domingo, 28 de septiembre de 2014

EL MARMARA EN LLAMAS (Blas Malo)





EL AUTOR

Blas Malo (Alcázar de San Juan, Ciudad Real, 1977), de raíces jienenses y granadino de adopción, es ingeniero de caminos y un apasionado de la historia. Ha dado conferencias sobre literatura histórica y ha organizado rutas literarias en Granada por los escenarios de sus escritos.



 Su primera novela, El esclavo de la Al-hambra‘, ambientada en la Granada nazarí del siglo XIV, fue publicada por Ediciones B en 2010, con gran reconocimiento por parte de lectores y crítica. ‘El Mármara en llamas‘ es su segunda novela.

Lector voraz y entusiasta del recreacionismo histórico, nos sumerge en esta novela en el Imperio bizantino, una civilización llena de héroes y traidores, pasiones y odios, esperanzas, vida y muerte, cuya capital, Constantinopla, es una de las ciudades más fascinantes de la historia.

EL LIBRO

  • Tapa dura: 528 páginas
  • Editor: B (SELLO); Edición: 00001 (28 de marzo de 2012)
  • Colección: NB HISTORICA
  • Idioma: Español
  • ISBN-10: 8466650261
  • ISBN-13: 978-8466650267

  • Constantinopla. El 15 de agosto del año 717 la capital del Imperio bizantino despertó desesperada al descubrir a sus puertas los ejércitos triunfantes de los Omeyas. Ese día, guiadas por el general Maslamah, las fuerzas del islam inician el más severo asedio que conocerá la ciudad desde que la fundara Constantino, y hasta Hagia Sophia llegan las voces de los almuédanos desde el otro lado de la imponente triple muralla de Teodosio. Pero el basileus León III el Isaurio no es un hombre ordinario, y con su voluntad y energía está decidido a resistir a toda costa. Sabe que el imperio depende del genio de un único hombre de oscuro pasado, Calínico, un erudito oculto al mundo y con un gran secreto, quien ignora que desde si huida de Heliópolis años atrás alguien le sigue los pasos.

    La ambición de un senador por ser 'basilopator', padre de emperador, pondrá en peligro las esperanzas del imperio, y cuando en las enigmáticas tierras de Egipto ese secreto quede comprometido, Irene, una traductora imperial con un pasado misterioso, y Casiodoro, aprendiz de Calínico, arriesgarán sus vidas para salvaguardar ese secreto antes de que lo descubran los árabes. Sin embargo, ignoran que está en juego no sólo el destino de un imperio, sino también el de sus propias almas.

    IMPRESION PERSONAL

    Normalmente la mayoría de las novelas que hablan sobre el sitio de Constantinopla, lo hacen del asedio de 1453, quizás por su dramático resultado. Esta novela usa como contexto el sitio de 717-718, cuyas consecuencias fueron mucho más importantes para Europa.

    La Historia no entiende de agradecimientos, es verdad, pero probablemente uno de los casos de ingratitud más evidentes en la historia europea es el trato que recibió el Imperio de Oriente por parte de los occidentales.

    Por cierto, los bizantinos se llamaban a sí mismo romanos y se consideraban el Imperio Romano. El termino "Imperio Bizantino" se empezó a utilizar en el siglo XVII-XVIII para referirse al Imperio Romano de Oriente (ya helenizado) durante la Edad Media. En la novela se mantiene el termino "bizantino", que es el que resulta nos resulta más familiar.   

    El autor, en un comentario poco antes de la publicación de la novela, dió a entender la posibilidad de que esta pasara a ser una trilogía o el inicio de una saga sobre el Imperio de Oriente, pero sin dar certeza de nada por el momento.


    El Imperio Bizantino en el siglo VIII


    Aunque la trama de la novela comienza en la ciudad siria de Heliópolis en el año 673 d.C., la acción empieza realmente poco antes de que las tropas omeyas inicien el asedio de la capital bizantina. Allí León III el Isaúrico ha obtenido el poder tras un periodo de inestabilidad política, como el último recurso imperial para frenar el avance musulmán sobre suelo cristiano. Para ello los bizantinos cuentan, además de con sus ejércitos, con una ciudad fuertemente amurallada y con el uso del fuego griego, una arma incendiaria capaz de prender en llamas incluso en contacto con el agua, lo que provee a los cristianos de una amplia ventaja sobre todo en el mar.

    Calínico, el inventor de esta substancia, cree descubrir a través de la lectura de un palimpsesto, que parte del conocimiento técnico y arcano que desarrollaron los sabios antiguos se ha podido salvar de la destrucción sufrida por siglos de dominación y fanatismo cristiano y es posible que esté oculto en algún lugar de Egipto. Para apoderarse de esa fuente de saber y evitar al mismo tiempo que lo hagan los musulmanes, las autoridades bizantinas envían a tierras egipcias a Casiodoro y a Irene, dos jóvenes estudiosos que intentarán hacerse con un conocimiento que puede salvar al mismo imperio bizantino de caer en manos musulmanas.
     
    La obra de Malo contiene, así, elementos propios de la novela histórica y componentes típicos de los relatos de aventuras o de misterio histórico. Por lo que se refiere a la novela histórica el escenario no podía ser mejor. Asistimos a uno de los más feroces ataques a los que tuvo que hacer frente la capital bizantina, en un momento en el que parecía que todo estuviera en su contra: una situación política interna inestable marcada por reinados cortos y emperadores débiles y un avance musulmán imparable.
     
