martes, 23 de abril de 2013

DICEN QUE HOY ES EL DIA DEL LIBRO



Dicen que hoy es el día del libro. ¿De qué libro?, podríamos preguntarnos. Visto así recuerda uno aquel viejo chiste del niño que va a abrir la puerta la casa y le dice a la madre: Mama, viene un señor vendiendo libros. A lo que la madre le contesta, Bueno, dile que ya tenemos uno.
Dejando a un lado el aspecto humorístico de la cuestión, creo que efectivamente nominar la fecha en singular “Día del Libro” es, más que un error sintáctico, una forma subconsciente del reconocimiento de la necedad de la misma efemérides. Es como la celebración del “Dia de la mujer trabajadora”. Pero bueno, ¿es que sólo hay una?  Además, ¿qué es lo que hay que celebrar?  Creo que el reconocimiento hacia algo o alguien debe demostrarse en nuestra gris cotidianeidad, no haciendo una fiesta una vez al año y después si te he visto no me acuerdo.
Desgraciadamente esto último es lo que sucede generalmente en el  mundo que nos ha tocado vivir, y más particularmente en nuestro país. Mañana, una vez el flamante libro que nos han regalado pase a engrosar la estantería del salón junto con los de los años precedentes y la rosa con que obsequiamos a nuestras mujeres empiece a marchitarse, volveremos a nuestra rutina de internet, partidos de futbol, el cuba libre con los amigos … y no nos acordaremos del libro de éste año, salvo cuando el próximo año en ésta misma fecha, tengamos que quitarle un poco el polvo para colocar otro flamante a su lado. Esa será la pomposa celebración del “Dia del Libro” de la mayoría de los ciudadanos.
Propongo pués que no celebremos éste “Dia del Libro”, sino que lo convirtamos en los días de los libros, y empecemos por leer, si me han oído bien, LEER, todos aquellos ejemplares que tenemos acumulados de años anteriores y lo hagamos con asiduidad, que no sea fiebre de un día. Ese será el mejor homenaje que podemos hacer a nuestros libros y entonces, ya no será necesario celebrar el “Dia del libro”.
Ah me olvidaba, si hacen esto, tampoco se olviden de regalar flores a sus parejas, pero no lo hagan solamente una vez al año …

lunes, 22 de abril de 2013

LIBROS QUE HE LEIDO: PASADO PERFECTO (Leonardo Padura)



EL AUTOR

Leonardo Padura Fuentes (La Habana, 1955) es un novelista y periodista cubano, conocido especialmente por sus novelas policiacas del detective Mario Conde. El Gobierno de España concedió en 2011 la ciudadanía de ese país a Padura, quien sigue viviendo en Cuba.

Nacido en el barrio de Mantilla, hizo sus estudios preuniversitarios en el de La Víbora, de donde es su esposa Lucía; naturalmente, estas zonas de La Habana, muy ligadas espiritualmente a Padura, se verán reflejadas más tarde en sus novelas. Padura estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad de la Habana y comenzó su carrera como periodista en 1980 en la revista literaria El Caimán Barbudo; también escribía para el periódico Juventud Rebelde. Más tarde se dio a conocer como ensayista y escritor de guiones audiovisuales y novelista.



Su primera novela —Fiebre de caballos—, básicamente una historia de amor, la escribió entre 1983 y 1984. Pasó los 6 años siguientes escribiendo largos reportajes sobre hechos culturales e históricos, que, como él mismo relata, le permitían tratar esos temas literariamente.  En aquel tiempo empezó a escribir su primera novela con el detective Mario Conde y, mientras lo hacía, se dio cuenta "que esos años que había trabajado como periodista, habían sido fundamentales" en su "desarrollo como escritor". "Primero, porque me habían dado una experiencia y una vivencia que no tenía, y segundo, porque estilísticamente yo había cambiado absolutamente con respecto a mi primera novela", explica Padura en una entrevista a Havana-Cultura.

Las policiacas de Padura tienen también elementos de crítica a la sociedad cubana. Al respecto, el escritor ha dicho: "Aprendí de Hammett, Chandler, Vázquez Montalbán y Sciascia que es posible una novela policial que tenga una relación real con el ambiente del país, que denuncie o toque realidades concretas y no sólo imaginarias".

Su personaje Conde —desordenado, frecuentemente borracho, descontento y desencantado, "que arrastra una melancolía", según el mismo Padura— es un policía que hubiera querido ser escritor y que siente solidaridad por los escritores, locos y borrachos. Las novelas con este teniente han tenido gran éxito internacional, han sido traducidas a varios idiomas y han obtenido prestigiosos premios. Conde, señala el escritor en la citada entrevista, refleja las "vicisitudes materiales y espirituales" que ha tenido que vivir su generación. "No es que sea mi alter ego, pero sí ha sido la manera que yo he tenido de interpretar y reflejar la realidad cubana", confiesa.

Conde, en realidad, "no podía ni quería ser policía" y en Paisaje de otoño (1998) deja la institución y cuando reaparece en Adiós Hemingway (2001) está ya dedicado a la compraventa de libros viejos.

Tiene también novelas en las que no figura Conde, como El hombre que amaba a los perros (2009), donde las críticas a la sociedad cubana alcanza sus cotas más altas.

Padura ha escrito también guiones cinematográficos, tanto para documentales como para películas de argumento.

Vive en el barrio de Mantilla, el mismo en el que nació. Al preguntarle por qué no puede dejar La Habana, el ambiente de su historia, ha dicho: “Soy una persona conversadora. La Habana es un lugar donde se puede siempre tener una conversación con un extranjero en una parada de guaguas”.

EL LIBRO



El primer fin de semana de 1989 una insistente llamada de teléfono arranca de su resaca al teniente Mario Conde, un policía escéptico y desengañado. El Viejo, su jefe en la Central, le llama para encargarle un misterioso y urgente caso: Rafael Morín, jefe de la Empresa de Importaciones y Exportaciones del Ministerio de Industrias, falta de su domicilio desde el día de Año Nuevo. Quiere el azar que el desaparecido sea un ex compañero de estudios de Conde, un tipo que ya entonces, aun acatando las normas establecidas, se destacaba por su brillantez y autodisciplina. Por si fuera poco, este caso enfrenta al teniente con el recuerdo de su antiguo amor por la joven Tamara, ahora casada con Morín. «El Conde» -así le conocen sus amigos-, irá descubriendo que el aparente pasado perfecto sobre el que Rafael Morín ha ido labrando su brillante carrera ocultaba ya sus sombras.

IMPRESION PERSONAL

Leonardo Padura nos ofrece con sus novelas un retrato hermoso, sugerente y agridulce de La Habana, la ciudad que lo vio nacer, concretamente en el barrio de Mantilla. Un retrato que se centra en lo cotidiano, en las personas que la habitan y en la realidad cubana, lejos del panfleto político de otros autores o medios de comunicación. La intención de Padura es reflejar las grandezas y miserias de su generación, así como la profunda sensación de melancolía que ha quedado grabada en tantos y tantos cubanos.

El vehículo para presentar todas estas ideas es el detective Mario Conde, cuyo nombre nos resulta más que familiar a los lectores españoles. Mario soñaba con ser escritor, con escribir un libro "escuálido y conmovedor", pero las vueltas de la vida terminaron encontrándole un hueco en la policía. De este modo, Mario debe enfrentarse día a día con la más cruda realidad, que poco a poco va minando el espíritu soñador e idealista que tuvo el personaje durante su adolescencia.

Es una novela ambientada en el suave pero desolador invierno de La Habana, y arranca con la descripción más certera y original de una resaca que jamás se haya escrito. Y es que el gusto de Mario por el ron va más allá de lo aconsejable, pero sin este brebaje tal vez no podría soportar la presión de su soledad, de su falta de amor, y de ver cómo sus sueños y los de sus amigos de la infancia no han terminado de cumplirse con el paso de los años.

