viernes, 1 de junio de 2012

LIBROS QUE HE LEIDO: LA ALPUJARRA (PEDRO ANTONIO DE ALARCON)

EL AUTOR

Pedro Antonio Joaquín Melitón de Alarcón y Ariza, novelista español (Guadix, Granada, 10 de marzo de 1833Madrid, 19 de julio de 1891). Perteneció al movimiento realista. Se trata de uno de los más destacados autores de este movimiento, uno de los artífices del fin de la prosa romántica



Biografía

Pedro Antonio de Alarcón tuvo una intensa vida ideológica; como sus personajes, evolucionó de las ideas liberales y revolucionarias a posiciones más tradicionalistas. Aunque su familia provenía de hidalgos era más bien humilde, aunque no tanto como para no poder permitirse enviarlo a estudiar Derecho en la Universidad de Granada, carrera que abandonó pronto para iniciarse en la eclesiástica. Aquello tampoco le satisfizo y abandonó en 1853 para marchar a Cádiz, donde funda El Eco de Occidente, junto a Torcuato Tárrago y Mateos, iniciando su carrera periodística en la dirección de este periódico.
Alarcón escribía desde su adolescencia, citándose a don Isidro Cepero como el instigador principal de su inquietud literaria. Su primera obra narrativa, El final de Norma, fue compuesta a los 18 años y publicada en 1855. Sus inquietudes le llevaron a integrarse en el grupo que se llamó la Cuerda granadina.
Se trasladó en 1854 a Madrid, molesto con el entorno reaccionario de Granada. Allí crea un periódico satírico, El látigo, que también dirige, de cierto éxito, con ideología antimonárquica, republicana y revolucionaria. Era un claro heredero de su experiencia en El eco de Occidente.
En 1857, escribe El hijo pródigo, drama de gran éxito. También en 1857 empieza a publicar relatos y artículos de viajes en la publicación madrileña El Museo Universal. Más tarde interviene como soldado y periodista en la guerra de África, recogiendo todo lo que acontecía en la campaña y en su vida allí y que luego mandaba a su editor en una serie de artículos, que se recogieron bajo el título de Diario de un testigo de la guerra de África, en 1859; este libro es especialmente apreciado por su gran y prolija descripción de la vida militar.
Más adelante cultivó la literatura de viajes, contando en diversos artículos sus viajes por Italia (recogidos en De Madrid a Nápoles, 1861) y su Granada natal (La Alpujarra, 1873), en los que el realismo de las descripciones contrasta con la ilusión de una prosa que narra lo cercano y desconocido. Estos artículos rebasan el interés meramente periodístico, constituyendo un ejemplo para toda la literatura de viajes posterior.
En 1865 se casó con Paulina Contreras Rodríguez en Granada, de cuyo matrimonio nacieron cinco hijos, dos varones y tres mujeres. Los varones fallecieron en Madrid en los años de la contienda civil, al igual que dos de las hijas, casándose la única que sobrevivió, Carmen de Alarcón Contreras, con Miguel Valentín Gamazo, de cuyo matrimonio tuvieron tres hijos: María del Carmen, María del Pilar y Miguel Valentín de Alarcón, que falleció en Madrid el 4 de mayo de 2000, siendo el último descendiente directo de Pedro Antonio de Alarcón, pues murió soltero y sin que se sepa que tuviera descendencia.
Como integrante de la Unión Liberal ostentó diversos cargos, siendo el más importante el de consejero de estado con Alfonso XII, en 1875, siendo también diputado, senador y embajador en Noruega y Suecia. Además fue académico de la Real Academia de la Lengua desde 1877.
Hacia 1887, convencido de que en el camino del realismo lo había dado todo, se condenó al silencio. Tal vez influyeron las críticas de sus antiguos correligionarios liberales. Por ejemplo, Manuel del Palacio escribió sobre él lo siguiente:
Literato, vale mucho;
folletinista, algo menos;
político, casi nada;
y autor dramático, cero.
Trayectoria literaria

Su primera obra narrativa fue El final de Norma, que sólo vio publicada en 1855. Comenzó a escribir relatos breves de muy acusados rasgos románticos hacia 1852; algunos de ellos, entroncados con el costumbrismo andaluz, revelaban el influjo de Fernán Caballero, pero otros demuestran la impronta de una atenta lectura de Edgar Allan Poe, de quien introdujo el relato policial con su novela El Clavo, aunque también compuso relatos góticos o de terror a semejanza de su modelo. Desde 1860 hasta 1874 agregó a los relatos la redacción de libros de viajes. Estos últimos son Diario de un testigo de la guerra de África (1859), De Madrid a Nápoles (1861) y La Alpujarra (1873), que suponen ya un acercamiento al realismo. En 1874 publicó El sombrero de tres picos, desenfadada visión del tema tradicional del molinero de Arcos y su bella esposa perseguida por el corregidor. Recogió sus artículos costumbristas en Cosas que fueron (1871) y sus poemas juveniles en Poesías. También intentó el teatro con su drama El hijo pródigo, estrenado en 1875.
En el Diario de un testigo de la guerra de África revela su talento descriptivo, presente también en los apuntes del viaje por Francia, Suiza e Italia y en La Alpuiarra, donde logra insertar la viva realidad en la historia casi legendaria de sus sublevaciones moriscas aproximándose a la novela. Entre 1874 y 1882 aparecieron sus obras más conocidas y famosas: los cuentos y las novelas cortas y extensas. Los relatos breves abarcan las Narraciones inverosímiles, bajo el ya mencionado influjo de Poe a los Cuentos amatorios, que se sitúan entre la sensiblería y el misterio policiaco, destacando El clavo y La comendadora. Otra recopilación son sus Historietas nacionales, de honda raigambre popular y que entroncan con obras similares de Fernán Caballero y Honoré de Balzac y van desde el tema heroico de la resistencia a los invasores franceses hasta el popularismo épico de los bandoleros, pasando por las frecuentes algaradas civiles que al autor le tocó vivir. Destacan El carbonero alcalde, El afrancesado, El asistente y, la que algunos consideran la mejor de todas, El libro talonario.
En 1875 aparece El escándalo, que une el tema religioso a la crítica social. Ofrece una galería romántica de personajes, desde el soñador y enigmático Lázaro hasta el voluble Diego. De entre todos, descuellan el P. Manrique, jesuita consejero de la aristocracia, y el alocado y simpático Fabián Conde. El protagonista de la novela, víctima de sus calaveradas de joven, aprende a asumir su pasado bochornoso mejor que a pretender ocultarlo con mentiras burguesas. Prosiguiendo esa vena moralista, el autor siguió la trayectoria iniciada con dos obras más, El niño de la bola (1878) y La Pródiga (1880), un alegato contra la corrupción de las costumbres. Poco después publicó El capitán Veneno (1881)
Pedro Antonio de Alarcón es ante todo un habilísimo narrador: sabe como nadie interesar con una historia; en sus libros la acción nunca decae y, aunque el cronotopo o marco espaciotemporal de sus novelas suele ser de estilo realista, sus personajes son en el fondo románticos; en el curso de su producción novelística se va convirtiendo en un moralista.

LA OBRA



La Alpujarra de Pedro Antonio de Alarcón ocupa un lugar privilegiado en la historia de la literatura viajera escrita en castellano. En sus páginas se describe el corazón de la Sierra Nevada granadina, un territorio pleno de bellezas que conservaba intacto en el último tercio del siglo XIX el sabor arcaico de sus "tradiciones populares", donde el autor quiere reconocer los últimos indicios vivos de la herencia árabe en Andalucía.
Así, aunque La Alpujarra pueda encuadrarse en el género de los reportajes periodísticos realizados en torno a aspectos políticos y sociales, contiene además de la narración del viaje, un conjunto magnífico de cuadros costumbristas y recreaciones históricas de gran valor literario, como los hechos sucedidos en la región, durante el reinado de Felipe II, con las rebeliones moriscas de Abén Humeya y Abéen Aboo.
Sin olvidar su célebre "De Madrid a Nápoles" o sus "Viajes por España", es La Alpujarra la obra donde la capacidad descriptiva y evocadora de Pedro Antonio de Alarcón alcanza sus máximas cotas literarias, constituyendo el prólogo imprescindible que, muchos años después, animará a otros autores como Gerald Brenan a retomar el estudio antropológico e histórico de la comarca.



