lunes, 25 de agosto de 2014

HEREJES (Leonardo Padura)



EL AUTOR

Leonardo Padura Fuentes (La Habana, 1955) es un novelista y periodista cubano, conocido especialmente por sus novelas policiacas del detective Mario Conde. El Gobierno de España concedió en 2011 la ciudadanía de ese país a Padura, quien sigue viviendo en Cuba.

Nacido en el barrio de Mantilla, hizo sus estudios preuniversitarios en el de La Víbora, de donde es su esposa Lucía; naturalmente, estas zonas de La Habana, muy ligadas espiritualmente a Padura, se verán reflejadas más tarde en sus novelas. Padura estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad de la Habana y comenzó su carrera como periodista en 1980 en la revista literaria El Caimán Barbudo; también escribía para el periódico Juventud Rebelde. Más tarde se dio a conocer como ensayista y escritor de guiones audiovisuales y novelista.


 


Su primera novela —Fiebre de caballos—, básicamente una historia de amor, la escribió entre 1983 y 1984. Pasó los 6 años siguientes escribiendo largos reportajes sobre hechos culturales e históricos, que, como él mismo relata, le permitían tratar esos temas literariamente.  En aquel tiempo empezó a escribir su primera novela con el detective Mario Conde y, mientras lo hacía, se dio cuenta "que esos años que había trabajado como periodista, habían sido fundamentales" en su "desarrollo como escritor". "Primero, porque me habían dado una experiencia y una vivencia que no tenía, y segundo, porque estilísticamente yo había cambiado absolutamente con respecto a mi primera novela", explica Padura en una entrevista a Havana-Cultura.

Las policiacas de Padura tienen también elementos de crítica a la sociedad cubana. Al respecto, el escritor ha dicho: "Aprendí de Hammett, Chandler, Vázquez Montalbán y Sciascia que es posible una novela policial que tenga una relación real con el ambiente del país, que denuncie o toque realidades concretas y no sólo imaginarias".

Su personaje Conde —desordenado, frecuentemente borracho, descontento y desencantado, "que arrastra una melancolía", según el mismo Padura— es un policía que hubiera querido ser escritor y que siente solidaridad por los escritores, locos y borrachos. Las novelas con este teniente han tenido gran éxito internacional, han sido traducidas a varios idiomas y han obtenido prestigiosos premios. Conde, señala el escritor en la citada entrevista, refleja las "vicisitudes materiales y espirituales" que ha tenido que vivir su generación. "No es que sea mi alter ego, pero sí ha sido la manera que yo he tenido de interpretar y reflejar la realidad cubana", confiesa.

Conde, en realidad, "no podía ni quería ser policía" y en Paisaje de otoño (1998) deja la institución y cuando reaparece en Adiós Hemingway (2001) está ya dedicado a la compraventa de libros viejos.

Tiene también novelas en las que no figura Conde, como El hombre que amaba a los perros (2009), donde las críticas a la sociedad cubana alcanza sus cotas más altas.

Padura ha escrito también guiones cinematográficos, tanto para documentales como para películas de argumento.

Vive en el barrio de Mantilla, el mismo en el que nació. Al preguntarle por qué no puede dejar La Habana, el ambiente de su historia, ha dicho: “Soy una persona conversadora. La Habana es un lugar donde se puede siempre tener una conversación con un extranjero en una parada de guaguas”.


EL LIBRO

  • Nº de páginas: 520 págs.
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • Editoral: TUSQUETS EDITORES
  • Lengua: CASTELLANO
  • ISBN: 9788483834916



  • En 1939, el S.S. Saint Louis, en el que viajaban novecientos judíos que habían logrado huir de Alemania, pasó varios días fondeado frente a La Habana en espera de que se autorizara el desembarco de los refugiados. El niño Daniel Kaminsky y su tío aguardaron en el muelle a que descendieran sus familiares, confiados en que éstos utilizarían ante los funcionarios el tesoro que portaban a escondidas: un pequeño lienzo de Rembrandt que pertenecía a los Kaminsky desde el siglo XVII. Pero el plan fracasó y el barco regresó a Alemania, llevándose consigo toda esperanza de reencuentro. Muchos años después, en 2007, cuando ese lienzo sale a subasta en Londres, el hijo de Daniel, Elías, viaja desde Estados Unidos a La Habana para aclarar qué sucedió con el cuadro y con su familia. Sólo alguien como el investigador Mario Conde podrá ayudarle. Elías averigua que a Daniel le atormentaba un crimen. Y que ese cuadro, una imagen de Cristo, tuvo como modelo a otro judío, que quiso trabajar en el taller de Rembrandt y aprender a pintar con el maestro.

    IMPRESION PERSONAL

    Con el exilio de un tío y un sobrino judíos desde Polonia a la bulliciosa ciudad de La Habana de 1939, en tiempos de horror para Europa, se inicia esta nueva novela del cubano Leonardo Padura (La Habana, 1955), que cosechó grandes éxitos con su anterior trabajo, El hombre que amaba a los perros. En este ambicioso Herejes pone en funcionamiento dos de sus mejores armas: su talento para las tramas detectivescas (Padura se ha forjado en el género negro) y, como acostumbra, un notable trabajo de documentación histórica, que en este caso brilla especialmente en el asunto de las persecuciones de judíos a partir del siglo XVII. El misterio en torno a un pequeño lienzo de Rembrandt, pintado en 1647, que pertenecía a la familia exiliada protagonista (los Kaminsky) y que reaparece en una subasta londinense en 2007 da juego para que Padura, sin desatender una escritura cuidada y exigente, sepa atrapar a los lectores a lo largo de quinientas densas páginas.

    Llegada del trasatlántico Saint Louis al puerto de La Habana, en 1939


    Herejes es la novela más ambiciosa de las ocho protagonizadas hasta la fecha por Mario Conde. Leonardo Padura la estructura en tres breves relatos cuyos nexos comunes son la heterodoxia, el desarraigo social y vital, la búsqueda de alternativas al statu quo consolidado y la huida hacia delante (con resultados desastrosos en todos los casos).

    En la primera parte Padura utiliza los vicisitudes del barco Saint Louis (posiblemente uno de los episodios más vergonzosos de la Segunda Guerra Mundial, lo que ya da una idea de la magnitud del asunto) para reflexionar sobre el expolio sufrido por los judíos a lo largo de la historia y establecer a Mario Conde tras la pista de un valioso cuadro cuya pista se perdió hace décadas.

    La segunda historia se sitúa en la ciudad de Amsterdam durante el siglo XVII. Nos muestra el funcionamiento de un taller de pintura (el del maestro Rembrandt, presumible autor del cuadro extraviado anteriormente comentado), así como las complicaciones por las que atraviesa un joven judío empeñado en labrarse un porvenir en dicho arte (un aspecto explícitamente prohibido en su religión).

    Por último Padura aprovecha la anécdota de la desaparición de una joven de 18 años para enfrentarnos ante el fenómeno de las nuevas tribus urbanas en general, con una especial incidencia en lo referido a los emos, y su peculiar inserción en la actual sociedad cubana en particular.

    Traiciones, intrigas y contradicciones conforman este tramo final del libro.

    Casa Museo de Rembrandt en Amsterdam



    Pero, como también anticipaba, considerarla la novela más ambiciosa no supone que Herejes sea la mejor obra del ciclo de Mario Conde. A lo largo de sus páginas el autor mezcla materiales narrativos tan diversos como la Torá, el funcionamiento de la policía, el gnosticismo y la ensomatosis, el proceso de preparación de un lienzo, el exilio cubano a Miami, la corrupción galopante en la isla, la compra-venta de libros de viejo y el destino del cuadro La conjura de los bátavos bajo Claudius Civilis, entre otros.

    La enorme heterogeneidad de dichos componentes dificulta la labor del cosido narrativo. Es preciso reconocer que, en esta ocasión, no todas las puntadas de Padura tienen el necesario grado de uniformidad para conformar una obra redonda. Mi sensación, como seguidor tradicional de anteriores libros de Mario Conde, es la de quedarme con la miel en los labios.
    A través de las aventuras (las menos) y desventuras (las más) de Mario Conde, Leonardo Padura permite al lector contemplar la evolución de un personaje cincelado con una admirable técnica literaria, tanto por su solidez como por su extraordinaria versatilidad. De Conde (El Conde para quienes le tratan más íntimamente) conocemos sus sucesivos cambios de oficio, sus devaneos amorosos, sus dudas existenciales, sus épicas borracheras de ron barato y, sobre todo, sus relaciones de amistad con una entrañable pandilla de perdedores (nunca de derrotados por la vida): Carlos El Flaco (cada vez menos flaco), El Conejo, Candito El Rojo (cada vez menos rojo), Yoyi El Palomo, Andrés (desde la distancia)…, todos ellos afianzados ya en lo que el autor califica como “las amables cuevas de los recuerdos”.