Creo que merece la pena transcribir literalmente el p rincipio del libro, donde se presenta al protagonista, que es despertado con una gran resaca, por los timbrazos del telefono, no tiene desperdicio;

"No necesito pensarlo para comprender que lo más difícil sería abrir los ojos. Aceptar en las pupilas la claridad de la mañana que resplandecía en los cristales de las ventanas y pintaba con su iluminación gloriosa toda la habitación, y saber entonces que el acto esencial de levantar los párpados es admitir que dentro del cráneo se asienta una masa resbaladiza, dispuesta a emprender un baile doloroso al menor movimiento de su cuerpo. Dormir, tal vez soñar, se dijo, recuperando la frase machacona que lo acompañó cinco horas antes, cuando cayó en la cama, mientras respiraba el aroma profundo y oscuro de su soledad. Vio en una penumbra remota su imagen de penitente culpable, arrodillado frente al inodoro, cuando descargaba oleadas de un vómito ambarino y amargo que parecía interminable.
Pero el timbre del teléfono seguía sonando como ráfagas de ametralladora que perforaban sus oídos y trituraban su cerebro, lacerado en una tortura perfecta, cíclica, sencillamente brutal. Se atrevió. Apenas movió los párpados y debió cerrarlos: el dolor le entró por las pupilas y tuvo la simple convicción de que quería morirse y la terrible certeza de que su deseo no iba a cumplirse. Se sintió muy débil, sin fuerzas para levantar los brazos y apretarse la frente y entonces conjurar la explosión que cada timbrazo maligno hacía inminente, pero decidió enfrentarse al dolor y alzó un brazo, abrió la mano y logró cerrarla sobre el auricular del teléfono para moverlo sobre la horquilla y recuperar el estado de gracia del silencio.
Sintió deseos de reír por su victoria, pero tampoco pudo. Quiso convencerse de que estaba despierto, aunque no podía asegurarlo. Su brazo colgaba a un costado de la cama, como una rama partida, y sabía que la dinamita alojada en su cabeza lanzaba burbujas efervescentes y amenazaba con explotar en cualquier momento. Tenía miedo, un miedo demasiado conocido y siempre olvidado. También quiso quejarse, pero la lengua se le había fundido en el fondo de la boca y fue entonces cuando se produjo la segunda ofensiva del teléfono. No, no, coño, no, ¿por qué?, ya, ya, se lamentó y llevó su mano hasta el auricular y, con movimientos de grúa oxidada, lo trajo hasta su oreja y lo soltó.
Primero fue el silencio: el silencio es una bendición. Luego vino la voz, una voz espesa y rotunda y creyó que temible.
—Oye, oye, ¿me oyes? —parecía decir—, Mario, aló, Mario, ¿tú me oyes? —Y le faltó valor para decir que no, que no, que no oía ni quería oír, o, simplemente, está equivocado.
—Sí, jefe —logró susurrar al fin, pero antes necesitó aspirar hasta llenarse los pulmones de aire, obligar a sus dos brazos a trabajar y llegar a la altura de la cabeza y conseguir que sus manos distantes apretaran las sienes para aliviar el vértigo de carrusel desatado en su cerebro.
—Oye, ¿qué te pasa?, ¿eh? ¿Qué cosa es lo que te pasa? —era un rugido impío, no una voz.
Volvió a respirar hondo y quiso escupir. Sentía que la lengua le había engordado, o no era la suya.
—Nada, jefe, tengo migraña. O la presión alta, no sé...
—Oye, Mario, otra vez no. Aquí el hipertenso soy yo, y no me digas más jefe. ¿Qué te pasa?
—Eso, jefe, dolor de cabeza.
—Hoy amaneciste vestido de jodedor, ¿verdad? Pues mira, oye esto: se te acabó el descanso.
Sin atreverse a pensarlo abrió los ojos. Como lo había imaginado, la luz del sol atravesaba los ventanales y a su alrededor todo era brillante y cálido. Fuera, quizás, el frío había cedido y hasta podría ser una linda mañana, pero sintió deseos de llorar o algo que se le parecía bastante.
—No, Viejo, por tu madre, no me hagas eso. Éste es mi fin de semana. Tú mismo lo dijiste.
¿No te acuerdas?
—Era tu fin de semana, mi hijito, era. ¿Quién te mandó a meterte a policía?
—Pero, ¿por qué yo, Viejo? Si ahí tienes una pila de gentes —protestó y trató de incorporarse. La carga móvil de su cerebro se lanzó contra la frente y tuvo que cerrar otra vez los ojos. Una náusea rezagada le subió desde el estómago y descubrió, con una punzada, los deseos inaplazables de orinar. Apretó los dientes y buscó a tientas los cigarros en la mesa de noche.
—Oye, Mario, no pienso poner el tema a votación. ¿Sabes por qué te toca a ti? Pues porque a mí me da la gana. Así que mueve el esqueleto: levántate.
—¿Tú no estás jugando, verdad?
—Mario, no sigas... Ya estoy trabajando, ¿me entiendes? —advirtió la voz y Mario supo que sí, que estaba trabajando—. Atiende: el jueves primero denunciaron la desaparición de un jefe de empresa del Ministerio de Industrias, ¿me oyes?
—Quiero oírte, te lo juro.
—Sigue queriendo y no jures en vano. La esposa hizo la denuncia a las nueve de la noche, pero todavía el hombre sigue sin aparecer y lo hemos circulado por todo el país. La cosa me huele mal. Tú sabes que en Cuba los jefes de empresa con rango de viceministro no se pierden así como así —dijo el Viejo, consiguiendo que su voz denotara toda su preocupación. El otro, al fin sentado en el borde de la cama, trató de aliviar la tensión.
—Yo no lo tengo en el bolsillo, por mi madre.
—Mario, Mario, corta ahí la confianza —y era otra voz—. El caso ya es de nosotros y te espero aquí en una hora. Si tienes la presión alta te pones una inyección y arrancas para acá.
Descubrió la cajetilla de cigarros en el suelo. Era la primera alegría de aquella mañana. La cajetilla estaba pisoteada y mustia, pero la miró con todo su optimismo. Se deslizó por el borde del colchón hasta sentarse en el suelo. Metió dos dedos en el paquete y el tristísimo cigarro le pareció un premio a su formidable esfuerzo.
—¿Tú tienes fósforos, Viejo? —le dijo al teléfono.
—¿A qué viene eso, Mario?
—No, nada. ¿Qué estás fumando hoy?
—Ni te lo imaginas —y la voz sonó complacida y viscosa—. Un Davidoff, regalo de mi yerno por el fin de año.
Y él pudo imaginar lo demás: el Viejo contemplaba la capa sin nervios de su habano, aspiraba el humo tenue y trataba de mantener el centímetro y medio de ceniza que hacía perfecta la fumada. Menos mal, pensó él.
—Guárdame uno, ¿está bien?
—Oye, tú no fumas tabaco. Compra Populares en la esquina y ven para acá.
—Ya, ya lo sé... Oye, ¿y cómo se llama el hombre?
—Espérate... Aquí, Rafael Morín Rodríguez, jefe de la Empresa Mayorista de Importaciones y Exportaciones del Ministerio de Industrias.
—Espérate, espérate —pidió Mario y observó su desganado cigarro. Le temblaba entre los dedos, pero quizá no fuera por el alcohol—. Creo que no te oí bien. ¿Rafael qué dijiste?
—Rafael Morín Rodríguez. ¿Copiaste ahora? Bueno, ya te van quedando cincuenta y cinco minutos para llegar a la Central —dijo el Viejo y colgó.
El eructo vino como la náusea, furtivo, y un sabor a alcohol ardiente y fermentado ganó la boca del teniente investigador Mario Conde. En el suelo, junto a sus calzoncillos, vio su camisa. Lentamente se arrodilló y gateó hasta alcanzar una manga. Sonrió. En el bolsillo encontró los fósforos y al fin pudo encender el cigarro, que se había humedecido entre sus labios. El humo lo invadió, y después del hallazgo salvador del cigarro maltratado, aquélla se convirtió en la segunda sensación agradable de un día que empezaba con ráfagas de ametralladoras, la voz del Viejo y un nombre casi olvidado. Rafael Morín Rodríguez, pensó. Apoyándose en la cama se puso de pie y en el trayecto sus ojos descubrieron sobre el librero la energía matinal de Rufino, el pez peleador que recorría la interminable redondez de su pecera. «¿Qué hubo,Rufo?», susurró y contempló las imágenes del más reciente naufragio. Dudó si debía recoger el calzoncillo, colgar la camisa, alisar su viejoblue-jean y poner al derecho las mangas de su jacket. Después. Pateó el pantalón y caminó hacia el baño, cuando recordó que se estaba orinando desde hacía muchísimo tiempo. De pie ante la taza estudió la presión del chorro que levantaba espuma de cerveza fresca en el fondo del inodoro, que no era tal, pues apestaba y hasta su nariz embotada subió la fetidez amarga de sus desechos. Vio caer las últimas gotas de su alivio y sintió en los brazos y las piernas una flojera de títere inservible que añora un rincón tranquilo. Dormir, tal vez soñar, si pudiera.
Abrió el botiquín y buscó el sobre de las duralginas. La noche anterior había sido incapaz de tomarse una y ahora lo lamentaba como un error imperdonable. Acomodó tres pastillas en la palma de la mano y llenó un vaso de agua. Lanzó las pildoras contra la garganta irritada por las contracciones del vómito y bebió. Cerró el botiquín y el espejo le devolvió la imagen de un rostro que le resultó lejanamente familiar y a la vez inconfundible: el diablo, se dijo, y apoyó las manos sobre el lavabo. Rafael Morín Rodríguez, pensó entonces, y también recordó que para pensar necesitaba una taza grande de café y un cigarro que no tenía, y decidió expiar todas sus culpas conocidas bajo la frialdad punzante de la ducha.
—Me cago en la mierda, qué desastre —se dijo cuando se sentó en la cama a embadurnarse la frente con aquella pomada china, cálida y salvadora, que siempre lo ayudaba a vivir."
Padura también ahonda en la realidad social de Cuba a través de los crímenes y misterios que debe resolver Mario, si bien no dejan de ser un añadido a lo que de verdad importa, que es la vida de sus personajes. En esta ocasión, Mario debe investigar la desaparición del director de la empresa de importaciones y exportaciones del Ministerio de Industrias.