De Historia de mis libros, XII “La Alpujarra”

"Sucede con frecuencia en el estadio de la literatura, y sobre todo en los teatros que la masa general del público entiende mejor las obras y se penetra más de su esencia que los críticos de profesión y gentes del oficio; lo cual consiste en qué, dominados éstos por ideas y pasiones de escuela, o empeñados en que cada autor corresponda a determinado molde, no se fijan tanto en lo que por su parte sienten como en lo que piensan, y, antes que al experimento, refieren su crítica a preocupaciones o prejuicios.
Algo de esto pasó cuando publiqué La Alpujarra. Era aquel libro, en su economía interna, un alegato a favor de la tolerancia religiosa; demostraba que la mente de Jesucristo no fue nunca crucificar a los adversarios o desconocedores de su doctrina, como los crucificaron a él los sacerdotes hebreos, sino convertirlos, catequizarlos, salvarlos por medio de la caridad, aún a riesgo de la propia muerte; condenaba yo desde este punto de vista, y también desde el de los intereses patrios, la expulsión de los Judíos y de los Moriscos; concretábame luego a estos últimos, y deploraba que no se hubiesen cumplido las Capitulaciones en cuya virtud se rindió Granada a los cristianos; me quejaba de que la Inquisición obligase, como obligó, por el terror y la violencia, a los rendidos islamitas a dejar sus leyes, trajes y costumbres, y de que los forzara a recibir un bautismo colectivo, inútil y hasta blasfematorio, por cuanto lo aborrecían y despreciaban aquellos mismos hombres y mujeres, viejos y niños , a quienes con una escoba se rociaba de agua bendita, imaginándolos, por ende, convertidos la fe cristiana, lamentaba; en fin, que, con tales atropellos, injusticias y ridiculeces, se les hubiera impulsado a la rebelión y a la venganza, según declara el Tácito español, don  Diego Hurtado de Mendoza, cuando era indudable que, de seguirse el primitivo sistema de atracción, beningnidad y buenos ejemplos, practicado y recomendado por Isabel la Católica, el Arzobispo Hernando de Talavera y el gran Tendilla, todos aquellos moros tan inteligentes, cultos y apegados a España, se habrían confundido muy luego con los vencedores, en una sola religión y un solo sentimiento patrio, según que ya iba aconteciendo antes de que el Tribunal del Santo Oficio tomase cartas en el asunto.
Al mismo tiempo que estas ideas de tolerancia y de evangelización pacífica, defendía yo, en varios capítulos de La Alpujarra, la absoluta necesidad de que cada gobierno del mundo costeara y enalteciera la religión de las mayoría de sus administrados o comitentes; impugnaba la flamante teoría de indiferencia o ateísmo del Estado, por ser mi opinión que no pueden subsistir socialmente aquellos pueblos que llegan a desconocer la responsabilidad humana ante un eterno Juez; pedía al Poder público de España que favoreciese y propagase el Catolicismo, bien por medios caritativos y edificantes, adecuados a la divina moral del Evangelio, y aducía, por último, como fundamento de esta demanda, no sólo mi propia adoración a Jesucristo, sino la seguridad y evidencia de que la inmensa mayoría… (¿qué digo mayoría?), la casi totalidad de los españoles que hoy tienen religión positiva son católicos apostólicos romanos.
Pues bien: algunos críticos, no el público; varios censores sistemáticos, no los lectores de buena fe; los propagandistas de la impiedad, en una palabra, se desentendieron del sentido general de mi obra, así como de clarísimas declaraciones contenidas en ella; y, mientras infinidad de gentes leales y despreocupadas (pues también es preocupación el racionalismo ilimitado) me hablaban de la imparcialidad histórica y de la religiosidad abstracta con que había yo defendido los fueros de la conciencia contra la tiranía de los conquistadores, exaltando el espiritualismo de toda fe mística, aunque fueses errónea como la de los moros, sobre el materialismo y la indiferencia religiosa, que imperan hoy en las aulas del Continente europeo, vi que los mencionados apóstoles del ateísmo, indudablemente a sabiendas de que engañaban al público, dieron en la flor de proclamar en letras de molde que La Alpujarra (¡aquel libro en que con tanto afán recomendaba yo la armonía entre la libertad y la fe, o sea las paces entre la Iglesia y la democracia!) no pasara de ser el “engendro más o menos artístico y literario, de un intolerante de siete suelas, inquisidor de tomo y lomo, y enemigo implacable de los mahometanos y de los judíos”; con lo cual, y con la indulgencia de algunos neocatólicos muy amables, que por entonces me regalaban su gratuito aplauso, halléme de pronto convertido, a los ojos de los filosofastros imberbes, en una especie de Torquemada…
Mucho me hizo reír entonces el verme con este disfraz que me endosaron juntamente la malevolencia de unos y la sagacidad de otros… En medio de todo, y comparados los terroristas de la derecha con los terroristas de la izquierda, más agradable érame el trato de los atildados, discretos y corteses inquisidores sin ejercicio, hacia cuyo campo me empujaban todos, que la compañía o las celebraciones de aquellos petroleros morales, faltos de aseo intelectual y social, cuyo primer saludo en mitad de la calle era decirme “¡Cuánto más valdrían los libros de usted si hablasen pestes de Dios, de la Virgen y de los Santos!” Pero como hoy, al hacer este mi testamento, debo exponer seriamente las cosas, declaro, en confirmación del espíritu y letra de La Alpujarra, que tan enemigo soy de un terror como de otro; que lo mismo condeno y condené siempre a los moriscos que martirizaban cristianos, que a los cristianos que martirizaban moriscos; que aborrezco toda violencia en materias de fe; que, a fuer de hijo del Evangelio, soy tolerante y liberal en el buen sentido de ambas palabras, y que dentro de esa tolerancia y de ese liberalismo cabe y aconsejo una constante predicación pacífica  (no meramente con palabras, sino también con ejemplos) de las excelencias y ventajas de la Religión… española.
Para las restantes aclaraciones y advertencias, me remito a los Prolegómenos con que empieza mi libro; y en cuanto a los defectos de la composición y del lenguaje, cedo la palabra a mis peores adversarios, conformándome desde ahora con sus críticas, por duras que resulten, con tal que ellos se resignen, en cambio, que se puede muy bien no ser intolerante ni ultramontano, aun no siendo tampoco materialista ni impío. Dicho lo cual, terminaré añadiendo, pues así me lo preceptúa la gratitud, que comencé a escribir La Alpujarra el mismo día que cumplí cuarenta años de edad (10 de marzo de 1873) en una hermosa Dehesa, hoy Colonia, de la provincia de Cáceres, como huésped de mi querido amigo el señor don Joaquín Boix, entre un magnífico pinar lleno de medrosa poesía, y aquellas alegres orillas del Tiétar, que describo en mi Visita al monasterio de Yuste".

