viernes, 6 de septiembre de 2013

LIBROS QUE HE LEIDO: UNA HEREDERA DE BARCELONA (Sergio Vila-Sanjuan)



EL AUTOR

Barcelona, 1957

Periodista y novelista. Tras licenciarse en Historia, fue becario Fulbright en la Universidad de Boston. Se dedica al periodismo cultural desde 1977. Ha trabajado como jefe de cultura de El Correo Catalán, redactor-jefe de El Noticiero Universal y desde 1987 en La Vanguardia, donde actualmente coordina el suplemento Cultura/s.


 
Especialista en temas literarios y del mundo del libro, ha estudiado la historia de la edición española en Pasando página. Autores y editores en la España democrática (2003) y distintos aspectos del mundo del libro internacional en El síndrome de Frankfurt (2007) y Código best seller (2011). Reunió una selección de sus artículos en Crónicas culturales (2004). En el año 2010 publicó su primera novela Una heredera de Barcelona. En el 2013, con la segunda, Estaba en el aire, ha ganado el premio Nadal.

Fue comisario del Año del Libro y la Lectura 2005 y es miembro de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona. En el terreno del arte es autor de la monografía Miquel Barceló (1984) y comisarió las exposiciones Realismo de vanguardia (1997) y Realismo en Cataluña (1999).

EL LIBRO

En la Barcelona de 1920 un joven abogado y periodista monárquico entra en relación con personajes muy diversos: una cabaretera agredida que no dice todo lo que sabe; un líder  anarquista que vacila entre el pactismo y la violencia; un general recién llegado a la ciudad para imponer el orden sin contemplaciones, y una bella y adinerada condesa decidida a mantener su independencia.
 
De  la  mano  de  Pablo  Vilar  nos desplazamos desde las grutas de los miserables en Montjuich a las fiestas  de  alta sociedad  en el Ritz o el Laberinto de Horta; y de las comunidades ácratas a los juzgados donde se imparte, o se demora, la justicia.  Mientras  la  ciudad roza su cénit, también Pablo teme que su juventud se esfume con el vendaval que se avecina.
 
La Rambla, de Barcelona, en los años 20
 
Inspirada en hechos y figuras reales, y en documentos del archivo familiar del autor, Una heredera de Barcelona propone una mirada diferente, e inédita hasta ahora, sobre un periodo complejo y deslumbrante.
 
IMPRESION PERSONAL
 
Con el recurso del manuscrito encontrado ? que, en este caso, no es excusa literaria sino realidad, pues Vila?Sanjuan idea la escritura de su primera novela a raíz de hallar una serie de documentos y el bosquejo de una novela en los cajones de su abuelo ? discurre ante nosotros este fresco histórico que hace revivir la Barcelona convulsa del pistolerismo y las encarnizadas luchas sociales al hilo de una intriga policial.

Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957), periodista con larga trayectoria en la prensa cultural, hace su primera incursión en el campo de la novela con Una heredera de Barcelona. En sus páginas el autor ha aprovechado abundantes materiales de la memoria familiar, según explica en el prólogo. Aquí Vila-Sanjuán cuenta cómo a la muerte de su padre, en 2004, descubrió entre los papeles de su abuelo varios archivadores con textos inéditos, entre los cuales aparece un manuscrito con la narración autobiográfica de recuerdos de juventud, a caballo entre la crónica periodística y la novela. El autor del manuscrito es su abuelo, Pablo Vilar, abogado y periodista que murió en 1982, con 90 años.

El hallazgo constituye una muestra más del clásico procedimiento del manuscrito encontrado. Y la novela gana con ello mayor ilusión de verdad, pues está contada por su protagonista, a la vez que el autor aprovecha el recurso para situar su novela entre la realidad y la ficción y también para hacer autocrítica de la misma, después de reconocer que ha ordenado sus materiales y actualizado su lenguaje respetando expresiones que “transmiten cierto sabor de época”. El mayor acierto de la novela está en la pertinencia del manuscrito encontrado. Porque su empleo da verosimilitud a episodios cuya narración tanto pudo haber sido escrita por el abuelo, primer autor, como por el nieto en sus labores de documentación.

Una heredera de Barcelona se presenta como una crónica novelada, con episodios y personajes reales combinados con otros ficticios, de unos años especialmente violentos en la historia de Barcelona, entre 1919 y 1922, con prolongación de la historia novelada, mediante resúmenes narrativos, hasta el estallido de la guerra civil. Su primer autor opera como narrador protagonista en el relato autobiográfico de su ascenso en la vida social barcelonesa como abogado y periodista de ideología conservadora.

Y, al mismo tiempo, actúa como narrador testigo de una época convulsa por los radicales enfrentamientos entre los anarquistas y las fuerzas del orden que llevaron el caos y el terror a la ciudad, hasta desembocar en la dictadura del general Primo de Rivera. Ambas facetas del narrador primero quedan unidas por su relación directa con algunos personajes importantes de la época, como la bella e indómita condesa Isabel Enrich (la “heredera” destacada en el título), el anarquista Ángel Lacalle y el Gobernador Civil de Barcelona. 


Imagen real de Isabel Llorach, personaje en el que se inspira el relato


Una heredera de Barcelona nos explica en primera persona las diferencias sociales, el contraste de la riqueza y la pobreza, la burguesia y los obreros con el movimiento anarquista en ebullición y el movimiento monárquico tambien en auge; los dos eran fuertes en la época ( los anarquistas estan representados por el personaje Ángel Lacalle " alter ego' de Angel Pestaña).

Otro de los personajes que Sergio Vila-Sanjuan incluye en el relato es Isabel Enrich, quien da titulo a la novela, inspirada en la también rica heredera Isabel Llorach, liberada y adinerada viviendo en la zona de Pedralbes.

Eduardo Dato fue el mentor del abuelo del autor por lo que le incluye en un episodio.

La Barcelona de los años 20 está reflejada también con los bajos fondos en las cuevas de Montjuïc y las comunas anarquistas que los retrata como si fueran los hippys de la época por la vida vegetariana y el nudismo que practicaban enfrentádose al anarquismo de las armas y bombas callejeras.

Una Barcelona decadente representada por una aristocrácia y una burguesia monárquica que mas tarde estos mismos apoyaron la dictadura de Primo de Rivera.

Pablo Vilar es el protagonista de la novela que siendo politicamente conservador se autodenomina monárquico impenitente y un católico penitente; aún así le gusta lo "picante" de la vida: del ambiente del Paralelo pasaba al ambiente de Pedralbes, dos zonas de Barcelona contrapuestas. Del ambiente del Paralelo sale otro personaje que es Ernesto Vilches, actor y empresario, amigo de María Nilo que le contrata como abogado de turno de oficio conectando así, a tavés de ella, con los anarquistas.


 La narración apoya su dinamismo e intriga en la sucesión de contrastes violentos entre los defensores del orden y los anarquistas, los trogloditas que habitan en las cuevas de Montjuich y el lujo en las fiestas sociales de la alta sociedad barcelonesa, entre otros ambientes opuestos unidos por la presencia en ellos de Pablo Vilar e Isabel Enrich, capaz de defender su clase social conduciendo un autobús para evitar las consecuencias de una huelga de transportes y, a la vez, financiar una comuna anarquista de inspiración tolstoiana.

Animación nocturna en el Paralelo, en los años 20
 

A este relato de historia y sociedad se suma la violenta cadena de atentados, que contrasta con el jolgorio de la ciudad en sus espectáculos del Paralelo. En suma, una novela entretenida que recrea unos años de Barcelona, con mayor cercanía a las novelas de Ruiz Zafón que a La verdad sobre el caso Savolta, y que entona un canto de cisne por una época que llega a su final.