Ministerio de Industria, La Habana

Padura es cubano, y escribe a lo cubano y sus personajes hablan cubano porque no pueden hablar otra cosa. Y así, hay cosas que yo, que no hablo cubano, ni nada que se le parezca,  no entiendo pero me da igual. De hecho, casi me gusta no entender esas cosas. Las leo por dentro y luego las leo en voz alta, a lo cubano, y sigo sin entenderlas pero ¡suenan tan bien! Porque esa es una gracia del libro, hay cosas que no entiendes pero no hace falta, suenan genial. Las lees en voz alta y te parece que estás en Cuba, donde todo es suave, caliente y lento, aunque eso signifique que a veces es demasiado suave, demasiado caliente y demasiado lento.


Mansion en la Avenida Santa Catalina (municipio 10 de Octubre, La Habana, donde Padura ubica la vivienda del ejecutivo desaparecido


También sabe transmitirte la idea de esa miseria que no es miseria sino una forma de vivir, porque no te queda otra. Esa sensación de fatalidad que lo envuelve todo y con la que uno aprende a vivir, riéndose siempre que se puede de las absurdidades de la vida, porque no te queda otra.

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viernes, 19 de abril de 2013

LIBROS QUE HE LEIDO: LOS BUDDENBROOK (Thomas Mann)



EL AUTOR

Thomas Mann (1875-1955), novelista y crítico alemán, una de las figuras más importantes de la literatura alemana de la primera mitad del siglo XX; sus novelas exploran la relación entre el artista y el burgués o entre la vida contemplativa y la de acción.

Mann, hermano menor del novelista y dramaturgo Heinrich Mann, nació en una antigua familia de comerciantes en Lübeck, el 6 de junio de 1875. Después de la muerte de su padre, la familia se trasladó a Munich, donde Thomas frecuentó los círculos culturales y artísticos. Fue miembro del comité de dirección de la revista satírica Simplicissimus, antes de dedicarse a la escritura como profesión. Su pensamiento estuvo marcado por las influencias de Arthur Schopenhauer, Richard Wagner y Friedrich Nietzsche hasta el punto de que en uno de sus últimos libros, Ensayos de tres décadas (1947), analiza sus propios escritos literarios rastreando las influencias de esos pensadores y de otros artistas.

Sus novelas se caracterizan por una reproducción precisa de los detalles de la vida moderna y antigua, por un profundo análisis intelectual de las ideas y los personajes, por un punto de vista distanciado e irónico, combinado con un profundo sentido trágico. Sus héroes son con frecuencia personajes burgueses que sobrellevan un conflicto espiritual. Thomas Mann exploró también en la psicología del artista creativo.

Muchos cuentos precedieron a la escritura de su primera novela importante, Los Buddenbrook (1901), que estableció su reputación literaria y se tradujo a numerosas lenguas. En el Bildungsroman La montaña mágica (1924), su obra más famosa y una de las novelas más excepcionales del siglo XX, Mann somete a la civilización europea contemporánea a un minucioso análisis. Entre sus obras posteriores se encuentran los cuentos Desorden y dolor precoz (1925), sobre el amor paterno, y Mario y el mago (1930), en el que señala los peligros de la dictadura fascista y la cobardía intelectual; la serie de cuatro novelas basada en la historia bíblica de José, José y sus hermanos (1934-1944), y las novelas Doctor Faustus (1947), El elegido (1951) y Confesiones del estafador Felix Krull (1954).

El escritor español Francisco Ayala tradujo algunas de sus obras durante su exilio en Buenos Aires.



Thomas Mann fue también un notable crítico literario. Entre sus escritos críticos se encuentra Consideraciones de un apolítico (1918), un ensayo autobiográfico en el que llega a la conclusión de que un artista debe estar integrado en la sociedad. Su propio compromiso le llevó a la pérdida de la nacionalidad alemana en 1936 —a pesar de que había recibido en 1929 el Premio Nobel de Literatura— y se exilió de Alemania en 1933, después de la llegada al poder de Adolf Hitler. Mann se refugió primero en Suiza y después en los Estados Unidos (1938), de donde se hizo ciudadano en 1944. En 1953 se estableció cerca de Zurich (Suiza), donde murió el 12 de agosto de 1955. Fue padre del autor Klaus Mann y de la escritora y actriz Erika Mann.

EL LIBRO

La decadencia de una familia y la de su empresa a lo largo de varias generaciones. El talento artístico de los últimos vástagos va sustituyendo la energía de los fundadores de la casa. Es la novela de Mann más pegada al realismo, y por eso la más viva y quizás la de mayor éxito popular. Un retrato de ambiente de implacable agudeza y, a la vez, un magistral estudio psicológico de caracteres. La energía de Johann deja paso a la melancolía de Jean, de ahí al perfeccionismo voluntarioso del Thomas, hombre lleno de ambición que sólo podrá transmitir a su heredero Hanno, la cuarta generación, un carácter sensible y enfermizo, más dotado para el arte que para la acción.



IMPRESION PERSONAL

Se considera que a Thomas Mann se le otorgó el Premio Nobel de Literatura en gran medida gracias a esta novela, Los Buddenbrook, una extensa saga familiar de burgueses en el norte de la Alemania del siglo XIX. Desde sus primeras páginas, Mann sitúa al lector en un clima de bonanza económica y social para los protagonistas pero, sobretodo, en un escenario todavía muy marcado por las ideas napoleónicas sobre la decadencia de la aristocracia y el acceso a la nobleza por méritos propios. En este contexto, las primeras generaciones de Buddenbrook se sienten hombres superiores por su valía al frente de los negocios y eso se ve reflejado en su forma de vida y su ascenso social y político.
 
La escritura de Mann roza la perfección e incluso vertida al castellano conserva una elegancia magnífica que corroboran los que pueden leerle en alemán. Mann es un escritor de ideas, más que de personajes e historias, y su prosa, que ha absorbido esta cualidad de contenido, deslumbra más que emociona. Como en todo estilista, sus frases desprenden virtuosismo y tienen, con independencia de la naturaleza del escrito, un aire inconfundible de obra de arte.

El tono de su modo de contar tiende a ser expositivo. El escritor ve mucho y profundiza y necesita páginas y largas frases para matizar detalles. No es ciertamente un escritor divertido. A veces se vale de la ironía, pero este recurso tiene una carga de intención y una obligación de inteligencia que le impide buscar la risa libremente y sin más. Es un modo de comunicación antes que una amabilidad en busca de emociones inmediatas.

Mann concibe la composición narrativa en prosa como un tejido de temas espirituales. En todas sus narraciones subyace un mundo especulativo protagonista que puede dar vueltas a los problemas de la creación artística, o a la fascinación por la belleza, o a las relaciones entre enfermedad y espíritu, por señalar algunos temas recurrentes.

La cuestión religiosa está prácticamente ausente en su obra y esto sorprende en un escritor de su formación y talento. Seguramente aquí pesa la influencia de sus maestros: un pesimismo heredado de Schopenhauer, un amor por la muerte y un deseo de destrucción de la severidad moral que suenan bastante a Nietzsche, y una confianza grande en las posibilidades de saber en el hombre donde adivinamos a Goethe.
 
Mann reflexiona sobre diversos temas morales de la época y el lugar utilizando como excusa el comportamiento y carácter de sus extraordinariamente bien creados personajes: la religiosidad en todos los ámbitos de la vida burguesa (sólo se contemplaba el divorcio por la ruina económica del marido; los comportamientos reprobables de los sacerdotes aprovechados que visitan la mansión Buddenbrook, siempre en busca de dinero o comida; las peticiones de dinero de Gothold "en nombre de Dios"; etc.). Destacan por su importancia y reivindicación del autor, el trato que se le daba a las mujeres de la época (frecuentemente mercancías matrimoniales que aportaban buenas dotes o buenos contactos sociales y económicos) y la extraordinaria escena de la frustrada revolución social de 1850, ridiculizada por las clases dirigentes y aún así tristemente impotente a los ojos de Thomas Mann. Y es que Los Buddenbrook, además de una gran novela, es la detallada y profunda mirada crítica de un autor que desmenuza con precisión quirurgica su entorno, su época y su sociedad.
 
