lunes, 17 de febrero de 2014

LA NEBLINA DEL AYER (Leonardo Padura)



EL AUTOR

Leonardo Padura Fuentes (La Habana, 1955) es un novelista y periodista cubano, conocido especialmente por sus novelas policiacas del detective Mario Conde. El Gobierno de España concedió en 2011 la ciudadanía de ese país a Padura, quien sigue viviendo en Cuba.

Nacido en el barrio de Mantilla, hizo sus estudios preuniversitarios en el de La Víbora, de donde es su esposa Lucía; naturalmente, estas zonas de La Habana, muy ligadas espiritualmente a Padura, se verán reflejadas más tarde en sus novelas. Padura estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad de la Habana y comenzó su carrera como periodista en 1980 en la revista literaria El Caimán Barbudo; también escribía para el periódico Juventud Rebelde. Más tarde se dio a conocer como ensayista y escritor de guiones audiovisuales y novelista.



Su primera novela —Fiebre de caballos—, básicamente una historia de amor, la escribió entre 1983 y 1984. Pasó los 6 años siguientes escribiendo largos reportajes sobre hechos culturales e históricos, que, como él mismo relata, le permitían tratar esos temas literariamente.  En aquel tiempo empezó a escribir su primera novela con el detective Mario Conde y, mientras lo hacía, se dio cuenta "que esos años que había trabajado como periodista, habían sido fundamentales" en su "desarrollo como escritor". "Primero, porque me habían dado una experiencia y una vivencia que no tenía, y segundo, porque estilísticamente yo había cambiado absolutamente con respecto a mi primera novela", explica Padura en una entrevista a Havana-Cultura.

Las policiacas de Padura tienen también elementos de crítica a la sociedad cubana. Al respecto, el escritor ha dicho: "Aprendí de Hammett, Chandler, Vázquez Montalbán y Sciascia que es posible una novela policial que tenga una relación real con el ambiente del país, que denuncie o toque realidades concretas y no sólo imaginarias".

Su personaje Conde —desordenado, frecuentemente borracho, descontento y desencantado, "que arrastra una melancolía", según el mismo Padura— es un policía que hubiera querido ser escritor y que siente solidaridad por los escritores, locos y borrachos. Las novelas con este teniente han tenido gran éxito internacional, han sido traducidas a varios idiomas y han obtenido prestigiosos premios. Conde, señala el escritor en la citada entrevista, refleja las "vicisitudes materiales y espirituales" que ha tenido que vivir su generación. "No es que sea mi alter ego, pero sí ha sido la manera que yo he tenido de interpretar y reflejar la realidad cubana", confiesa.

Conde, en realidad, "no podía ni quería ser policía" y en Paisaje de otoño (1998) deja la institución y cuando reaparece en Adiós Hemingway (2001) está ya dedicado a la compraventa de libros viejos.

Tiene también novelas en las que no figura Conde, como El hombre que amaba a los perros (2009), donde las críticas a la sociedad cubana alcanza sus cotas más altas.

Padura ha escrito también guiones cinematográficos, tanto para documentales como para películas de argumento.

Vive en el barrio de Mantilla, el mismo en el que nació. Al preguntarle por qué no puede dejar La Habana, el ambiente de su historia, ha dicho: “Soy una persona conversadora. La Habana es un lugar donde se puede siempre tener una conversación con un extranjero en una parada de guaguas”.

EL LIBRO



NARRATIVA (F). Novela
POLICIACOS (F). Las cuatro estaciones (Comisario Mario Conde)
Noviembre 2009
Andanzas CA 690/06
ISBN: 978-84-8310-199-1
País edición: España
360 pág.

La Habana, verano de 2003. Han trascurrido catorce años desde que el teniente investigador Mario Conde, desencantado, abandonara la policía. En esos años han ocurrido muchos cambios en Cuba, y también en la vida de Mario Conde. Su inclinación por la literatura y la necesidad de ganarse la vida lo han llevado a dedicarse a la compra y venta de libros de segunda mano. El hallazgo fortuito de una valiosísima biblioteca le coloca al borde de un magnífico negocio, capaz de aliviar sus penurias materiales. Pero, en un libro de esa biblioteca, aparece una hoja de revista en la que una cantante de boleros de los años cincuenta, Violeta del Río, anuncia su retiro en la cumbre de su carrera. Atraído por su belleza, por el misterio de su retiro y el silencio posterior, Mario Conde - ahora con más años y más cicatrices en la piel y en el corazón - inicia una investigación, sin imaginar que, al seguir el rastro de Violeta del Río, despertará un pasado turbulento que, como la fabulosa biblioteca, ha estado tapiado durante más de cuarenta años.