    Y, de manera paralela, el ciclo de novelas también ofrece unas magníficas claves para comprender la evolución (más bien involución) de un país como Cuba a lo largo de casi un cuarto de siglo: del sueño de un futuro mejor a la pesadilla de un presente manifiestamente empeorable en todo tipo de ámbitos (político, económico, social, moral, cultural, policial, gastronómico y, por encima de cualquier otra consideración, anímico).

    Mucho suspense hay ya desde esa primera expectación infantil por la llegada a la isla de un transatlántico proveniente de Alemania con casi un millar de refugiados a bordo, una tensión narrativa mantenida a lo largo de los muchos vericuetos y saltos temporales que se proponen hasta el año 2009. La introducción en la trama de su renombrado investigador (Mario Conde) es también un acierto, un elemento que agiliza y puntea la historia convulsa de toda una saga familiar. Los diálogos del ex-policía Conde con sus amistades (mientras “toman rones y facturan pérdidas”) y, sobre todo, con Elías Kaminsky, aportan gracia y naturalidad al conjunto del relato. A través de su detective, Padura evoca lugares y personas de la isla que ya se perdieron, valores de otro tiempo que hoy se echan en falta, tal vez porque el escritor se siente, como el personaje, miembro de “la generación más desencantada y jodida dentro del nuevo país que se iba configurando”.

    Tribus urbanas en la Calle G, Vedado, La Habana


    La descripción del carácter cubano, su apertura y su capacidad para vivir, incluso en la adversidad, como si fuera una fiesta, es otro de los logros de esta historia. Se trata de una atrayente intriga, a partir de la cual van surgiendo asuntos como la parálisis e insolidaridad del mundo civilizado frente a los necesitados de ayuda en vísperas de la Segunda Guerra Mundial (ese barco de refugiados judíos lo rechaza sucesivamente Cuba, Estados Unidos o Canadá, y una mayoría de sus pasajeros terminará, de regreso, en Auschwitz), un drama humanitario repleto de paralelos históricos en suelo europeo que el autor pone de manifiesto (Holanda, Polonia, Rusia...) Mirar a otro lado, dudar, o ser tibios, en ciertos casos supone “la ratificación de una condena a muerte anunciada”.

    Leonardo Padura nos sumerge en la polémica por las obras de arte robadas a los judíos por los nazis y advierte del peligro de manipular a las masas (en Alemania, en Cuba o en cualquier lugar). No evita la referencia a la complicada y problemática formación del Estado de Israel en 1947. El detalle de la vida de Daniel Kaminsky, su trágico madurar, su más que comprensible transición del judaísmo al “escepticismo descreído”, permiten al autor situarnos ante el que quizá sea el gran mensaje de fondo de este libro: una advertencia clara contra los fanatismos de una u otra índole, y un ruego no menos claro a favor de la tolerancia y el respeto por las diferentes maneras de pensar y estar en el mundo. Hay en esta obra el anhelo de un territorio donde nadie sea considerado inferior o hereje, un lugar en el que la verdadera convivencia sea posible. Como declara el tío del protagonista, el austero pero comprensivo Joseph Kaminsky: “Agradéceselo a Cuba. Aquí he trabajado, pasado penurias... pero he conocido otra vida donde a nadie le ha importado en qué idioma hago mis rezos”. 

    En cualquier caso Herejes es una novela muy recomendable, tanto para quienes ya han asistido a anteriores correrías de Mario Conde como para los que no conozcan todavía al personaje. Además siempre servirá de acicate para leer otras obras de Padura en las que no aparece su célebre detective, como la excelente El hombre que amaba a los perros.

    ACTUALMENTE LEYENDO:  SHERLOCK HOLMES Y LA SABIDURIA DE LOS MUERTOS (Rodolfo Martínez)

    domingo, 17 de agosto de 2014

    EL LABERINTO DE ORO (Francisco J. De Lys)



    EL AUTOR

    Francisco J. de Lys (Barcelona, 1958) es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona. Profundo conocedor de los entresijos históricos y culturales de su ciudad, es en la actualidad, editor de un plano-guía centrado en la Ruta del modernismo barcelonés. Autor polifacético, ha publicado libros de literatura fantástica. El Alfabeto de Babel es otra de sus novelas.



    EL LIBRO

  • Nº de páginas: 480 págs.
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • Editoral: S.A. EDICIONES B
  • Lengua: CASTELLANO
  • ISBN: 9788466646253

  • Callejon del Oro en la Ciudad de Praga


    En la noche de todos los santos, durante el transcurso de una cena de gala en el Gran Teatro del Liceo, el arquitecto Gabriel Grieg es conminado a saldar una deuda que había contraído con un decrépito anciano. Con profundo estupor constata que el contrato que firmó enmascaraba entre sus cláusulas un delirante pacto con el diablo.

    Para intentar saldar su deuda, Grieg se aliará con una cautivadora y misteriosa mujer llamada Lorena, que está empeñada en encontrar una portentosa joya cuyo valor radica en el material de que está fabricada, al parecer auténtico oro alquímico. Sin embargo, hay algo más: la joya tiene relación con una serie de asesinatos en serie perpetrados por un monje bibliómano en la Barcelona del siglo XIX.

    "El laberinto de oro" oculta entre sus páginas un maravilloso secreto y nos conduce hacia un lugar donde los mitos y la Historia, el plomo y el oro, la vida y la muerte parecen fundirse en un territorio ignoto en el que es ilusorio pretender no sentirnos fascinados por su embrujo.

    IMPRESION PERSONAL

    Segunda entrega de las aventuras de Gabriel Grieg. En esta ocasión, tras haberle sido reclamado el pago de una deuda que había contraído en un misterioso pacto con un oscuro personaje, Gabriel se ve inmerso, junto con Lorena, su enigmática compañera de viaje en esta aventura, en la búsqueda de un objeto directamente entroncado con el oro alquímico que, supuestamente se había producido en Barcelona siglos atrás. En esta búsqueda, guiada por una senda marcada por simbólicas monedas, Gabriel y Lorena se internan en un peligroso juego por las callles de Barcelonaen el cual, los pactos demoníacos acechan por todas partes, sabiendo que sus vidas están en peligro si no encuentran el preciado objeto que persiguen.

    La Torre Colon, junto al Puerto de Barcelona, lugar donde empieza la trama en sí misma


    La primera impresión tras afrontar la lectura parece concluir que segundas partes nunca fueron buenas pues, la novela tarda más en alcanzar el ritmo trepidante de su antecesora en la saga “El alfabeto de babel”. Además, pueden resultar un poco pesadas las excesivas alusiones a lugares de Barcelona (para alguien que no es de esta ciudad), en ocasiones totalmente artificiosas, lo cual no desmerece el gran trabajo de documentación realizado por el autor al respecto. Asimismo, las excesivas alusiones simbólicas pueden dejar un poco despistado al lector.

    Sin embargo, a medida que transcurre el relato, éste se va haciendo más interesante e intrigante, creciendo en intensidad hasta el final, momento en el cual el lector puede pensar (como fue mi caso) que se ha perdido algo. Y es que la intrincada trama tejida por el autor llega hasta un nivel que, si no has estado atento a todos los pequeños detalles que la obra ha ido tejiendo desde su inicio, te resulta complicado comprender en su totalidad el desenlace. Esto supone un gran problema si escuchas la obra en vez de leerla, ya que resulta complicado rescatar los pasajes que contienen aquellos detalles que se pudieron haber pasado por alto. La consecuencia de todo ello es tener que releer parte de la obra.

    Fachada Principal de Liceo, Barcelona


    La mejor síntesis de la esencia de la nueva novela de Francisco J. de Lys la dice el protagonista del libro en un momento dado, cuando está manteniendo una conversación haciéndose pasar por escritor para conseguir información precisa para su libro: “Lo sé. Piense usted que en una novela todo es posible… El lector se presta al juego, pero agradece que previamente te hayas esmerado en la documentación, eso sí, sin llegar nunca a abrumarle a base de datos y más datos”. Pues, con esas, estamos ante una novela que, además de entretener, que sin duda es algo primordial en un libro, nos enseña, y de qué manera. Así, las casi 500 páginas de la novela vuelan de nuestras manos.
     
    Y uno intuye que eso es debido, no solo a la historia que nos cuenta el autor, sino también a cómo nos la presenta: a base de capítulos cortos, rápidos e intensos, algo que les da un sentido fílmico apreciable y que dota a la trama de una agilidad imparable. El argumento: Estamos en la noche de Todos los Santos y en el Gran Teatro del Liceo, en pleno corazón de Barcelona, el arquitecto Gabriel Grieg es conminado a saldar una deuda contraída con un decrépito anciano que él daba por muerto. Cuando vuelve a tener en sus manos el contrato firmado aquella lejana noche, comprueba con estupor que una de las cláusulas encerraba un extraño pacto con el diablo.
     