 
Vista de la ciudad de Lubeck, hacia 1850


Leer hoy día “Los Buddenbrook” es retornar al pasado, embarcarse en un viaje de placer a lo largo de una época antigua y distinta, dejarse mecer por la prosa tranquila y exquisita de Thomas Mann  mientras nos conduce a través de una saga familiar con una miríada de elementos, personajes y situaciones. Es ésta una de esas novelas que constituyen un universo por sí mismas, atesorando dentro de sí comportamientos, actitudes, gestos, personalidades y puntos de vista.

“Los Buddenbrook” narra la historia de la familia homónina a lo largo de tres generaciones. Al comienzo se muestra el punto álgido de su carrera como comerciantes, reconocidos por sus conciudadanos y respetados por su trabajo, por su honestidad y por la fortuna que han conseguido amasar. El último descendiente varón muere a los dieciséis años víctima del tifus, revelando así la decadencia de una estirpe anquilosada en las tradiciones y en el orgullo. Thomas Mann expone en esta obra la lenta gestación de esa decadencia, la progresiva asunción por parte de algunos de sus miembros de la fugacidad de ese momento de gloria que alcanzaron y que no es sino un azar, un hecho apenas importante en el devenir de su ciudad (y de todo su mundo).

Quizá el personaje que refleja mejor esa historia es Tony Buddenbrook, la hermana del comerciante Johann, alrededor del cual se teje la mayor parte de la trama. Divorciada dos veces, cree suponer una vergüenza para el honor de su familia, y su máxima preocupación es conseguir que la gloria y el respeto que logró su padre (con el que se inicia la historia) no se pierdan o caigan en el olvido. A pesar de su aparente mácula (ya que el primero de sus maridos no es más que un arribista sin escrúpulos, mientras que el segundo la engaña con una sirvienta), Tony resiste todas las circunstancias adversas que se van presentando: la muerte de su padre, la de su hermana menor, sus propios divorcios, el comportamiento disoluto de su hermano Christian, el divorcio de su hija Erika, la muerte de su madre, la pérdida de la casa familiar a manos de una familia rival… Mientras los demás protagonistas se cuestionan su papel, se hacen preguntas, la fe de Tony Buddenbrook resiste cualquier adversidad.

De hecho, el autor utiliza a este personaje como eje alrededor del cual suceden casi todos los acontecimientos de la novela, como si ella fuese una piedra angular, un soporte para que los demás encuentren fuerza y valor. Sin embargo, Mann la sitúa casi al comienzo en una situación complicada: durante un veraneo en la costa se enamora del hijo de sus anfitriones, un joven estudiante de medicina. Aunque su posición social es inferior, Tony decide después de pasar el verano que se casará con él, pero su padre la hace desistir de su decisión y la compromete con el primero de sus dos maridos. La protagonista tendrá un cambio de actitud total, ya que pasará de apreciar con verdadero placer la libertad de acción y las nuevas ideas políticas que su joven pretendiente compartió con ella, a convertirse en una recatada fémina sólo preocupada por la imagen de su familia y la ascensión social.

Thomas Mann refleja en ese cambio la suerte de la familia Buddenbrook, pero también la de miles de ciudadanos de las clases más altas de la sociedad: ese cambio que se inició a mediados del siglo XIX y que conllevó al auge de la burguesía y la proclamación de algunas libertades; cambio aún más profundo en Alemania, que vivía su proceso de unificación nacional. La grandeza de esta obra de Mann es que todo un periodo histórico, todos los acontecimientos que moldearon el progreso de Europa, se encarnan en una sola familia, en unos pocos personajes que miran a su alrededor sin comprender qué ocurre. “Los Buddenbrook” refleja la decadencia de una familia, pero al mismo tiempo refleja la decadencia de toda una cultura, de toda una forma de ver el mundo.

Y lo hace sin capítulos grandiosos, sin episodios memorables; todo puede observarse en sencillas escenas: una cena, una reunión junto al árbol de Navidad, una conversación durante un paseo campestre… La vida, la historia, se plantean entre líneas sin que el lector crea asistir a una epopeya magnífica; a través de la simplicidad de las relaciones entre los miembros de una familia, Mann logra dibujar todo un universo. Obviamente, eso sólo está al alcance de los grandes escritores.

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sábado, 13 de abril de 2013

LIBROS QUE HE LEIDO: EL SUEÑO DE FELIPE II (Edgard Maass)



EL AUTOR

Edgar Maass (Hamburgo, 1896 - New Jersey, Estados Unidos, 1964) fue un químico y escritor alemán, conocido sobre todo a través de sus novelas de la Primera Guerra Mundial asi como por sus novelas históricas y biográficas.

Después de su graduación y de participar en la Primera Guerra Mundial, estudió medicina en la Universidad de Rostock y se doctoró en 1921. A continuación, estudió química en la Universidad Técnica de Hannover y Munich, y se graduó en 1924.

Trabajó como químico en Munich y Leipzig desde 1926 hasta 1934, y más tarde en los Estados Unidos,

A mediados de la década de 1930, comenzó su carrera como escritor. Verdun (1936), un relato de sus duras experiencias en la guerra, es su novela más famosa. En 1938 emigró a los EE.UU. y vivió allí hasta su muerte. En los años siguientes escribió muchas novelas más con temas históricos y biográficos como Das große Feuer (1939) sobre el incendio de Hamburgo en mayo de 1842, Der Arzt der Königin (1950), El sueño de Felipe II (Der traum Philipps II, 1951) y Venus imperial (Kaiserliche Venus, 1952). Sus obras han sido traducidas a numerosos idiomas.

EL LIBRO

Felipe II. Vivió 71 años, una edad más que respetable para el final del siglo XVI, cuando la vida media de los españoles no sobrepasaba los 32 años. Fue el Rey del Mundo desde 1556 a 1598 y soberano de una España de ocho millones de habitantes asolada por la peste, la mortalidad infantil y la fiebre puerperal. El Rey Prudente es un eterno «personaje literario», porque no podría ser de otro modo. ¿Por qué cuando el rey murió el pueblo se debatió en opiniones distintas? ¿Fue Felipe II un rey prudente? ¿Por qué se casó con Isabel de Valois, cuando en principio ella estaba destinada al príncipe Carlos? ¿Al rey solo le importaban sus cuentas con Dios? ¿Respetó en verdad a su pueblo o únicamente lo usó para su propio beneficio? ¿Nunca hubo en España un monarca tan bondadoso como él? ¿España volvería ser tan importante como bajo su reinado? ¿Por qué motivo parecía estar convencido de que «él solo poseía un conocimiento exacto de los sucesos que pasaban en todas partes»? ¿Amó realmente a sus esposas? ¿Sufrió como padre la muerte en prisión de su primogénito, el príncipe Carlos? ¿Alguna vez el rey se arrepintió de haber presidido algunos autos de fe? ¿Nunca tuvo reparos en favorecer la endogamia para mantener, a costa de lo que fuera, la hegemonía de la estirpe Austria-Habsburgo?


Edgar Maass, con la magnífica novela El sueño de Felipe II, entregará la respuesta a estas y a otras preguntas, y el lector sabrá agradecérselo. El sueño de Felipe II es una novela histórica con todos los predicamentos del género: medida con corrección y sin alborotos ni esperpentos literarios, las fechas correctas, las situaciones que fueron y las que pudieron ser dándose la mano para caminar juntas y la ficción mezclándose con la realidad en la justa proporción. A lo largo de sus páginas discurre como de puntillas el rey desde su nacimiento en Valladolid en 1527, hasta su muerte en El Escorial de Madrid en 1598.

IMPRESION PERSONAL

En primer lugar, debemos aclarar que en mi opinión éste libro no es una libro historica strictu sensu, sino que en realidad de trata de una biografía novelada. Son cosas parecidas, pero no es lo mismo.

EL SUEÑO DE FELIPE II nos lleva a  conocer a un rey de España muy contradictorio, el hijo de Carlos I de España y V de los emperadores alemanes,hermanastro de don Juan de Austria, casado varias veces inicialmente con María Manuela de Portugal, luego con María Tudor, mas tarde con Isabel de Valois y finalmente con Ana de Austria con la que engendraría a su sucesor Felipe III, podría calificarse de eterno viudo. Luego están sus amantes como lo fue Ana de Mendoza, la princesa de Eboli.

El reinado de Felipe quedará marcado porlas Revueltas de los Paises Bajos, la batalla de Lepanto, la Noche de San Bartolomé y muchos otros hechos históricos ocurridos en el siglo XVI en el que vivió y murió.

Felipe II y su tercera esposa, Isabel de Valois

Mass nos presenta otros muchos personajes históricos para mi tan interesantes, o más como el rey Felipe, por ejemplo Enrique IV, el de "Paris bien vale una misa", un hombre que cambia tres veces de fe para poder reinar. En el libro veremos la influencia que sobre él ejercio Montaigne. Encontraremos a Cervantes en una cárcel sevillana. A Drake, a María Estuardo... no serán los únicos nombres conocidos.