Considerado uno de los más significativos representantes de la actual literatura cubana, Leonardo Padura regresa con La neblina del ayer al detective Mario Conde, que le ha permitido crear una vívida crónica literaria de la existencia cotidiana en su isla del Caribe. Además de un retrato de las dificultades de la vida cubana contemporánea, La neblina del ayer es un viaje a La Habana nocturna de los años cincuenta y su música, al mundo de los libros en la isla, y una especie de descenso a los infiernos del bajo mundo habanero de hoy, en el que Conde debe introducirse tras las huellas de la enigmática cantante Violeta del Río.

IMPRESION PERSONAL

La neblina del ayer, publicada por la editorial Tusquets, es la quinta novela de Leonardo Padura protagonizada por su personaje Mario Conde. Las anteriores, que forman la serie Las Cuatro Estaciones (Pasado perfecto, Vientos de Cuaresma, Máscaras y Paisaje de Otoño), presentan a Conde formando parte de un colectivo represivo que en La neblina del ayer es visto por él desde fuera, ya que han transcurrido catorce años desde que lo abandonara por su propia voluntad. Desde ese lugar externo pero con un profundo conocimiento de sus métodos y sus estrategias, Conde analiza el carácter de la policía cubana criticando algunos de sus rasgos como el constante abuso de poder, la falta de comprensión hacia los marginados y su conversión, en muchas ocasiones, en lo mismo que supuestamente ese colectivo persigue: delincuentes. Denuncia la mentira, la hipocresía, la corrupción y el chantaje como técnicas habituales del cuerpo al que en otro tiempo él mismo perteneció.
 
Leonardo Padura, en La neblina del ayer, hace envejecer a Mario Conde. Dice que es la novela de la madurez, de su madurez y también de la de Mario Conde. No en vano, Padura hizo nacer a Mario Conde en el año 1.955, mismo año de nacimiento del escritor. Esto hace que su alter ego vaya envejeciendo al mismo ritmo que el novelista, lo cual da aún más credibilidad a los relatos.
 
Sin embargo, aunque este tema es importante en la novela, hay otro que se aborda constantemente, que impregna cada objeto de la historia, cada lugar que visita Conde, a cada personaje, y que en cierto modo está relacionado con el anterior: la miseria.
 
Leonardo Padura describe esta miseria desde dentro, ejerciendo la crítica igual que Mario Conde lo hace con respecto a la policía de su país. Esta miseria es una miseria estructural, que afecta a cada aspecto de la historia protagonizada por Mario Conde. Su origen evidente es el escenario en el que transcurre la historia: una isla devastada por la pobreza, el hambre, la enfermedad desatendida, la decadencia física y moral de los habitantes, la destrucción implacable del tiempo, la falta de medidas de higiene, el racionamiento, la soledad y la frustración de las ilusiones.
 
Calle Esperanza, en el barrio de Atarés, La Habana
 
      
En pleno siglo XXI, Cuba, inmersa en una situación que recuerda mucho a una eterna posguerra (sus personajes no tienen mejores condiciones de vida que las de los personajes de La colmena), sufre las consecuencias, los lastres, de una historia plagada de incertidumbre y de situaciones sociales insostenibles, de un descontento general prolongado durante siglos y de unos cambios políticos extremos e inestables que supuestamente han sido realizados para mejorar la calidad de vida del pueblo pero que solamente han beneficiado a los de siempre. En las conversaciones de Conde con sus amigos Carlos el Flaco, Candito el Rojo y el Conejo asistimos a una crítica feroz y desencantada de las actuaciones políticas de los gobernantes y de las consecuencias que éstas han tenido para el pueblo cubano.
 