    Para intentar saldar esa extraña deuda, el arquitecto tendrá que unirse con una mujer llamada Lorena, empeñada en encontrar una joya fabricada con oro alquímico que a la vez se relaciona con unos asesinatos cometidos por un monje barcelonés del siglo XIX. Francisco J. de Lys recrea la Barcelona pasada y la actual perfectamente haciendo que los escenarios sean parte activa de la trama (no en vano es editor de una guía centrada en la ruta del Modernismo barcelonés, algo que le ha permitido conocer profundamente los arcanos históricos y culturales de la ciudad, para posteriormente usarlos en sus novelas).
     
    Iglesia de Santa Maria del Pi, en el Barrio Gótico, de gran trascendencia en el libro
     
     
    Paso a paso los protagonistas, Gabriel y Lorena, irán descubriendo pistas. Él utilizará su capacidad deductiva y Lorena su conocimiento sobre temas ocultistas para hacerse con la preciada joya y conocer la fórmula para la creación del famoso oro alquímico. Hay que decir que desde la primera página del libro sabemos cuál será el desenlace, pero J. de Lys retiene un as bajo su manga, que solamente mostrará en la recta final de la historia. Esta parte de las pistas y resolución de enigmas es lo más flojo del relato, ya que resulta inconexo, excesivamente críptico y sobre todo, nada creible.
     
    Así pues, se trata de un libro muy recomendable pero demasiado complejo en su desenlace, recordando a aquellas películas cuyo final te hace ejercitar las neuronas para poder atar todos  los cabos.

    ACTUALMENTE LEYENDO:  HEREJES  (Leonardo Padura)

    lunes, 11 de agosto de 2014

    EL DRUIDA (Morgan Llywelyn)



    EL AUTOR

    Morgan Llywelyn es una escritora neoyorquina, de 62 años, hija de irlandeses y actualmente nacionalizada irlandesa y residente en Dublín. Especializada en novela histórica y en fantasía histórica, centrada sobre todo en el mundo celta, su obra viene avalada por varios premios y por la venta de más de 40 millones de ejemplares. Podríamos destacar desde ‘Lion of Ireland’ hasta la recientísima ‘Brendan’ (sobre San Brendan el navegante), pasando por ‘Red Branch’ y ‘Finn Mac Cool’, entre otras. No quisiera olvidar su ciclo contemporáneo: ‘1916’, ‘1921’, ‘1949’, ‘1972’ y ‘1999’, donde narra en forma novelada desde la rebelión irlandesa hasta el surgimiento del Tigre Celta y el Acuerdo de Viernes Santo. Se ha adentrado también en ensayos históricos, como ‘Ireland: A Graphic History’ y ‘The History of Irish Rebels’, donde repasa con breves biografías a los más importantes líderes rebeldes (Theobald Wolfe Tone, Robert Emmet, Daniel O’Connell, James Connolly, Constance Markievicz, James Larkin, Patrick Pearse, Michael Collins, Bobby Sands y Gerry Adams, entre otros muchos).



    Su único libro traducido al español ha sido ‘Druids’: ‘El druida’ (Martínez Roca, 2000).

    EL LIBRO

  • Nº de páginas: 608 págs.
  • Editorial: MARTINEZ ROCA
  • Lengua: CASTELLANO
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • ISBN: 9788427033627
  • Año edición: 2002
  • Plaza de edición: BARCELONA
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    Ainvar, guardián del Bosque Sagrado y jefe druida, guía a los galos en la lucha contra la colonización romana. Su antiguo rival, el príncipe guerrero Vercingetórix, se convierte en su aliado y lidera esta insurrección contra el procónsul romano Julio César, ávido de anexionar la legendaria civilización gala a su imperio. Con él colaboran mercaderes ambiciosos y jefes tribales corruptos. La inicial aparición de pacíficas factorías romanas en la zona pronto se tiñe con batallas sanguinarias, asedios a ciudades, conspiraciones, asesinatos, sacrificios humanos y subastas de prisioneros. La profunda entrega del druida a la causa de su pueblo se combina con la devoción por la naturaleza y un fuerte instinto de protección del modelo poligámico. Por sus apasionados brazos pasan tanto princesas como esclavas. Una novela intensa y rigurosa donde los valores sublimes de un pueblo amante de la naturaleza chocan con la realidad de la guerra, la traición, el asesinato y los sacrificios rituales.
     
    IMPRESION PERSONAL
     
    El druida es una novela histórica-fantástica donde se mezcla ambos géneros, escrita por Morgan Llywelyn,  especialista en cultura celta. Ainvar, el protagonista, es desde el comienzo una persona predestinada cuando su abuela es sacrificada en un ritual mágico. Es instruido por el jefe de druidas Menua y rápidamente comenzará su carrera al frente de su tribu, tras pasar el rito de iniciación.
     
    Se recrean dos civilizaciones antagónicas, la romana y la celta, y los conflictos territoriales y luchas de poder.
     
    Con una sólida base histórica, este relato describe verazmente la cultura celta, pese a que la memoria de este pueblo procede de la transmisión oral y de los documentos escritos por sus enemigos, como por ejemplo los “Comentarios a la guerra de las galias” de Julio César.
     
    La Galia, en el año 60 A.C.
     
     
    Es admirable la clarividencia de Morgan Llywelyn para reconstruir la forma de vivir, pensar y sentir de los pueblos de la Galia, es complicado que la precisión histórica que haya logrado el escritor sea elevada fundamentalmente porque las tribus galas y sus druidas no dejaban constancia escrita de sus vivencias; en realidad la reconstrucción del periodo del escritor es muy valiosa por la dificultad de reconstruir este periodo utilizando los sesgados retazos escritos por los romanos sobre los galos, logrando desarrollar coherentemente las vivencias de un pueblo probablemente menos retrasado y salvaje de lo que han dejado constancia los autores de la época; en general podríamos decir que El Druida nos muestra de manera fidedigna quienes eran los buenos y quienes los malos algo que en otras lecturas sobre el conflicto puede no ser tan evidente, en esta novela vemos un pueblo que luchaba simplemente por su libertad y otro que lo hacía por las ansias de poder y fama de sus dirigentes que invadieron la Galia matando, destruyendo, violando y esclavizando a sus habitantes.
    Aunque el protagonista principal de la novela es Ainvar el druida y la novela tiene muchas páginas dedicadas a desarrollar su historia y la influencia del poder druídico en el enfrentamiento contra los romanos, podría decirse que la parte principal de la historia la constituye el enfrentamiento entre Julio Cesar y Vercingetorix, en cómo este ultimo logro unir (con la ayuda de Ainvar) a pueblos enfrentados contra un enemigo común y la lucha fratricida entre ambos generales que tendrá su punto culminante en el asedio de Alesia, la más brillante muestra del genio como estratega Julio Cesar.
     
    Vercingetorix se rinde ante Julio César, tras el sitio de Alesia
     
     
    El resumen de la contraportada termina con una crítica del Publishers Weekly:

     "Esta muy atractiva evocación de la cultura celta narra la guerra de las Galias, de Julio César, desde la perspectiva de los vencidos...Morgan Llywelyn traza un retrato imaginativo y vívido de los rituales de los druidas y de sus estrechos vínculos con la naturaleza, y describe fielmente la vida cotidiana de los celtas".
    Lo he recogido porque me parece exacto. Me fascina todo lo relativo a los druidas, y este libro me resultó especialmente descriptivo.
     
    ACTUALMENTE LEYENDO:  HISTORIAS DE PADRES E HIJOS  (Manuel Vázquez Montalbán)

    lunes, 4 de agosto de 2014

    REQUIEM ALEMAN (Philip Kerr)





    EL AUTOR

    Philip Kerr (Edimburgo, Escocia, 1956) es un escritor británico.

    Estudió en la universidad de Birmingham y obtuvo un máster en leyes en 1980; trabajó como redactor publicitario para varias compañías, entre ellas Saatchi & Saatchi, antes de consagrarse definitivamente a la escritura en 1989 con Violetas de Marzo (March Violets), obra con la que inició una serie de thrillers históricos ambientados en la Alemania nazi conocida como "Trilogía berlinesa" (también llamada "Berlin Noir"), protagonizada por el detective alemán Bernhard "Bernie" Gunther.