Es un libro corto pero bien escrito y que deja claro que en toda cuestión política hay siempre envuelta una cuestión teológica. Mass refleja a Felipe II como un rey prudente.

El Rey Prudente es un eterno «personaje literario», porque no podría ser de otro modo. ¿Por qué cuando el rey murió el pueblo se debatió en opiniones distintas? ¿Fue Felipe II un rey prudente? ¿Por qué se casó con Isabel de Valois, cuando en principio ella estaba destinada al príncipe Carlos? ¿Al rey solo le importaban sus cuentas con Dios? ¿Respetó en verdad a su pueblo o únicamente lo usó para su propio beneficio? ¿Nunca hubo en España un monarca tan bondadoso como él? ¿España volvería ser tan importante como bajo su reinado? ¿Por qué motivo parecía estar convencido de que «él solo poseía un conocimiento exacto de los sucesos que pasaban en todas partes»? ¿Amó realmente a sus esposas? ¿Sufrió como padre la muerte en prisión de su primogénito, el príncipe Carlos? ¿Alguna vez el rey se arrepintió de haber presidido algunos autos de fe? ¿Nunca tuvo reparos en favorecer la endogamia para mantener, a costa de lo que fuera, la hegemonía de la estirpe Austria-Habsburgo?

Monasterio de El Escorial, monumento más representativo de los mandados construir por Felipe II y lugar donde reposan sus restos


Edgar Maass, con la magnífica novela El sueño de Felipe II, entregará la respuesta a estas y a otras preguntas, y el lector sabrá agradecérselo. El sueño de Felipe II es una novela histórica con todos los predicamentos del género: medida con corrección y sin alborotos ni esperpentos literarios, las fechas correctas, las situaciones que fueron y las que pudieron ser dándose la mano para caminar juntas y la ficción mezclándose con la realidad en la justa proporción. A lo largo de sus páginas discurre como de puntillas el rey desde su nacimiento en Valladolid en 1527, hasta su muerte en El Escorial de Madrid en 1598.

ACTUALMENTE LEYENDO;  LOS BUDDENBROOK  (Thomas Mann)


martes, 9 de abril de 2013

LIBROS QUE HE LEIDO: EL SECRETO DE LOS ASSASSINI (Mario Escobar)




EL AUTOR

Mario Escobar Golderos es escritor e historiador español. Nacido el 23 de junio de 1971.  Sus obras han sido traducidas a cuatro idiomas, ha publicado 20 libros entre biografías, novelas y ensayos. Colaborador habitual de National Geographic Historia, Más Allá y director del programa de libros y el blog "Best Seller Español".



Mario Escobar Golderos nació en Madrid en el año 1971. Licenciado en Historia y Diplomado en Estudios Avanzados en Historia Moderna en la Universidad Complutense. Mario Escobar Golderos publicó su primer libro: Historia de una Obsesión en el año 2000. Su primera novela Conspiración Maine (2006) fue un éxito de ventas en España y América Latina. A esta siguió la novela El Mesías Ario, El secreto de los Asssassinni, La profecía de Aztlán,  El dedo de Dios y El Testamento del Diablo. Todos estos libros forman parte de una saga que describe los comienzos del siglo XX. Otras de sus novelas son: Sol rojo sobre Hiroshima, Matar a Lutero, Exterminio y Gernika. Entre sus biografías destacan: Los doce legados de Steve Jobs (2012), Winston Churchill (2012) y Martin Luther King (2006

EL LIBRO

La historia comienza en octubre de 1914, pocos meses después del final de “El Mesías Ario”. Volvemos a encontrarnos a los tres protagonistas, Hércules, Lincoln y Alicia, esta vez haciendo una gira que les lleva hasta Egipto. Lo que en principio es un viaje de ocio, se convierte en una peligrosa aventura cuando se encuentran con Yamile, una enigmática princesa que se ha escapado del harén del sultán turco y que oculta un sorprendente secreto.

La primera parte de la novela narra el viaje que emprenden los cuatro hasta la ciudad de Meroe, capital de los faraones negros, mientras son perseguidos por unos extraños personajes, los Assassini. La historia se alterna con otras dos épocas: una expedición romana enviada por Nerón que se dirige al mismo sitio y en el año 1075, el gran visir que recibe un extraño regalo relacionado con los Assassini.


Hercules Guzman Fox


La segunda parte se centra en el año 1914. La llegada a la ciudad de Meroe no finaliza la aventura, todo lo contrario, es el comienzo de un viaje frenético que les lleva a Egipto, Grecia y Turquía hasta llegar al valle de los Asesinos. En este caso la vida de los protagonistas está en peligro, se encuentran en medio del comienzo de la Primera Guerra Mundial y tienen que evitar que los Assassini lleven a cabo un ritual que puede cambiar la historia de la humanidad. La última parte es una carrera contrarreloj que te deja sin aliento, esperando la conclusión final.


Mezquita de Suleiman (Estanbul) donde tiene lugar el desenlace del libro


IMPRESION PERSONAL

En esta novela Mario Escobar vuelve a escribir una aventura muy entretenida, pero sin renunciar al rigor histórico. El suspense y el misterio se alternan perfectamente con los datos históricos, presentando a personajes como Winston Churchill de una forma diferente a la habitual. En esta ocasión Mario nos lleva de la mano hacia un acontecimiento terrible, el exterminio de millones de cristianos armenios llevado a cabo por el imperio otomano.

En esta historia hay además unas gotas de fantasía que no se encuentran en las dos anteriores novelas y que aportan un toque exótico a la narración.

Además, las relaciones entre los tres protagonistas son más profundas y complejas llegando a límites imprevisibles. No obstante, el autor baja el listón de sus dos anteriores novelas, Conspiracion Maine y El Mesias Ario. Es como si se le hubiera acabado la cuerda. El libro es correcto, pero lejos de la brillantez de los anteriores.

Mustafa Kemal, Ataturk

Como en la anterior novela de este autor, adorna, el relato con los cameos de personajes históricos reales, los cuales vivieron en esa época se encontraban en esos enclaves geográficos. Winston Churchill, Mustafa Kemal, el fundador de la actual Turquía, John Garstang, famoso arqueólogo de la época; Nerón. Decir que la ambientación y la interrelación de estos personajes con los protagonistas, así como con el argumento esta muy bien lograda, dándole un una cierta aproximación a la realidad, sin que para ellos falten a la verdad, ya que como acostumbra el autor, al final del libro, explica para no inducir a errores al lector, lo que es cierto y lo que es ficción y dando detalles sobre los hechos para así comprender mejor el contexto histórico.

George Lincoln

Un relato muy pedagógico, el cual nos habla de la religión, de las costumbres de la época, nos sumerge en la historia de un conflicto mundial, donde se dirimía el futuro de grandes naciones., la fragmentación del Imperio Otomano, el futuro mapa político en esa zona, la expulsión de los Armenios, el avance del gigante ruso, la decadencia del imperio prusiano.
Al igual que en los libros anteriores, pasajes cortos, con continuos cambios de protagonistas para no hacer muy largos los relatos, e interrelación entre épocas. todo ello con muy buen gusto, sabe seguir una línea cronológica por fechas en forma de esbozo de diario de viaje.

Alicia Mantorella

Una cosas es cierta, te podrá gustar más o menos los libros de mario Escobar, pero te ponen al alcance de la mano, una piedra de toque para descubrir que hay mucha leyenda en la historia y que se puede disfrutar con ella.

ACTUALMENTE LEYENDO:  EL SUEÑO DE FELIPE II  (Edgard Maass)

lunes, 8 de abril de 2013

LIBROS QUE HE LEIDO; LA PROFECIA DE AZTLAN (Mario Escobar)



EL AUTOR

Mario Escobar Golderos es escritor e historiador español. Nacido el 23 de junio de 1971.  Sus obras han sido traducidas a cuatro idiomas, ha publicado 20 libros entre biografías, novelas y ensayos. Colaborador habitual de National Geographic Historia, Más Allá y director del programa de libros y el blog "Best Seller Español".



Mario Escobar Golderos nació en Madrid en el año 1971. Licenciado en Historia y Diplomado en Estudios Avanzados en Historia Moderna en la Universidad Complutense. Mario Escobar Golderos publicó su primer libro: Historia de una Obsesión en el año 2000. Su primera novela Conspiración Maine (2006) fue un éxito de ventas en España y América Latina. A esta siguió la novela El Mesías Ario, El secreto de los Asssassinni, La profecía de Aztlán,  El dedo de Dios y El Testamento del Diablo. Todos estos libros forman parte de una saga que describe los comienzos del siglo XX. Otras de sus novelas son: Sol rojo sobre Hiroshima, Matar a Lutero, Exterminio y Gernika. Entre sus biografías destacan: Los doce legados de Steve Jobs (2012), Winston Churchill (2012) y Martin Luther King (2006

EL LIBRO

Abril y Mayo de 1915.