  
Con un estilo decimonónico, en el que se siente muy a gusto, Sergio Vila?Sanjuán vuela, y el lector con él, a esa Barcelona de 1920 que revive con brío en sus páginas. Se nota en Una heredera de Barcelona la ardua labor de investigación de su autor, el prolijo trabajo de documentación en hemerotecas, sin que ello merme el interés literario de la obra. Maneja con soltura Vila?Sanjuán un elenco de personajes variadísimo que va desde los pistoleros de la patronal a los anarquistas utópicos y violentos, de los burgueses y aristócratas barceloneses a los duros militares que detentan el orden público de la ciudad. La novela se mueve con igual soltura y gracia en las cuevas de Montjuich como en las sofisticadas fiestas del Laberinto de Horta, en los círculos del naturismo ácrata como en los salones exclusivos del Ritz, recopila multitud de anécdotas, es brillante en sus cuidadosas descripciones de la forma de vida de esos años, está repleta de reflexiones ideológicas y apuntes políticos que iluminan su trama y hay, en toda ella, un alarde de exquisitez literaria de otra época.

Es Una heredera de Barcelona, ante todo, una novela que se lee con sumo placer, porque está muy bien escrita, perfectamente hilvanada y no decae en ningún momento. Y lo mejor que puede decirse de ella es que parece obra de alguno de los mejores novelistas del siglo XIX.

ACTUALMENTE LEYENDO:  LA CATEDRA DE LA CALAVERA  (Margarita Torres)

miércoles, 4 de septiembre de 2013

LIBROS QUE HE LEIDO: LA MISION BARSAC (Julio Verne)



EL AUTOR

Jules Verne; Nantes, 1828 - Amiens, 1905) Escritor francés, considerado el fundador de la moderna literatura de ciencia ficción. Predijo con gran precisión en sus relatos fantásticos la aparición de algunos de los productos generados por el avance tecnológico del siglo XX, como la televisión, los helicópteros, los submarinos o las naves espaciales.
En 1836 ingresó con su hermano Paul en el seminario Saint-Donatien. Más tarde estudió filosofía y retórica en el liceo de Nantes y viajó a París, cumpliendo los deseos de su padre, para seguir la carrera de leyes. En 1848 comenzó a escribir algunos sonetos y textos de teatro, y dos años más tarde aprobó su tesis doctoral de derecho y optó por la carrera de letras.

Julio Verne

Sus inicios literarios fueron difíciles, sus piezas de teatro no tuvieron una divulgación importante, y recurrió a la docencia para sobrevivir. Desde 1852 hasta 1854 trabajó como secretario de E. Seveste, en el Théâtre Lyrique, y publicó algunos relatos en Le musée des familles, como Martín Paz (1852). En 1857 se convirtió en agente de bolsa y empezó a viajar; visitó Inglaterra, Escocia, Noruega y Escandinavia, y continuó sus escritos.
Posteriormente conoció al editor Hetzel, quien se interesó por sus textos y le publicó Cinco semanas en globo (1862), obra que lo lanzó al éxito y lo estimuló a proseguir con la temática de la novela de aventuras y fantasía. El mismo editor le encargó una colaboración regular para la revista Magazine déducation et de récréation, y en poco tiempo alcanzó una gran celebridad.
Aprovechando sus conocimientos geográficos, adquiridos a través de numerosos viajes por Europa, África y América del Norte, y su entusiasmo por la revolución tecnológica e industrial, se convirtió en un especialista de los relatos de aventura de corte científico. Su dominio de la tensión dramática le permitió combinar extravagantes situaciones y momentos poéticos en una prosa ligera y amena.
Inmediatamente se enfrascó en la redacción de Viaje al centro de la Tierra, para lo cual se aplicó a la geología, la mineralogía y la paleontología. Las detalladas descripciones de animales antediluvianos maravillaron a los expertos, poniendo de manifiesto su extraordinaria intuición científica. Su tercer gran libro fue De la Tierra a la Luna, cuya publicación despertó tal entusiamo por los viajes espaciales que su despacho se inundó de cartas solicitando reservas para el próximo viaje lunar. Con el mismo interés fue recibida La vuelta al mundo en ochenta días, publicada por entregas, cuyo éxito fue tal que se llegaron a cruzar apuestas sobre si Phileas Fogg, "el hombre menos apresurado del mundo", lograría llegar a la meta en tan breve tiempo.

Veinte mil leguas de viaje submarino es, entre su extensísima producción, uno de los libros que conserva más íntegro su encanto. La peripecia se inicia cuando una fragata americana parte en busca de un monstruo marino de extraordinarias proporciones al que se atribuyen múltiples naufragios. El monstruo aparece, se precipita sobre el barco expedicionario y lo echa a pique, llevándose en su espinazo al naturalista Aronnax, a su fiel criado Conseil y al arponero Ned Land. Resultará ser un enorme submarino, el Nautilus, en el cual los tres hombres pasarán cerca de diez meses hospedados por el enigmático capitán Nemo, artífice del invento. Visitarán los tesoros sumergidos de la Atlántida, lucharán contra caníbales y pulpos gigantes y asistirán a un entierro en un maravilloso cementerio de coral.

Nemo, hostil e iracundo, no tardará en revelarse como un proscrito, un sublevado solitario cuyo manto de misterio esconde una identidad principesca y una pesadumbre tenebrosa. Se ha señalado que Nemo es un trasunto del propio Verne. Ambos viven encerrados, solos e incomprendidos, el primero en su coraza de acero, el segundo en la burbuja de su gabinete, ambos refugiados tras el disimulo y el secreto. Del mismo modo que Verne dejó estupefactos a propios y extraños presentándose a unas elecciones municipales en Amiens por una lista de extrema izquierda, el capitán Nemo, que lucha por la liberación de los pueblos oprimidos, detesta a la convencional y adocenada colectividad que lo persigue y enarbola dos veces el estandarte negro del nihilismo.
 
Escribió otras obras de gran éxito como Las aventuras del capitán Hatteras (1866), Los hijos del capitán Grant (trilogía, 1868-1870), En torno a la luna (1870), La isla misteriosa (1874), Miguel Strogoff (1876), Un capitán de quince años (1878), Las tribulaciones de un chino en China (1879), El faro del fin del mundo (1881) y Los viajes del capitán Cook (1896), entre muchas otras novelas que superan el medio centenar de títulos.
 
Se radicó en Amiens en 1872, y a partir de 1886 se comprometió con las actividades municipales de dicha ciudad. Tres años después fue nombrado representante del consejo municipal, y en 1892 fue condecorado con la Legión de Honor. Sus textos se popularizaron con rapidez y quedaron entre los grandes clásicos de la literatura infantil y juvenil del siglo XX. De su obra póstuma destacan El eterno Adán (1910) o La extraordinaria aventura de la misión Barsac (1920), en las que un crítico tan poco convencional como Michel Butor ha querido ver un Verne más profundo y escéptico de lo habitual, que tendía a desconfiar de las consecuencias que podía acarrear para los seres humanos el progreso incesante de la tecnología y de la ciencia.

EL LIBRO

Una expedición francesa viaja a las colonias Africanas con la idea de comprobar el grado de civilización de los nativos, dirigida por el diputado Barsac, firme candidato a otorgarles el derecho a voto. A la expedición se unen Juana Mornas y su sobrino Saint-Bérain, que busca limpiar el nombre de su hermano Jorge Buxton, quien años antes murió como un traidor en la zona. Además, quieren limpiar el nombre familiar después de la implicación de su otro hermano en el robo del banco.