    Plano de Constantinopla siglo VIII
     
     
    A través de las páginas escritas por Malo seremos testigos de las conspiraciones que llevaron a León III el Isaúrico al trono bizantino y presenciaremos el titánico esfuerzo bélico que realizó el imperio ante la amenaza árabe. A este respecto, y como elemento que diferencia a la novela, podemos destacar la presencia del fuego griego, una “arma química inflamable” de capital importancia militar para los bizantinos, y que ayudó sin duda a la ciudad a defenderse en los diversos asedios de los que fue víctima. Un elemento sobre el que, aunque no es demasiado conocido, gira de alguna forma la acción de la novela.
     
    Por otro lado, y como segundo pilar argumental, la novela nos relata la búsqueda de conocimiento que protagonizan los dos jóvenes enviados a Egipto. Esta parte adopta tonos de intriga y misterio al relatarnos las aventuras que correrá el grupo de “espías” bizantinos en territorio enemigo con el objetivo de hacerse con aquellos grandes logros científicos y filosóficos que alcanzaron los antiguos, ya sea el uso rudimentario del vapor por parte de Herón de Alejandría, la construcción del misterioso mecanismo de Anticitera o los textos escritos por Hermes Trismegisto, todo un bagaje de esfuerzo y conocimiento humano el cual se perdió casi irremisiblemente en el paso de la Antigüedad a la Época Medieval.
     
    Malo nos muestra en su novela un dominio de los hechos políticos que acontecieron en aquel entonces, necesarios, claro está, para ambientar su trama, pero sobre todo nos revela su admiración por los logros del pasado antiguo, los cuales aletean a lo largo de la trama con aires de reliquias sagradas. Y sorprende agradablemente ver trazado ya en el siglo VIII el espíritu en gran parte renacentista que muestran algunos de los protagonistas, que sin duda debió de existir al menos en algunos momentos y en algunos círculos sociales e intelectuales de aquella época.
     
    En su narración el autor maneja un estilo sencillo y entretenido ya sea en su relato de la contienda bélica entre bizantinos y musulmanes y las maniobras que emplean unos y otros durante el asedio, como cuando nos narra la que se irá convirtiendo en una historia de amor que nacerá entre los dos jóvenes encargados de hallar el tesoro de conocimiento arcano en Egipto.
     
    Representacion de una batalla naval durante el asedio arabe, y la utilización del fuego griego por parte de la armada Bizantina
     
     
    Una historia recomendable, pues, tanto para aquellos a los que les gusten las novelas que narran grandes acontecimientos históricos o bélicos, como a los que les agrade más la intriga y el misterio de carácter histórico, a lo que se suma una pizquita de fantasía que provee a la trama de personalidad propia. Todo ello ayudado por mapas de situación muy cuidados ubicados en sus guardas anterior y posterior; por un glosario de términos que ayudan al lector a no perderse en el desarrollo de la trama y por una breve bibliografía que si bien es de agradecer peca de poco completa y actualizada.

    Blas Malo, está muy bien documentado y se nota. A veces, para mi gusto personal, queda la sensación de que al insertar demasiados datos (interesantes desde luego), excesivas descripciones (embellecedoras por supuesto) y situaciones (interesantes claro) irrelevantes para la historia principal, se desvía de la trama demasiado y se dispersa un poco. Un poco más de acción bélica le hubiera dado mucho más ritmo a mi parecer. Un buen trabajo en general de Blas Malo.

    Por el contrario, y en contraste con éste derroche descriptivo, el final me parece apresurado, algo improvisado, dejando muchos cabos sueltos.

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    miércoles, 10 de septiembre de 2014

    ASHENDEN O EL AGENTE SECRETO (W. Somerset Maugham)



    EL AUTOR

    William Somerset Maugham nació el 25 de enero de 1874 en París (Francia). Era el hijo más joven de los seis que tuvieron el diplomático británico Robert Ormond Maugham y su esposa Edith Mary Snel. William vio la luz en la embajada británica de la capital francesa.
    En 1882 murió su madre a causa de la tuberculosis y dos años después falleció su padre de cáncer.

    En 1887 se marchó a vivir con su tío, el sacerdote Henry Maugham. Estudió Medicina en el St. Thoma's Hospital y ejerció su profesión hasta 1897, año en el que publicó su primera novela, "Liza De Lambeth", un libro con el que alcanzó el triunfo comercial y la dedicación plena al mundo literario.

    En el año 1906 inició una relación amorosa con Sue Jones, finalizada en 1913 al rechazar Sue las proposiciones de matrimonio de Maugham. En 1917 se casó con Syrie Wellcome.  
      
    Entre sus novelas, caracterizadas por su agilidad narrativa, riqueza descriptiva y un miramiento cínico a las relaciones humanas, destacan "La Señora Craddock" (1902), "Servidumbre Humana" (1915), "Soberbia" (1919), "La Luna y Sus Seis Peniques" (1919), "El Velo Pintado" (1925) y "El Filo De La Navaja" (1944). En su faceta teatral logró un apreciable reconocimiento por títulos como "El Círculo" (1921) o "Nuestros Superiores" (1923).

    Murió en Saint-Jean-Cap-Ferra, Niza, el 16 de diciembre de 1965. Tenía 91 años.

    EL LIBRO

  • Nº de páginas: 288 págs.
  • Editorial: DEBOLSILLO
  • Lengua: CASTELLANO
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • ISBN: 9788497937917
  • Año edición: 2010
  • Plaza de edición: BARCELONA
  •  

    Somerset Maugham, agente secreto del espionaje británico durante la I Guerra Mundial, plasmó sus propias vivencias en este libro fascinante, que encadena una serie de relatos que reflejan a la perfección la rudeza y la brutalidad de los servicios secretos, las intrigas y traiciones y, sobre todo, el absurdo de su existencia. Su tono y su estructura de mosaico sirvieron de modelo a los padres fundadores del género: Eric Ambler, Ian Fleming o Graham Greene.