Padura ha elegido como tema de ésta nueva novela,  el bolero -novela bolero- y a una misteriosa cantante de cuando La Habana era aún el feudo de Batista, el lupanar de los EE.UU, la capital del juego y refugio de las estrellas de cine y millonarios estadounidenses. Aquel extraño suicidio no resuelto de Violeta del Río le permitirá al autor adentrarse en una trama folletinesca, de un pasado literario trillado, ligado a la voz, la figura y la personalidad de esta ya desconocida cantante. Todo ello surge del oficio al que se dedica ahora el ex-policía: intermediario en la compraventa de libros usados. Da con una magnífica biblioteca al tiempo que con la historia que ha de llevarle, como al héroe de Dashiell Hammett, a recibir su habitual paliza y a establecer el vínculo que liga La Habana de hoy (con sus restaurantes en los que todo es posible, a los que acuden los nuevos ricos de la post-revolución) con los supervivientes de las poderosas familias que huyeron a Miami cuando se dieron cuenta de la dirección que tomaba el nuevo régimen. El oficio “del” Conde convierte La neblina del ayer casi en manual de libros raros de la bibliografía cubana y precios actuales en catálogos estadounidenses: bellas ediciones ilustradas con grabados coloreados a mano de los ingenios azucareros, primeras ediciones de Martí o Borges, de Heredia y de los Cronistas. Este contacto con el arte bibliográfico acentúa el contraste con el hampa y los barrios como el de Atarés, de casas derruidas, donde habita la más peligrosa delincuencia. La afición por la cocina cubana, de la que se describen algunos platos y se da cuenta de un raro recetario, nos llevará sin duda al recuerdo de Carvalho, el héroe de Vázquez Montalbán.
 
Casona del Vedado, similar a aquella en la que Conde encuentra la biblioteca
 

Pero el mayor interés de la novela es la nostálgica recuperación de un pasado que constituye su clave. Padura traza los personajes con eficacia, creando un caleidoscopio habanero tan degradado como el personaje y sus compinches, sin ideales, condicionado por el sistema que mantiene a la población en el racionamiento, en el hambre. Aunque la trama policíaca es compleja y endeble, nos hallamos ante una novela negra que va mucho más allá del género. Padura posee oficio, narra con eficacia, mantiene el misterio. Una vez más dos ciudades son una y, a la vez, el mito.
 
ACTUALMENTE LEYENDO:  LA MANO DE FATIMA  (Ildefonso Falcones)

NOSTROMO (Joseph Conrad)

 

 
 


EL AUTOR

Józef Teodor Konrad Korzeniowski, más conocido como Joseph Conrad (Berdyczów, entonces Polonia, actual Ucrania, 3 de diciembre de 1857 – Bishopsbourne, Inglaterra, 3 de agosto de 1924), fue un novelista polaco que adoptó el inglés como lengua literaria. Conrad, cuya obra explora la vulnerabilidad y la inestabilidad moral del ser humano, está considerado como uno de los mas grandes novelistas de la Literatura Universal.

Su nombre polaco original era el de Józef Teodor Konrad Nałęcz-Korzeniowski, aunque al tomar la nacionalidad británica adoptó el de Joseph Conrad. Nacido en el seno de una familia pertenenciente a la baja nobleza en Berdyczew, Podolia el 3 de diciembre de 1857, en una ciudad hoy situada en Ucrania y por entonces perteneciente a la Polonia sujeta al ocupante ruso. Su padre combinaba la actividad literaria como escritor y traductor de Shakespeare y de Víctor Hugo con el activismo político del nacionalismo polaco, objeto de la represión del régimen zarista, actividades que le acarrearon una condena a trabajos forzados en Siberia. La madre de Josef murió de tuberculosis durante los años de exilio, y cuatro años más tarde el padre, al que se le había permitido volver a Cracovia.



Al quedar huérfano a los doce años, Conrad hubo de trasladarse a la casa de su tío Thaddeusa a Lvov, ciudad entonces bajo administración del imperio austro-húngaro, y luego a Cracovia donde estudió secundaria. Pero a los 17 años, hastiado de la vida estudiantil, viajó hasta Italia y luego a Marsella para terminar enrolándose como marinero a bordo del buque "Mont Blanc" (1875). Esa experiencia cambiaría su vida ya que con ella nacería una pasión, que no abandonó jamás, por la aventura, por los viajes, por el mundo del mar y por los barcos.