La expedición pasa por muchos problemas cada vez que se adentra más en el continente y se acerca al río Níger. Todo parece indicar que un enemigo oculto quiere detener su paso. Entre los sucesos destaca un posible envenenamiento en una aldea, la separación de la escolta del capitán Marcenay y la imposición de otra falsa, el abandono posterior de la escolta y los porteadores y el aislamiento de los restos de la misión. Oyen extraños ruidos y observan marcas muy raras en la tierra. Amadeo Florence es quien empieza rápidamente a encontrar la ligazón entre tales acontecimientos y da aviso a la misión.

Sin embargo, Juana no desiste y llega hasta la tumba de su hermano, guiada por Tongele. La tumba es abierta, y el doctor comprueba la autenticidad del cadáver y que este murió a traición, y no por bala, sino de una puñalada por la espalda. Al otro día, son secuestrados y conducidos a una misteriosa ciudad.



Allí, en Blackland, conocen a quien está detrás de todo: el detestable bandido alcohólico Harry Killer, que ha levantado una ciudad en medio del desierto. Harry explica que no permitirá el regreso de la misión al mundo occidental, y les ofrece erigir un hospital para el doctor, un puesto en el periódico para Florence, la negociación con el mundo exterior cuando llegue el momento para Barsac y matrimonio a Juana. Con la ayuda del sabio Marcelo Camaret y de Tongele (a quien en el rapto todos creían muerto) puede la misión refugiarse en una zona autónoma de la ciudad llamada La Fábrica. Allí viven gente honrada, obreros que han sido atraídos con la promesa de un fabuloso salario, pero que no saben nada de lo que sucede fuera de La Fábrica.

Sin embargo, Harry Killer asedia La Fábrica con sus huestes, los Marry Flowers, que se enfrentan con las "avispas" (pequeños vehículos eléctricos sin tripulación). Los Marry Flowers no pueden traspasar las defensas de La Fábrica, pero entonces es privada de alimentos, lo que conduce a debilitar internamente al personal. El asedio continua por varios días, y Florence tiene la idea de mandar a Tongele por debajo de la ciudad hasta el barrio de Los Negros, donde 3.000 negros pueden rebelarse. El plan tiene éxito, y los negros, armados con armas que proporciona el sabio, atacan a todos los maleantes. Sin embargo, a los europeos les dan ventaja sus armas de fuego. Juana Buxton decide entregarse a Harry Killer para que detenga el asedio y libere a sus compañeros.
La ciudad entonces empieza a estallar por dinamita puesta por Marcelo Camaret, lo que obliga a salir a los de La Fábrica.

Mientras tanto, Juana descubre la verdad sobre Harry Killer: en realidad es Wiliam Ferner, su hermanastro, quien siempre sintió celos por sus otros hermanastros Jorge y Luis. Se dedicó al pillaje y se convirtió en ladrón. Fue él quien traicionó y mató a Jorge, y, para obtener dinero con que financiar su ciudad, continuamente asaltaba bancos europeos. Uno de ellos fue el Banco Central, donde secuestró a Luis; con eso se pensaba vengar de su padrastro, el viejo Lord Buxton, que, debido a las desgracias y las vergüenzas de sus hijos, está a punto de morir de tristeza. El motivo oculto del viaje de Juana es redimir la memoria de Jorge.

cuenca del rio Niger


La batalla continúa, y Barsac y los obreros logran reunirse con Juana. Son atacados por los malhechores mientras Marcelo Camaret sigue destruyendo la ciudad con explosiones. Al final, Camaret derriba la fortaleza de Harry Killer, y mueren uno y otro en el preciso momento en que llega el capitán Mercenay con un nutrido ejército. Mercenay fue avisado un mes antes del rapto de la misión mediante un telégrafo sin cables que tenía Camaret, y recibió la señal gracias a que un sistema similar era usado como prueba por un capitán amigo suyo.

Finalmente, la misión puede regresar a Francia, y Juana Buxton llega con su rescatado hermano Luis a despedir a su padre antes de la muerte.

IMPRESION PERSONAL

Una  obra póstuma  "extraña" y anticipadora. Es una de las más completas y enigmáticas novelas del escritor francés. En ella, de una manera muy dinámica, se conjuntan los elementos que hicieron famosos los viajes extraordinarios: un viaje, adelantos científicos y anticipaciones, una trama de suspenso, casi policiaco, y heroés vernianos listos a toda prueba.

Nos encontramos, ya en los últimos años de su vida, un Verne más profundo y escéptico de lo habitual, que tendía a desconfiar de las consecuencias que podía acarrear para los seres humanos el progreso incesante de la tecnología y de la ciencia.

Bamako (actual Mali)


Un caudillo,  la ciencia sin conciencia, y el Verne de las exploraciones africanas se entremezclan en este relato. A mi parecer el nazismo en estado embrionario. También se notan ecos de "Los 500 millones de la Begun" y  Stahlstadt. Hay que decir que no es seguro que fuese enteramente obra de Verne pues las ultimas investigaciones apuntan a una refundición de la obra por parte de su hijo.

Efectivamente, al principio uno más de los viajes extraordinarios de Verne, una expedición francesa que piensa recorrer la cuenca del Níger para comprobar si los nativos deben obtener o no el derecho al voto. Así pués toda la primera parte del libro, narra la expedición, a la cual se unen dos personas, con sus motivos personales, que añade el toque aventurero a la historia.

Mezquita monumental de Tombuctu


Es sin embargo en la segunda parte, cuando los expedicionarios son llevados a la desconocida ciudad de Backland, cuando el contenido del libro cambia por completo y Verne nos describe una ciudad futurista, con muchos elementos simbólicos (la división de la ciudad en tres compartimentos estancos parece un simil del paraíso, purgatorio e infierno, la explotación racial anticipo de lo que sería el colonialismo salvaje y posteriormente el nazismo), y posteriormente muchos de los inventos que entonces no existían, pero que actualmente disfrutamos o padecemos.

Se presenta a lo largo de la historia mucha tecnología aplicada:
  • El cicloscopio funcionaba a base de espejos, pero de una manera similar al radar y al sonar.
  • Se presenta muy normal el uso de la electricidad, y hasta hay sillas eléctricas que se emplean para torturas.
  • Las "avispas", pequeños vehículos sin tripulante, asemejan un torpedo dirigido.
  • Los planíferos son una clara anticipación de los helicópteros.
  • El aparato para traer lluvia es usado hoy en día.
  • Se utiliza un aparato telegráfico sin cables, muy adelantado a su época, como un anticipo de la telecomunicación.
En definitiva, un Verne muchísimo más desconocido pero no por ello menos valioso que el de sus mas conocidos relatos. Un escritor al que merece la pena leer siempre, y su obra es bastante copiosa, asi que tenemos trabajo.

ACTUALMENTE LEYENDO;  UNA HEREDERA DE BARCELONA  (Sergio Vila-Sanjuan)

martes, 3 de septiembre de 2013

LIBROS QUE HE LEIDO: EL LEJANO PAIS DE LOS ESTANQUES (Lorenzo Silva)



EL AUTOR

Lorenzo Manuel Silva Amador nació el 7 de junio de 1966 en un edificio hoy demolido del antiguo hospital militar Gómez Ulla, en el barrio de Carabanchel de Madrid.
Estudió Derecho en la Universidad Complutense y ejerció  como abogado, tras pasar un año como auditor de cuentas y otros dos como asesor fiscal en una firma multinacional, pero a finales de los noventa decidió  colgar la toga y dedicarse de lleno a la literatura.