OPINION PERSONAL

Tenía muchisimas ganas de leer a alguno de nuestros clasicos. Algunos dirán que Alarcón es un clasico menor, de esos que casi pasan desapercibidos con apenas un par de lineas en los manuales de Literatura Española. Que gran error !!!  Lo cierto es que produjo una vastísima obra y que sólo hay que leerla un poco para darse cuenta de que estamos ante uno de los gigantes de la Literatura Española.
Centrandonos en el libro que hoy nos ocupa, La Alpujarra, subtitulada "Sesenta leguas a caballo, precedidas de seis en diligencia", hay que decir en primer lugar que se trata de un libro de viajes, y escrito impecablemente. Hacía mucho tiempo que no me recreaba tanto leyendo, es el placer de lectura, regocijarse con su sintaxis, maravillarse ante su vasta cultura, sin llegar a la pedanterìa, instruirse al fin y al cabo. Sólo añadir al respecto que ante éste libro, las obras de otros muchos escritores españoles más famosos para el gran público, incluyendo a algún Premio Nobel, en lo que respecta a la literatura de viajes, quedarían como simples diarios de excursionistas domingueros.
Pero "La Alpujarra" es más que un libro de viajes. Además de las bellísimas y detalladas descripciones de la comarca, sus lugares, sus villas, sus gentes, etc, Alarcón nos regala una literaria exposición de la historia de la comarca, concretamente la referida a la conquista por los Reyes Catolicos y consiguiente expulsión del último rey nazarí de Granada, Boabdil, y después, más extensamente, los hechos acaecidos durante la llamada Rebelion de las Alpujarras o "Rebelión de los Moriscos", encabezada por Aben Humeya (o Don Fernando de Válor), ocurrida ochenta años después de la reconquista de Granada por los Reyes Catolicos (1568-71).
En definitiva y para concluir, recomendaría a todo el que lea éstas lineas que si quiere disfrutar de un libro magistralmente escrito y que además nos instruye sobre una comarca y una epoca historica bastante desconocidas para el gran público, consiguiera cuanto antes un ejemplar de La Alpujarra, y se regocije como un servidor lo ha hecho.

ACTUALMENTE LEYENDO:  EL GENERAL EN SU LABERINTO (GABRIEL GARCIA MARQUEZ)



En esta obra se mezclan la clásica concepción de los libros de viajes con la indagación histórica y otras reflexiones de índole religiosa. Así, Alarcón, a la vez que describe con gran maestría la geografía y etnografía de la comarca granadina, va también revisando la historia de la sublevación de los moriscos y de su líder Abén Humeya. Sin embargo, todo esto no deja de ser un tapiz de fondo, concebido como una herramienta para ayudar a mostrar sus concepciones de tolerancia religiosa, dentro de la óptica de un catolicismo moderado. En esta edición se han introducido, a modo de prólogo, las propias palabras sobre La Alpujarra que su autor escribe en su obra Historia de mis libros.





lunes, 28 de mayo de 2012

Peliculas que he visto: Ensayo de un crimen (Luis Buñuel, 1955)

EL DIRECTOR

Luis Buñuel Portolés (Calanda, Teruel, Aragón, España; 22 de febrero de 1900 - Ciudad de México, México; 29 de julio de 1983) fue un director de cine español naturalizado mexicano.[1] La gran mayoría de su obra fue realizada en México y Francia y es considerado uno de los más importantes y originales directores de la historia del cine.



Sus primeros años
Luis Buñuel nació en Calanda el 22 de febrero de 1900. Su padre, Leonardo Buñuel González, originario del mismo pueblo, donde tenía un negocio de ferretería, había conseguido una pequeña fortuna en Cuba y tras la guerra de independencia liquidó sus negocios y volvió a su pueblo natal, donde se casó con María Portolés Cerezuela, mucho más joven que él, con la que tuvo siete hijos: Luis (1900), María (1901), Alicia (1902), Concepción (1904), Leonardo (1907), Margarita (1912) y Alfonso (1915). A los cuatro meses del nacimiento de su primogénito, la familia se trasladó a vivir a Zaragoza y a partir de entonces pasó a repartir sus vacaciones entre Calanda (donde regresaban en Semana Santa) y San Sebastián.
Así pues, Luis pasó toda su infancia y adolescencia en Zaragoza, donde cursó la educación primaria y secundaria, primero en Corazonistas (con mayoría de franceses) y luego durante siete años en el colegio jesuita de El Salvador, en la plaza de Aragón, a media pensión (con una gorra como uniforme). En 1908 asistió por primera vez al cine Farrucini (una barraca con una lona como cubierta) para ver una película coloreada a mano de dibujos animados. En esa época el cine era considerado todavía una atracción de feria y aún tardó unos años en haber salas estables. Luis vio durante su infancia muchas películas (su prima tenía acceso desde la cocina de su casa a la pantalla de uno de los primeros cines de Zaragoza). Cuando tenía trece años, a la vuelta de uno de los habituales viajes a París de sus padres, éstos le regalaron un teatro con personajes de cartón; con este teatro comenzó a ofrecer representaciones a los jóvenes de su pueblo.
A partir de 1913, paralelamente a sus estudios, comenzó a estudiar violín y a tocar en el coro de la Virgen del Carmen de Zaragoza. Ese mismo año salió por primera vez de Aragón y viajó a Vega de Pas (Cantabria). En 1915 fue expulsado por los jesuitas del colegio a causa de una borrachera y se matriculó en el Instituto de Enseñanza Media de Zaragoza (más tarde llamado Goya) como alumno libre. En esa época leyó El origen de las especies de Darwin.
A los 17 años, terminado el bachillerato, partió a Madrid para cursar estudios universitarios. En la capital se alojó en la recién creada Residencia de Estudiantes, fundada por la Institución Libre de Enseñanza, donde permaneció siete años. Su propósito era estudiar, inducido por su padre, Ingeniería Agrónoma. En esta época se interesó por el naturismo y llevó una alimentación y vestimenta espartanas, gustando de lavarse con agua helada. Tomó parte de las actividades del cine-club de la Residencia y trabó amistad con, entre otros, Salvador Dalí, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Pepín Bello y Juan Ramón Jiménez. También participó en las tertulias ultraístas y, todos los sábados desde 1918 hasta 1924, en las del Café Pombo, dirigidas por Ramón Gómez de la Serna.
En 1920 inició, con el doctor Ignacio Bolívar, estudios de entomología, que abandonó para matricularse en Filosofía y Letras, rama de Historia, ya que se había informado de que varios países ofrecían trabajo como lector de español a licenciados en Filosofía y Letras, lo que suponía una oportunidad de cumplir su deseo de salir de España.
Con sus compañeros de la Residencia hizo sus primeros ensayos de puesta en escena, con versiones delirantes del Don Juan Tenorio en las que actuaban Lorca, Dalí y otros compañeros.
En 1921, año del Desastre de Annual, conoció en la Residencia al hermano de Abd el Krim, dirigente de la resistencia contra la dominación colonial española y francesa en el norte de Marruecos. Visitó por primera vez Toledo, ciudad que causó una profunda impresión en Buñuel y sus amigos. También tuvo conocimiento en estos años de las tendencias internacionales más importantes del pensamiento y del arte y mostró interés por el Dadaísmo y la obra de Louis Aragon y André Bretón. Y por supuesto siguió asistiendo con regularidad al cine.
En 1923 murió su padre en Zaragoza, inició el servicio militar y publicó su primer artículo, al que siguieron cuentos y poemas en revistas de vanguardia e incluso preparó un libro que los recopilaba bajo el título Un perro andaluz. Muchas de las imágenes de sus escritos de estos años, previos al surrealismo francés, pasaron a su cine. El día de San José de ese mismo año de 1923 fundó la paródica Orden de Toledo y se nombra a sí mismo condestable. Para ser caballero había que emborracharse y estar toda la noche sin dormir. A ella pertenecieron, entre otros, Dalí, Pepín Bello, Alberti...
En 1924, año en que Dalí le realiza su primer retrato, se licenció en Historia y renunció al doctorado, decidido a marcharse a París, la que por entonces era capital cultural de occidente.