De los siguientes cuatro años apenas se conocen datos. De esa etapa, que él se empeñó siempre en mantener en penumbra, se ha documentado, no obstante, un viaje por el Caribe, su apoyo activo al legitimismo bonapartista, cierto asunto de contrabando de armas a favor de los carlistas españoles (del que extrajo algún pasaje para su relato de El tremolino) y, según parece, hasta un intento de suicidio por razones amorosas.

En 1878, para escapar al reclutamiento militar ruso, se trasladó a Inglaterra, trabajando como tripulante en barcos de cabotaje en los puertos de Lowestof y Newcastle, ocupando sus ratos libres a bordo con una afición un tanto sorprendente para un joven marinero extranjero, la lectura de Shakespeare, lo que le permitió ya a los 21 años un amplio dominio del idioma inglés, lengua en la que escribió toda su obra y en la que se consagraría como uno de sus autores clásicos. En palabras de Javier Marías, "el inglés de Conrad se convierte en una lengua extraña, densa y transparente a la vez, impostada y fantasmal, (...) utilizando las palabras en la acepción que les es más tangencial y por consiguiente en su sentido más ambiguo".

Tras obtener la nacionalidad inglesa, pudo presentarse a los exámenes de aptitud de oficial de la marina mercante británica, navegando en el "Duke of Sutherland", "Highland Forest", "Loch Etive", "Narcissus" y "Palestine" y luego obtuvo el título de capitán, cargo que desempeñó en los barcos "Torrens" y "Otago", éste último de bandera australiana.

En el último cuarto del siglo XIX, al llegar el imperio británico a su máxima expansión, las necesidades del comercio a gran escala y a larga distancia por vía marítima entre la metrópoli y el rosario de colonias, factorías y puertos que se extendía por todas las costas del mundo, junto con las nuevas tecnologías de la siderurgia y el perfeccionamiento de la máquina de vapor, produjo una crísis en la técnica secular de la navegación impulsada por el viento, debido a que los barcos de vela, pese al romántico canto de cisne de los rápidos clippers, era incapaz de competir en velocidad, capacidad de carga y mayor fiabilidad del transporte en los grandes vapores de acero. Enfrentado a la encrucijada de esos dos mundos que se cruzan sin comprenderse e ignorándose, uno, el dominado por el imprevisible capricho del viento, el de la dura y secular técnica de la navegación a vela que tan magistralmente aparece descrita en "El bello arte" y, el otro, el de la esclavitud por la tiranía de la puntualidad y la deshumanización de la vida a bordo, Conrad toma partido ardiente por el primero, aún sabiendo que está irremisiblemente condenado a sucumbir legándonos, ese es su mayor valor, esa irrepetible galería de tipos humanos, armadores, oficiales, capitanes, marineros, etc., que lo han convertido en uno de los clásicos de la literatura del mar, a la altura de Melville y Stevenson. Como reconoce en el prólogo a la edición de El espejo del mar, fue gracias al bagaje vital adquirido durantes sus años como marino, los episodios vividos durante esa época, los tipos humanos que pudo conocer y las historias que oyó en puerto o durante las tediosas horas a bordo, los que modelaron ese universo geográfico y moral en el que el individuo aparece confrontado en solitario a las fuerzas desatadas de una naturaleza hostil o amenazadora, junto a una fuerte carga de pesimismo respecto a la condición humana y en relación al papel de la civilización, esto último objeto de su relato El corazón de las tinieblas, en el que narra de forma oblicua las atrocidades que se estaban cometiendo contra la población indígena en el Estado Libre del Congo, por cierto denunciadas de forma mucho más abierta y decidida por el diplomático irlandés Roger Casement, con el que tuvo cierta amistad personal.

Tras lograr la nacionalidad británica (1886) y escribir su primera novela La locura de Almayer, en 1894, a la vuelta de su último viaje a Australia, conoció a su futura mujer, Jessie George, con la que se casó dos años después, residiendo en los años siguientes en el sur de Inglaterra, ya dedicado exclusivamente a su labor literaria, trabajando para la Editorial Unwin, más tarde para el editor Pinker y después para la English Review. Se publican Un paria de las islas (1896), al año siguiente, Salvamento, El negro del Narcissus y Una avanzada del progreso.