 
 



Lorenzo Silva es hijo y nieto de militares. Ambas circunstancias permiten suponer que su conocimiento interno del funcionamiento de la Benemérita será bastante más amplio que el de la mayoría de los lectores.



Desde que iniciara su dedicación a la literatura,  ha cultivado diferentes géneros:


Novela:

La flaqueza del bolchevique (finalista del Premio Nadal 1997).
Noviembre sin violetas.
La sustancia interior.
El urinario.
El ángel oculto.
El nombre de los nuestros.
Carta blanca (Premio Primavera 2004)
Niños feroces.
Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia.
El cazador del desierto.
La lluvia de París.
 

Y, por supuesto, la serie de novela policíaca protagonizada por los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro:


El lejano país de los estanques, 1998 (Premio Ojo Crítico 1998).
El alquimista impaciente, 2000 (Premio Nadal 2000).
La niebla y la doncella,2002
Nadie vale más que otro, 2004
La reina sin espejo 2005.
La estrategia del agua, 2010
La marca del meridiano, 2012. (Premio Planeta 2012)

Relatos:
El déspota adolescente.

Libro de viajes:
Del Rif al Yebala. Viaje al sueño y la pesadilla de Marruecos.

Libro-reportaje:
Al final, la guerra, junto a Luis Miguel Francisco

Ensayo:
El Derecho en la obra de Kafka.
Sereno en el peligro. La aventura histórica de la Guardia Civil (Premio Algaba de Ensayo).

Su obra ha sido traducida al ruso, francés, alemán, italiano, griego, catalán y portugués.

Como guionista de cine, ha escrito junto a Manuel Martín Cuenca la adaptación a la gran pantalla de la novela La flaqueza del bolchevique.

EL LIBRO

Novela policíaca del escritor Lorenzo Silva publicada en 1998. Ganadora del premio El Ojo Crítico. También es la primera novela de la serie protagonizada por los investigadores Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro que son oficiales de la Guardia Civil. El título se refiere al país Austria, de donde viene la víctima del asesinato. Antes de resolver el crimen Belvilaqua visita el cementerio en Viena donde han enterrado a la víctima: «Era primavera, y las golodrinas [...] se mojaban las puntas de las alas en las aguas oscuras del lejano país de los estanques.» (Silva, Lejano País, editión de 2010, p. 286).



El cuerpo desnudo de una joven austriaca pende atado de las manos en un chalet mallorquín. Ni los signos de violencia, ni la pestilencia de una muerte estival ocultan su inquietante belleza. En el revólver hallado en la basura abundan las huellas de una sesentona suiza de fama libertina, pero la vida turbia de la joven, Eva Heydrich —un ser irresistible consagrado tanto al placer como a la destrucción—, sugiere que la sencillez del crimen es tan sólo la punta de un iceberg. En Madrid, la Guardia Civil confía el caso al experimentado sargento Rubén Bevilacqua, o «Vila» para sus compañeros, ex-psicólogo desempleado para quien Jung era sólo un aficionado, y a la inexperta agente Virginia Chamorro, cuya eficacia policiaca será puesta a prueba por primera vez. De incógnito entre nudistas teutones, turistas desenfrenados y mafiosos locales, Bevilacqua y Chamorro se adentrarán en el reverso oscuro de una apacible urbanización mallorquina tratando de desentrañar los últimos días de la joven asesinada. Con esta novela, Lorenzo Silva da inicio a las andanzas policiales de una atípica pareja de guardias de la Benemérita.

IMPRESION PERSONAL

De entrada ya sorprende encontrarse con una novela protagonizada por dos guardias civiles, concretamente el sargento Bevilacqua y la agente Chamorro, ya que estamos acostumbrados a leer historias del FBI, la CIA o los servicios secretos británicos, pero ¿guardias civiles?, raro, raro, y muy acertada apuesta. Desde el principio nos deja clavados ante el libro, nos hace entrar en situación rápidamente y empiezan a caernos bien sus dos protagonistas. Aunque ojo, que también existen unos personajes secundarios muy bien dibujados y sin ningún desperdicio.

lunes, 26 de agosto de 2013

LIBROS QUE HE LEIDO: EL ALQUIMISTA IMPACIENTE (Lorenzo Silva)



EL AUTOR

Lorenzo Manuel Silva Amador nació el 7 de junio de 1966 en un edificio hoy demolido del antiguo hospital militar Gómez Ulla, en el barrio de Carabanchel de Madrid.
Estudió Derecho en la Universidad Complutense y ejerció  como abogado, tras pasar un año como auditor de cuentas y otros dos como asesor fiscal en una firma multinacional, pero a finales de los noventa decidió  colgar la toga y dedicarse de lleno a la literatura.
 
 
Lorenzo Silva es hijo y nieto de militares. Ambas circunstancias permiten suponer que su conocimiento interno del funcionamiento de la Benemérita será bastante más amplio que el de la mayoría de los lectores.



Desde que iniciara su dedicación a la literatura,  ha cultivado diferentes géneros:


Novela:

La flaqueza del bolchevique (finalista del Premio Nadal 1997).
Noviembre sin violetas.
La sustancia interior.
El urinario.
El ángel oculto.
El nombre de los nuestros.
Carta blanca (Premio Primavera 2004)
Niños feroces.
Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia.
El cazador del desierto.
La lluvia de París.
 

Y, por supuesto, la serie de novela policíaca protagonizada por los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro:


El lejano país de los estanques, 1998 (Premio Ojo Crítico 1998).
El alquimista impaciente, 2000 (Premio Nadal 2000).
La niebla y la doncella,2002
Nadie vale más que otro, 2004
La reina sin espejo 2005.
La estrategia del agua, 2010
La marca del meridiano, 2012. (Premio Planeta 2012)

Relatos:
El déspota adolescente.

Libro de viajes:
Del Rif al Yebala. Viaje al sueño y la pesadilla de Marruecos.

Libro-reportaje:
Al final, la guerra, junto a Luis Miguel Francisco

Ensayo:
El Derecho en la obra de Kafka.
Sereno en el peligro. La aventura histórica de la Guardia Civil (Premio Algaba de Ensayo).

Su obra ha sido traducida al ruso, francés, alemán, italiano, griego, catalán y portugués.

Como guionista de cine, ha escrito junto a Manuel Martín Cuenca la adaptación a la gran pantalla de la novela La flaqueza del bolchevique.

EL LIBRO

Un cadáver desnudo, sin rastros de violencia, aparece atado a una cama en un motel de carretera. ¿Se trata o no de un crimen? El sargento Bevilacqua, atípico investigador criminal de la Guardia Civil, y su ayudante, la guardia Chamorro, reciben la orden de resolver el enigma.
 
La investigación que sigue no es una mera pesquisa policial. El sargento y su ayudante deberán llegar al lado oscuro e inconfesable de la víctima, a su sorprendente vida secreta, así como a las personas que la rodeaban, en su familia, en la central nuclear donde trabajaba. Y desentrañar un cada vez más complejo entramado de dinero e intereses que los llevará a varias ciudades. Pero la clave, como en la alquimia, está en la paciencia; la que necesitarán los investigadores y también la que les faltó, de uno u otro modo, a los personajes con los que se tropiezan en su búsqueda.
 