    El resto de su obra suele ser novela negra o policíaca, y se ambienta en distintas épocas, incluso futuras, como por ejemplo Una investigación filosófica (A Philosophical Investigation). En 2009 obtuvo el III Premio RBA de Novela Negra, el de mayor dotación de su especialidad (125.000 euros), por Si los muertos no resucitan, cuya historia transcurre en un Berlín en pleno apogeo del nazismo, poco antes de las Olimpiadas y la II Guerra Mundial. Este título forma parte de la "serie Bernie Gunther".

    Además de escribir para el Sunday Times, Evening Standard y New Statesman, ha publicado novelas orientadas al público juveniles, firmadas bajo el nombre de P. B. Kerr, en la serie "Los hijos de la lámpara" (Children of the Lamp), como El enigma de Akenatón, La Djinn Azul de Babilonia o La cobra rey de Katmandú.

    Vive en Londres con su mujer, la escritora Jane Thynne, y sus tres hijos.

    EL LIBRO

  • Nº de páginas: 448 págs.
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • Editoral: RBA LIBROS
  • Lengua: CASTELLANO
  • ISBN: 9788498676662



  • Ya ha acabado La Segunda Guerra Mundial, nos encontramos en 1947, algunos jerifaltes nazis se han suicidado como Himmler, otros buscan cambiar de identidad e incluso colaborar con los americanos como espías. Berlín está dividido en cuatro, en manos de americanos, británicos, franceses y rusos (o ivanes como les llama Bernie).

    Bernie se traslada a Viena a resolver un caso que lo tendrá en esa ciudad una larga temporada. Debe demostrar que un tal Becker no es el asesino de un americano. La cosa pinta mal porque todo apunta sobre Becker. Austria también sufrió las consecuencias de los bombardeos y Viena sin llegar a los límites de Berlín (..”comparada con Berlín, Viena tenía un aspecto más limpio que el escaparate de un enterrador…”) expone también sus heridas de guerra. Curioso es el comienzo del libro donde un equipo de rodaje quiere rodar una película sobre los estragos de la película, en Viena, y donde las obras de reconstrucción que se van a llevar a cabo les supone todo un problema.

    En su investigación Bernie entrará en contacto con los americanos, con gente de la que uno no sabe nunca bien para quien trabaja, como en el caso de Belinsky, compañero de andanzas, pues todos parecen ser agentes dobles o triples. Bernie ahora está casado con Kirsten, si bie la cosa no parece pintar muy bien, pues esta no es reacia a hacerle un francés a un americano ni un griego a un británico.

    IMPRESION PERSONAL

    Réquiem alemán es la novela con la que Philip Kerr cerró en 1991 la, entonces, trilogía Berlín Noir.

    Una serie que retomaría quince años más tarde y que verá  2011 aparecer su séptima entrega:
    “Gris de campaña” (o “Gris militar”, que no encuentro fuentes que coincidan).

    Lo primero que se hace notar es su escasa continuidad respecto a Violetas de marzo y Pálido criminal, fruto de la voluntad de Kerr por no quedar estancado en otra historia policiaca con nazis en el Berlín de preguerra. De hecho, corta por lo sano y traslada la acción hasta finales 1947, hacia un Berlín desolado donde la tensión entre los dos grandes bloques están a punto de “descorchar” la guerra fría. Entre las ruinas físicas y psicológicas de un país y una ciudad en plena bipartición, un oficial de la MVD (el post NKVD y pre KGB), el coronel Poroshin, contacta con Bernie Gunther para que investigue el asesinato en el que se ha visto involucrado Emil Becker; un antiguo compañero en la Policía Criminal de Berlín, especialista todo tipo de trapicheos, detenido como presunto asesino de un oficial estadounidense en Viena. Pese a sus dudas iniciales, Gunther acepta e inicia una investigación que le trasladará hasta la capital austriaca. Un escenario que, la verdad, conocemos muy bien.

    Durante más de la mitad de su extensión, Réquiem alemán evoca el recuerdo que tiene el lector de El tercer hombre, ya sea a través de la novela o, más (por su tremendo poder visual), de la adaptación que Carol Reed hizo poco después. No es sólo que Kerr se mueva por los mismos escenarios del submundo vienés y que estos fuesen bien capturados por ambos clásicos. Hay escenas que remiten, directa o indirectamente, a ella: una visita de Gunther al cementerio de la ciudad, esos paseos nocturnos por calles en penumbra absolutamente vacías, el sonido de la cítara en los clubes, la necesidad de penicilina… Incluso en varios momentos de la narración se alude a unos productores ingleses que preparan la grabación de una película en la ciudad.

    Una muleta destinada a dar mayor verosimilitud a la ficción.

    La Ringstrasse, bulevar circular que rodea la ciudad de Viena


    Independientemente de esto, el gran acierto de Réquiem alemán está en lo bien que se mueve Kerr entre la novela negra y el thriller de espías menor. Un terreno ideal para relatar la descomposición de una Alemania que purga los males del nazismo, apesadumbrada por las atrocidades que había cometido y en pleno proceso de reacción ante las que (también) se habían cometido contra ella. Y, sobre todo, para poner negro sobre blanco el nacimiento del nuevo orden mundial. La desaparición de la “claridad” que había conducido a la Segunda Guerra Mundial para embarcarse en un proceso más borroso y velado donde los nazis eran algo más que unos criminales a los que castigar (quizás una posible ayuda contra la creciente amenaza “roja”). La génesis de una (nueva) ambigüedad moral que reinaría en las relaciones internacionales durante cuatro décadas, hasta que fue reemplazada por una nueva ética (tan o más turbia).

    Se disfruta viendo a un Bernie Gunther que mantiene su integridad, cinismo y sensibilidad habituales en un ambiente todavía más hostil al de las dos primeras novelas. A sus consabidos problemas con las viciadas estructuras nazis (no debería haberlo escrito, pero hay un spoiler a lo “habéis matado a…” en el texto de la cubierta trasera) y los criminales de diversa estopa, aquí debe sobrevivir a un clima postbélico depresivo y unos compañeros de reparto de lo más escurridizos con los que el cinismo, la hipocresía y el verbo afilado ya no bastan para salvar el día. De hecho, todavía más sobrepasado por los acontecimientos, Kerr necesita de una conversación final con el mago que mueve los hilos para poner al día a Bernie de todo lo que no ha sido consciente, que no es poco. Un recurso narrativo incómodo que acentúa la sensación de indefensión del personaje.

    Pequeño y pintoresco pueblo de Grinzing, a las afueras de Viena, donde transcurre la parte final de la novela


    Al igual que en las novelas precedentes, el autor busca exculpar al pueblo alemán de las atrocidades cometidas por los nazis, cuyos máximos dirigentes (Hitler, Goering, Himmler, Heyndrich) son mencionados con bastante frecuencia. También habla de algunos casos de corrupción en las filas de los bandos vencedores, como si quisiera dejar en claro que no todo es siempre blanco o negro. Encontré esta novela algo menos ágil que las precedentes, por momentos quería llegar ya al final.

    En la trama de la novela se involucra a un alto jerarca nazi (el jefe de la Gestapo, Heinrich Müller), que desapareció en los últimos días de la guerra, pero al no encontrarse su cuerpo, su muerte sigue hoy envuelta en el misterio.

    ACTUALMENTE LEYENDO:  EL DRUIDA  (Morgan Llyvelyn)


    martes, 29 de julio de 2014

    LA MARCA DEL MERIDIANO (Lorenzo Silva)



    EL AUTOR

    Lorenzo Manuel Silva Amador nació el 7 de junio de 1966 en un edificio hoy demolido del antiguo hospital militar Gómez Ulla, en el barrio de Carabanchel de Madrid.
    Estudió Derecho en la Universidad Complutense y ejerció  como abogado, tras pasar un año como auditor de cuentas y otros dos como asesor fiscal en una firma multinacional, pero a finales de los noventa decidió  colgar la toga y dedicarse de lleno a la literatura.

     Lorenzo Silva es hijo y nieto de militares. Ambas circunstancias permiten suponer que su conocimiento interno del funcionamiento de la Benemérita será bastante más amplio que el de la mayoría de los lectores.




    Desde que iniciara su dedicación a la literatura,  ha cultivado diferentes géneros:
    Novela:

    La flaqueza del bolchevique (finalista del Premio Nadal 1997).
    Noviembre sin violetas.
    La sustancia interior.
    El urinario.
    El ángel oculto.
    El nombre de los nuestros.
    Carta blanca (Premio Primavera 2004)
    Niños feroces.
    Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia.
    El cazador del desierto.
    La lluvia de París.
     

    Y, por supuesto, la serie de novela policíaca protagonizada por los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro:

    El lejano país de los estanques, 1998 (Premio Ojo Crítico 1998).
    El alquimista impaciente, 2000 (Premio Nadal 2000).
    La niebla y la doncella,2002
    Nadie vale más que otro, 2004
    La reina sin espejo 2005.
    La estrategia del agua, 2010
    La marca del meridiano, 2012. (Premio Planeta 2012)

    Relatos:
    El déspota adolescente.