    Basado en las experiencias de Somerset Maugham como agente secreto del espionaje británico en Europa durante la Primera Guerra Mundial, Ashenden o el agente secreto se compone de una serie de relatos encadenados que reflejan a la perfección la rudeza y brutalidad del espionaje, sus intrigas y traiciones y, sobre todo, el absurdo de su existencia.

    El tono y la estructura de esta novela, concebida como un mosaico, ha sido un modelo para los escritores que, como Raymond Chandler o Dashiell Hammet, desarrollaron el género con posterioridad.


    IMPRESION PERSONAL

    Dicen que Ashenden o el agente secreto fue el primer libro de espías modernos que se escribió jamás. Somerset Maugham lo publicó en 1928, con historias al parecer recreadas de las cosas en las que anduvo cuando él mismo fuera un espía durante la 1ª Guerra Mundial, después de conducir ambulancias en el frente como Dashiell Hammett o Ernest Hemingway. A Ashenden, el primer agente sofisticado, el primer espía con voz y traje de tweed de la historia, no le mueven ni el afán de aventura ni la pasión patriótica sino una especie de mal de Montano o de hambre de jugador de ajedrez que le achaca en algún momento el coronel R. por ver cómo se comportan las fichitas; Ashenden es ese hombre que se mide el carácter por su comportamiento en la bañera cuando empieza a enfriársele el agua y no por su impasibilidad en mitad del estallido de la revolución rusa. En un tiempo en el que los caballeros sabían distinguir un puro habano de un puro filipino, en el que el dry martini aún se consideraba una costumbre bárbara, cuando San Petersburgo pasaba de llamarse Petrogrado a Leningrado, los alemanes y los franceses eran acérrimos enemigos y se cenaba de esmóquin, un extravagante coronel del servicio secreto llamado R. le propone a un escritor llamado Ashenden que ya que anda paseándose por Suiza y sus aledaños, por qué no hace unos trabajitos patrióticos y maneja a unos agentes infiltrados, recoge sus informes y les paga sus honorarios, todo muy burocrático. Luego las misiones se van complicando y Ashenden se ve envuelto en historias con Mata-Haris provincianas, traidores fusilados al amanecer, un mexicano pintoresco, una revolucionaria rusa obsesionada con los huevos revueltos, un viajante de Pennsylvania que viaja en el Transiberiano obsesionado con su ropa interior, un embajador con pasado circense… pero ya lo leéis vosotros. Una de las cosas mejores del libro son los diálogos de Ashenden y R., porque los circunloquios que Somerset Maugham pone en boca de su espía sobre la novela moderna o la vanidad herida adolecen adolecen, ¿de qué?, aunque su manera de contar sea lineal y nada rebuscada, sin quiebre, lo único que se permite Maugham de festivo es el vocabulario. Pero la forma en la que se fija en cierto tipo de detalles es admirable (¿cuántos señores miran el dibujo del papel de la pared o de qué manera están colocadas las flores en el florero?): Maugham es un observador increíblemente perspicaz del comportamiento de los otros, del color de los muebles y de los sombreros ajenos.

    Lago Leman, frontera natural entre Francia y Suiza, en cuyo entorno transcurren los primeros relatos del presente libro


    Sin ser ni mucho menos la mejor obra de Maugham, hay que reconocerle a este libro el mérito que sin duda tiene. Ashenden o el agente secreto es una novela episódica de espías en la que, si bien cada uno de sus capítulos no son del todo independientes, puesto que están sutilmente conectados, bien podría considerarse como un libro de relatos, tal vez el primer libro de relatos de espías de la literatura moderna.

    A Ashenden se le atribuye haber sido el arquetipo o el modelo de historia que más tarde serviría de inspiración a autores como Chandler o Hammett, no tanto por la temática que abordaban sus novelas, sino por la estructura narrativa, el estilo sobrio y rudo de los personajes, los diálogos cortantes, precisos, escuetos, o el sentimiento de vacío que se desvela a veces en los protagonistas.

    Personalmente, lo que atrajo mi curiosidad y me incitó a leer este libro fue el hecho de conocer que estaba basado en las experiencias personales de Maugham como miembro del servicio de inteligencia. Sin querer ahondar demasiado en elementos biográficos, simplemente mencionaré como dato anecdótico que, al estallar la Primera Guerra Mundial, el escritor intentó alistarse pero, debido a su edad, sólo le dejaron colaborar como conductor de ambulancias. Posteriormente su esposa Syrie influyó para que formase parte del servicio de inteligencia británico y, de este modo, Somerset Maugham se convirtió, por derecho propio, en el primer escritor espía. Ashenden es, por tanto, el alter ego de Maugham y a través de este personaje, el lector conoce las diferentes peripecias por las que pasó el escritor como agente secreto del espionaje británico en Europa, durante los años de la Primera Guerra Mundial, en diferentes países como Suiza, Italia, Francia o incluso la Rusia revolucionaria de 1917. Ashenden, o el agente secreto no sólo fue la primera novela de espías, sino que, además, sentó las bases de toda la literatura de género posterior, que si bien resulta mucho más sofisticada y depurada en autores como Graham Greene, John LeCarré o Ian Fleming; el mérito de Maugham radica en haber iniciado esa nueva tendencia literaria.