Una novela de corte policíaco que es mucho más que un relato de intriga, y en la que descubrir a la víctima es casi más importante que descubrir a su asesino. Como en los libros de Chandler y Hammett, no se trata de resolver un crimen como quien resuelve un acertijo, sino que hay que sumergirse en las circunstancias y personajes que rodean la muerte, en su trasfondo social.
 
 
 
IMPRESION PERSONAL
 
La novela resulta especialmente interesante por cuanto se asume a sí misma ya como parte de un ciclo. Si en la anterior historia de Bevilacqua y Chamorro parecía que los dos guardias civiles eran los instrumentos de una historia, aquí se consolidan como personajes de una serie. Se nos detallan sus manías, se refuerza el análisis de su personalidad con detalles ya apuntados en El lejano país de los estanques, se da forma definitiva a la tensión sexual, refrescantemente directa e inocente, entre el veterano y curtido Bevilacqua y la joven y discreta Chamorro, obligados a dormir juntos en la misma habituación para tormento del primero.  Además, cuaja aquí por completo la voz de Bevilacqua como narrador. Irónico pero nunca cínico, siempre salido aunque armado de contención para disimularlo parcialmente, con la franqueza brutota de un guardia civil tradicional tamizada por una educación bien distinta, Bevilacqua es un personaje muy redondo, y un narrador con verdadera personalidad. La forma en la que Silva le hace admitir tácitamente sus debilidades y le permite sobreponerse a ellas es verdaderamente magistral.
 
Una novela  bien construida en la que el autor ha sabido crear una trama muy compleja,  con un argumento muy bien desarrollado, en el que ha creado unas  situaciones fuertes pero a las que ha logrado darles el punto de credibilidad de una forma natural, con un lenguaje claro y directo.  Una novela que engancha desde el principio al final.

De esta novela se ha hecho una película que fue dirigida por Patricia Ferreira y protagonizada por Ingrid Rubio, Roberto Enríquez, chete Lera y Adriana Ozores, entre otros.
 
Fotograma de la película realizada a partir de la novela, donde se ve a la pareja protagonista, representada por los actores Roberto Enriquez e Ingrid Rubio
 
 
Los protagonistas de El alquimista impaciente son dos guardias civiles, el sargento Rubén Bevilacqua y su ayudante, la guardia Virginia Chamorro. No son dos personajes desconocidos para los lectores, pues hicieron su aparición en El lejano país de los estanques, novela en la que se narra la investigación de un asesinato en la isla de Mallorca. En esta ocasión, los dos agentes, destinados en Madrid, en los servicios centrales de la Guardia Civil, se ocupan de identificar al responsable de la muerte de un ingeniero de una central nuclear cercana a la capital de España (el autor no da más precisiones, pero a tenor de los escenarios en que transcurre la acción, podemos aventurar que se trata de la central de Trillo, en Guadalajara).
 
El hecho de que una novela policíaca esté protagonizada por una pareja de investigadores no es un rasgo especialmente original dentro del código de este género narrativo, tanto en su vertiente literaria como en la cinematográfica. De hecho, podríamos decir que constituye casi un tópico (recordemos el conocido ejemplo de Sherlock Holmes y el doctor Watson, de los relatos de Conan Doyle, o, por no salirnos del ámbito español, el caso del detective Carvalho y su ayudante Biscúter, de Vázquez Montalbán). Lo que ya no es tan común en la literatura es que la pareja de investigadores sean un hombre y una mujer, lo cual añade al interés derivado de la intriga una cierta tensión que contribuye a la eficacia del relato y a captar la atención de los lectores. Hay que destacar, en cualquier caso, que esta tensión sexual es muy leve, apenas sugerida, y siempre de forma muy elegante. No puedo asegurar si este planteamiento será o no deliberado, pero cabe considerarlo como una estrategia narrativa e incluso comercial; me arriesgaría a decir que Lorenzo Silva lo hace así para “ponernos los dientes largos”; estoy seguro de que veremos alguna escena más explícita de la convivencia entre Bevilacqua y Chamorro en novelas posteriores de la serie (el autor ha declarado en alguna entrevista, y lo repite en su web, que ésta no será la última).

La presentación del sargento y la guardia es escueta y funcional, y la narración apenas se demora en la descripción de las características físicas de los personajes. La ausencia de referentes “visuales” tal vez se deba al hecho de que la historia está contada en primera persona (el narrador-protagonista es el propio sargento), circunstancia que haría poco verosímil la presencia de autorretratos explícitos. La mayor parte de las escasas prosopografías de la novela corresponden a la guardia Chamorro, mujer reservada, sensata y de carácter firme, con un interesante toque feminista, virtudes que acompañan a un aspecto físico algo anguloso y hasta rudo, pero muy atractivo. Esta última cualidad se pone de manifiesto en un par de episodios (el primero tiene lugar en los ambientes de diversión de la Costa del Sol; el segundo, en un selecto restaurante madrileño), en los que la guardia se maquilla y se viste con ropas elegantes para acceder a ambientes que, de otro modo, estarían vedados a su investigación. La belleza de Chamorro supera así el valor puramente decorativo y se convierte en un elemento funcional de la trama, tal como ya ocurría en El lejano país de los estanques (en aquella ocasión, con playas nudistas incluidas). El sex-appeal del personaje no es ajeno a los tópicos del género (se me ocurren ahora los ejemplos de Los ángeles de Charlie, en mujeres, y del infatigable James Bond, en hombres) y es probable que el autor sea consciente de ello, porque no abusa de la capacidad seductora del personaje e incluso se permite alguna deliberada hipérbole al respecto (por ejemplo, en el episodio en el que la madame de un muy selecto servicio de señoritas de compañía sugiere a Chamorro que puede encontrar trabajo en su gremio si se decide a abandonar la Benemérita).

El personaje de Chamorro se define básicamente a partir de la mirada de su superior, quien a menudo realiza observaciones, reflexiones o juicios, casi siempre admirativos, sobre el comportamiento, las capacidades y las actitudes de su subordinada. Tal enfoque no carece de interés para el lector, porque amplía la perspectiva narrativa y da mayor profundidad al retrato psicológico del sargento. Ahora bien, en mi opinión este tratamiento no es del todo convincente, porque da como resultado un personaje limitado, pobre, menos “jugoso” de lo que prometía (y menos todavía para alguien que haya leído El lejano país de los estanques, novela en la que Chamorro destacaba con mayor fuerza y brío). En más de una ocasión, el personaje de Chamorro resulta demasiado desdibujado, y sufre un claro desequilibrio con respecto a su jefe, a cuyo lado parece más comparsa o figurante que verdadera co-protagonista.

Mucha mayor entidad y una imagen más certera y perdurable consigue el personaje protagonista, el sargento Rubén Bevilacqua, pues no en vano toda la trama se presenta a través de sus observaciones y de su testimonio. Digamos en primer lugar que estamos ante un investigador atípico, y que su singularidad comienza por su insólito apellido, el cual da lugar a innumerables confusiones, alguna de ellas de indudable comicidad. Desde luego, el lector que firma esta reseña no estaba acostumbrado a tratar con agentes de la autoridad como el que ahora nos ocupa: culto, licenciado en Psicología, poco o nada militarista, escéptico con la disciplina y la autoridad, y de talante civilizado, democrático y aun progresista. Sería injusto afirmar que es inverosímil acumular tantas cualidades en un sargento de la Guardia Civil, pero no que en algunas ocasiones pueda parecerle al lector un personaje excesivamente idealizado. Admito, no obstante, que este escrúpulo tiene que ver más con el posible referente del personaje (es decir, los guardias civiles reales), que con la recreación que de ellos lleva a cabo el autor, la cual, por otra parte, se halla en la mejor tradición del género. En efecto, Bevilacqua corresponde al modelo del investigador “cerebral” tantas veces inmortalizado en las novelas policíacas. Sus métodos se basan en la observación, la deducción, la tenacidad, el trabajo en equipo y el conocimiento de las turbias motivaciones del espíritu humano. De su labor queda casi totalmente excluida la violencia (excepto en una escena, hacia el final de la novela), aunque no las técnicas de intimidación que supongo forman parte inevitable de los interrogatorios policiales; incluso en la aplicación de éstas, el lector se identifica con el proceder del agente, pues sólo las utiliza sobre criminales indeseables o plutócratas corruptos.

