
  • Editor: PUBLICACIONES Y EDICIONES SALAMANDRA S.A. (1 de julio de 2008)
  • Colección: Novela Histórica
  • Idioma: Español
  • ISBN-10: 8498381649
  • ISBN-13: 978-8498381641


  • Dotado de una prodigiosa capacidad para el cálculo, el elegante y mujeriego escocés John Law adquiere prestigio social gracias a sus habilidades en el juego. Sin embargo, cuando las circunstancias lo obligan a huir a Francia, Law encuentra allí el escenario idóneo para desarrollar su singular peripecia vital. Mientras perfecciona su original «sistema Law» para regenerar la economía, John frecuenta los ambientes más elevados de una sociedad asolada por la inanidad de sus gobernantes y las maquinaciones de los banqueros y los grandes señores. Así pues, al compás de los vaivenes sociales y políticos de una época decisiva para el futuro de Europa, John Law vivirá su propio ascenso, auge y caída arropado por el amor de una mujer, que lo acompañará sin cejar en los mejores y peores momentos de su vida. Sólidamente documentada, la novela presenta una rica galería de personajes de la corte francesa en los últimos años de Luis XIV y durante la regencia de Felipe de Orleans. El duque de Saint-Simon, el marqués d’Argenson, Montesquieu y Daniel Defoe son, entre otros, protagonistas de una historia en la que los lances de honor, intrigas palaciegas, traiciones y, sobre todo, los avatares del juego y las apuestas, resultan determinantes en el amor y la política.

    IMPRESION PERSONAL

    Jonh Law fue uno de los más importantes teóricos del dinero de todos los tiempos, inventó el papel moneda y fue el hombre más rico de la historia.

    El mundo financiero sigue basándose hoy en el sistema de Law, aunque en las democracias modernas hemos integrado mecanismos de control del sistema financiero que restringen las inestabilidades devastadoras. Abogó por crear el papel moneda y no respaldarlo con metal.

    Me fascinó la historia de este hombre arriesgado, vividor, que fue condenado a muerte, pero que se convirtió en uno de los más ricos de su época, un matemático genial y una estrella del mundo de las finanzas. Fue un cruce perfecto entre Bill Gates y Casanova, comenta Cueni.

    Su vida corría como una apuesta constante, con un desafío a la autoridad en todas las escalas: desde la familiar hasta la de los reyes absolutos. Se encaró con su tiempo, con el poder, con todo lo que se le ponía por delante. Ganó y perdió. Como cualquiera que adopta el riesgo por condición de vida. Pero también se puede decir, sin temor a exagerar, que cambió el mundo. Su idea es lo que hoy mueve todo, todavía comerciamos con lo que él inventó, dice el autor.

    John Law


    Algo en los genes indicaba que John Law acabaría forjando grandeza en el mundo de las finanzas. Su padre, William, fue banquero. Pero su muerte, tras una operación de riñón, en circunstancias previsibles por las estadísticas, que tanto fascinaban a su hijo, no impidió que el heredero empezara sus andanzas de manera torcida. Menos mal que aquel hombre no llegó a ver cómo dilapidó su herencia en la mala vida. Aunque algunas cosas tempranas ya indicaban que John prefería los goces terrenales a las promesas de salvación eterna. Con 12 años se acostaba con las criadas y desde niño se había propuesto ser fiel al lema de su familia: Non obscura nec ima, ni oscuro ni pequeño.