- Nueva York. Un hombre corre por la Cuarta Avenida con un corazón caliente y palpitante en la mano.

- Londres. Cuatro indígenas vestidos de aztecas irrumpen en La Royal Academy of Arts durante la celebración de una exposición y roban un códice del siglo XVI. Arranca el corazón a uno de los guardas que intenta detenerles.

- Costa de Irlanda. El trasatlántico Lusitania, es interceptado y hundido por un submarino antes de llegar a su destino con 1.200 pasajeros a bordo.

Estos tres acontecimientos tan lejanos en la distancia y aparentemente independientes, serán claves en la nueva aventura en la que los protagonistas se enfrentarán a nuevos peligros y enemigos que pondrán en riesgo sus vidas.

El asalto de los indígenas al Museo en Londres sorprende a Hércules, Lincoln y Alicia en su interior. Hércules consigue atrapar a uno de los indígenas. Desde ese momento se verán implicados completamente en la investigación. En la investigación del asalto coinciden con Sherlock Holmes y Watson. El genial detective se encuentra retirado pero no ha perdido ninguna de sus capacidades deductivas. El encuentro entre Holmes y Hércules es tenso y la rivalidad entre los dos es más que notoria. Fox considera a Holmes un sabiondo, pero tendrá que aceptar la impagable ayuda del detective.

El códice robado indica el lugar donde se encuentra la mítica ciudad de Aztlán, en la que Hernán Cortés buscó un codiciado tesoro y que contiene la verdad sobre el origen del pueblo mexicano y un secreto que algunos creen que puede cambiar el curso de la Primera Guerra Mundial.

Cuando todo les hace pensar que tendrán que investigar el robo del códice, un viejo conocido de los protagonista, Winston Churchill, Primer Lord del Almirantazgo, les hace el encargo de descubrir al espía que ha provocado el hundimiento del Lusitania. A pesar de ser un barco de pasajeros, portaba material militar y su contenido era conocido por los alemanes.


Sir Winston Churchill, Primer Lord del Almirantazgo, en 1915


Los dos acontecimientos se verán relacionados y los tres tendrán que viajar a México en una aventura en la que se volverán a encontrar con viejos amigos de la primera novela, conocerán a Pancho Villa y serán testigos de la situación convulsa que vive el país mexicano sumido en una lucha fratricida en la que las distintas facciones en conflicto reciben la ayuda de diferentes potencias extranjeras. Además, contarán con la oposición de una orden secreta, “Los hombres jaguar”, cuyo origen se remonta a siglos atrás.

Cuando emprenden el viaje “aquella aventura apenas estaba comenzando, pero oscuras fuerzas se movían en la sombra. Fuerzas que tendrían que detener antes de que consiguieran su objetivo”.

IMPRESION PERSONAL

Tras "Conspiración Maine", "El Mesías Ario" y "El secreto de los Assassini", Mario Escobar nos presenta una nueva aventura de sus icónicos personajes Hércules Guzmán Fox, George Lincoln y Alicia Mantorella, que, en esta ocasión, dejan la Europa en guerra para dirigirse al México revolucionario de 1915.

El libro sigue las pautas de anteriores novelas, en las que el autor mezcla los acontecimientos históricos reales con una trama de misterio, en este caso, la investigación de un robo vinculado con  cierto códice azteca que habla de una profecía. Como es de rigor, en la aventura interfieren varios bandos, con intereses opuestos, que tratan de entorpecer las labores de investigación de los protagonistas, o de adelantarse a sus movimientos. También hay alguna parte que se desarrolla en el pasado, en la época de la conquista española, pero no influye mucho en la historia.

A lo largo de las páginas de la obra aparecen junto a los tres protagonistas tanto personajes imaginarios (Sherlock Holmes, Watson), como personas reales (Churchill, Pancho Villa, Huerta, el pintor Diego Rivera, etc...), que, en esta ocasión, me parecen mejor utilizados que en el tomo anterior, excepción hecha de Holmes, al que veo desaprovechado en su breve intervención inicial. No solo eso, sino que además, en mi opinión, no es el mismo Holmes de las historias de Conan Doyle, cosa que puede descolocar un poco. Como ejemplo, decir que Holmes, en la novela, hace un comentario galante a una dama, cosa que el "real" seguramente no haría, pues era algo misógino y misántropo, según creo recordar. Era Watson el galante.

El resto de los personajes, en especial el trío protagonista, está perfilado lo justo, tal vez porque se supone que ya los conocemos de otras aventuras. Al principio, se observa un intento de dotar a Alicia de cierto conflicto emocional relacionado con su amor frustrado por Lincoln, pero el autor no incide en ello, y luego, la resolución de esta trama es muy rápida y elíptica. Más atención recibe Hércules, al que vemos algo melancólico, decaído y sumido en recuerdos de su estancia en Cuba, con alguna derivación de la trama hacia antiguos "amigos" y cuentas pendientes, útiles para enriquecer el personaje, y ofrecer una visión de la Cuba libre del dominio español, pero bajo el dominio estadounidense. En cuanto a Lincoln, lo encuentro más irascible que en otras novelas, como más radical con el tema del racismo, y más cerrado a entregarse al amor transgresor que le ofrece Alicia, y además, sin mucho criterio. Es decir, que el que más me ha gustado ha sido Hércules, por su carácter de héroe derrotado por la vida y cansado de aventuras, pero siempre audaz y valiente.

Diego Rivera con su tercera esposa, la tambien pintora Frida Kahlo

Entre los secundarios, que son numerosísimos, destacaría a Diego Rivera, que se mueve por Madrid, a guisa de espía, y traba contactos tanto con personajes relacionados con México como con intelectuales y escritores españoles (Valle Inclán). Es el que tiene más preponderancia y participación en los hechos, y el que me parece mejor descrito. También me gusta Félix y su relación con la mexicana.

Algunos de los personajes que intervienen en este relato:

Los personajes principales, son el trío de amigos que ya han participado en otras novelas del autor, Hércules Guzmán – ex-soldado español- George Lincoln –hombre norteamericano de color- y Alicia Mantorella -una hermosa mujer latina. Ellos viajaran de Europa a México, para resolver el misterio del robo de un códice del siglo XVI, que trata de la profecía de Aztlán.

Sherlock Holmes y el Dr. Watson, participarán de la trama, pues se involucraran en la investigación del robo del códice, en Inglaterra.

Winston Churchill, el primer lord del almirantazgo, quien esta tratando de ganar la guerra contra los alemanes, le pide a Hércules y sus amigos, descubran quien robo el documento. El hundimiento del Lusitania, le trae nuevos problemas, ese barco de pasajeros escondía un secreto. Churchill, querrá que también Hércules participe de esta investigación.

Diego Rivera, a quien las circunstancias, lo llevan a convertirse en espía. Viaja de España a Estados Unidos y México, siguiendo a Victoriano Huerta. El único mapa que muestra el lugar donde se encuentra la isla de Aztlán, esta en poder de Huerta, los alemanes se lo han dado a cambio de que pacte con ellos.

Pancho Villa, forma parte de esta trama, pues sin pensarlo, recibe la información de la existencia del plano. Aparecerá como facilitador de la investigación de Hércules, Emiliano Zapata.
 
 
Fotografia de Pancho Villa (izquierda) y Emiliano Zapata


En la parte final del relato, se integra Alma Reed. La periodista norteamericana, apoya a Hércules, George y Alicia, en su búsqueda de la isla de Aztlán. Ahora como parte del grupo, se enfrentara al ejército federal y Venustiano Carranza.

Thomas W. Wilson, presidente de los Estados Unidos, participa de esta intriga y busca beneficiar a su país.

Escobar mantiene vivo su mezcla entre el género de aventuras clásico, heredado de las novelas de género del siglo XIX y principios del XX, y el thriller histórico conspiranóico más actual. Y en este libro, además, lo adereza todo con un fino aroma a western que sienta bien a los personajes y revitaliza la saga.

ACTUALMENTE LEYENDO:  EL SECRETO DE LOS ASSASSINI  (Mario Escobar)

jueves, 4 de abril de 2013

LIBROS QUE HE LEIDO: LA ESFINGE DE LOS HIELOS (Julio Verne)




EL AUTOR



Jules Gabriel Verne (Nantes, 8 de febrero de 1828 – Amiens, 24 de marzo de 1905), conocido en los países de lengua española como Julio Verne, fue un escritor francés de novelas de aventuras. Es considerado junto a H. G. Wells uno de los padres de la ciencia ficción.  Es el segundo autor más traducido de todos los tiempos, después de Agatha Christie, con 4.185 traducciones, de acuerdo al Index Translationum.  Algunas de sus obras han sido adaptadas al cine. Predijo con gran exactitud en sus relatos fantásticos la aparición de algunos de los productos generados por el avance tecnológico del siglo XX, como la televisión, los helicópteros, los submarinos o las naves espaciales. Fue condecorado con la Legión de Honor por sus aportes a la educación y a la ciencia.