Central nuclear de Trillo (Guadalajara), en la que se inspira la novela


Antes hemos invocado a Conan Doyle, pero habría que destacar que el protagonista de la novela de Lorenzo Silva está más cerca de los héroes de la novela “negra” contemporánea (de Hammett y Chandler para acá), que del modelo de los detectives del relato policial clásico (Sherlock Holmes, el padre Brown, Hércules Poirot). El hecho de que Bevilacqua sea un agente de una organización sometida a la disciplina militar no significa que también se trate de un policía complaciente y servil con la autoridad establecida, de un robot incapaz de la menor independencia de criterio; muy al contrario, su inteligencia, su experiencia y el consiguiente conocimiento de las formas más oscuras de ejercicio del poder económico y político (cuya eficacia y amplitud corruptora ya comprobamos en El lejano país de los estanques) le proporcionan esa capacidad de distanciamiento, ese talante escéptico y a veces sarcástico, típico de los héroes de la novela policíaca moderna.

A través de los ojos de Bevilacqua y de los vericuetos de la investigación criminal que protagoniza, el lector no sólo descubre la identidad de los criminales —condición sine qua non de toda novela del género—, sino que también tiene la oportunidad de entrar en los infiernos de la droga y la prostitución, asistir a sucios manejos empresariales y conocer las estrategias de los grupos de presión económicos y mediáticos. Con todo ello Lorenzo Silva dibuja un certero y ácido retrato de nuestra sociedad actual, dominada por el culto al dinero y al poder que éste proporciona. No es, en cualquier caso, un retrato tan amargo como pudiera parecer, ya que frente a la corrupción, la ambición desmedida, los vicios inconfesables o el señoritismo más repulsivo se alza la perspectiva del propio autor, quien no ha dudado en convertir a algunos personajes —no sólo Bevilacqua y Chamorro, sino otros inolvidables secundarios, como el joven y desbordado juez que instruye el caso, el eficaz comandante Pereira y los demás agentes de la Guardia Civil que aparecen a lo largo de la trama— en verdaderos adalides de la honestidad, la dignidad profesional y hasta el civismo. Quizás sea este el aspecto donde los militares de Lorenzo Silva resultan más prototípicos y tal vez increíbles o incluso incómodos para ciertos lectores. No obstante, no deja de ser refrescante la mirada que nos propone el autor madrileño, una mirada esperanzada y positiva, capaz de afirmar, entre tanta imagen de individualismo nihilista como pulula por la novela española contemporánea, la importancia de ciertas virtudes —el sentido del deber, el valor del trabajo bien hecho, la capacidad de afecto y compasión por las víctimas— encarnadas por hombres y mujeres entregados al servicio de sus conciudadanos.
 
 
 
 
 
 

LIBROS QUE HE LEIDO: EL INQUISIDOR (Patricio Sturlese)



EL AUTOR

Patricio Sturlese nació en Buenos Aires en 1973. Hijo de inmigrante genovés, en la actualidad cursa estudios académicos en el teologado del colegio Máximo de San Miguel, Argentina, y lleva a cabo labores de investigación de historia eclesiástica y de sectas. Paralelamente, a partir de 2005 asumió la dirección de Cultura de la Sociedad Italiana del partido de San Miguel, sede consular de Italia en esta ciudad. El inquisidor, su primera novela, ha sido y sigue siendo un éxito de ventas en España y América Latina, y ha sido traducida al italiano, alemán, ruso, polaco y rumano.



EL LIBRO

Génova, 1597. Angelo DeGrasso, Inquisidor General de Liguria, interroga en los sótanos de su abadía al brujo veneciano Eros Gianmaria mediante salvajes tormentos, en busca de una confesión. El papa Clemente VIII en persona le ha encargado una importante misión y no descansará hasta cumplirla: rastrear la última copia todavía existente del libro prohibido más buscado en tierras cristianas: el Necronomicón.

Hombre implacable y de profunda fe, dotado de aguda inteligencia y poder deductivo, el inquisidor DeGrasso es conocido por su crueldad a la hora de tratar con los herejes y su obediencia ciega al Santo Oficio de Roma, pero pronto se ve enfrentado a un destino escabroso. La aparición de una jovencita llamada Rafaella es solo el comienzo de un intrincado laberinto de misterios. Detrás del libro prohibido y una cofradía satánica se embarcará hasta el Nuevo Mundo donde hallará lo inesperado. Deberá librar una batalla terminal, no sólo contra la herejía y los enemigos de la Iglesia Católica, sino contra sí mismo, las tentaciones, y sus propios hermanos de fe. Una historia apasionante que transcurre entre hogueras y castillos, rodeada de aquelarres y escandalosos romances en el turbulento final del siglo XVI

IMPRESION PERSONAL

Entretenida y trepidante novela, la segunda que publica Patricio Sturlese. El tema principal, dentro de la Santa inquisición es, El Necronomicón. Una peligrosa mezcla de ingredientes que hacen que esta novela traiga un poco de "aire fresco" al manido tema de la inquisición.



Narrado en primera persona, se puede encontrar una descripción bastante completa de lo que fue esta temible organización. Al comienzo del libro, nos explica algunas de las actividades diarias de un inquisidor: el ejercicio de su función, las formas de tortura y el sustento religioso para utilizarlas. Cabe destacar que el Inquisidor creía en su obra como un soldado de Dios y no tenía la más mínima duda de que sus actos no eran pecaminosos. Además; nos muestra la Inquisición como un arma de doble filo: por un lado era un mecanismo para perseguir la “herejía” de aquella época y por otro lado; era un medio con fines políticos eclesiásticos cuyo objetivo era alcanzar el máximo poder sobre los demás. En esta lucha, precisamente, se sitúa el protagonista del libro: Angelo De Grasso, inquisidor general de Liguria, que será utilizado por unos y otros, descubriendo su verdadero origen, dejando entrar el amor en su vida y mostrándose como el “menos malo” de los malos.

Una lucha entre Inquisidores, masones y brujos por hacerse con la información que puede proporcionar el contenido del El Necronomicón y así obtener el poder que cada uno ansía para su causa. El libro comienza de forma muy rápida, con un despliegue de personajes que irán cobrando más o menos importancia en la trama, pero de los que no se puede olvidar el lector, pues el autor, ha sabido conjugar sus papeles para acrecentar el misterio, mantener la intriga y multiplicar los cambiantes vericuetos por los que irá conduciendo el desarrollo de la novela.