 París y primeras películas

En enero de 1925, después de asistir a la conferencia que da Louis Aragon en la Residencia de Estudiantes, Buñuel abandonó Madrid rumbo a París. En la capital francesa asistió a las tertulias de los inmigrantes españoles y se acerca cada vez más al grupo surrealista. Su afición por el cine se intensificó y veía habitualmente tres películas al día, una por la mañana (generalmente proyecciones privadas, gracias a un pase de prensa), otra por la tarde en un cine de barrio y otra por la noche. También comenzó a colaborar como crítico en varias publicaciones de cine y arte, como Cahiers d'Art, Alfar, L'Amic de les Arts, Helix, Horizonte y La Gaceta Literaria. En ellas dejó constancia de sus concepciones cinematográficas, algo en lo que no se prodigó en lo sucesivo.
El pianista Ricardo Viñes le propuso la dirección escénica de El retablo de Maese Pedro de Manuel de Falla, que, estrenada en Ámsterdam el 26 de abril de 1926 y representada también al día siguiente, supuso un importante éxito. Esta experiencia le llevó a escribir una pieza de teatro de cámara de vanguardia titulada Hamlet en 1927, que fue estrenada en el Café Sélect de París.
Su conversión total al cine se produjo tras ver la película Las tres luces (Der müde Tod) de Fritz Lang. Varias semanas después se presentó en un rodaje al conocido director de cine francés Jean Epstein y se ofreció a trabajar en cualquier labor a cambio de aprender todo lo que pudiera acerca del cine y Epstein acabó permitiéndole desempeñar el cargo de ayudante de dirección en el rodaje de sus películas mudas Mauprat y La caída de la casa Usher (La chute de la maison Usher), de 1928.
También en estos años colaboró como actor en pequeños papeles, como el de contrabandista en la película Carmen, de los estudios Albatros, con Raquel Meller, y en La Sirène des Tropiques con Joséphine Baker. Todo este bagaje le familiarizó con el oficio cinematográfico y le permitió conocer a buenos profesionales y actores que después habrían de colaborar con él en Un perro andaluz y La edad de oro, sus dos primeras películas. Como crítico, elogió el cine de Buster Keaton y atacó, por considerarla pretenciosa, la vanguardia cinematográfica francesa, en cuyas filas militaba el propio Jean Epstein. Es conocida su ruptura con éste al negarse el aragonés a trabajar en el nuevo proyecto del más reputado de los directores vanguardistas franceses, Abel Gance.
Cada vez más interesado por el grupo surrealista de Breton, comenzó a trasladar a sus compañeros de la Residencia de Estudiantes las novedades de esta tendencia, escribiendo poemas de un surrealismo ortodoxo e instando a Dalí a que se trasladase con él a París para conocer el nuevo movimiento. En 1927 escribió Polismos y viajó a la Residencia de Estudiantes para dirigir un ciclo de cine.
En 1928 preparó un guion cinematográfico sobre Francisco de Goya con motivo del centenario de su fallecimiento, patrocinado por una comisión zaragozana. El proyecto no llegó a buen término por falta de presupuesto, como tampoco otro basado en un guion de Ramón Gómez de la Serna que iba a titularse El mundo por diez céntimos, en el que el hilo conductor iban a ser los sucesivos cambios de dueño de una moneda. Este mismo año se adhirió al grupo surrealista de París. En colaboración con Ramón Gómez de la Serna terminó el guion de Caprichos, que nunca se llega a rodar.

Salvador Dalí (1939).
En enero de 1929, Buñuel y Dalí, en estrecha colaboración, ultimaron el guion de un film cuyo proyecto se titularía sucesivamente El marista en la ballesta, Es peligroso asomarse al interior y, por fin, Un perro andaluz. La película se comenzó a rodar el 2 de abril con un presupuesto de 25.000 pesetas aportadas por la madre de Buñuel. Se estrenó el 6 de julio en el Studio des Ursulines, un cine-club parisino, en el que alcanzó un clamoroso éxito entre la intelectualidad francesa, y permaneció en exhibición nueve meses consecutivos en el Studio 28.
A partir de la proyección de Un perro andaluz, Buñuel fue admitido de lleno en el grupo surrealista, que se reunía diariamente en el Café Cyrano para leer artículos, discutir sobre política y escribir cartas y manifiestos. Allí, Buñuel forjó amistad con Max Ernst, André Bretón, Paul Éluard, Tristan Tzara, Yves Tanguy, Magritte y Louis Aragon, entre otros.
A fines de 1929 se volvió a reunir con Dalí para escribir el guion de lo que sería más tarde La edad de oro, pero la colaboración ya no resultó tan fructífera, pues entre los dos se interpone el gran amor de Dalí, Gala Eluard. Buñuel comenzó el rodaje de la película en abril de 1930, cuando el pintor se encontraba disfrutando de unas vacaciones con Gala en Torremolinos. Cuando descubrió que Buñuel ya había acabado la película con el sustancioso mecenazgo de los Vizcondes de Noailles, que deseaban producir una de las primeras películas sonoras del cine francés, Dalí se sintió marginado del proyecto y traicionado por su amigo, lo que originó un distanciamiento entre ellos que se fue incrementando en el futuro. A pesar de aquello, felicitó a Buñuel por el largometraje, asegurando que le había parecido "una película americana". El estreno tuvo lugar el 28 de noviembre de 1930. Cinco días más tarde grupos de extrema derecha atacaron el cine donde se proyectaba y las autoridades francesas prohibieron la película y requisaron todas las copias existentes, comenzando una larga censura que duraría medio siglo, pues no sería distribuida hasta 1980 en Nueva York y un año después en París.

Foto de rodaje de La Edad de Oro. Buñuel aparece sentado en el centro.
En 1930 Buñuel viajó a Hollywood, contratado por la Metro Goldwyn Mayer, como «observador», con el fin de que se familiarizara con el sistema de producción estadounidense. Allí conoció a Charles Chaplin y Serguéi Eisenstein. En 1931 llegó a España, en vísperas de la proclamación de la Segunda República. La edad de oro se proyectó en Madrid y Barcelona. En 1932 asistió a la primera reunión de la Asociación de Escritores Revolucionarios (AERA), se separó del grupo surrealista y se afilió al Partido Comunista francés. Contratado por la Paramount, regresó a España y trabajó como responsable de sincronización. En 1933, financiado por su amigo Ramón Acín, filmó Las Hurdes, tierra sin pan, un documental sobre esa comarca extremeña. La derecha y la Falange Española comenzaban a rebelarse en España y la película fue censurada por la joven y débil Segunda República Española por considerarla denigrante para España. Ese mismo año firmó un manifiesto contra Hitler con Federico García Lorca, Rafael Alberti, Sender, Ugarte y Vallejo.
En 1934 visitó en París a Dalí, ya casado con Gala. Dalí se mostró indiferente con Buñuel, con lo que se incrementó su distanciamiento. El 23 de junio se casó con Jeanne Rucar, a la que había conocido en casa de su amigo Joaquín Peinado en 1925 cuando estudiaba anatomía en París, y que había sido medalla de bronce de gimnasia artística en las Olimpiadas de París de 1924. La boda se celebró en la alcaldía del distrito XX de la capital francesa, sin invitar a la familia, con tres testigos improvisados (uno de ellos, un transeúnte desconocido) y, después de comer, Buñuel volvió a Madrid, ya que había aceptado trabajar para la Warner Brothers como director de doblaje. La pareja tendría dos hijos, Jean Louis, nacido en París, y Rafael, que lo haría en Nueva York.
En 1935, con ayuda de algún dinero familiar, fundó, junto a Ricardo Urgoiti, la productora Filmófono, que competía con la Cifesa de los hermanos Casanova, principal productora española de los años treinta. Filmófono produjo películas como Don Quintín el amargao, donde debutó en el cine la gran bailaora Carmen Amaya, La hija de Juan Simón, ¿Quién me quiere a mí? o ¡Centinela alerta! y la única condición de Buñuel para producirlas era, curiosamente, no aparecer en la ficha técnica, pues a sus ojos no eran más que "melodramas baratos". Todas estos largometrajes fueron rentables y supusieron la consolidación de la industria cinematográfica española de los años treinta. Sin embargo, la Guerra Civil abortó este proyecto.
 La Guerra Civil. Estados Unidos
El golpe de estado franquista sorprendió a Buñuel en Madrid. Así como Dalí se alineó con Franco y simpatizó con el bando nacionalista, Buñuel siempre permaneció fiel a la Segunda República. No obstante, no dejó por ello de ayudar a amigos suyos del bando franquista cuando estuvieron en peligro de muerte; así, logró que liberasen a José Luis Sáenz de Heredia (primo hermano de José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange), que simpatizaba con Franco, pues habían trabajado juntos en Filmófono. El 18 de agosto de 1936 es asesinado Lorca.
En septiembre de 1936 salió de Madrid en un tren abarrotado hacia Ginebra, vía Barcelona. Allí lo había citado para una entrevista Álvarez del Vayo, ministro de Asuntos Exteriores de la República, quien lo mandó a París como hombre de confianza de Luis Araquistáin, embajador en Francia, para realizar diferentes misiones, principalmente de inteligencia. Supervisó y escribió junto a Pierre Unik el documental España leal en armas. Realizó su bautismo aéreo en varios viajes relámpago a España, en misiones de guerra.
Durante 1937 se encargó de supervisar para el gobierno republicano el pabellón español de la Exposición Internacional de París. Dalí le pintó su segundo y último retrato: El sueño. El 16 de septiembre de 1938, ayudado en los gastos de viaje por sus amigos Charles Noailles y Rafael Sánchez Ventura, viajó a Hollywood de nuevo, esta vez encargado por el gobierno republicano de la supervisión, como consejero técnico e histórico, de dos películas acerca de la Guerra Civil que se iban a rodar en Estados Unidos.
Terminada la Guerra, en 1941, cuando comenzaba el rodaje de Cargo of Innocents, la asociación general de productores estadounidenses prohibió toda película en contra de Franco, lo que significó el fin del proyecto, en el que estaba implicado Buñuel. Sin trabajo y con poco dinero, y ya con su mujer e hijos reunidos con él, aceptó el encargo que le ofrece el Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York, como productor asociado para el área documental y supervisor y jefe de montaje de documentales para la Coordinación de Asuntos Interamericanos, que dirigía Nelson Rockefeller. Su misión era seleccionar películas de propaganda antinazi; tenía despacho propio y personal a su cargo. Su primer trabajo para el MoMA consistió en la reedición de "El triunfo de la voluntad", de Leni Riefenstal, con el fin de hacerla más breve y accesible a miembros del Gobierno de Estados Unidos para que viesen el potencial del cine como instrumento propagandístico. Pero fue despedido en 1943 a raíz de la publicación del libro La vida secreta de Salvador Dalí, donde el pintor tachaba a Buñuel de ateo y hombre de izquierdas. Un periodista del Motion Pictures Herald atacó a Buñuel en un artículo donde advertía acerca de lo peligroso que resultaba la presencia de este español en un museo tan prestigioso. Buñuel se reunió con Dalí en Nueva York para pedirle explicaciones y esa entrevista significó la ruptura de sus relaciones.
Volvió a Hollywood y se puso a trabajar para la Warner Brothers como jefe de doblaje de versiones españolas para América Latina. Acabada la colaboración con la Warner en 1946, se quedó en Los Ángeles en busca de un trabajo relacionado con el cine y de que le concedieran la nacionalidad estadounidense, que había solicitado.