    Libro de viajes:
    Del Rif al Yebala. Viaje al sueño y la pesadilla de Marruecos.

    Libro-reportaje:
    Al final, la guerra, junto a Luis Miguel Francisco

    Ensayo:
    El Derecho en la obra de Kafka.
    Sereno en el peligro. La aventura histórica de la Guardia Civil (Premio Algaba de Ensayo).

    Su obra ha sido traducida al ruso, francés, alemán, italiano, griego, catalán y portugués.

    Como guionista de cine, ha escrito junto a Manuel Martín Cuenca la adaptación a la gran pantalla de la novela La flaqueza del bolchevique.


    EL LIBRO

      
  • Nº de páginas: 400 págs.
  • Encuadernación: Tapa blanda bolsillo
  • Editoral: PLANETA
  • Lengua: CASTELLANO
  • ISBN: 9788408119128

  • El cadáver de un subteniente en reserva de la Guardia Civil es encontrado colgado de un puente en la provincia española de La Rioja, con evidentes signos de tortura. El caso es asignado a un equipo de la Unidad Central, con sede en Madrid, a cargo del brigada Rubén Bevilacqua y que cuenta con la ayuda de la sargento Virgina Chamorro y del guardia Juan Arnau.

    Bevilacqua -o Vila, para los interlocutores que encuentran difícil pronunciar su apellido- había trabajado a las órdenes de Robles varios años atrás, en Barcelona, donde este último residió hasta su muerte. Por ello la investigación lo involucra en forma personal, de lo que sus superiores y subalternos son conscientes.

    El nudo de La marca del Meridiano se enreda cuando, luego de revisar el escenario del crimen y coordinar acciones con los funcionarios de la guardia civil locales, la investigación lleva al grupo de Bevilacqua a la capital catalana. La conversación con la viuda, Consuelo, y el seguimiento de las cuentas de Robles, les llevan a la conclusión de que este prestaba ciertos servicios de vigilancia y custodia de dinero para el crimen organizado.

    Paralelamente, Bevilacqua es contactado por el agente López, de la Unidad de Asuntos Internos, quien lo involucra en una investigación sobre un grupo de guardias civiles corruptos, encabezado por el sargento Julio Salazar, uno de las últimas personas en hablar por teléfono con Robles, y quien se convierte en sospechoso del asesinato.

    Las pistas los llevan un escalón más arriba, hacia una organización de trata de blancas, cuya cabeza visible es Antonio Serret, quien funge como testaferro de una mafia internacional de mayor envergadura. Una joven prostituta, Lucimarra, que trabaja bajos sus órdenes, resulta ser la amante de Robles. Su pista da lugar a la posibilidad de descubrir a los autores directos del crimen.

    Sin embargo, la captura in fraganti de Salazar y de Serret, en sendos operativos llevados a cabo casi paralelamente, y sus posteriores interrogatorios, arrojan un resultado inesperado, respecto a quién realmente asesinó a Robles. En este caso, el pasado ha regresado para cobrar viejas deudas. Aclarar más sería arruinar la lectura de La marca del meridiano a quienes deseen disfrutar de sus páginas.

    IMPRESION PERSONAL

    La marca del meridiano es una novela policíaca de la serie protagonizada por los guardias civiles Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro que, como el resto de títulos, se puede leer de forma independiente. Estamos ante una historia que trata temas de la mayor actualidad y en la que el protagonista se verá implicado a nivel personal en una trama que le llevará a enfrentarse a fantasmas de un oscuro pasado.La serie de Bevilacqua, Vila, ha ido creciendo en complejidad de tramas y personajes con cada título hasta llegar a tocar techo con esta novela en la que el autor nos ofrece un crimen brutal, una investigación complicada con varias ramificaciones y una trama que se desarrolla a finales del año 2011 y nos llevará por escenarios actuales como el cese de la violencia anunciado por ETA, la muerte de Gadafi, la crisis, la corrupción, el conflicto nacionalista en Cataluña y, por encima de todo, la constatación de que el verdadero cimiento de una sociedad es el crédito, no económico, sino moral. Vila se comprometerá con la misión de restablecer este crédito a los ojos de la sociedad y de sí mismo.

    Representación del meridiano de Greenwich a su paso por España, circunstancia con la que juega el autor para representar la división entre Cataluña y el resto de España


    Vila tiene 48 años y se ha convertido ya en un viejo zorro que lleva más de 20 años investigando homicidios y ha superado una complicada temporada en la que se había planteado pedir la baja en el cuerpo. Después de un tiempo a la deriva había conseguido el equilibrio emocional, con el tsunami de un divorcio superado y su hijo en la universidad, ahora se mantenía con dignidad con su sueldo de funcionario, consciente de que no podía quejarse viendo la situación precaria del país. En ese momento de su vida no tenía grandes ambiciones, procuraba hacer su tarea lo mejor que sabía sin grandes sobresaltos, había aprendido a ser agradecido con lo que tenía y a no llorar por lo que pudo haber sido y no fue.

    Pero su vida se verá sacudida y puesta patas arriba con la muerte de Robles, un subteniente guardia civil retirado, que fue su amigo y maestro cuando ingresó en el cuerpo. Robles ha sido brutalmente asesinado en lo que parece una venganza del crimen organizado. Su implicación personal con la víctima le tendría que haber llevado a no dirigir la investigación, pero aceptará el caso llevado por un extraño sentimiento, “a veces, uno necesita afrontar justo ese desafío que no le conviene ni le corresponde, porque lo que le pide el cuerpo es enfrascarse en algo que ayude a descolocar la vida, sacudirla y ponerla un poco al revés”. Los deseos de Vila se verán cumplidos, aunque no del modo que preveía.

    Vila se asomará al abismo de la vida secreta de Robles, acompañado de su inseparable compañera, la sargento Chamorro, y el joven agente Arnau, que se unió al equipo en la anterior investigación. Vila y Chamorro llevan trabajando junto más de 15 años y han conseguido un alto grado de intimidad, han aprendido a conocerse y respetarse, se conocen tan bien que parece que ya nada podría sorprenderlos al uno del otro, pero esta investigación dará un vuelco a esta situación.

    El asesinato de Robles destapa una trama de corrupción policial que les lleva hasta Barcelona, lugar donde el protagonista estuvo destinado al comienzo de su carrera y que provocará en él sentimientos encontrados, allí fue feliz y también desgraciado, pero se niega a recordar hechos dolorosos, aunque la realidad le obligará a enfrentarse a ellos.

    La trama policial se sigue con interés y el autor demuestra sus sólidos conocimientos del sistema policial y judicial. Pero en esta novela destaca por encima de todo la relación entre Bevilacqua y Chamorro, en una tensión constante entre dos compañeros que se aprecian y respetan, pero en la que uno esconde secretos y la otra intuye que le está ocultando algo.

    Arco representativo del cruce del meridiano de Greenwich, en la autovía entre Zarargoza y Barcelona

    La marca del meridiano es también una intensa historia de amor y redención, además del retrato de la miseria moral y la corrupción social y policial y de una invitación a entenderse entre las diferentes Comunidades Autónomas, especialmente entre Madrid y Cataluña, separadas por la línea virtual del meridiano de Greenwich, que simboliza una época de malentendidos y desencuentros.

    En esta novela Lorenzo Silva trata de mostrarnos más en detalle el interior de la guardia civil: su funcionamiento, sus interrelaciones y, sobre todo, los métodos modernos de investigación criminal, con la intercepción de mensajes de móviles e incluso de las redes sociales.

    También destaca el asunto de la rivalidad o las diferencias entre la España central (la madrileña y castellana, especialmente) con Cataluña, y las tribulaciones que implica coordinar la labor entre una policía nacional y otra autonómica. De hecho, el título de la novela se refiere a la señal que distingue el paso imaginario del meridiano de Greenwich y que, de alguna forma, divide a Cataluña del resto occidental de la península ibérica.

    Sin embargo, estos dos aspectos son sólo la puesta en escena para algo más importante, que se ha convertido en parte esencial de la novela policiaca moderna: la lucha personal de su protagonista por mantener bien delimitada esa “marca del meridiano” entre el bien y el mal, sobre todo en su actitud y comportamiento propios.

    En La marca del meridiano resalta, en consecuencia, el remordimiento por sus acciones pasadas, que de alguna forma terminan pasando factura. Bevilacqua, como la mayoría de los personajes de este tipo de narrativa, no es un supermán ni un santo, sino un hombre común luchando contra sus propios fantasmas.