    La primera historia, titulada “R.” nos evoca a la famosa “M.” de la serie de James Bond. Tras la sigla “R.” se esconde el misterioso coronel que se encarga de reclutar a Ashenden como oficial de la inteligencia británica y este episodio nos narra cómo sucedió ese encuentro y cómo se produjo la entrevista. La primera misión del protagonista será en Suiza, en el capítulo titulado “Una visita a domicilio” en la cual deberá desenmascarar a un espía británico que, para cobrar su sueldo, emite informes totalmente falsos. Los primeros casos de Ashenden no son demasiado espectaculares ni emocionantes, sino más bien tienen un caracter burocrático, en el sentido de que la mayor parte de su trabajo consiste en observar y emitir informes, lo que no hace sino reforzar la veracidad de los casos narrados pues, el trabajo cotidiano de los espías es mucho más monótono que el que aparece idealizado en el cine por personajes como James Bond o similares.

    Uno de los mejores capítulos del libro es el de “El mexicano calvo“, en donde nuestro protagonista acompaña a otro espía, el susodicho mexicano calvo, hasta Italia, en donde un agente griego que trabaja para los de los alemanes debe ser eliminado. En el siguiente episodio, continuación del anterior, Ashenden tiene que persuadir a una bailarina italiana para que traicione a su amante, un agente alemán, y puedan tenderle una trampa para arrestarlo. Parte de esta historia y de otra titulada “El traidor” serían utilizadas por Alfred Hitchcock en su película “El agente secreto“, con Peter Lorre haciendo de “mexicano calvo”.


    Disturbios en la perspectiva Nevski, Petrogrado, en 1917, otro de los episodios en los que se ve envuelto Ashenden

     
    En otras historias Ashenden se pasea por París o por la rusa revolucionaria y en éste último Maugham mezcla el relato de espías con una anécdota de un surrealismo que roza lo cómico y que, precisamente por ser tan estrambótica, no me cabe la menor duda de su veracidad: la del hombre que muere absurdamente por no querer escapar con sus compañeros, al empeñarse en recuperar su ropa interior que había extraviado en el hotel.

    Ashenden es un agente secreto refinado, un patriota al servicio de su majestad al que imaginamos siempre con traje impecable y modales educados. Desde ese punto de vista, tiene muchos factores en común con el mítico Bond, salvo por algunos detalles cruciales: Ashenden no es un seductor; de hecho resulta extremadamente distante, en especial con las mujeres y, en ocasiones, ligeramente ingenuo, como cuando se deja engañar por el mexicano calvo durante una partida de cartas, en la que éste le gana dinero con facilidad. Sin embargo, Ashenden posee una virtud notable y crucial para un espía: la capacidad de observación, especialmente en los detalles: la disposicion de unos muebles, o el color de los trajes o de los vestidos, por citar algunos ejemplos. Como alter ego de Maughan, Ashenden es, a su manera, el arquetipo del perfecto dandy inglés, culto, educado, inteligente y refinado.

    Maughan fue un escritor muy popular en su tiempo y, como ya he mencionado al principio, ésta no es su mejor obra. Sin embargo, Yo siempre he preferido al Maugham cuentista que al novelista. No en vano, a lo largo de su vida, escribió más de un centenar de relatos cortos, todo un recorrido narrativo en un género -el del relato- que tradicionalmente ha sido dejado de lado. A pesar del éxito que Maugham llegó a conocer en vida -muchas de sus obras fueron adaptadas al cine- este escritor ha sido criticado como un creador ramplón y sin estilo propio. No es esa mi opinión, desde luego, y creo que merece la pena leer los relatos de Maugham. Estoy seguro de que les sorprenderá su alta calidad literaria.
    ACTUALMENTE LEYENDO:  LA SOMBRA DE LA GUILLOTINA  (Hilary Mantel)

    viernes, 5 de septiembre de 2014

    EL NIÑO DE LOS CORONELES (Fernando Marías)



    EL AUTOR

    Fernando Marías Amondo (Bilbao, 13 de junio de 1958) es un escritor.

    En 1975 se trasladó a Madrid con la intención de estudiar cine, estableciéndose en esa ciudad. Comenzó en la narrativa escribiendo guiones para la televisión, destacando entre ellos la serie de falsos documentales Páginas ocultas de la historia. En 1990 escribió su primera novela La luz prodigiosa, comenzando su carrera como novelista.


    Obra narrativa

    • La luz prodigiosa (1990).
    • Esta noche moriré (1992).
    • Páginas ocultas de la historia (1997), escrita en colaboración con el también escritor bilbaíno Juan Bas.
    • Los fabulosos hombres película (1998).
    • El niño de los coroneles (2001).
    • La batalla de Matxitxako (2001).
    • La mujer de las alas grises (2003).
    • Invasor (2004), Premio Dulce Chacón de Narrativa Española, 2005.
    • Cielo abajo (2005).
    • El mundo se acaba todos los días (2005).
    • Zara y el librero de Bagdad (2008), Premio Gran Angular, 2008.
    • Todo el amor y casi toda la muerte (2010), Premio Primavera, 2010.
    • El silencio se mueve (2010).

    EL LIBRO

    ISBN: 978-84-233-3379-0
    EAN: 9788423333790
    Editorial: Booket
    Año: 2003
    Lengua:
    Páginas: 536
    Encuadernación: Rústica
    Colección: Novela                                 


    Victor Lars, francés colaboracionista con los nazis que tras la segunda guerra mundial huye a la imaginaria república centroamericana de Leonito, y Jean Laventier, psiquiatra que lo persigue incansablemente a lo largo de las décadas, son dos de los protagonistas de esta novela de tramas múltiples entrelazadas. Novela sobre los torturadores y sobre quienes se oponen a ellos, la novela gira alrededor de la búsqueda del monstruoso ser bautizado “El Niño de los coroneles”, revisión actual y terroríficamente verosímil del mito de Frankenstein.