Durante estos años conoció a Rudyard Kipling, a Henry James y a H.G. Wells, colaborando con Ford Madox Fox en la novela Los herederos. En 1898 pasa dificultades económicas debido a su afición al juego, por lo que trata infructuosamente de regresar a la marina. En 1900 escribe Tifon y Lord Jim, novela en la que evoca el traumático accidente que sufrió a bordo del vapor "Palestine", y que estuvo a punto de costarle la vida.

Los años siguientes verán la publicación, con suerte desigual, Tifón, Nostromo, El espejo del mar y de El agente secreto. No obstante sufre de depresiones y de otros problemas de salud, además de continuar sus dificultades económicas. En 1913 lo visita Bertrand Russell y él devuelve la visita viajando a Cambridge. En 1914, durante un viaje por Polonia, estalla la primera guerra mundial y los Conrad tienen que regresar a Inglaterra por Austria e Italia. En 1916 el Almirantazgo le encarga diversas comisiones de reconocimiento por varios puertos británicos.

Al término de la guerra se traslada a Córcega y en 1923 viaja a Estados Unidos. Poco antes de morir, el 3 de agosto de 1924, aún tiene tiempo para rechazar un título nobiliario que le ofrece el gobierno inglés.

EL LIBRO



Autor/ra: Conrad, Joseph
Materia: Literatura(narrativa,cuentos)
Páginas: 448
Formato: 20 x 12,5
Isbn: 978-84-85346-07-3

El capataz italiano Nostromo es el único hombre capaz de actuar con la decisión necesaria para salvar la plata de la mina de Santo Tomé y proteger la independencia de Sulaco, la provincia occidental del estado latinoamericano de Costaguana. Pero ¿su integridad es tan incuestionable como todos creen? ¿O sus ideales se doblegarán frente a las presiones económicas y políticas? En esta gran obra, se ilustra a la perfección el impacto de las explotaciones comerciales extranjeras en una joven nación en desarrollo, así como las dificultades que conlleva conciliar la identidad individual con un papel social. A partir de cinco personajes unidos por el aislamiento, pese a que cooperan entre sí, Conrad se adentra en un mundo de revoluciones, de intereses materiales y emocionales, de enormes tensiones, y construye una novela en la que numerosos personajes y situaciones de todo tipo se entremezclan en una trama sin fisuras. Sólo un excepcional novelista como Conrad -de cuyo nacimiento se cumplen ahora 150 años- podría penetrar en el alma política de una civilización tan distinta de la suya hasta el punto de reproducir su idiosincrasia con éxito y reflejar el espíritu de una época fundamental en la historia latinoamericana.

IMPRESION PERSONAL

Con distancia, la mejor novela sobre Latinoamérica jamás escrita fuera de la lengua española… Está mucho más emparentada con ciertos episodios de Cien años de soledad que toda la ficción latinoamericana de la primera mitad del siglo XX.

La novela se desarrolla en el puerto imaginario Sulaco cuya economía depende de la minería de plata.

 Dibuja las características de la política interna e internacional en los países latinoamericanos de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX y la intervención de Estados Unidos para asegurar sus intereses económicos. Las guerras civiles de las élites criollas, las intrigas y el supuestamente "incorruptible" líder popular, determinan finalmente la secesión de Sulaco que se declara independiente de Costaguana, en aras de asegurar la mina de plata de San Tomé a los estadounidenses y a sus asociados en la élite local.

Conrad se inspiró en los sucesos reales de Colombia y la separación de Panamá apoyada por Estados Unidos en aras de asegurar el control del canal interoceánico, suceso ocurrido en 1903, un año antes de la publicación de la novela.