 Etapa mexicana

Cuando Luis Buñuel aún estaba viviendo del dinero que había ahorrado el año anterior, la casualidad quiso que en una cena en casa del cineasta francés René Clair se encontrara con Denise Tual, la viuda del actor ruso Pierre Batcheff (protagonista de Un perro andaluz, quien se había suicidado en 1932). La mujer, que se había vuelto a casar, con el productor francés Ronald Tual, le ofreció trabajar en el nuevo proyecto que tenía intención de realizar: La casa de Bernarda Alba, que dirigiría Buñuel. Tual, que había llegado a Los Ángeles con el interés de conocer mejor la industria estadounidense del cine, tenía intención de realizar la película entre París y México, para lo cual aprovechó su regreso a París para hacer escala en México y concretar algunos asuntos con el productor francés de origen ruso Oscar Dacingers, exiliado en ese país. Una vez allí se enteraron de que los derechos de la obra habían sido vendidos a otra productora que había pujado más alto.
Truncado el proyecto, Luis Buñuel tuvo la suerte de que Dacingers le ofreciera otro trabajo: dirigir Gran Casino, una película comercial con el conocido cantante mexicano Jorge Negrete y la primera figura argentina Libertad Lamarque. Buñuel aceptó y, una vez arreglados todos los papeles de residencia e instalado con su esposa y sus hijos, ingresó en la industria mexicana del cine. Esta primera película de su nueva etapa constituyó un rotundo fracaso[3] y durante los tres siguientes años se vio obligado a mantenerse del dinero que le enviaba su madre todos los meses.
En 1949, a punto de abandonar el cine, Dacingers le pidió que se hiciera cargo de la dirección de El gran calavera, ya que Fernando Soler no podía ser a la vez director y protagonista. El éxito de esta película y la concesión de la nacionalidad mexicana animaron a Buñuel a plantear a Dacingers un nuevo proyecto más acorde con sus deseos como cineasta, proponiéndole, bajo el título ¡Mi huerfanito, jefe!, un argumento sobre la aventuras de un joven vendedor de lotería. A esta oferta siguió una mejor respuesta por parte de Dacingers, la realización de una historia sobre los niños pobres mexicanos.
Así, en 1950 Buñuel realizó Los olvidados, película con fuertes vínculos con Las Hurdes, tierra sin pan, y que en un primer momento no gustó a los mexicanos ultranacionalistas (Jorge Negrete el primero), ya que retrataba la realidad de pobreza y miseria suburbana que la cultura dominante no quería reconocer. No obstante, el premio al mejor director que le otorgó el Festival de Cannes de 1951 supuso el reconocimiento internacional de la película, y el redescubrimiento de Luis Buñuel, y la rehabilitación del cineasta por parte de la sociedad mexicana. Actualmente, Los olvidados es una de las dos únicas películas reconocidas por la Unesco como Memoria del Mundo.
En 1951 filmó Susana y Él, película que constituyó un fracaso comercial pero que sería revalorada en los años venideros. En 1952 salió de Ciudad de México para filmar Subida al cielo, cinta simple donde un sueño del protagonista da el toque surrealista de Buñuel y que le valió ir nuevamente a Cannes. Ese mismo año filmó Robinson Crusoe, primera película que se rodó en Eastmancolor (todos los días se enviaban las copias a California para comprobar los resultados), y, junto con La joven, que dirigió en 1960, una de las dos únicas películas que rodó en inglés y con coproducción estadounidense. En 1953 dirigió La ilusión viaja en tranvía, una de las películas consideradas "menores" pero que por su frescura y sencillez, y respaldada por escritores como José Revueltas y Juan de la Cabada, sobrevive al paso de los años.
En 1954 dirigió El río y la muerte y es elegido miembro del jurado del Festival Internacional de Cine de Cannes. En 1955, año en que filmó Así es la aurora en Francia (lo que le brinda la oportunidad de visitar a su madre en Pau), fiel a sus ideas, firmó un manifiesto en contra de la bomba atómica estadounidense, lo que, unido a su apoyo a la revista antifascista España Libre (posicionada en contra de EE. UU.), supuso su inclusión en la lista negra estadounidense hasta 1975. A partir de ese momento, cada vez que pasaban por EE. UU., tanto él como su familia eran interrogados. No obstante, Buñuel dijo que EE. UU. era la tierra más hermosa que había conocido. Cuando alguien le preguntaba si era comunista siempre contestaba que era un español republicano.

Tras Ensayo de un crimen (1955), en 1956 realizó La muerte en ese jardín, con guion de Luis Alcoriza y Raymond Queneau que adaptaba la novela homónima de Lacour. The National Film Theatre of London realizó una retrospectiva de su obra. Nazarín (1958), Palma de Oro del Festival de Cannes de 1959, es la primera de las tres películas que realizaría con el actor Paco Rabal. Ese mismo año rodó Los ambiciosos, cine de compromiso político y social. En 1960 dirigió por última vez una obra teatral, Don Juan Tenorio, en México, y realizó y estrenó en EE. UU. La joven. Después regresó a España para dirigir Viridiana, coproducción hispano-mexicana con guion escrito junto a Julio Alejandro. La película fue producida por Gustavo Alatriste (por parte mexicana) y por Pere Portabella y Ricardo Muñoz Suay, por parte de las productoras españolas UNINCI (Unión Industrial Cinematográfica) y Films 59. Estuvo protagonizada por Silvia Pinal, Francisco Rabal y Fernando Rey.
Viridiana fue presentada a concurso en el festival de Cannes de 1961 como representante oficial de España y obtuvo la Palma de Oro, que recogió el entonces Director General de Cinematografía, José Muñoz Fontán. Sin embargo, después de que el periódico vaticano L'Osservatore Romano condenara la cinta, a la que tachaba de blasfema y sacrílega, la censura española prohibió la cinta y Muñoz Fontán fue obligado a dimitir. Viridiana no se pudo proyectar oficialmente en España hasta 1977. Fue ganador del Premio Nacional de Bellas Artes por el gobierno de México en 1977.[4]
En 1962 rodó El ángel exterminador, una de sus películas más importantes y personales y en la que aludía a varias bromas privadas de su época de la Residencia de Estudiantes y del periodo surrealista transcurrido en Francia.