Catedral de San Lorenzo (Genova)


Procesos inquisidores, interrogatorios, detalladas torturas, amores prohibidos, traiciones, intriga y mentiras. Todos estos componentes dentro de la política eclesiástica son la fórmula para que esta novela, imprima un vertiginoso ritmo a su lectura desde la primera página hasta su final.
Sturlese se mueve con desenfado en escenarios de fines del siglo XVI en Europa; recorre sitios históricos ya olvidados y nombra cosas de las cuales el tiempo ha dejado sólo la sombra de las palabras que las designaban. No es una novela pesada pues se mueve con la velocidad de un thriller sacro que cuenta la historia del Inquisidor General de Liguria en busca de un libro maldito, el Necronomicon, cuyo paradero conoce un hereje preso en las mazmorras del santo tribunal. La historia se adensa con referencias a brujerías, hechizos, suplicios, ejecuciones y sociedades secretas que se mueven a la sombra en pos del libro maldito. El Necronomicon es un libro ficticio creado por la imaginación de H.P. Lovecraft; significa en griego el Libro de las leyes de los muertos; Lovecraft lo atribuye a un sabio árabe y remonta la quema de los ejemplares del libro maldito al siglo XIII. Sin embargo, para Sturlese ha quedado una copia, que es el cuerpo del delito de su novela.

Mucha mezcla de elementos esotéricos y religiosos, y poco desarrollo para una novela de casi 500  páginas.

ACTUALMENTE LEYENDO:  EL ALQUIMISTA IMPACIENTE  (Lorenzo Silva)

miércoles, 21 de agosto de 2013

LIBROS QUE HE LEIDO: EL HOMBRE QUE AMABA A LOS PERROS (Leonardo Padura)



EL AUTOR

Leonardo Padura Fuentes (La Habana, 1955) es un novelista y periodista cubano, conocido especialmente por sus novelas policiacas del detective Mario Conde. El Gobierno de España concedió en 2011 la ciudadanía de ese país a Padura, quien sigue viviendo en Cuba.

Nacido en el barrio de Mantilla, hizo sus estudios preuniversitarios en el de La Víbora, de donde es su esposa Lucía; naturalmente, estas zonas de La Habana, muy ligadas espiritualmente a Padura, se verán reflejadas más tarde en sus novelas. Padura estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad de la Habana y comenzó su carrera como periodista en 1980 en la revista literaria El Caimán Barbudo; también escribía para el periódico Juventud Rebelde. Más tarde se dio a conocer como ensayista y escritor de guiones audiovisuales y novelista.



Su primera novela —Fiebre de caballos—, básicamente una historia de amor, la escribió entre 1983 y 1984. Pasó los 6 años siguientes escribiendo largos reportajes sobre hechos culturales e históricos, que, como él mismo relata, le permitían tratar esos temas literariamente.  En aquel tiempo empezó a escribir su primera novela con el detective Mario Conde y, mientras lo hacía, se dio cuenta "que esos años que había trabajado como periodista, habían sido fundamentales" en su "desarrollo como escritor". "Primero, porque me habían dado una experiencia y una vivencia que no tenía, y segundo, porque estilísticamente yo había cambiado absolutamente con respecto a mi primera novela", explica Padura en una entrevista a Havana-Cultura.

Las policiacas de Padura tienen también elementos de crítica a la sociedad cubana. Al respecto, el escritor ha dicho: "Aprendí de Hammett, Chandler, Vázquez Montalbán y Sciascia que es posible una novela policial que tenga una relación real con el ambiente del país, que denuncie o toque realidades concretas y no sólo imaginarias".

Su personaje Conde —desordenado, frecuentemente borracho, descontento y desencantado, "que arrastra una melancolía", según el mismo Padura— es un policía que hubiera querido ser escritor y que siente solidaridad por los escritores, locos y borrachos. Las novelas con este teniente han tenido gran éxito internacional, han sido traducidas a varios idiomas y han obtenido prestigiosos premios. Conde, señala el escritor en la citada entrevista, refleja las "vicisitudes materiales y espirituales" que ha tenido que vivir su generación. "No es que sea mi alter ego, pero sí ha sido la manera que yo he tenido de interpretar y reflejar la realidad cubana", confiesa.

Conde, en realidad, "no podía ni quería ser policía" y en Paisaje de otoño (1998) deja la institución y cuando reaparece en Adiós Hemingway (2001) está ya dedicado a la compraventa de libros viejos.

Tiene también novelas en las que no figura Conde, como El hombre que amaba a los perros (2009), donde las críticas a la sociedad cubana alcanza sus cotas más altas.

Padura ha escrito también guiones cinematográficos, tanto para documentales como para películas de argumento.

Vive en el barrio de Mantilla, el mismo en el que nació. Al preguntarle por qué no puede dejar La Habana, el ambiente de su historia, ha dicho: “Soy una persona conversadora. La Habana es un lugar donde se puede siempre tener una conversación con un extranjero en una parada de guaguas”.

EL LIBRO

Se trata de una novela extraordinaria tanto en el sentido artístico como por ser síntoma de las reflexiones abiertas en la isla sobre el futuro de la revolución cubana. “El hombre que amaba a los perros”, novela del reconocido escritor cubano Leonardo Padura, relata tres historias (en realidad tres novelas en una) que se entrelazan de forma dramática y trágica.

La historia de Iván, un cubano cuyas pretensiones literarias e ideales revolucionarios se ven frustrados por la burocracia, el totalitarismo, la crisis económica que azotó la isla en la década de los 90s- tras la caída del stalinismo-, y una ortodoxia dogmática y sin vida que ahoga toda iniciativa y sume a Iván en el abismo de la depresión y el desencanto.

Trotsky y su esposa Natalia Sedova, con la pintora mexicana Frida Kahlo


Iván conoce en la playa a un misterioso hombre que, a con pretexto del amor por los perros que ambos comparten, le relata la criminal vida de Ramón Mercader del Río –desde su cooptación por el stalinismo, su relación edípica con su madre (Caridad Mercader), su vida gris tras el asesinato de Trotsky y sus días finales en la Cuba postrevolucionaria-, la vida de un hombre que es despersonalizado, fanatizado y convertido en una máquina sin nombre, sin pasado, al servicio del sátrapa Stalin. La novela también relata la lucha de Trotsky en contra del stalinismo desde su destierro en Turquía, su paso por Francia y Noruega su estancia en México y su brutal asesinato.
Las tres historias se enlazan tanto por su trágico final como por el amor por los perros que une a los tres personajes. Con una tención dramática excepcional se relata la exterminación por la brutal por la noria stalinista de los arquitectos de la revolución rusa, los compañeros de Lenin, de la familia de Trotsky, sus colaboradores, millones de seres humanos condenados a la muerte y al destierro siberiano; la traición hecha por el stalinismo de la revolución española, y la brutal despersonificación, fanatismo y enajenación que pervirtió al sueño revolucionario. El autor se propone reflexionar “la perversión de la gran utopía del siglo XX” y su relación con los acontecimientos en Cuba.