    Lorenzo Silva utiliza en esta novela la narración en primera persona, de manera exclusiva; aunque de forma directa, no como un diario o a través de reportes. Así, el brigada Bevilacqua nos va contando los acontecimientos a medida que van sucediendo. No hay “flashbacks” ni saltos del pasado al presente.

    Además de reflexiones personales del protagonista -concisas y claras- contiene, además, bastantes diálogos entre los personajes. La novela está escrita en una prosa sencilla, muy fácil de leer, sin por ello convertirse en sosa o de baja calidad literaria, aunque no encontremos tampoco párrafos memorables.

    Por otro lado, en La marca del meridiano Lorenzo Silva teje el hilo de los acontecimientos en forma plácida, sin un vuelco impresionante en sus desenlaces que nos pudiese producir un infarto o un ataque de nervios. Esto hace de la historia algo mucho más creíble y verosímil que las de otras novelas policiacas.

    En definitiva, estamos ante una novela policíaca que va más allá del simple entretenimiento y nos invita a reflexionar sobre la naturaleza del ser humano o, lo que es lo mismo, de nosotros mismos. Una historia en la que el autor afirma haber puesto mucho de sí mismo, de sus propios amores y odios, y eso es algo que se transmite a través de la intensidad de sentimientos y emociones que experimentan sus protagonistas.

    ACTUALMENTE LEYENDO:  REQUIEM ALEMAN  (Philip Kerr)


    LA TRAICION VENECIANA (Steve Berry)



    EL AUTOR

    Steve Berry es un escritor estadounidense nacido en el año 1955. Tras estudiar sus estudios secundarios en un colegio católico, cursó la carrera de Derecho en la Escuela Walter F. George de la Universidad de Mercer, ubicada en Macon, estado de Georgia.
     
     
     
    Debutó como novelista con “La Habitación De Ámbar” (2003), intriga histórica sobre la búsqueda de unos valiosos paneles de ámbar pertenecientes a la época de los zares de Rusia que fueron robados por los nazis cuando invadieron la Unión Soviética.

    En “La Profecía Romanov” (2004) fabulaba con una vuelta del zarismo a Rusia tras la caída del comunismo, la inhumación de los restos del zar Nicolás II y su familia, y el descubrimiento de la falta de dos de los cadáveres de los hijos del mandatario ruso.
       
    En “El Tercer Secreto” (2005) indagaba en los mensajes de la Virgen de Fátima.
    Después de estas novelas Berry centró su obra en la figura de Cotton Malone, un ex agente secreto que se introduce en diversas intrigas de carácter histórico. La primera fue “Los Caballeros De Salomón” (2006), con los templarios en primer plano.

    Más tarde publicó “La Traición Veneciana” (2007), con Malone enfrentado a una amenaza biológica, “La Conexión Alejandría” (2007), sobre la famosa biblioteca de Alejandría, “The Charlemagne Pursuit” (2008), la búsqueda de un submarino que le lleva a la Antártida, y "El Club de Paris", “The Paris Vendetta” (2009).

    EL LIBRO


  • Nº de páginas: 440 págs.
  • Encuadernación: Tapa dura
  • Editoral: PLANETA
  • Lengua: CASTELLANO
  • ISBN: 9788408087793

  • El 13 de junio del 323 a.C., después de conquistar Persia, Alejandro Magno murió a causa de una  extraña fiebre. En su tumba yace escondido un secreto que ha atraído desde entonces tanto a  arqueólogos como a cazadores de fortunas. Hay quien mataría por averiguar el secreto del poder  de Alejandro Magno

    Cotton Malone, un ex-agente del gobierno americano, se verá sumergido en un enrevesado juego de  ajedrez geopolítico. La cuenta atrás ha empezado. La suerte de millones de personas depende de  quién halle primero la tumba de Alejandro Magno, de la que no se tiene rastro desde hace más de  1.500 años.

    Malone, que ha sobrevivido al incendio de un museo en Dinamarca, es avisado por su amiga la  aventurera Cassiopeia Vitt que el incendio es parte de una serie de atentandos que se están  llevando a término por toda Europa. Mientras tanto se acaba de crear una unión de repúblicas  ex-soviéticas, que está liderada por una desalmada mujer con acceso a un gran arsenal de armas  biológicas, cuyo antídoto es un suero milagroso que
    está enterrado junto al cadáver de Alejandro  Magno.

    El ex-agente convertido en librero Cotton Malone junto a su amiga Cassiopeia deberán encontrar  la tumba.
    "La traición veneciana" nos llevará desde Copenhague hasta Amsterdam, Venecia o Samarcanda en un  viaje emocionante de siete días, el plazo para cambiar el curso de la historia.

    IMPRESION PERSONAL

    El libro es el tercero de la saga Cotton Malone, pero eso carece de importancia, ya que cada uno de los títulos es autónomo y se puede leer independientemente, sin que la historia tenga nada que ver con las demás.

    Steve Berry no ganará el Nobel de Literatura, ni pasará a la historia por su calidad literaria. No es su estilo ni su talento lo que le ha aupado como uno de los escritores más leidos en los últimos años. Sin embargo, y esto hay que reconocérselo, es un tipo que sabe contar muy bien las historias. Sus argumentos son atractivos, a veces repetitivos pero no se le nota demasiado, y enganchan en cierto modo al lector. Ahí está la clave de su éxito.

    Asia Central en la actualidad, en la novela de Berry los cinco estados que la componen, se encuentran unidos en una Federacion


    El libro está contado por diferentes personajes ya que hay varias localizaciones: Copenhague, Venecia, Ámsterdam, Samarkanda.... Al principio es un poco lento, pero a la vez te va enganchando poco a poco hasta que llega un momento en que no puedes parar de leer. Primero por saber en dónde se encuentra el cuerpo de Alejandro Magno y otra por saber que es lo que esconde, y ya veréis que es de suma importancia para la humanidad. Aunque se toma varias licencias a la hora de narrar hechos históricos (que creo necesarios para poder llegar a ese final), está muy bien narrado. Es muy interesante ver cómo todo va encajando y los personajes van interaccionando. Además aunque el final era previsible, te deja la sensación de que la lectura ha merecido la pena (y tanto) y que en general es un buen final. Yo al principio pensaba que sería un tostón en el que meterían demasiada historia cuando en realidad venden una novela de aventuras, ya que considero que para eso me leo una novela histórica con mayor rigor histórico, pero me llevé una grata sorpresa. Es verdad que el relato de sucesos históricos está presente pero como lo va conectando con la narración de la novela y no lo suelta todo de golpe se hace muy ameno.Por sacarle algún punto débil, si es que se le puede denominar así, es que pasas de una localización a otra de manera rápida, pero creo que es esencial para el transcurso de la historia.


    Antigua y moderna ciudad de Samarcanda, donde Berry situa la capital de la Federación de Asia Central


    Los personajes son, básicamente, los mismos de los títulos anteriores de la serie. Es de resaltar, sin embargo, la irrupción de uno nuevo, la malvada Irina Zovastina. Se trata de la Primera Ministra de un estado emergente, resultante de la unión de las antiguas republicas ex soviéticas de Kazajstán, Uzbekistán, Turkmenistán, Kirguistán y Tayikistán, ahora unidas en la ficción de la novela, lo que les proporciona un potencial enorme habida cuenta sus recursos naturales y su delicadísima situación geoestratégica. Esto unido a la inteligencia y tremenda ambición de Zovastina, junto a su desmesurado interés por el pasado griego y su pasión por las armas bacteriológicas y gran interés por eliminar a los elementos islamistas tanto de su país como de los limítrofes (Iran, Afganistán y Pakistan), conforman la base nuclear de la trama del presente libro.

    Interesante en definitiva. No desmerece en absoluto a los restantes títulos de la serie y no deja de ser una lectura amena, interesante y sobre todo, entretenida, sin mayores pretensiones.

    ACTUALMENTE LEYENDO:  LA CIMA DEL MERIDIANO  (Lorenzo Silva)

    lunes, 21 de julio de 2014

    FARENHEIT 451 (François Truffaut)





    EL DIRECTOR

    François Truffaut (1932-1984):

     Fue un director que mantuvo una relación amorosa con el cine, e intentó compartir ese amor con los espectadores en su filme La noche americana (1973), por el que obtuvo el Oscar a la mejor película en lengua no inglesa. Vivió una infancia tan infeliz y solitaria como la del héroe de su primer largometraje, Los cuatrocientos golpes (1959). Hijo único de padre desconocido. Pasó su primera infancia al cuidado de su abuela Cuando aún era adolescente, se convirtió en un activo organizador de cineclubes. Su primer desengaño amoroso culminó con un intento de suicidio y su deserción del servicio militar para no ser destinado a Indochina le llevaron a un internamiento temporal en prisión.