 Etapa francesa

Ya en su etapa mexicana Buñuel había rodado varias películas de producción francesa tras las elogiosas críticas europeas de Ensayo de un crimen, Así es la aurora o La muerte en el jardín, pero su verdadera reentrada en la cinematografía francesa se produjo en 1963 con Diario de una camarera (Le Journal d'une Femme de Chambre), adaptación de la novela de Octave Mirbeau. Comienza así su cooperación con el productor Serge Silberman y el guionista Jean Claude Carrière.
En 1964 filmó su última película mexicana, Simón del desierto, que no acabó como estaba proyectada por falta de presupuesto. Aun así, obtuvo el León de Plata de la Mostra de Venecia al año 1965, año en que junto a Carrère, preparó las adaptaciones de El monje y Là-bas.
En 1966, año en que Dalí le telegrafió desde Figueras ofreciéndole preparar la segunda parte de Un perro andaluz. Ese mismo año se estrenó Belle de jour, que obtuvo en 1967 el León de Oro en la Mostra de Venecia. Esta película obtuvo en Francia un extraordinario éxito de público y a partir de entonces los estrenos de Buñuel se convirtieron en acontecimientos culturales, lo que motivó que Silberman le concediera completa libertad creativa y los recursos suficientes para la producción de sus filmes, lo que caracterizó la etapa final de su obra. En 1969 la Mostra le otorgó el gran premio de homenaje por el conjunto de su obra.
En 1970 volvió a España para rodar, esta vez en régimen de coproducción, Tristana, protagonizada por Catherine Deneuve, que ya había desempeñado el papel principal en Belle de jour.
En 1972 se convirtió en el primer director español en conseguir el Óscar a la mejor película de habla no inglesa, por El discreto encanto de la burguesía (Le Charme Discret de la Bourgeoisie), película que se iba a rodar en España, lo cual resultó imposible debido a la censura. Esta película, junto con La Vía Láctea (La Voie Lactée, 1968) y El fantasma de la libertad (Le Fantôme de la Liberté, 1974), conforman una especie de trilogía que ataca los cimientos del cine de narrativa convencional y el concepto causa-consecuencia, abogando por la exposición del azar como motor de la conducta y del mundo. Ese mismo año de 1972 visitó Los Ángeles, donde vivía su hijo Rafael, y George Cukor ofreció en su casa una cena en honor de Buñuel a la que asistieron, además de su hijo Rafael y Carrière, importantes cineastas como Alfred Hitchcock, Billy Wilder, G. Stevens, William Wyler, R. Mulligan, Robert Wise o Rouben Mamoulian.
En 1977 Buñuel puso el colofón a su obra con Ese oscuro objeto del deseo (Cet Obscur Objet du Désir), que recibió el premio especial del Festival de Cine de San Sebastián. En la película, que revisa temas tratados anteriormente en Viridiana o Tristana, Carole Bouquet y Ángela Molina interpretan al alimón el personaje femenino que da réplica a Fernando Rey.
En 1980 realizó su último viaje a España y fue operado de próstata. En 1981, 50 años después de haber sido prohibida, se reestrenó en París La edad de oro, fue hospitalizado por problemas de la vesícula, Agustín Sánchez Vidal publicó su obra literaria, el Centro Georges Pompidou de París organizó un homenaje en su honor y Un perro andaluz se proyectó en una pantalla colocada en el techo de este centro cultural.
En 1982 publicó sus memorias, escritas al en colaboración con Carrière y tituladas Mi último suspiro.
Luis Buñuel falleció en Ciudad de México el día 29 de julio de 1983 por la madrugada, a causa de una insuficiencia cardíaca, hepática y renal provocada por un cáncer. Sus últimas palabras fueron para su mujer Jeanne: "Ahora sí que muero". Se mantuvo fiel a su ideología hasta el final: no hubo ninguna ceremonia de despedida y actualmente se desconoce dónde se encuentran sus cenizas. Ese mismo año fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Zaragoza.

 Su pensamiento

A los catorce años empezaron sus dudas sobre la religión, principalmente acerca de la resurrección de la carne, el juicio final, el infierno y el diablo. Según él mismo dijo, era "ateo, gracias a Dios". Amante del tabaco, del alcohol (para él, un bar era un lugar de meditación y recogimiento) y de los burdeles (aunque decía que una vez casado jamás fue infiel), quiso librarse de las normas y principios de la sociedad que en herencia le había dejado todo un sistema de prohibiciones y represiones. Le gustaba la puntualidad, el buen vestir, irse pronto a la cama y madrugar y llegó a tener una gran colección de armas. Su primera pistola la tuvo a escondidas a los catorce años, aunque bastante antes ya jugaba con la de su padre.