    PERSONAJES
     
    La novela consta de cuatro personajes principales:
     
    LUIS FERRER: conduce la historia con la ayuda de un manuscrito que le entrega Jean Laventier.
     
    EL NIÑO DE LOS CORONELES: es el que da título a la obra, un monstruo creado por Víctor Lars mediante la manipulación mental, para obrar con absoluta maldad y sin remordimientos.
     
    VICTOR LARS: el malvado colaboracionista con los nazis, con los que comienza sus primeros experimentos como manipulador de la mente.
     
    JEAN LAVENTIER: el médico que a pesar de su cobardía llega a ser un héroe de la resistencia, llegando incluso a ganar el premio Nobel, que rechaza por no creerse merecedor del mismo.
     
    Existen además una serie de personajes secundarios: Soas, piloto español en excedencia que obedece a Víctor y vela por sus intereses. Leonidas, jefe del pueblo indio que se enfrenta a la dictadura de los coroneles, y su mujer María. Casildo Bueyes, periodista alcohólico que sirve a Soas desprestigiando a los indios. Florence, la rica heredera que se interpone entre Lars y Laventier y quizás el detonante de toda la historia, ya que, eligiendo al segundo como su amor, provoca en el primero los celos y el resentimiento.

    IMPRESION PERSONAL

        
    La idea de “El niño de los coroneles” surge del conocimiento por parte del autor de que el general Ceaucescu, presidente de Rumanía en los años 80, tenía una escuela infantil donde educaba a recién nacidos secuestrados para hacer de ellos auténticos robots humanos que, ya de adultos, formaban su guardia personal. Seres que consideraban a Ceaucescu su Dios.

         Estamos ante una novela ambiciosa y bien construida que va capturándonos desde las primeras páginas. Novela complicada, con pasadizos y mazmorras (literal y figuradamente, por cierto), donde reinan lúgubremente los más brutales instintos que, como se va viendo, también son humanos.
     La novela, situada parte en Sudamérica (en Leonito, pueblo imaginario gobernado en el pasado por un triunvirato de dictadores) y parte en Francia durante la segunda guerra mundial, nos presenta dos tramas superpuestas. Una, la historia de los dos franceses: Jean Laventier y Víctor Lars; el primero, resistente ante la dominación nazi y el segundo, colaboracionista. Ambos coincidirán más tarde en Sudamérica. La segunda trama es la historia de Luis Ferrer, periodista originario de Leonito, que fue adoptado en este país por el embajador español en 1947. La madre de nuestro protagonista había sido violada por el hijo de uno de los dictadores, Triúnviro, y salvada por Aurelio Ferrer (el embajador), con el cual se casa. Sin embargo, a raíz de la violación no puede tener hijos, de ahí la adopción de Luis.
     
    La historia de Lars y Laventier comienza en París en el periodo de entreguerras (entre la primera y segunda guerra mundial). Allí coinciden para realizar sus estudios universitarios, convirtiéndose en los mejores amigos, hasta que Florence se cruza en su camino. Como ya sabemos, Florence se decanta por Laventier, y parece que Lars acepta su derrota, sin embargo, ella desaparece sin dejar rastro. Cincuenta años después, Laventier descubre por medio del manuscrito que guía la novela, que Florence fue secuestrada, violada y torturada hasta la muerte por Lars, el cual le hace creer  por medio de una carta falsa que ella le había abandonado.
     
    Formación Militar en un país centroamericano (como Leonito)
     
     
    Laventier, que durante la guerra adopta una postura ambigua, no es colaboracionista, pero su cobardía le impide entrar en la resistencia, sin embargo, por una serie de malentendidos acaba siendo un héroe. Posteriormente, su carrera de psicólogo le lleva a conseguir el Nobel, que rechaza por no sentirse merecedor de él.
     
    Lars, por su parte, es un claro colaboracionista del régimen de Vichy (gobierno francés que colaboró con los nazis). Se convierte en el protegido de Heydrich (el SS) y, gracias a él, organiza las más refinadas torturas para doblegar a los prisioneros, aunque muy pronto se especializa en los tratamientos psicológicos. Invade el palacio de unos nobles conocidos suyos, forzándolos a convivir con un miserable, llamado Tuccio, que desarrolla con ellos sus peores instintos. Más tarde, Tuccio morirá torturado a manos de la trastornada condesa.
     
    Al acercarse el fin del tercer Reich, Lars, que ha amasado una considerable fortuna secuestrando y extorsionando tanto a franceses como a alemanes, huye a Sudamérica. Una vez allí, impide el asesinato del embajador español (padre adoptivo de Luís Ferrer) a manos del hijo del dictador (Triunviro), el cual en agradecimiento lo convierte en su protegido, lo que le permite realizar su proyecto de “el niño de los coroneles”. Lars adopta a un niño huérfano (casualmente el gemelo de Luis) y lo trata como si fuese su propio hijo. Para ello, contrata a una mujer y se casa con ella formando una familia ficticia. Como parte final del proyecto, organiza el asesinato de la supuesta madre y se asegura de que el niño lo presencie todo. Esto despierta en el pequeño un gran sentimiento de odio y maldad, que Lars se encargará de cultivar y fomentar hasta conseguir un monstruo que disfruta torturando y violando. Será el primero de una serie de niños manipulados hasta la saciedad. Luis descubre todos estos sucesos y otros muchos a través del manuscrito, como por ejemplo, que tiene un hermano gemelo, o que María, la mujer de Leonidas, fue torturada y violada por el niño de los coroneles.
     