    Perfeccionó sus tretas en el juego cuando fue a parar a un internado. Poco le impresionaban las broncas e intimidaciones que el reverendo Michael Rob lanzaba a sus pupilos. Acabó conquistando a sus dos hijas gemelas y a él, instruyéndole en los principios del crédito público y privado, en la estructura del comercio, los laberintos de la fiscalidad y en los secretos de un ramo que empezaba a crecer: los seguros. Poco tenía que enseñarle aquel cura hosco y torpón. El John Law adolescente ya era un prometedor economista que había aprovechado al máximo las enseñanzas de su padre.
    En lo que no pudo frenarle su progenitor fue en su vicio por el juego. Si don William había empleado una vida en hacerse con una finca como la de Lauriston Castle, John perdió su parte en una sola noche. El joven veía en los naipes un reto a sus cálculos matemáticos que le obsesionaba hasta límites peligrosos. Quería conseguir hallazgos similares a los de Galileo, Chevalier de la Mère o los Bernoulli, o a todas aquellas teorías que leía en manuales como La lógica o el arte de pensar, de Antoine Arnauld, que versaba sobre la teoría del juego de los dados.

    Uno de los primeros ejemplares de billetes de banco, emitidos por John Law


    Cuando se quedó sin nada fue a parar a Londres. Otra de sus pasiones era la geometría de los cuerpos femeninos, y la explotó a fondo. Allí se enseñoreaba por las tabernas en las que recalaban damas adineradas, para ver si sus tretas amorosas le aliviaban la mala suerte con las cartas. Entre las barras, las mesas y las calles con fango y niebla se cruzó con otro hombre eminente: Daniel Defoe, escritor, marinero y hombre con vista para los negocios, que fundó la primera compañía de seguros navales de Londres.

    Eran los tiempos en que Europa sufría un deslumbramiento francés. Puro reflejo cegador del poder que emanaba del Rey Sol. Años de ajetreo donde todo estaba por descubrir, si un mal paso no te apartaba del camino. Fue algo que estuvo a punto de ocurrirle a John Law. De gallo a gallo, el joven la tomó con un personaje como Beau Wilson, la mayor atracción en todos los salones de la ciudad. Un hombre engreído y rico que disponía de carruaje de seis caballos y mantenía a más criados que algunos parientes del rey. Su habilidad con las cartas era algo que traía de cabeza al joven Law. Ni el hecho de haber tramado negocios alentado por él impidió que ambos acabaran batiéndose en duelo en Bloomsbury Square. En juego estaba el honor de una dama: Elisabeth Villiers. El padrino de Wilson fue el capitán Wightman; el de Law, Daniel Defoe.

    El joven escocés ganó la pelea. Pero los tribunales no perdonaban esos altercados y fue condenado a la horca. Se libró después por considerar los jueces que era homicidio involuntario, y acabó huyendo a Amsterdam. En Holanda le esperaba otra vida más ordenada. Estudió a fondo. La disciplina acabó haciendo de él un banquero prominente.

    Fue un hombre cosmopolita, reflejo de los mejores cerebros e iconos de su tiempo: Más preocupado por las ideas que aportaba que por el dinero que ganaba. Para él, todo lo que acumulaba no era más que un medio que le permitía llevar a cabo su lucha contra la pobreza europea de aquel tiempo. Sobre todo fue un idealista y un visionario en plena era de las luces, define Cueni.

    Su curiosidad y su ansia revolucionaria llegaron lejos: Cuestionaba y reinventaba todo, fue un radical nada conformista. Diseñaba sus propios trajes. Fue protestante, pero vivió con una mujer católica con la que tuvo dos hijos. Era un hombre de acción, agrega Cueni. Su vida turbulenta, sin aliento, sujeta a cambios y movimientos constantes, no le amilanó.

    Si en Escocia, Inglaterra y Holanda forjó un tipo de leyenda, Francia le permitió pasar a la historia. Allí llegó a la muerte de Luis XIV, en 1715. El regente Felipe de Orleans debía bregar con la herencia que le había dejado el Rey Sol. Comenzaba la cuesta abajo que llevó a la monarquía y a la aristocracia hacia el cambio drástico que supuso la Revolución de 1789.