Cabeza de Luis Buñuel, obra del escultor Iñaki, en el Centro Buñuel Calanda.
Durante toda su vida, Buñuel fue un rebelde, hasta el último momento estuvo luchando contra sí mismo. Su interior le dictaba unas normas sobre la muerte, la fe, el sexo... que su conciencia no podía aceptar. Esta dualidad le marcó desde su más tierna infancia. Buñuel rompió barreras luchando a favor de la libertad.
Ya con pocos años conoció la muerte de cerca, cuando un campesino de su pueblo fue asesinado por otro de un navajazo. Él se las arregló para colarse en la autopsia. Previamente, había visto cómo las aves rapaces devoraban un burro muerto y, así, cuando tuvo la ocasión, compró un burro muerto para poder ver repetida la escena: era como si disfrutase viendo cómo los buitres le arrancaban los ojos y se comían al burro, desgarrando sus carnes.
Le gustaba reflejar la visión pesimista y cruel de la vida. Así lo hizo en Las Hurdes, tierra sin pan, en Los olvidados... Sin embargo, él era pacífico y siempre estuvo obsesionado con su propia muerte. Su hermana Conchita solía recordar que de pequeña había acompañado a su hermano Luis a visitar cementerios y éste se tendía en las mesas de las autopsias. A Luis le gustaba asistir a los entierros de su pueblo, así el entierro que tiene lugar en Abismos de pasión era un reflejo de los recuerdos de su juventud, según confesó él mismo.
La visión de Buñuel chocaba con la realidad. Tenía muy presente la posibilidad de la destrucción de la Tierra, pensaba en las guerras, la bomba atómica. Afirmaba que ni la libertad ni la justicia existían. El fantasma de la libertad refleja su pensamiento. Era tierno, piadoso, de vida ordenada. Tuvo una vida desahogada y una infancia feliz, pero su conciencia le llevaba a pensar en lo que él llamaba la Edad Media (los principios del siglo XX y sus miserias), es decir, las injusticias, que reflejó en Abismos de pasión, Nazarín, Él, La muerte en el jardín, La joven...
Vivió los años de represión sexual, quiso realizar una película pornográfica, pero desistió. Asistió a orgías y burdeles, pero no consumó, siempre fue fiel a su mujer. El tema del sexo fue tratado en muchas de sus películas: La joven, Ese oscuro objeto del deseo... pero en casa fue un puritano, que no permitía decir tacos. La actriz mexicana Lilia Prado mencionó a la revista SOMOS que "durante el rodaje de Abismos de pasión (1953), en un corte para almorzar entré al comedor en traje de baño con una bata transparente. Furioso (Buñuel) se vino hacia mí, se enojó mucho conmigo. Era como mojigato, odiaba decir o escuchar una mala palabra y la gente piensa lo contrario. Incluso estaba en contra del libertinaje. «Usted es una chica bien -me dijo-, no tiene por qué entrar al comedor así». Era ingenuo, limpio, tímido y sanote; representaba una contradicción por su cine surrealista y como ser humano; un hombre muy limpio, muy ingenuo, mucho muy ingenuo; un hombre muy humano, tirano en su casa como dicen sus hijos y su mujer, pero un gran hombre", aseguraba la heroína de Subida al cielo y La ilusión viaja en tranvía. Fue profundamente celoso, no permitía ni una mirada hacia su mujer. Nunca le gustó el orden establecido. Ya de pequeño fue rebelde, se resistió a llevar el uniforme al colegio, pero a la vez, y como se ha dicho, él llevó una vida muy ordenada. No le gustaba la religión ni el ejército; pero siempre habló bien de su estancia con los jesuitas y del servicio militar.
Era, en cierto modo, un anarquista, pero en su casa se respiraba disciplina, no permitía a las mujeres asistir a las reuniones de hombres. El libro de memorias de Jeanne Rucar se llama Memorias de una mujer sin piano porque Buñuel, sin preguntar a nadie, regaló el piano de su mujer a un amigo que le trajo tres botellas de vino.
No fue Nacionalismo, pero añoraba España y la tierra de su infancia; se nacionalizó mexicano por pragmatismo, ya había estado a punto de nacionalizarse estadounidense unos años antes. No le gustaba viajar, pero disfrutaba al visitar los sitios que le traían buenos recuerdos. No deseaba ir por Hispanoamérica y se quedó a vivir en México. Una señora que fue vecina suya en la Colonia del Valle de la ciudad de México comentó que Buñuel nunca olvidó sus raíces: en Semana Santa lo veía solo por el jardín de su casa haciendo redobles con un tambor y dando vueltas y vueltas.
Luis Buñuel vino de una familia burguesa y muy religiosa, estudió y vivió la disciplina de la religión, pero se podría argumentar que parte de su trabajo tiene como meta, entre otros objetivos, cambiar la sociedad en la que vivimos, que se basa en la religión, la familia y el orden establecido, y que impone una moral y un comportamiento social de la que ni siquiera la burguesía que sustenta el poder es libre. Quiso que todas sus obras fueran quemadas y así tener descanso y dignidad desde la nada.
Si siempre le había obsesionado la muerte, en los últimos cinco años de su vida, sordo, con poca vista, con alguna operación que otra, dejó de ver cine, televisión y apenas cogía un libro, con excepción de La vejez de Simone de Beauvoir, que leía y releía. Pensaba en su muerte y en el fin del mundo, bromeaba con los demás acerca de su vejez. Con ayuda de su amigo Jean-Claude Carrière, que durante más de 18 años recopiló material de entrevistas y conversaciones en los descansos de las filmaciones, escribió Mon dernier soupir ('Mi último suspiro'). Ya el título refleja la obsesión que tenía en los últimos momentos de su vida; no quería darles importancia, pero pensaba en ellos. Como era ateo, pensaba en reunir el día de su muerte a todos sus amigos ateos y confesarse. Para él, ser bromista era una forma de demostrar que estaba en contra del orden. Este libro de memorias inspiraría la película documental dirigida por Javier Espada y Gaizka Urresti y titulada El último guion que protagonizan Jean-Claude Carrière y Juan Luis Buñuel, recorriendo los lugares en los que transcurrió la vida de Buñuel: Calanda, Zaragoza, Madrid, Toledo, París, New York, Los Ángeles y México

LA PELICULA



Ensayo de un crimen, también conocida como La vida criminal de Archibaldo de la Cruz, es una película mexicana del director exiliado en México Luis Buñuel. Parte de una novela de Rodolfo Usigli, quién puso muchas pegas a la adaptación que Buñuel hizo e incluso lo denunció al sindicato de guionistas.
Una comedia de marcado humor negro, es una de las películas más originales y atípicas de la filmografía del director aragonés, aunque en ella se pueden observar las constantes de su cine, sus obsesiones y sus fantasmas. Otros dos directores españoles incluyeron imágenes de esta película en sus films: Pedro Almodóvar en Carne trémula y Álex de la Iglesia en Crimen perfecto.


Una producción de: Alianza Cinematográfica
Género: Drama psicológico
Duración: 89 min.
Sonido: Monoaural
Dirección: Luis Buñuel
Asistente de Dirección: Luis Abadíe
Producción: Alfonso Patiño Gómez; productor ejecutivo: Roberto Figueroa; jefe de producción: Armando Espinosa
Guión: Luis Buñuel y Eduardo Ugarte, sobre la novela homónima de Rodolfo Usigli
Fotografía: Agustín Jiménez; operador de cámara: Sergio Véjar
Escenografía: Jesús Bracho
Maquillaje: Sara Mateos
Edición: Jorge Bustos y Luis Buñuel (sin crédito)
Sonido: Rodolfo Benítez, Enrique Rodríguez y Ernesto Caballero
Música: Jorge Pérez H.

Reparto:
Ernesto Alonso .... Archibaldo de la Cruz
Miroslava .... Lavinia
Rita Macedo .... Patricia Terrazas
Ariadne Welter .... Carlota Cervantes
Rodolfo Landa .... arquitecto Alejandro Rivas
Andrea Palma .... señora Cervantes, madre de Carlota
José María Linares Rivas .... Willy Corduran
Carlos Riquelme .... comisario
Leonor Llausás .... institutriz
Eva Calvo .... madre de Archibaldo
Carlos Martínez Baena .... cura
Roberto Meyer .... doctor
Rafael Banquells, Jr. .... Archibaldo niño
Enrique Díaz Indiano .... padre de Archibaldo
Chabela Durán .... hermana Trinidad
Manuel Dondé .... coronel
Armando Velasco .... juez
Antonio Bravo .... anticuario
Francisco Ledezma .... dependiente del anticuario
Enrique García Álvarez .... Chucho
José Peña "Pepet" .... Esteban, criado
Lupe Carriles .... criada
Eduardo Alcaraz .... Gordo Azuara
Janet Alcoriza .... turista de Oklahoma
Salvador Lozano .... jugador
Jorge Casanova .... delineante
Emilio Brillas .... artesano de maniquíes
Ángel Merino .... grafólogo de la policía
Ignacio Peón .... extra
Armando Acosta .... extra


Sinopsis
Archibaldo, de niño, cree que una cajita musical puede realizar todos sus deseos. Así, llega a desear la muerte de su institutriz, y ésta es enseguida asesinada por una bala perdida. Más tarde, encuentra la cajita musical de su infancia en un anticuario. Archibaldo de la Cruz (Ernesto Alonso), ve cómo esos deseos más íntimos se van cumpliendo y considera que tiene un don especial. Tras desear la muerte a alguien, esta persona muere, lo que le hace creer que es un asesino, por lo que decide entregarse a la justicia. Ante el juez que lo interroga, iremos descubriendo los secretos de su vida, en los que mezclará realidad e imaginación, uniendo a detalles de su vida hechos que le hubiera gustado vivir.

 Comentarios

En un principio, la adaptación de la novela del escritor mexicano Rodolfo Usigli significó un dolor de cabeza para Luis Buñuel. "Usigli no permitía la menor variación de su texto. Cuando vio la película terminada se quejó en una asamblea del sindicato [de guionistas]. Pero salí absuelto porque en los créditos yo había puesto 'Inspirada en...' O sea que no pretendía haber hecho una transcripción exacta del libro, sino una obra diferente [...] a mi manera."

 Sátira feroz de la grande burguesía mexicana

La película es una sátira feroz de la grande burguesía mexicana dados los personajes acomodados e hipócritas, como la mujer (falsa virgen) que acepta a Archibaldo como marido por interés económico.

 Escena de la confesión

En la confesión de Archibaldo (que se declara culpable) al comisario, éste declara que no se puede arrestar a todos los que quieren matar a alguien porque "si no, la mitad de la humanidad estaría en prisión", Buñuel satiriza la incompetencia burocrática de los magistrados mexicanos.