En 1847 comenzó sus estudios de derecho en París. Su prima Caroline se compromete. Escribe una obra de teatro: Alejandro VI. En 1848 fue introducido por su tío Châteaubourg en los círculos literarios, donde conoció a los Dumas, padre e hijo; el primero tendrá gran influencia personal y literaria en Verne. En 1849 se recibe de abogado y su padre le permite permanecer en París. Sigue escribiendo teatro. Su padre quiso que se dedicara a su carrera de abogacía, pero él no estaba por la labor y su padre, enfadado con él, dejó de financiarle. Además, todos sus ahorros los gastó en libros y pasó largas horas en las bibliotecas de París queriendo saberlo todo. A Verne apenas le alcanzaba para comer, lo que le ocasionó tantos trastornos digestivos (ocasionándole desarreglos estomacales e incontinencia fecal) como trastornos nerviosos que acabarían por desfigurarle la cara y parálisis facial.

En 1850, a los 22 años de edad, escribe una comedia ligera, Las pajas rotas que logra estrenar en París gracias a Dumas, con modesto éxito. Al año siguiente publica en la revista ilustrada El museo de las Familias dos relatos: Martín Paz (una fantasía inspirada en las pinturas del artista peruano Ignacio Merino) y Un drama en México (un cuento histórico inspirado por el Viaje al equinoccio americano, del naturalista y explorador alemán Alexander von Humboldt) y varias obras teatrales, libretos para operetas de moda y novelas cortas. Durante esta época es secretario del Teatro Nacional de París, recomendado por Dumas. El poco dinero que puede reunir lo invierte en un piano. En mayo de 1856 conoce a quien será su futura esposa, una mujer llamada Honorine Deviane Morel, que es viuda de Morel y madre de dos hijas (Valentine y Suzanne). Se casa (traicionando la causa de su misógino grupo de amigos Los once sin mujer) con Honorine el 10 de enero de 1857, creyendo que encontrará la estabilidad emocional que le falta. Le pide a su padre 50.000 francos para invertir en la bolsa y su padre accede tras una larga discusión. El matrimonio le desespera rápidamente en vez de ayudarle. Cada vez que se le presentaba la oportunidad escapaba de sus deberes de cónyuge. Una vez que fueron a Esomes a pasar un tiempo con la hermana de Honorine, toma un barco a Escocia, obligando a su mujer a regresar sola a París sin saber nada de Julio hasta que regresa del viaje (ésta fue la primera vez que viajó en barco). Después emprende otro viaje hacia Noruega y Dinamarca. Cuatro años después de contraer matrimonio, Julio planea un viaje, que se traduciría después en abandonar a Honorine mientras daba a luz al único hijo fruto del matrimonio, Michel Verne.

En 1859 viaja a Escocia con su amigo Hignard. Su primera obra de ficción científica es también la primera novela que escribió, París en el siglo XX, y una de las pocas que no publicó en vida —se imprimió en 1994—; Pierre-Jules Hetzel, su editor, rechazó la novela por el pesimismo que encerraba, pues presagiaba una sociedad en que la gente vive obsesionada con el dinero y con los faxes.  Julio Verne publicó en 1863 el primero de sus 60 Viajes extraordinarios, Cinco semanas en globo. La serie, prolongada durante casi 40 años, habría de incluir entregas de la talla de Viaje al centro de la Tierra (1864), De la Tierra a la Luna (1865), Los hijos del capitán Grant (1867). En el año 1869 aparece publicada en España —antes incluso que en Francia—, posiblemente debido a la amistad entre Hetzel y Guimerá —el traductor español de algunas de sus obras— Veinte mil leguas de viaje submarino (1869) a la que seguirían La isla misteriosa (1874), La vuelta al mundo en 80 días (1873), Miguel Strogoff (1876) —la mejor coartada para quienes le consideran un reaccionario—, La esfinge de los hielos, (1897) o El soberbio Orinoco, (1898). Trabajador infatigable, paralelamente a sus viajes, cultivó su primera vocación, el teatro, escribiendo y adaptando algunas piezas para la escena.

En 1861 logra juntar el suficiente dinero para viajar a Noruega e Islandia con su mujer, pero ella no puede viajar por encontrarse embarazada. A su vuelta le recibe con su recién nacido hijo Michel Verne, único fruto del matrimonio.

En 1863 traba amistad con el aventurero, periodista y fotógrafo Felix Tournachon. Con él investiga los adelantos que se les podría hacer a estos aparatos volantes, los que describe en Cinco semanas en globo. Nadar lo recomienda a Hetzel, dueño del Magasin d’Éducation et de Récréation (’magazín de ilustración y recreo’), quien le publica la primera entrega del folletín. Debido al éxito de esta obra el dueño de la revista le ofrece un contrato por veinte años a veinte mil francos anuales (una pequeña fortuna para esa época). En 1863, a raíz del éxito de su tercera novela, viaja a Estados Unidos en un ciclo de conferencias con su hermano Paul Verne. Dos años después publica la historia de un viaje a la Luna en dos partes: De la Tierra a la Luna y Alrededor de la Luna. Uno de los personajes, el intrépido francés Michel Ardán —anagrama de Nadar— es un vivo retrato de su querido amigo. El otro, Impey Barbicane, está basado en el carácter del presidente estadounidense Abraham Lincoln, asesinado a principios de ese mismo año.

Existen varios parecidos con el primer verdadero viaje a la Luna, del Apolo 8 en 1968: en la nave viajan tres astronautas, Estados Unidos es el promotor y productor de la hazaña, despegan desde el estado de Florida, escapan de la gravedad terrestre a 11 km por segundo, requieren de 150 horas de viaje para llegar a la Luna, no aterrizan allí sino que dan varias órbitas alrededor y regresan a la Tierra.

El día del estreno de su adaptación al teatro de La vuelta al mundo en ochenta días, Verne vivió la única experiencia de su existencia digna de sus personajes: insistió en revisar personalmente la canastilla que conduciría a Phileas Fogg y a su inseparable Passepartout a grupas de un elefante verdadero. La caída de una parte del escenario asustó al animal, que salió despavorido del teatro con el autor a cuestas, para recorrer el Boulevard des Capuchins hasta que el domador los alcanzó en las Tullerías.

En 1879 se compró un pequeño yate, el «Saint Michel», con el que recorre el Mediterráneo. A su regreso marcha a residir a la ciudad de Amiens. Durante los dos años siguientes continúa viajando: recorre Irlanda, Escocia y Noruega (1880) Inglaterra, el Mar del Norte y el Báltico (1881).

Su hijo Michel Verne fue muy rebelde y fue recluido en un manicomio a petición de Julio. Después de algunos años Michel salió, pero llevó siempre muy mal que su padre hubiera hecho esto con él. De pequeño, Michel también estuvo en un correccional.

El 9 de marzo de 1886, a la edad de 58 años, caminando de regreso a su casa, su sobrino Gastón, de 25 años, con quien llevaba una cordial relación, le disparó con un revólver, sin razones claras, la primera bala le erró, pero la segunda le hirió en la pierna izquierda, provocándole una cojera de la que no se recuperaría. El incidente fue ocultado por la prensa y Gastón pasó el resto de su vida en un manicomio.

Tras las muertes de Hetzel y de su madre en 1887, Julio comenzó a escribir obras más sombrías. En parte esto pudo deberse a cambios en su personalidad, pero un factor importante es el hecho de que el hijo de Hetzel, que continuó la empresa de su padre, no era tan riguroso en las correcciones como lo había sido aquel. Se dice que algunas veces, de tantas horas trabajando para sus obras, tuvo parálisis faciales. En 1888 Verne ingresó en la política y fue elegido concejal de Amiens, donde abogó por una serie de mejoras en la ciudad, labor que desarrolló durante quince años.

Dos años antes de su muerte, Verne aceptó la presidencia del grupo de esperanto de Amiens y se comprometió a escribir un libro, en el que este idioma jugara un papel importante. El libro en cuestión, La impresionante aventura de la misión Barsac, no pudo ser terminado por él y cuando se publicó, se había eliminado toda referencia al esperanto.