    Cahiers du Cinéma:
    Desde la revista se ganó la fama de ser el más cáustico de los jóvenes críticos franceses, el núcleo de la nouvelle vague. Dirigió sus ataques al cine convencional francés y ejerció una gran influencia en el desarrollo de la teoría de auteur, que exaltaba los trabajos de oscuros directores estadounidenses de serie B. Su célebre artículo Une certaine tendence du cinéma français (nº31, 1954), cuya publicación había sido retenida un año temiendo las posibles consecuencias, critica a guionistas y determinados directores consagrados. Incluye una crítica frontal a los guionistas de prestigio Aurenche y Bost, y a los realizadores Jean Delannoy, Christian-Jacque y Claude Autant-Lara.
     
    Los cuatrocientos golpes, como muchas de las obras noveles, es autobiográfico. Su héroe, el niño Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud), es el mismo niño incomprendido y traumatizado que fue Truffaut. A lo largo de su carrera volvió varias veces a su héroe reflejo y continuó la vida de Doinel pasando por la adolescencia y la vida adulta en varias películas. Léaud continuó interpretando el papel a medida que maduraba. Con su segundo largometraje, Tirad sobre el pianista (1960), reveló la otra cara de su personalidad, inspirada por sus directores estadounidenses preferidos. De nuevo volvió a cambiar el paso con Jules y Jim (1962), donde sacrificó la dinámica de la cámara por un estudio de los personajes. Su "esquizofrenia" artística se hizo evidente en sus posteriores películas. A lo largo de su carrera osciló entre las influencias de Renoir y Hitchcock. Humanista romántico como Renoir, fue también admirador de las habilidades de Hitchcock, a quien intentó emular en varios de sus thrillers.
     
    Su vida cambió absolutamente cuando, adoptado por Bazin, pasó a estar en función del cine. Sus romances con sus principales actrices le hicieron convertirse en habitual de la prensa del corazón, situación totalmente opuesta a la seria y discreta postura de Rivette o Rohmer. Su temprana muerte a los 52 años, de un tumor cerebral, contribuyó a fijar la imagen mítica que él mismo se esforzaba en construir.
     
    El amor a los veinte años (1962); Besos robados (1968); La sirena del Mississippi (1969); Diario íntimo de Adele H (1975); El amante del amor (1977); El último metro (1980); La mujer de al lado (1981); Vivamente el domingo (1982).

    LA PELICULA

    Fahrenheit 451 es una película de ciencia ficción dirigida por François Truffaut, estrenada en 1966 y protagonizada por Oskar Werner, Julie Christie, y Cyril Cusack. Está basada en la novela homónima de Ray Bradbury.

    Ficha técnica
    Dirección
    ProducciónLewis M. Allen
    GuionFrançois Truffaut
    Jean-Louis Richard
    Basada enFahrenheit 451 de Ray Bradbury
    MúsicaBernard Herrmann
    FotografíaNicolas Roeg
    MontajeThom Noble
    ProtagonistasOskar Werner
    Julie Christie
    Cyril Cusack
    Anton Diffring
    Ver todos los créditos (IMDb)
    Datos y cifras
    País(es)Reino Unido
    Año1966
    GéneroCiencia ficción
    Duración112 minutos
    Idioma(s)inglés
    Compañías
    ProductoraAnglo Enterprises
    Vineyard Film Ltd.
    DistribuciónUniversal Pictures
    Presupuesto$1.500.000.

     


    La película se sitúa en una sociedad posterior al año 1990, en donde la tarea de los bomberos ya no es la de apagar incendios (las casas de ese momento no son inflamables) sino la de quemar libros, ya que, según su gobierno, leer impide ser felices porque llena de angustia; al leer, los hombres comienzan a pensar, analizan y cuestionan su vida y la realidad que los rodea. El objetivo del gobierno es impedir que los ciudadanos tengan acceso a los libros, pues vela para que los ciudadanos sean felices, que no cuestionen sus acciones y rindan en sus labores.

    En este contexto se encuentra Guy Montag, un bombero que en principio no cuestiona estas leyes y está dispuesto a cumplirlas. En el correr de la película Montag conoce a una muchacha de 19 años, Clarisse McClellan, quien le cuenta que a ella y a su familia los tachan de "antisociales” porque piensan por sí mismos. Al principio, Montag la tacha de loca, pero es esa joven la que empieza a generar en él la duda sobre si verdaderamente es feliz, además de despertar su curiosidad sobre los libros que quema.

    Montag comienza a leer, y esto implica no sólo ir contra las leyes que antes no ponía en tela de juicio, sino que comienza a darse cuenta de la realidad que lo rodea, de la infelicidad en la que está inmerso.
    Montag, a partir de aquí, comienza a volverse en contra de lo que antes creía, desafiando a la ley en diversas ocasiones, y admirando la forma de vivir de Clarisse y su familia. La familia de Clarisse es arrestada, pudiendo ella escaparse. Tras un furtivo encuentro con Montag, donde le cuenta que se irá a vivir con los hombres-libro. Se trata de un grupo de personas que han logrado escaparse de la ley o huir antes de ser atrapados y, que para conservar los libros pero a su vez no cometer un delito por ello, se aprenden un libro. Curiosamente, su identidad pasa a ser la del libro: su nombre es sustituido por el título de la obra y su autor.

    Tras esto, Montag tiene varios desacuerdos con su esposa, quien está completamente absorbida por esa sociedad enfermiza. Tras pedirle a ésta que elija entre los libros y ella, ella decide denunciarle.
    Aún trabajando en el cuerpo de bomberos, Montag sale a hacer su trabajo y descubre que se dirige a su propia casa. Tras quemar casi todos los libros, Montag esconde uno, y tras incendiar su propia casa, logra escapar. Finalmente llega a donde están los hombres-libro, reencontrándose con Clarisse.

    "Fahrenheit 451" (equivalente a 233 °C) recibió ese título porque la novela menciona que a esa temperatura se quema el papel.

    IMPRESION PERSONAL

    Si ha habido un nombre influyente en la cinefilia mundial en el último medio siglo, ese ha sido el de François Truffaut. Y esta aportación capital la hizo desde la sencillez, alejada de los galimatías culteranos de otros colegas integrantes de la nouvelle vague. Aunque quizás alguien pediría una matización al respecto: ¿no sería más acertado invocar la figura de André Bazin, mentor, protector y sucedáneo de la figura paterna? Emparejados como Sócrates y Platón, maestro y discípulo encarrilaron una nueva forma de ver y entender el cine, intercambio que se vio truncado por la prematura muerte de André, el 11 de noviembre de 1958.

    El hombre que prefería el reflejo de la vida a la vida misma realizó esta su primera y última película en inglés en respuesta a una de sus pasiones más longevas y sentidas: los libros. «Films-libros, libros-films, tal es el engranaje de mi vida puesto que mi amor gemelo por los libros y por los films me ha llevado a rodar 'Jules et Jim', homenaje a un libro particular, o también 'Farenheit 451' que los engloba a todos.»

    Oskar Werner en su papel de bombero y un esplendido Cyril Cusack, en su papel de jefe del cuerpo de bomberos


    La fantasía original salió de la privilegiada testa de Ray Bradbury (Illinois, 1920), escritor especializado en la anticipación científica pre-ciberpunk, ya saben: mundos infelices progresivamente deshumanizados donde la tecnología se dedica a castrar emocionalmente al individuo. Las ocupaciones de este narrador de pesadillas han sido variopintas, desde que a los doce años decidiese que iba a escribir cada día no menos de cuatro horas: el mundo del teatro, la escritura de guiones cinematográficos, para la radio y televisión... Yo estaría por recomendarles directamente sus poesías, pero los que de esto entienden señalan como señeros (amén de su Farenheit 451 (1953)), Crónicas marcianas (1950), Leviatán 99 (1966) y Mucho después de la medianoche (1977).

    En un futuro no muy lejano, la especie humana ha dado el salto evolutivo "definitivo": prescindir de los libros y volcarse en la evasión desprejuiciada de la pantalla (algo impensable en la actualidad, donde Negro sobre Blanco, Metrópolis o Días de Cine copan los primeros puestos del share, en detrimento de Salsa Rosa, Corazón, Corazón y demás programas marginados por un público responsable y selectivo). Lo más grande que le puede pasar a un habitante de este plató donde el drama está vetado es tener sus quince minutos de gloria catódicos, desarrollando algún papelito en el psico-reality de turno... recuérdese que estoy hablando de una ficción que se ha demostrado a todas luces exagerada, hiperbólica, casi demencial.

    Este auténtico paraíso de Chabelis y Pocholos cuenta con una policía para velar por el analfabetismo colectivo. Nada más y nada menos que el cuerpo de bomberos, reconvertido en una expeditiva unidad que a golpe de llamarada y hoguera de campamento da buena cuenta de revistas, volúmenes y demás ejemplares capaces de deformar la mente de niños y adultos.