    Allí, en ese contexto, en una corte por la que merodeaba el duque de Saint-Simon en cuyas memorias descubrí al personaje, comenta Cueni, Law puso en práctica sus teorías más arriesgadas. Con la connivencia de los nobles fundó el Banco General, que después sería Real, y tenía el privilegio de emitir moneda para respaldar al Estado. Además puso en movimiento la Compañía de las Indias Occidentales, cuyas acciones podían pagarse con títulos de deuda pública. Pero en 1720 llega la bancarrota cuando los accionistas quieren recuperar su oro que era equiparable al valor del papel moneda en masa.

    La crisis afectó a todo el país y a Europa. Tuvo que salir de París a riesgo de que le descuartizaran si no lo hacía. Es más, una turba le reconoció en su carruaje y lo asaltó. Desde dentro se le ocurrió lanzar el dinero que guardaba debajo de su asiento. Cuando la multitud se lanzó a recoger las monedas del suelo, aprovechó para escaparse.

    Felipe de Orleans, regente de Luis XV durante su minoría de edad


    Según Cueni, la gran bancarrota del sistema Law no fue el primer crack universal. Quizás, ese mérito lo tiene lo que ocurrió en Holanda en 1630: la burbuja de los tulipanes. El precio por estas flores se disparó tanto que produjo un colapso financiero. Del episodio francés, todo un desastre para el continente, Law no debe ser considerado culpable, según defiende el autor de El jugador: Sus teorías eran las correctas. El problema saltó ante la imposibilidad de frenar a toda la nobleza. Obligaron a emitir tanto papel para financiar sus extravagancias, que arruinaron todo el sistema.

    Días después de ser asaltado por la muchedumbre en la calle consiguió salir del país. Lo hizo rumbo a Italia, con su hijo de 15 años, tres ayudantes de cámara y una escolta de 12 soldados. Sus últimos años los pasó en Venecia, jugando a las cartas hasta que murió en 1729, con 58 años.

    Su renovado medio de vida le dio para mucho. Está claro que Law fue un superviviente hasta el final.

    Los venecianos llegaron a admirarlo por haber conseguido convertirse en un coleccionista de arte con muy buen ojo. Tiziano, Rafael, Tintoretto, Veronese, Miguel Ángel, Da Vinci o Canaletto, entre otros, colgaban de sus paredes. Las cartas financiaron buena parte de sus compras. El resto, insistían sus enemigos, llegaba del millonario tesoro de plata que le producía jugosas rentas desde el extranjero.

    Con el boom de la Compañía del Misisipi, a principios del siglo XVIII, se superaron por primera vez las barreras sociales: el cochero que se había hecho millonario de la noche a la mañana adquirió los elegantes vestidos de la empobrecida nobleza rural, y la doncella convertida en millonaria se permitió collares de diamantes y se abrió paso, segura de sí misma, hasta la alta sociedad. La euforia de aquella compañía dio temporalmente a todo el mundo, con independencia de su posición, la posibilidad teórica de convertirse en millonario. En la Rue Quincampoix reinó, temporalmente, esa égalité que décadas después la Revolución Francesa escribiría en sus banderas y que todavía hoy es la esencia de todos los estados demócraticos.

    John Law fue un idealista que con la materia prima del dinero quiso mejorar el mundo y las condiciones de vida de las gentes.

    En sus modelos matemáticos no tomó en consideración el factor humano. No contó ni con la indisciplina de su alteza real ni con la madness of crowds.

    Se trata de una visión optimista y tenaz, de un ejemplo de que a pesar de los malos augurios todo mejora. Cuando Luis XIV murió, las gentes de Europa tenían a sus espaldas cuarenta años de guerra; el desempleo en Francia representaba más o menos el 90%; en un solo invierno, murieron en Paris más de treinta mil personas: morían entre ocho y nueve de cada diez niños, cualquier enfermedad insignificante podía conllevar la muerte.

    Imprescindible en cualquier biblioteca que se precie.

    ACTUALMENTE LEYENDO:  EL MERCADER Y LA BRUJA  (Michael Jecks)