    Ya en el presente (los años 90), se desarrolla la trama de “la montaña profunda”, una montaña hueca con un microclima en su interior en donde viven los indios. Este microclima se debe a una serie de chimeneas naturales por donde entra la luz solar reflejándose en las numerosas vetas de diamantes. Aunque Leonito vive ya una democracia, “los coroneles” siguen controlando el país desde el exilio, y desarrollan un proyecto turístico en el emplazamiento de la montaña, comenzando una guerra contra los indios.
     
    Las distintas historias se van entrelazando perfectamente a lo largo de toda la obra; la trama nunca se reanuda o se continúa, simplemente se retoma gracias al manuscrito.
     
    Escuadrones de la muerte en El Salvador (años 90), donde claramente se inspira el autor para crear sus Pumas Negros, unidad de elite del ejercito de Leonito, ideada por Victor Lars, para aterrorizar al pueblo
     
     
    Es una novela que nos captura desde las primeras páginas, aunque a veces las descripciones de las torturas son tan explícitas que consiguen estremecernos. Muestra cómo, mediante la manipulación de la mente, los más brutales instintos del ser humano pueden ser potenciados y utilizados para hacer el mal.
     
    Uno de los puntos más interesantes de la novela  son los diferentes géneros que toca: novela de aventuras, novela negra, terror, o incluso novela histórica.
     
    Se podría decir que es principalmente una novela con una gran carga psicológica, como nos muestra el hecho de que todos los personajes no son lo que parecen. Todos tienen un secreto que ocultar. Por ejemplo, Luis Ferrer ayuda a morir a su hija, que había quedado tetraplégica tras un accidente, y simula un suicidio. Laventier sabe que su fama está basada en un engaño y Soas parece estar implicado en la muerte de su mujer. Todos estos hechos pesan sobre sus conciencias y les atormentan día y noche.
     
    Por otro lado, la mención de hechos y personajes históricos, como Heydrich o el quinto centenario del descubrimiento de America, hace la historia mucho más creíble y en ocasiones, podríamos llegar a pensar que se trata de una crónica de la época. Hay también referencias a otras dictaduras (Chile, Argentina) con las que Lars cuenta haber colaborado, formando a grupos de élite de sus ejércitos, para torturar física y psicológicamente, introduciendo contraseñas en sus mentes que al oírlas rememoran el horror de las torturas sufridas y que, en el caso de algunos, inducen al suicidio.
     
    El imaginario país Leonito, no hace referencia a ninguno en concreto, pero podría ser cualquiera de las naciones sudamericanas que han padecido dictaduras despiadadas, en las que los dirigentes consideran el país de su propiedad y a sus habitantes, sus esclavos.
     
    La parte de la historia sobre la montaña profunda le da a la novela ese toque de aventura que recuerda, en ocasiones, a grandes éxitos cinematográficos como Indiana Jones.
     
    La temática del libro nos habla del mal por el mal, de la cobardía, la humillación, el miedo, el resentimiento, amor, vergüenza; en resumen, de la complejidad de la mente humana, y de cómo ésta puede ser manipulada en unos casos y creadora de las mayores atrocidades en otros. Es el caso de Víctor Lars, que nos hace estremecer con su falta de conciencia y con una frase que demuestra su idea del dominio del individuo: “Dios no existe, pero yo sí”.
     
    Fernando Marías ha levantado una estructura perfecta para una intriga que logra enganchar con sabias dosis de enigma, revelación y sorpresa. La acción psicológica y política domina sobre los problemas individuales-por ejemplo, Ferrer guarda un secreto traumatizante-y el enfoque es muy cinematográfico, de ritmo y superposición de episodios muy veloces. Todo ello tiene un precio: el estilo es muy neutro, casi opaco; es cierto que este tipo de narración exige un lenguaje muy funcional, pero pienso que aquí eso se ha tomado demasiado al pie de la letra. Otra objeción que habría que hacerle a la novela es el insistente detallismo en los métodos de tortura de Victor Lars, que ocupan muchas páginas; con una tercera parte menos, Lars habría sido igual de malo y la novela habría resultado más equilibrada. No obstante, estamos ante un consistente bestseller de factura internacional; una vía que el Premio Nadal ha sabido reconocer a tiempo.
     
    Por último, no podemos decir que sea una obra maestra de la literatura, pero sí, una de las obras más entretenidas e interesantes de la literatura española actual.
     
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    lunes, 1 de septiembre de 2014

    SHERLOCK HOLMES Y LA SABIDURIA DE LOS MUERTOS (Rodolfo Martínez)





    EL AUTOR

    Rodolfo Martínez (Candás, Asturias, 1965) es un escritor español de fantasía y ciencia ficción.

    Descubre la ciencia ficción y la fantasía siendo niño, probablemente a través de los cómics de superhéroes, y posteriormente, a través de su padre, lector habitual del género.

    Cursó estudios de filología inglesa, aunque no llegó a terminarlos y, desde 1995, trabaja como programador informático.

    Comenzó a publicar relatos en revistas y fanzines en la década de los noventa y en 1995 publica su primera novela, La sonrisa del gato.

    Rodolfo Martínez es una personalidad dentro del fandom en España, no sólo como autor, sino también por la labor que ha desarrollado dentro de diferentes asociaciones y publicaciones.



    A los doce años comienza a escribir, pero no es hasta 1987 que publica su primer relato en el fanzine Maser, editado por Juan José Parera. Estos cuentso serán El chico de la moto es el rey y En los confines del norte. En 1986 escribe, El robot (aunque no fue publicado hasta 1995), un relato basado en las Historias de robots de Asimov. Sigue escribiendo y publicando cada vez más. Poco a poco va dando forma a Drímar, el universo referencial donde Martínez ha ambientado gran parte de la ciencia ficción que ha escrito.