El 24 de marzo de 1905, enfermo de diabetes desde hacía años, Verne murió en su hogar, sita en el bulevar Longueville 44 (actualmente bulevar Julio Verne). Fue enterrado en el cementerio de La Madeleine, ubicado al noroeste de Amiens, en cuya tumba se representa a Verne emergiendo del sepulcro, obra del escultor Albert Roze. Su hijo Michel Verne supervisó la publicación de sus últimas novelas La invasión del mar y El faro del fin del mundo. La serie Viajes extraordinarios continuó durante un lapso prolongado al mismo ritmo de dos volúmenes al año. Posteriormente se descubrió que Michel había realizado extensos cambios (El secreto de Wilhelm Storitz, Los náufragos del Jonathan) o versiones completamente nuevas de estas historias (El eterno Adán (1910) y La impresionante aventura de la misión Barsac (1919)), cuyas versiones originales no se publicaron sino a finales del siglo XX.

En 1863, Verne había escrito una novela llamada París en el siglo XX acerca de un joven que vive en un mundo de rascacielos de cristal, trenes de alta velocidad, automóviles de gas, calculadores y una red mundial de comunicaciones, pero que no puede alcanzar la felicidad y se dirige a un trágico fin.

 Hetzel pensó que el pesimismo de esta novela dañaría la promisoria carrera de Verne y sugirió que esperase veinte años para publicarla. Éste puso el manuscrito en una caja fuerte, donde fue «descubierta» por su bisnieto en 1989 y publicada en 1994.

EL LIBRO

El libro se desarrolla primeramente en las Islas Kerguelen, donde un geólogo llamado Jeorling cuenta su historia en su espera de un barco que lo lleve de vuelta a Illinois.

 Cuando por fin se embarca en la Halbrane, dirección Tristan d'Acunha, encuentran el cadáver de Patterson, el 2º de la Jane, la goleta de la novela de Edgar Poe, y que según el era de fantástica, pero al parecer no lo era, desde ese momento empezó a cambiar todo.


Islas Kerguelen, donde comienza el relato de Verne


Len Guy capitán de la Halbrane, hermano de William Guy, que era el capitán de la Jane, era un fanático de la historia y desde siempre creyó que era verdadera esa historia, y por decidió realizar la campaña de rescate de los supervivientes, después de la parada en Tristan d'Acunha, a Jeorling se le permitió seguir a bordo para realizar la campaña junto al capitán. Se dirigieron a las Islas Malvinas, donde prepararon el barco y contrataron a más personal, entre ellos algunos de extraños como Huts y Hearne. En cuanto llegaron a Tsalal no encontraron ningún rastro de los indígenas ni de los supervivientes, pero cuando decidieron volver para casa, Huts revelo su verdadera identidad, el era Dirk Peters, que debía cambiar de identidad porque cuando estuvo en la Jane, mato a Ned Holt, el hermano de Martin Holt que estaba a bordo de la Halbrane, para poder comérselo y no morir de hambre. Tras varias explicaciones de Dirk Peters, se dirigieron más al sur, y ay fue donde empezaron las desgracias. Un iceberg sumergido dio la vuelta y arremetió contra la Halbrane y la encallo produciéndole daños sin importancia. Cuando la nave estaba ya arreglada un bloque de hielo de la parte donde se situaba la Halbrane se rompió y cayo en picado al agua, ay la Halbrane rompió su casco y se hundió, dos marineros murieron el resto tuvieron tiempo suficiente a salvar las provisiones y la chalupa. El iceberg que iba a la deriva llego a tierra y la tripulación se instalo con su único medio de salvación la chalupa, en la que solo cabían 13. Por la noche, algunos marineros dirigidos por Hearne el revoltoso robaron la chalupa y provisiones y se hicieron a la mar. ¿Estaban abandonados?

No. Habían avistado una canoa en la que iban William Guy y el resto de sus marineros que se habían salvado. Tenían una embarcación y pusieron rumbo al circulo polar antártico, y cuando faltaban pocas millas para su llegada avistaron una isla en la que se encontraba la chalupa robada y destrozada, en una isla donde había un efecto magnético y que atraía todo lo metálico. Ahí Dirk Peters encontro a Arthur Gordon Pym muerto, y Dirk Peters se murió aya mismo. El resto de la tripulación siguió adelante y consiguieron llegar más aya de su objetivo donde les avisto un barco. El Tasman que iba en su busca desde hacía meses. Finalmente sobrevivieron 12 de 60.

IMPRESION PERSONAL

Esta obra surgió de la fascinación que sobre Verne ejerció siempre La narración de Arthur Gordon Pym, de Edgar Allan Poe, y su misterioso final inacabado. Veinte años antes había escrito: «¿Quién la continuará algún día? Alguien más audaz que yo y más resuelto a avanzar en el dominio de las cosas imposibles». Al fin se decidió él mismo. Para ello ideó al capitán Len Guy, hermano del capitán Guy del relato de Poe, que emprende un viaje al polo tras las huellas de la desaparecida goleta de su hermano. Y, en una sucesión de aventuras por un fantástico mar antártico, llegan a una tierra desconocida, donde descubren el helado secreto de la esfinge.



Aunque el tiempo le ha concedido a Verne que su nombre siga sonando como referente de la literatura universal, para muchos es, todavía, un escritor de libros de aventuras para niños.

¡Qué lo lean los niños!, por supuesto, pero un personaje como Dick Peters, que aparece en la obra de Poe y reaparece en La esfinge de los hielos
, solo puede ser cabalmente entendido por un adulto.

Las palabras que cierran La narración de Arthur Gordon Pym
, origen del libro que nos ocupa, contienen un poder de fascinación análogo a aquella de Nemo ysu submarino. El relato de Poe terminaba así: «Y de pronto, la canoa, presa de una velocidad enloquecida, se precipitó en las entrañas de la catarata, donde se abrió  una sima como para aspirarla... Pero he ahí que, a lo lejos, se erigía una figura humana velada, de un tamaño infinitamente mayor que el de ningún habitante de la tierra... Y el color de la piel de aquel hombre era el de la más pura blancura dela nieve...» (pág. 82).

Frente a la desatada imaginación del americano, Verne intenta encontrar sentido al abismo llenando sus libros de ciencia: su pasión por los viajes, por las plantas, los minerales, los nuevos inventos, los medios de locomoción, la etnografía... queda patente en la profusión de datos que ofrece a los lectores, que además de recibir lecciones de abismo aprenden de casi todo lo demás.

Esa pasión por el mar que late en su obra también la sintió en vida y no solo con la cabeza, tuvo varios barcos y con ellos viajó a menudo. Al contrario de lo que se dice popularmente, a causa del episodio de infancia, cuando su padre le llevó de vuelta a casa tras un intento de fuga.

Y es que Verne esconde muchas sorpresas, por ejemplo: se implicó en la política de Amiens, la ciudad en la que pasó muchos años de su vida, y se ocupó de mejorar con su labor la calidad de vida del lugar, centrándose en cuestiones medioambientales, que hoy se siguen discutiendo en nuestros foros y son de la máxima actualidad. Por otra parte, es absolutamente coherente si pensamos que sus héroes son ante todo «responsables»  de sí, de sus actos y de sus repercusiones para los demás.

Es decir, en él mismo, como en sus mejores creaciones, cabía lo claro y lo oscuro.


Vista del Polo Sur magnetico


Haciendo honor a un estilo de novela fundado por este autor, este relato es una conjunción de novela naturalista, diario de viaje y aventura fantástica.

A veces parece que estamos leyendo un manual del naturalismo de la región sur y, a veces, parece que estamos sumergidos en la mejor ciencia ficción jamas escrita.
Verne nos adentra, en este caso, en una aventura que parte desde las Islas de la Desolación y se adentra en el hemisferio sur, mas allá de lo imaginable. Es decir, plantea una intertextualidad con lo ocurrido en una novela de Poe que relata las aventuras por el polo sur y, a partir de una serie de coincidencias, construye un universo fantástico de aventuras y sucesos que permiten pensar que no hay límite entre lo descripto como ficción y lo que el personaje de esta novela, el Sr. Jeorglin, está viviendo.
Bajo las órdenes del Capitán Len Guy, suceden los hechos más fantásticos, ambientados y, sobre todo, fundamentados, por conocimiento de la región que describe, ya sea las Islas Malvinas, las Sandwich o el círculo polar.
El objetivo de este libro es embarcarnos en una navegación, o más bien travesía, hacia el confín de la Tierra, hacia el imán de la Tierra misma, allí donde todo pierde su color y se fusiona con el frío blanco de la Antártida.
Si bien “La esfinge de los hielos” no es la obra maestra de Verne, este material mezcla de diario de viaje y novela naturalista resulta interesante por haber sido creado a modo de homenaje hacia Edgar Allan Poe y atrae por ofrecer el desenlace del inolvidable libro protagonizado por el joven Arthur Gordon Pym. Por eso, si les atraen las historias de aventuras y tienen la oportunidad, no dejen de conocer estas dos propuestas que, a pesar del tiempo transcurrido desde su lanzamiento, aún resultan agradables de leer.

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