Soldados Panameños durante la llamada Guerra de los Mil Dias, que acabó con su independencia, respecto de Colombia (1903)


Muchos consideran Nostromo la más grande de las novelas de Conrad; y es, sin duda, la que ofrece la más variada riqueza de personajes y situaciones memorables, tramados en una nítida acción de conjunto. En la construcción de un enorme edificio novelístico sin fisuras, Nostromo responde a la perfección a las exigencias de ese autor según el cual una obra de arte "debe justificarse línea a línea"
La república de Costaguana, en la tenaza entre las sombras de su Sierra y las profundidaes de su Golfo Plácido, es el teatro de un mundio que hierve de realidad en sus torbellinos de revolución y contrarrevolución, de intereses materiales y emocionales, de tensiones entre las aspiraciones y los logros. Nostromo es una gran novela política y una gran novela de aventuras, y más que eso. El timonel y las tinieblas son dos presencias constantes en la obra de Conrad; y, en Nostromo, alrededor del tesoro oculto se estructura un compromiso entre el orden y el caos, internos y externos: del hormiguero humano de la novela de sangre, en la acción aventurera que vertebra la narración, la vigorosa humanidad de Nostromo, que poseedor de "la propia fuerza del pueblo", "gobierna desde dentro": desde dentro del pueblo, y desde dentro del hombre mismo.


Conrad imaginó un lugar imaginario en Sudamérica, un país llamado Costaguana, trasunto de cualquier república del subcontinente, un lugar que dotó de una gran historia y de muchas pequeñas historias en forma de personajes que tratan de sobrevivir a la ambición por el poder y el dinero. Quien tenga la fortuna de aproximarse a las páginas de Nostromo se encontrará con un escenario que le resultará conocido: la Sudamérica que inventó Conrad es la Sudamérica que aún podemos encontrar en nuestros días, un territorio revuelto, complejo, palpitante y controvertido.

El eje sobre el que hace girar la acción es la puesta en marcha de una mina de plata en la ciudad de Sulaco, que condiciona desde el principio las vidas de los personajes vinculados a ella. La concesión de la mina hace irrumpir como un cataclismo el progreso en la República, y con él, la riqueza y la codicia, la corrupción y el dilema moral: será el dinero extranjero, procedente de los Estados Unidos, el que hará posible extraer la plata de la tierra, pero serán las manos indígenas, ásperas manos de pobres, las que trabajen en ella. Se trata de un tesoro que pronto ejercerá una nefasta influencia sobre todo el país, comenzando por los gobernantes, cínicos tiranos que tratan de imponer por la fuerza lo que no pueden hacer a través de las ideas.

Sulaco se convertirá en un territorio que trastoque todos los valores éticos y sociales del país y de sus habitantes. Nostromo aparece entonces como un gran fresco de dimensiones impresionantes, por donde circularán sanguinarios dictadores, políticos desaprensivos, bandas intrigantes que jugarán a hacer revoluciones, amos que se aferran a sus intereses materiales por encima de cualquier moral, fanáticos religiosos sedientos de poder y un pueblo ignorante que lucha por su supervivencia, dentro de un ambiente opresivo de mentira y destrucción.


Insurrección en la ciudad de Panama (1903)

Sobre todos ellos sobresale un hombre, Gian Battista Fidanza, al que la gente llama Nostromo, capataz de cargadores, inteligente, sagaz, ágil, fuerte, incorruptible. Parece que sólo este hombre puede estar por encima de los intereses que rodean a la mina. Podríamos creer que se trata de un hombre de altos ideales, un modelo de integridad, un ejemplo a seguir; pero sólo es un hombre vanidoso, que sólo espera secretamente la atención y la gratitud de los demás, el ser bien considerado entre sus semejantes. ¿Lo hace eso peor persona? Nadie tiene una queja de él y los hechos demuestran que siempre ha sido un ser leal: salvó de la muerte al presidente constitucional cuando era perseguido por unos sublevados, y una hazaña suya ha hecho posible que la paz vuelva a Sulaco, cuando un militar ambicioso trató de hacerse con la ciudad. Es el hombre perfecto, el hombre en el que se puede confiar, y quién mejor para confiarle una embarcación llena de plata para ponerla a salvo de los enemigos.