    Entre 1990 y 1995, fecha de su primera publicación profesional, se convierte en un colaborador habitual de buena parte de los fanzines dedicados al fantástico de la época (Maser, BEM , Tránsito, Elfstone, Kenbeo Kenmaro, Parsifal, Sueño del Fevre, Núcleo Ubik...) y de alguno dedicado al cómic (Círculo andaluz de Tebeos, El Wendigo).

    En 1995 publica su primera novela, La sonrisa del gato, en Miraguano Ediciones, una novela de espionaje ciberpunk, dando paso así a su etapa de escritor profesional. Al año siguiente aparecerá Tierra de nadie: Jormungand, en Ediciones B, y La sabiduría de los muertos, editada por la Consejería de Cultura del Principado de Asturias y con la que el autor había ganado el Premio Asturias de novela, convocado por la Fundación Dolores Medio. Con esa novela da inicio a su popular saga holmesiana, donde el detective de Baker Street se enfrenta y conoce a algunos de los iconos de la cultura popular más característicos del siglo XIX y XX.

    Durante los siguientes años mantiene su colaboración con las publicaciones periódicas dedicadas al fantástico, aunque empieza a diversificarse y además de cuentos comienza a publicar varios artículos en las revistas del grupo Gigamesh (Gigamesh, Stalker y Yellow Kid) además de realizar alguna que otra traducción (varios artículos para BEM, un cuento de Neil Gaiman para Gigamesh).

    En 1999 publica El abismo te devuelve la mirada y, dentro del volumen que recoge los ganadores del Premio UPC de novela corta, Este relámpago, ta locura. Ése mismo año la Semana Negra de Gijón publica Territorio de pesadumbre, con la que Rodolfo había ganado la Beca de novela corta que el festival gijonés había convocado el año anterior.

    Entre 1999 y 2004 su producción literaria parece ralentizarse. En ese periodo continúa publicando artículos y algún cuento ocasional, pero no saca ninguna novela al mercado.

    La aparente sequía novelística de Martínez termina en 2004, coincidiendo con la reedición por parte de Bibliópolis de La sabiduría de los muertos, ahora bajo el título de Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos. Robel también reedita Territorio de pesadumbre ese año y, finalmente, Gigamesh publica El sueño del Rey Rojo, donde Rodolfo regresa al ciberpunk de su primera novela.

    Al año siguiente aparece Sherlock Holmes y las huellas del poeta, continuación de la anterior novela holmesiana y que también edita Bibliópolis. Y publica Los sicarios del cielo, con la que el asturiano acababa de ganar el Premio Minotauro de novela fantástica.

    Termina el año con la edición de Callejones sin salida, donde Ediciones Berenice recopila su obra breve de ciencia ficción y que será completada al año siguiente con Laberinto de espejos, que recoge sus relatos de fantasía y algunos de sus poemas.

    En 2007 vuelve a la carga con el detective de Baker Street con Sherlock Holmes y la boca del Infierno. Finalmente, en junio de 2008, se ha publicado Sherlock Holmes y el heredero de nadie, cuarta novela de su ciclo holmesiano y que Rodolfo ha confirmado que sería la última de esta saga.
    Un mes más tarde sale a la calle El abismo en el espejo, una reescritura y ampliación de El abismo te devuelve la mirada.

    En 2009, Rodolfo crea el sello editorial Sportula y, a través de él, y utilizando la impresión digital bajo demanda, publica su novela El adepto de la Reina.

    En 2010, y a través de Sportula, edita El carpintero y la lluvia el primero de los cuatro volúmenes que recogerán el ciclo narrativo de Drímar. No conforme con eso, publica la edición electrónica de El sueño del Rey Rojo.

    En 2011 publica Sondela con la editorial Dolmen, así como Fieramente humano con NGC Ficción!. También, con su propia editorial publica ese año El Jardín de la Memoria, segunda parte del ciclo iniciado con El adepto de la Reina.

    En 2012 publica su primer libro de ensayo: La ciencia ficción de Isaac Asimov', un exhaustivo por la obra del escritor americano.

    En 2013 edita Jormungand, tercer volumen recopilatorio de su Ciclo de Drímar.

    En 2014 finaliza la edición de ese ciclo con Bifrost y publica una nueva novela de su ciclo de la Ciudad: Las astillas de Yavé.

    EL LIBRO

    Año de publicación: 2004
    Editorial: Bibliópolis
    Colección: Bibliópolis Fantástica nº 13
    Traducción: ---
    Edición: mayo de 2004
    ISBN: 978-84-96173-09-5

    Sir Arthur Conan Doyle, creador del personaje de Sherlock Holmes, que aparece tambien en uno de los relatos


    Corre el año 1895 y Sherlock Holmes y el doctor Watson se ven envueltos en un caso de suplantación de identidad que tiene sus raíces en la época en la que el mundo daba por muerto al detective. Juntos, los dos investigarán una trama que gira alrededor del más famoso de los grimorios: el libro de los nombres muertos, el temible Necronomicon de Abdul Alahzred.

    La sabiduría de los muertos es la primera novela holmesiana de Rodolfo Martínez y, desde el momento de su primera publicación, en 1996, fue recibida muy positivamente por los fans del detective victoriano. En ella, Martínez recrea con gran habilidad la voz del doctor Watson y reconstruye un siglo XIX en el que lo real y lo ficticio van de la mano en una historia trepidante.