    ¡Si es que es verdad! Con lo difícil que ha sido la conquista de la felicidad masiva, como para que la gente vaya por ahí devorando historias poco edificantes, dándole vueltas al tarro y elucubrando sobre la condición humana, por culpa de cuatro plumillas de tres al cuarto. Una aberración, vamos. Menos mal que nuestro sapientísimo Estado ha sabido tomar las medidas adecuadas... (por cierto, si le echan un vistazo al plan de estudios de sus hijos quizás lleguen a la conclusión de que la conspiración hace tiempo que comenzó. Por si acaso, vayan poniendo a buen recaudo lo más selecto de sus bibliotecas en el falso techo).

    Existen, con todo, pequeños núcleos resistentes dispersos por la gran ciudad. La gente se las apaña para esconder el perverso material en los lugares más insospechados, tratando de burlar los exhaustivos registros de los bomberos pirómanos. Pocas veces lo consiguen, porque en sus filas hay gente muy profesional, verdaderos amantes de su oficio...

    La pareja protagonista, Oskar Werner y Julie Christie, en uno de los dos papeles que representa


    Es el caso de Montag, que se complica la vida trabando conocimiento con una lectora dispuesta a contagiarle tamaño vicio. Su horrorizada esposa verá como el muy insensato comienza a devorar libros, sin dejar de preguntarse qué habrá hecho ella para tener que cargar con semejante cruz. ¿No podría haberle salido borracho, como el vecino del tercero?

    Imagínense la esquizofrenia que provoca tener que seguir quemando los libros que ahora uno venera. El doble juego no durará mucho: no tardará en recibir la cordial visita de sus compañeros de trabajo, dispuestos a montar una fiesta de las buenas en su casa, con la garrafa de gasolina y unas cuantas cerillas. Nuestro héroe apenas tiene tiempo de huir despavorido, vagando entre la nieve.

    En el exilio helado, Montag conocerá a hombres dedicados a la perpetuación del recuerdo, a evitar que caiga en el olvido el conocimiento acumulado en siglos de caligrafía e impresión. En un retorno al medioevo -elemento común a tantas y tantas vitriólicas aproximaciones al futuro por parte de la ciencia-ficción-, la transmisión del saber vuelve a hacerse de forma oral, memorizando novelas que a su vez serán aprendidas por aplicados pupilos en la hora en que a uno le toque morir (y junto a uno, la posibilidad de que perezca un libro, un mundo entero).

    Cabe destacar que la intención de su director a la hora de abordar este proyecto era la historia en sí y la de los personajes que la componen, no teniendo que recurrir al uso de un enorme presupuesto, costosos efectos especiales y decorados muy caros (algo muy habitual hoy en día dentro del género de la ciencia-ficción), siendo un buen ejemplo de cómo se puede contar una gran historia con pocos medios, mucha pericia y un buen reparto de excelentes actores que puedan trasmitir al público como es la personalidad individual de cada uno de ellos.

    Historia por tanto de claro manifiesto reivindicativo que denuncia por encima de todo la barbarie y la inconsciencia que supone destruir todo un legado de cultura e imaginación como son el mundo de los libros por personas como el jefe de bomberos (un magistral Cyril Cusack) que antepone sus absurdos ideales por encima de lo que piensen y opinen los demás en la secuencia donde le explica a Montag el por qué le lleva a actuar de esta manera siendo lo que es, una persona autoritaria y sin escrúpulos.
    A destacar la magnífica e hipnótica banda sonora de Bernard Herrmann, y el gran trabajo fotográfico de Nicholas Roeg. Impactan secuencias como la que muestra la inmolación de la dueña de la casa, prendiéndose fuego junto a sus libros, y la del final de la película, en donde nuestro fugitivo protagonista se reencuentra con Clarissa y los hombres-libro, llegando a convertirse en uno de ellos con el fin de preservar el legado de la lectura para las siguientes épocas donde no exista la opresión, la intolerancia ni la persecución por el simple hecho de leer un libro.

    "El cine de papá ha muerto". Así expresaban Truffaut, Godard y Chabrol en Cahiers du cinema su pertenencia a la nouvelle vague. El nuevo movimiento de origen francés arremetía contra el academicismo burgués y contra los directores de la llamada tradición de la calidad, filmes fruto del esfuerzo de un equipo y que eran aclamados por público y crítica al unísono.

    Frente a esto, los jóvenes críticos y directores proponían una "política de autor" que consistía en reconocer en cada uno de los filmes la huella del autor y su estilo personal. Truffaut realiza en 1966 Fahrenheit 451, la temperatura a la que arde el papel. Resulta atractivo analizar esta obra que ha sido la más cuestionada del realizador y la que, sin embrago, sigue reflejando esa idea que promulgaba el maestro: reconocer en el filme al hombre que lo hizo. En Fahrenheit 451 Truffaut pudo aunar sus dos pasiones. A través del cine, el director consiguió homenajear a su segundo amor, la literatura. En 1970, el director francés afirmaba en la revista Télécine, "si he elegido los libros y el cine desde la edad de once o doce años, está claro que es porque prefiero ver la vida a través de los libros y del cine". Truffaut evidencia así su interés por los libros y, siendo así, no es de extrañar que le atrajese la idea de llevar al cine la novela de Ray Bradbury. Truffaut logra transmitir su preocupación, y la nuestra. Un futuro no muy lejano en el que los libros estuviesen prohibidos y se persiguiese a todo aquel que osara leerlos. Pero la idea no es tan sencilla como eso, el director relaciona esa batalla con la incapacidad de las personas para razonar, para pensar por sí mismas.

    Nos presenta máquinas controladas por el estado, esta idea también está presente en la más reciente 1984, de Michael Radford. Personas vigiladas y vigilantes, indiferentes, irracionales y débiles, y entre toda esa masa, la esperanza. Oscar Werner representa al individuo libre, una defensa de los sentimientos propios, del yo contra el nosotros.
    Combinando las características de este personaje con las peligrosas circunstancias en las que se halla se consigue un filme a medio camino entre la poesía y el terror psicológico, entre Renoir y Hitchcock.
    Julie Cristhie interpreta en esta película dos personajes antagónicos, por un lado, la mujer de Montag, fiel seguidora del sistema; por otro, la profesora, baluarte de la mujer fuerte y armoniosa, capaz de afrontar la situación antes, durantes y después.
    En contraposición, Oscar Werner representa al hombre débil y cobarde. Si bien los actores conforman el carácter de la película, los verdaderos protagonistas en la obra son los libros. Truffaut comentaba cuando grababa un set del filme que los planos en los que se veía la caída de los libros hasta el suelo eran imprescindibles, y lo son. El acto de desechar los libros es realista desde el momento en el que se nos muestra a personas consumidas por el miedo a saber y por el odio a lo desconocido.

    Fahrenheit 451 tiene un final ambiguo, pero esto no es de extrañar pues es una constante en los filmes del director.

    Escoge un desenlace abierto, o un principio después del fin. El futuro es incierto, sí, pero contemplar a todos esos hombres-libro es halagador y, cuanto menos, esperanzador. El mérito para dos grandes: Ray Bradbury y Truffaut. Uno nos concede el placer de leerlo, otro nos ofrece la posibilidad de verlo en imágenes.

    Fahrenheit 451 no es solamente la temperatura a la que arde el papel de los libros. Es también una de las películas por las que más palos le llovieron a su director, embarcado en una aventura que le llevo cuatro años, con continuas reescrituras del guión. Cuentan que el protagonista (el Oscar Werner de Dos hombres y una mujer (Jules et Jim, 1961) en substitución de Paul Newman, primera de las opciones barajadas, no se llevaba precisamente bien con su parternaire...

    Algunas de las dificultades con las que se encontró rallaban directamente en lo absurdo. "Los abogados hollywoodenses de la Universal querían que no se quemaran los libros de Faulkner, Sartre, Proust, Genet, Salinger, Audiberti...: "Limítese a los libros que pertenezcan al dominio público", decían por temor a eventuales demandas". Súmese a esto que el tiempo ha hecho mella en algunas soluciones formales adoptadas por su director, quedando ciertamente kitsch determinados efectos especiales.

    Pero quedémonos con lo bueno. Esos títulos de crédito leídos en voz alta (¿para ese espectador del futuro que ya no sabrá leer?), la música de Bernard Hermann, el desdoblamiento de una impecable Julie Christie y, en definitiva, el rotundo homenaje a la literatura de un hombre que amaba a los libros... casi tanto como a las mujeres.

    En todo caso, guste más o guste menos, PELICULA DE VISIONADO IMPRESCINDIBLE.