Pero la riqueza pesa, destruye. ¿Podrá Nostromo sustraerse a su absorbente influjo? ¿Quedará en Sulaco alguna persona realmente incorruptible, alguien que se subordine a la ley, a la justicia y al orden, cuando parece que la ciudad vive víctima de su maldición? ¿Está el hombre por encima de estos ideales, con sus propias necesidades, sus luchas interiores, sus sentimientos más profundos? En un clima de desconfianza, de intereses cruzados, de flagrantes deslealtades, el mal acecha en cualquier situación. Joseph Conrad expuso con pesimismo su particular tesis en esta obra extraordinaria que puede leerse como una novela política y social, pero también como una novela de aventuras, en la que crea con mano maestra un microcosmos integrado de inolvidables personajes trazados con singular meticulosidad, reales, vivos, muy reconocibles. Es la historia de una obsesión, de muchas obsesiones, tantas como suscita el dinero y el poder, iluminadas por la presencia odiosa e inmensa de una mina de plata, dominando con su enorme riqueza el valor, el trabajo, la lealtad de los pobres, la guerra y la paz, la ciudad, el mar y la naturaleza.

Nostromo oculta entre sus páginas un exacto mecanismo de relojería que va desvelando con pulso firme situaciones cada vez más complejas, donde las acciones morales se llevan a cabo por razones equivocadas, los ideales irrealizables no llevan nunca al orden y a la prosperidad y los personajes se encuentran más allá de sus posibilidades. Por eso compartimos la opinión de Francis Scott Fitzgerald, cuando afirmó que hubiera preferido haber escrito Nostromo que cualquier otra novela.

Conrad demuestra que es un escritor que puede medirse tranquilamente con Sthendal, Balzac, Proust, Flaubert y otros dioses, crea una novela hermosa, con una narrativa de una grandísima altura y todo un placer para los sentidos literarios y además para rematar todo, es sin lugar a dudas la mejor novela sobre Latinoamérica escrita nunca por un escritor inglés, a la altura ( en ese aspecto ) al monumento "Cien Años de Soledad".

IMPRESCINDIBLE EN CUALQUIER BIBLIOTECA.

ACTUALMENTE LEYENDO:  LA NEBLINA DEL AYER  (Leonardo Padura)

domingo, 2 de febrero de 2014

LOS PAJAROS DE BANGKOK (Manuel Vázquez Montalbán)



EL AUTOR

Manuel Vázquez Montalbán (Barcelona, España, 27 de julio de 1939 - Bangkok, Tailandia, 18 de octubre de 2003) fue un escritor español conocido sobre todo por sus novelas protagonizadas por el detective Pepe Carvalho.

Personalidad casi inabarcable, se definió a sí mismo como "periodista, novelista, poeta, ensayista, antólogo, prologuista, humorista, crítico, gastrónomo, culé y prolífico en general", campos todos en los que destacó.

Hijo único de una modista y de un militante del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC), no conoció a su padre hasta los 5 años, después de que éste saliera de la cárcel. Él mismo militaría más tarde en ese partido, tras su paso por el Frente de Liberación Popular (FELIPE) ingresaría en 1961 en el PSUC y llegaría a ser miembro de su Comité Central, así como también en Iniciativa per Catalunya (ICV).

Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona y Periodismo en la Escuela de Periodismo de Barcelona.

En 1962  un consejo de guerra lo condenó a tres años de prisión por sus actividades políticas, y fue en la cárcel de Lérida donde escribió su primer libro, el ensayo Informe sobre la información.

Después de su estancia en prisión, comienza su carrera periodística en la revista Triunfo bajo el seudónimo Sixto Cámara. Colabora en diversas publicaciones como Siglo XX, Tele/Xprés, Por Favor y más tarde en El País e Interviú, en los que escribió hasta su muerte.



En 1966 nació su único hijo, Daniel Vázquez Sallés, que se convertiría también en escritor y le daría dos nietos: Daniel y Marc. A su esposa, la historiadora Anna Sallés, la había conocido en la universidad.

En 1967 publicó su primer poemario, Una educación sentimental, seguido en 1969 por Movimientos sin éxito. Ese mismo año aparece la novela Recordando a Dardé, acompañada por una serie de relatos; se trata de su primera incursión en la narrativa. En 1972 publicó la primera novela en la que el protagonista es el detective privado Pepe Carvalho, su personaje más popular, titulada Yo maté a Kennedy.

En 1995 recibió Premio Nacional de las Letras Españolas en reconocimiento a toda su obra.

Vázquez Montalbán murió el 18 de octubre de 2003 debido a un paro cardíaco en el aeropuerto de Bangkok, la capital de Tailandia. Tenía 64 años.