    IMPRESION PERSONAL

    El libro, ganador del Premio Asturias de novela en 1996, viene precedido de un prólogo donde Martínez cuenta como (se supone que) halló los manuscritos originales del doctor Watson (una caja vieja en una tienda cerca del Soho, etc, que él dice sólo traducir), y viene seguido de una nota sobre las dificultades de dicha traducción. Ni caso. Es todo para dar sabor, como han hecho también por ejemplo J.R.R. Tolkien o Arturo Pérez-Reverte, entre otros. Es todo suyo de pe a pa. Martínez lleva más de una década en este tipo de género (tiene otros tres libros de Holmes), y está metido en el grupo organizador de la Semana Negra de Gijón.

    Habrá lectores que piensen que usar personajes de otros es una forma un tanto caradura de ganarse la vida literariamente, pero esto se lleva haciendo desde siempre, y algunas veces con grandes resultados. Los romanos copiaban a los griegos, los autores medievales rehacían los relatos que oían y leían (los basados en el rey Arturo y su Tabla Redonda, por ejemplo), Shakespeare buscaba ‘inspiración’ donde podía, y hasta hoy en día hay best sellers por doquier basados en Alejandro o el emperador Cla-cla-Claudio
    , por no mencionar escritores cojitrancos para quien “no queda sino batirnos”. En un futuro, a medida que los derechos vayan caducando, seguro que veremos cosas como ‘Las aventuras del joven Aragorn’ o ‘Harry Potter, el regreso (de nuevo)’.

    Es un género o subgénero como cualquier otro, y hay que valer para ello, lo mismo que para todo. Los editores y lectores serán quienes decidan la valía final del resultado. Habrá quien se niegue a acercarse siquiera a un libro así y habrá otros que, al contrario, se sentirán interesados por poder seguir saciando su adicción (nunca mejor dicho), aunque sea sabiendo que consumen un sucedáneo. Es el riesgo inherente de usar nombres que son auténticos iconos de la literatura.


    El primer relato de éste volumen, gira en torno a la literatura de H.P. Lovecraft, siendo el protagonista un supuesto pariente suyo

    Y la verdad es que, una vez metidos en harina, y tras aceptar las reglas del juego, el libro no está ni medio mal. Contiene tres historias, una de ellas mucho más larga que las otras (las tres cuartas partes del volumen), y se nota que Martínez se ha currado el mimetismo. No ya el del original, sino incluso el de las traducciones canónicas al español. El tempo del relato sigue fielmente la mezcla original de rapidez al contar el caso, y a la vez de esa lentitud exasperante y teatral que tiene Holmes a la hora de ir explicando qué sabe o averigua. Al final de un párrafo lo tenemos marchándose de casa (Baker Street, 221 B, por supuesto), bien apresuradamente tras ver una pista en el Times, o bien tras pasar horas en su estudio en medio de drogas, experimentos, violines o disfraces, y a las dos líneas ya lo tenemos de vuelta, respondiendo a lo que Watson (y el lector) quiere saber. O no, según le dé el punto. Igualito que en el original. La prosa de Watson también está muy bien imitada, con sus frases bien terminadas y su gran cortesía al hablar. 
    La novela empieza con un breve relato que explica cómo el autor consiguió el manuscrito del doctor Watson donde se relata la historia. Después se nos indica que el inseparable amigo del Maestro lo escribió en 1931, ya muy anciano, lo que da como un permiso “lógico” al hecho de que nuestro narrador en ocasiones utilice un estilo un poco –no mucho- diferente al que nos tiene acostumbrado. A partir de ahí, juega con una cierta ambigüedad en la historia: el que considere que es una narración imposible de acoplar al universo holmesiano tiene la excusa perfecta en la senilidad de Watson. El que por el contrario crea en ella, la puede asimilar sin problemas.

    Aparte de esto, el verdadero regalo para los seguidores del personaje es la resolución de tres de las incógnitas que más quebraderos de cabeza han dado a lo largo de la historia del detective: La desaparición de James Phillimore, que fue a buscar un paraguas y jamás volvió a ser visto, la locura repentina del periodista y duelista Isadora Persano, que enloqueció tras encontrar un gusano desconocido para la ciencia en el interior de una caja de cerillas, y la desaparición del buque Alicia, los tres mencionados en “El Problema del Puente de Thor”. Los tres casos están enlazados con brillantez, además de aprovechar la ocasión para añadir varias referencias literarias a otras autores aparte de Doyle o Lovecraft. Es ese último escritor quién comparte la “co-propiedad” del pastiche, encontrando algunas de las criaturas de su universo pululando por las páginas de la historia, de las cuales Holmes parece saber algo más de lo que nunca ha contado…

    La obra de Bram Stoker tambien es homenajeada en el segundo relato de este volumen


     Lo que quizá se le puede echar en cara es demasiado entusiasmo a la hora de meterse en el universo holmesiano, y así no sólo han de salir Holmes y Watson, sino también Lestrade. Y Mycroft Holmes. Y los Irregulares de Baker Street. Y Wiggins. Muchos de ellos sin hacer gran cosa, además. Y hasta el propio Conan Doyle, convertido en agente literario de Watson. Y hay tantas referencias a Moriarty y las cataratas de Reichenbach que llega a parecer que el autor ha tenido que contenerse a duras penas para no hacer resucitar al Napoléon del Crimen
    también.

    Pero esto no disminuye el disfrute. Al revés, es lo que uno quiere ver, ¿no? Para eso uno se lee un libro de Sherlock Holmes, para volver a ver a todos éstos. Ese sabor tiene que estar ahí. Además, y esto ya terminará de convencer a quien quiera leer el libro (o no), Holmes no tendrá que resolver casos como los de los relatos originales, sino que se enfrentará a adversarios salidos… de las plumas de otros escritores. Dos nombres, que igual dicen poco o igual demasiado, bastarán:
    H.P. Lovecraft y Bram Stoker.

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