IMPRESION PERSONAL

La historia es de por sí compleja, pues abarca los últimos años de la trayectoria política y vital de  Liev Davídovich Bronstein, más conocido como Trotski, y las circunstancias biográficas de un supuesto sicario de origen belga y llamado Jacques Mornard, aunque luego se sabría que se trataba de un joven barcelonés de nombre Ramón Mercader. Por lo tanto, y con sólo leer la sinopsis argumental, el lector ya sabe que se va a enfrentarse a una gran parte de la historia del siglo XX, contada además desde la perspectiva del comunismo soviético y, más concretamente, de la siniestra figura de Stalin. Las luchas por el control de la gran maquinaria estatal soviética y del movimiento obrero internacional. La pérdida progresiva de la batalla por parte de la opción trotskista y la progresiva insania de un Stalin que va atravesando todas las etapas de la más vil perversión del movimiento revolucionario. Desde la eliminación de los contendientes políticos mediante el destierro (primera etapa de la derrota de Ttrotski) a la eliminación física de dichos contendientes mediante asesinos a sueldo (etapa final de la derrota de Trotski) todo ello acompañado de unos métodos cada vez más sutiles en la aplicación masiva del terror: esta estupendamente descrito en la novela cómo descubre Stalin que la manera de quebrar a la mitad de sus oponentes consiste en forzarles a reconocer públicamente los peores crímenes y conspiraciones, aunque no tardará en descubrir que la forma más inmediata y eficaz de eliminar a la otra mitad de sus oponentes consiste en forzarlos a ser acusadores y verdugos de la primera mitad en trance de ser eliminada.  Y qué decir de la  figura del presidente de una de las repúblicas soviéticas cuya esposa es enviada a un gulag acusada de ser una judía conspiradora...

Ramón Mercader en su juventud y en sus últimos años de vida


            O sea: no es una etapa fácil de contar y encima Leonardo Padura ha elegido una técnica narrativa no menos compleja. De entrada hay un narrador en primera persona al que no hay que confundir con el firmante del libro pues se llama Iván Cárdenas y es un veterinario al cargo de una clínica de ínfima categoría. Este Iván ha escuchado de labios de un exilado español oculto tras un nombre falso el relato de los últimos días de Trotski y las circunstancias de su muerte. Obsesionado por esa historia, y  aunque le aterran las consecuencias de lo que hace, opta por reflejar en un manuscrito las confesiones del exilado en el que no cuesta mucho reconocer  a un Ramón Mercader liberado de la URSS por estar enfermo de un cáncer terminal y al que le ha sido permitido instalarse en Cuba para que pase en paz sus últimos días.

            Sin embargo, este libro titulado El hombre que amaba a los perros no es la transcripción de los últimos días de Trotski  realizada por el tal Iván Cárdenas, pues éste le cede el manuscrito a su amigo Daniel Fonseca Ledesma, que lo lee y luego lo destruye como queriéndose desvincular de una historia siniestra, plagada de traiciones, debilidades y miserias pero que se resiste a morir porque ella (la historia) va pasando de unos a otros en un decidido empeño por sobrevivir y salir a la luz para ser conocida por todos.  Como si ella tuviese voluntad propia y se impusiese a la voluntad de quienes la escuchan y les obligase a contarla, aunque sea lo último que hagan en su vida.

Casa de Trotsky en Coyoacán, Ciudad de Mexico


El planteamiento narrativo permite a Padura ir alternando tres planos temáticos: por un lado, el de la accidentada peregrinación del fugitivo Trotski y sus familiares (donde tal vez hay una presencia excesiva de menudos datos históricos ya conocidos que desplazan la figura del personaje); por otro, el relativo a las maniobras preparatorias del espionaje soviético para culminar con la muerte del disidente las infinitas purgas ordenadas por Stalin; por último, la “novela de Iván Cárdenas”, el relato de la vida de un joven cubano que llega a conocer -sin saberlo- al Mercader anciano y, por su mediación, va descubriendo la perversión de la utopía comunista del genocida Stalin y entendiendo mejor su propia historia en la Cuba castrista, hasta el punto de que el derrumbamiento del techo de su casa que ocasiona la muerte de Iván adquiere caracteres simbólicos. Los tres planos se hallan diferenciados también mediante las voces narrativas: la primera persona para el relato de Iván y la tercera para los otros.

Bastan muy breves apuntes, pues, para sugerir la complejidad de esta novela, no sólo por su minuciosa reconstrucción de las vicisitudes que acompañaron el exilio de Trotski o los tortuosos preparativos de una venganza especial que debía coronar la trágica odisea de las sangrientas purgas stalinianas, sino porque con el personaje de Iván, inicialmente sometido a la educación y las condiciones de vida del castrismo cubano, el autor ha erigido, en medio de las historias que se mezclan y entrecruzan, una conciencia moral que va creciendo y desarrollándose, con una serie de reflexiones sobre la libertad, o bien acerca del racismo, la opresión y el genocidio en que han desembocado algunos de los grandes mitos del XX. El equilibrio entre estos motivos, la amplitud del desarrollo, la finura con que están trazados los perfiles psicológicos incluso de personajes secundarios, proporciona a la novela de Padura una densidad y una riqueza que pocas veces nos es dado hallar en una obra narrativa. Cualquiera de los núcleos temáticos podría ser objeto de una novela de desarrollo independiente, pero sobre todo la historia de Iván, que se desenvuelve con una pausada y exacta dosificación y proporciona al conjunto sus elementos de mayor hondura, constituye una muestra admirable de relato.

La reflexión que plantea Padura no puede ser más oportuna. Si bien ésta obra debe ser juzgada con base en sus meritos artísticos propios, el objetivo que se propone el autor con su obra es en sí mismo un objetivo político, ello nos autoriza a hacer algunas reflexiones sobre dicho contenido. El autor ve con cierta simpatía a León Trotsky pero se trata de la misma simpatía de aquel que ve a un heroico Don Quijote al enfrentarse inútilmente contra colosales molinos de viento, molinos que se alimentan con sangre, con cuerpos humanos y sueños rotos. Para Padura la lucha de Trotsky era estéril porque la revolución ya estaba muerta como muerta está la revolución cubana (Iván es en realidad una proyección de la desmoralización política del propio autor).
El autor ve con condescendencia escéptica lo que quizá sea la principal lección que el pensamiento de Trotsky tiene para la revolución cubana: la revolución burocratizada debe ser rescatada mediante la democracia obrera, la extensión internacional de la revolución y la preservación de la economía planificada. En contraste con ello Padura hace decir a Trotsky novelesco lo contrario de lo que en realidad defendió, convirtiendo a ratos a Trotsky en un muñeco de ventrílocuo de las opiniones políticas del autor; así por ejemplo Padura hace pensar a Trotsky: “Habría que admitir (…) que la URSS no había sido más que la precursora de un nuevo sistema de explotación y que su estructura política tenía que engendrar, inevitablemente, una nueva dictadura, si acaso adornada con otra retórica”. Para Padura la revolución cubana es un cadáver que ya no puede ser regenerado ni defendido.

Hotel Moksva en Moscú, durante décadas casi el único donde podían alojarse visitantes extranjeros

Debemos insistir, no obstante las posiciones políticas del autor, que ésta obra debe ser juzgada por sus enormes méritos literarios y como tal es enteramente recomendable. Como evento sintomático la obra es importante también porque muestra el debate y la acalorada polémica en torno al futuro de la revolución cubana que se ha abierto en la isla, el interés creciente por las ideas de Trotsky (interés en el cual la Corriente Marxista Internacional ha tratado de llenar por medio de la difusión pionera de la obra de Trotsky) de aquellos que intentan salvar y profundizar la heroica revolución cubana. Creemos que “El hombre que amaba a los perros” responde a éste creciente debate y que, además de ser una obra artística que merece la atención del lector, puede generar interés por leer de manera directa la obra de éste gran revolucionario cuyas lecciones (la democracia obrera, el internacionalismo proletario, entre muchas otras ideas) son más necesarias que nuca para salvara a la revolución cubana y encaminarla por los senderos del auténtico marxismo.

Como añadido final, reseñar que, en el apartado de agradecimientos del autor, he quedado muy gratamente sorprendido al encontrar el nombre de mi amigo Barbarito, el lector cubano, el cual, en su modestia congénita, jamás me ha mencionado tal circunstancia.