El 3 de febrero de 2009 se inauguró en Barcelona la plaza Manuel Vázquez Montalbán, situada entre la calle de Sant Rafael y la Rambla del Raval, cerca de donde nació el escritor.

EL LIBRO


  • Nº de páginas: 286 págs.
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • Editoral: PLANETA
  • Lengua: CASTELLANO
  • ISBN: 9788408050438

  • Aparentemente, Pepe Carvalho viaja a Bangkok para atender el SOS de una vieja amiga, Teresa Marsé. Pero en realidad el lector puede llegar a la conclusión de que huye de su mundo cotidiano, en el que la realidad le es insuficiente y le empuja a perseguir fantasmas, como el de Celia Mataix, asesinada con una botella de champán de marca desconocida, o el de su asesina, Marta Miguel, self-made woman de un pueblo de Salamanca. O quizá el motivo auténtico del viaje sea saber el nombre de los pájaros de Bangkok, o confirmar que la Tierra es redonda y que el desenlace real le espera a su regreso. Más que de viajes, novela de viaje de ida y vuelta, que entre otras posibles lecturas ofrece una versión directa de los escenarios de Conrad, Somerset Maugham o Graham Greene, radicalmente modificados en un tiempo en el que la aventura es casi... imposible

    IMPRESION PERSONAL

    La novela, protagonizada por el ya legendario detective Pepe Carvalho, nos cuenta tres historias simultáneas: dos de ellas tienen lugar en Barcelona y una tercera que transcurre en Tailandia. Éste, hastiado por lo aburrido de los trabajos en los que anda metido, se siente intrigado por el asesinato de una bella mujer a la que conoció días atrás. Simultáneamente se ve obligado a partir para Bangkok en ayuda de una amiga que se encuentra en apuros.

    Parque Lumpini, Bangkok, en el barrio financiero y diplomatico

    La novela está a la altura de los más grandes del género policíaco y cuenta con pasajes realmente memorables. En uno de ellos, el propio Carvalho nos enseña a preparar unos spaghetti a la Annalisa, mientras discute con su amigo Fuster las aportaciones de la cocina italiana o por qué en tiempos de Franco había menos crema de leche en los supermercados.

    Estructuralmente hablando, Los pájaros de Bangkok es la novela más compleja del canon carvalhiano. Tres historias se entrecruzan en su trama, proporcionando un fresco de situaciones y personajes que, a medida que avanzamos en la lectura, van componiendo un todo donde cada una de las piezas encaja perfectamente. Las dos primeras historias con las que se encuentra el lector transcurren en Barcelona. Una trata sobre la investigación que el detective realiza sobre la estafa que se le está haciendo a un empresario. La otra es el caso del asesinato de una joven; aquí Carvalho actúa por cuenta propia, para sobrellevar mejor la falta de trabajo y el ambiente opresivo en el que parece hallarse.

    Hotel Dunsit Thani, donde se alojará Carvalho


    La tercera historia en arrancar es la que le llevará a Tailandia. Teresa Marsé, amiga de Pepe Carvalho, ha desaparecido en el otro extremo del mundo, así se lo hace saber el hijo de ésta. Al principio todo son reticencias y negaciones por parte del detective a la hora de aceptar el caso. Hay más implicaciones que las puramente profesionales. El recelo que le produce el asunto le hace desistir una y otra vez a involucrase. Sin embargo, movido por el deseo de escapar de la monotonía y la melancolía que amenazan con ahogarlo, decide finalmente, y por segunda vez en su vida, visitar el país asiático.

    Isla Koh Samui, Thailandia


    Como en las grandes novelas, el círculo se cerrará al final. Todo cobrará sentido una vez alcancemos las últimas páginas. Para ello, será necesario que Carvalho vuelva a Barcelona, a la ciudad de la que huyó (porque lo suyo realmente fue una huida en toda regla). Regresa, no obstante, con algunas respuestas, para algunos tal vez a preguntas triviales, para él fundamentales. Una de ellas, planteada antes de su partida y que no dejaba de rondarle por la cabeza, era sobre el nombre que tenían aquellos pájaros apostados a millares en las calles de Bangkok. Una vez en su despacho con vistas a las Ramblas y con su anhelada respuesta comprenderá lo inútil que es tratar de huir de uno mismo, porque además de resultar imposible es una considerable pérdida de tiempo.