 Lugar 47

Este filme ocupa el lugar 47 dentro de la lista de las 100 mejores películas del cine mexicano, según la opinión de 25 críticos y especialistas del cine en México, publicada por la revista somos en julio de 1994
Evidentemente, Ensayo de un crimen terminó siendo una de las cintas más personales de Luis Buñuel y una de las más divertidas y perturbadoras de su filmografía. La historia de la criminalidad imaginaria de Archibaldo de la Cruz es, al mismo tiempo, un catálogo de cómicas frustraciones y el retrato inquietante de una personalidad desequilibrada.
Como otros personajes de Buñuel, Archibaldo imagina cosas prohibidas que trata de vivir en la realidad. Gran parte de su vida es pura imaginación porque sólo en ese mundo interno pueder ser realmente libre.
Para muchos cineastas, Ensayo de un crimen posee un encanto tan especial que los motiva a rendirle homenaje. Pedro Almodóvar utiliza imágenes de esta película en una escena clave de Carne trémula (1997) para establecer un paralelo entre Archibaldo -el criminal frustrado- y Víctor -el enamorado frustrado. Ambos personajes viven condicionados por los recuerdos de la niñez y sus conductas manifiestan una extremada inmadurez emocional.
La relación entre erotismo y muerte es uno de los temas centrales de Ensayo de un crimen. La obsesión de Archibaldo por asesinar está ligada a un recuerdo infantil en el que ve cae muerta a su institutriz, con los muslos ensangrentados. Esta imagen -una de las más provocadoras de la película- acompañará al personaje durante el resto de su vida, condenando a las mujeres que lo rodean a ser "víctimas" de su desbocada imaginación.
Hablando de erotismo y muerte, la celebridad de Ensayo de un crimen está fuertemente ligada a la mitología fúnebre que se desarrolló alrededor del suicidio de la actriz Miroslava Stern, ocurrido a pocos días de finalizado el rodaje. En una carta póstuma, la estrella solicitó que su cadáver fuera incinerado. Cuando la película fue estrenada, el público no dejó de notar la similitud entre la escena de la cremación del maniquí y el trágico final de esta bella actriz. Curiosamente, las coincidencias tan cercanas a la personalidad de Buñuel habían cobrado un giro inesperado y macabro que aún sigue cautivando a los admiradores de esta película.

viernes, 25 de mayo de 2012

LIBROS QUE HE LEIDO:  A LA SOMBRA DE UN GRANADO (Tariq Ali)

EL AUTOR

Tariq Ali (Lahore, 21 de octubre de 1943) es un escritor pakistaní, director de cine e historiador. Escribe habitualmente para The Guardian, Counterpunch, London Review of Books, Monthly Review, Z Magazine. Ali es, además, editor y asiduo colaborador de la revista New Left Review y de Sin Permiso, y es asesor del canal de televisión sudamericano Telesur.

Nació en el seno de una familia comunista. Mientras estudiaba en la Universidad de Punjab, organizó manifestaciones contra la dictadura militar de Pakistán. Debido a sus contactos con movimientos radicales, sus padres, temiendo por su seguridad, lo enviaron a Inglaterra. Estudió en Oxford, Ciencias Políticas y Filosofía, y fue el primer pakistaní elegido presidente del Sindicato de Estudiantes de Oxford (Oxford Union). Su reputación se fraguó durante la Guerra de Vietnam, cuando mantuvo debates contra la guerra con personajes como Henry Kissinger y Michael Stewart. Después, se volvió cada vez más crítico de las políticas exteriores de Estados Unidos e Israel.
Activo en la izquierda desde los años 1960, pertenece a la redacción de New Left Review. Ali participó activamente en política a través de su colaboración con el partido trotskista, the International Marxist Group (IMG), y con el periódico The Black Dwarf.
Desde entonces, Ali ha sido un crítico de las políticas económicas neoliberales y estuvo presente en el Foro Social Mundial de 2005 en Porto Alegre, Brasil, donde fue uno de los diecinueve firmantes del Manifiesto de Porto Alegre. Es miembro del consejo editorial de Sin Permiso desde su fundación en 2006.
En 2010 participó en la elaboración del guion del documental Al sur de la frontera del director estadounidense Oliver Stone sobre los gobiernos izquierdistas en el poder en América latina.

Obra

Ha publicado más de una docena de libros sobre historia y política mundial y cinco novelas. Su libro más reciente es The Clash of Fundamentalisms: Crusades, Jihads and Modernity (Londres: Verso, 2002). Ha publicado en español las siguientes novelas: A la Sombra del Granado: Una Novela de la España Musulmana (Barcelona: Planeta-De Agostini, 1999), El Libro de Saladino (Barcelona: Edhasa, 1999) y La Mujer de Piedra (Barcelona: Edhasa, 2001).

LA OBRA:


SINOPSIS

"Cuando el reino de Granada capituló en 1492 ante los Reyes Católicos, se estableció que los ritos, la religión y las costumbres musulmanas serían respetados. Si embargo en 1499, el cardenal Cisneros, confesor de la reina, se hizo cargo de la diócesis de Granada con la intención de cristianizar a todos los musulmanes. La operación comenzó con un auto de fé en el que todos los libros escritos en árabe ardieron junto a la puerta de Bibarrambla. La implacable persecución culminaría en 1502 con el decreto de la conversión de los musulmanes.
Esta novela evoca la vida de las últimas comunidades moriscas y el dilema de los musulmanes para quienes ninguna de las alternativas -la conversión o el exilio- eran aceptables. A través de la dramática historia de una familia y la manera en que cada uno de sus miembros se enfrenta al acoso de la Inquisición, el autor revive un periodo mal conocido de la historia de España".
Esta novela narra la historia de Umar bin Abdallah, un hombre musulmán que vive junto a su familia en la tierra que desde hace generaciones les pertenece y que se ve en el dilema de convertirse al cristianismo (renunciando a todos sus valores y creencias) o abandonar la casa de sus antepasados. Es también la historia de su mujer, de sus hijos y de sus hijas -cada uno con características muy diferentes- y hasta de sus sirvientes cuyas vidas se entralazan con la familia desde hace muchos años. El autor describe minuciosamente la vida cotidiana de la comunidad, sus ritos y sus costumbres, el dolor ante la pérdida inminente de su identidad, de la sabiduría que la comunidad morisca ha acumulado por generaciones y que ahora les es arrebatada.
OPINION PERSONAL
Excelente novela historica, que trata un periodo de nuestra historia oscuro y poco o casi nada estudiado. Resulta paradojico que tengan que ser autores no españoles los que aborden esta apasionante epoca de nuestra historia. Lo positivo es que lo hacen sin prejuicios, y en el caso que nos ocupa, desde la perspectiva de un musulman, muy distinta al resultado final si hubiera sido un autor español el que hubiera escrito sobre el tema.
Asì por ejemplo vemos como los nombres actuales de poblaciones, barrios e incluso calles de nuestras actuales ciudades, proceden de nombres arabes. Ali contrapone, sin caer en excesos ni maniqueismos, la tolerancia, la cultura y el desarrollo representado por la poblacion musulmana de Granada en aquella epoca (año 1500) frente a la intransigencia, barbarie y oscurantismo guerrero que trajeron consigo los conquistadores cristianos.
La obra, como no podia ser de otra manera, mezcla personajes de ficción con figuras historicas. Es éste ultimo el unico aspecto donde el autor se permite alguna licencia literaria en aras del rigor historico absoluto. De ésta forma tenemos que mientras humaniza quiza excesivamente el Capitan General de Granada, Don Iñigo Lopez de Mendoza, Marqués de Tendillas, como contrapunto caricaturiza sobremanera a una figura historica extensamente documentada como la del Cardenal Cisneros.
En cuanto al estilo, admirablemente escrita, sin excesivas florituras propias de la literatura musulmana, pero siempre con un sentido de la sensibilidad exquisito.
Altamente recomendable, desde el punto de vista historico (para rememorar unos episodios de nuestra historia poco estudiados) como desde el literario.Todo un placer para los amantes de la buena lectura.
ACTUALM,ENTE LEYENDO:  La Alpujarra (Pedro Antonio de Alarcon)